¿Prometen no odiarme demasiado por el final de este capítulo?, ¿lo prometen?, si es así, adelante. Pueden pasar a leer :)
Disclaimer: Digimon es propiedad de Bandai y Toei animation, no hago esto con fines lucrativos
Las últimas vacaciones
Capítulo 2: Reacciones equivocadas...
Perdida
Perdida
Perdida
Primero fue sólo una voz repitiéndolo en su cabeza, haciendo que la palabra calara más y más profundo, se metiera entre las conexiones cerebrales y apagara su cerebro de la misma manera que se apaga la luz, como si sólo hubiese que presionar un interruptor, sin embargo, no perdió la consciencia, eso sólo hizo que dejara de percibir todo lo demás, limitándose a ese único pensamiento. Perdida.
Luego fueron un millón de voces, todas intentando atraer su atención. Ser, en definitiva, la que sonara más fuerte que las otras.
Despertó de su letargo al caer de espalda sobre la nieve y enseguida sintió un ardor en la mejilla derecha. Taichi se había soltado del agarre de Yamato, consiguiendo golpearlo. Se llevó una mano a la zona adolorida.
Le pareció escuchar que Mimi chillaba, mientras que Sora y Miyako se contenían, pues un ruido extraño salió de sus bocas.
—Francamente, Takaishi. ¿Eres imbécil o qué?
La mirada de Tai era una contradicción. Por un lado parecía fría, fría como el mismo hielo que desprendía la de su hermano, por el otro era como si auténticas llamas ardieran en su interior. Fuese cual fuese la verdad, debía querer matarlo.
—¡Te pedí expresamente que la cuidaras y tú la dejas ir sola!
El castaño trató de irse en su contra de nuevo. Takeru pudo imaginarlo sobre sí mismo, propinándole golpe tras golpe, sin embargo, Yamato no iba dejar que se le escapara tan fácil otra vez. Volvió a sujetarlo de los brazos. Tai se zafó, pero no insistió en lanzarse contra el menor.
—¡Cálmate, Taichi!, T.k. no tiene la culpa, ni siquiera sabemos si Hikari-chan está perdida. Puede que esté en la cabaña o…
—¿O qué? —el tono era desafiante— ¿o estar en el hospital ahora mismo, porque algo le ocurrió?, ¿eso ibas a decir?, porque no veo más opciones.
Todos estaban quietos, estupefactos. Mimi se cubría la boca con una mano, aunque ninguno sabía si era signo de miedo o sólo para esconder sus sollozos. En cualquier caso, si estaba llorando eso los remitía al miedo que debía estar sintiendo.
Koushiro y Joe intercambiaban miradas de preocupación. Cody parecía auténticamente tranquilo, pero tratándose de él no podían estar seguros. Por primera vez, Daisuke y Yolei no discutían. Ken alternaba la mirada entre todos y dejaba que Miyako presionara su mano con fuerza. Sora parecía la más calmada, la más contenida en cierta forma.
Yamato no respondió. Sí, lo había pensado, era exactamente lo que cruzó su cabeza y que no se atrevió a concluir. Era injusto que Tai lo conociera tan bien, tanto que algunas veces era como si le leyera la mente, como si sacara con tenazas las palabras de su cabeza.
—¿Te quedas callado?, típico de ti, Matt. Eres un cobarde, siempre lo has sido.
No pensaba eso, claro que no pensaba eso. El rubio lo sabía, no había motivo para molestarse, ni menos para contestarle. Ya habían pasado hace tiempo por la época de discusiones y peleas sin sentido, producto de su inmadurez.
—Tai… deberías…deberíamos ir a hablar con alguien, buscarla… —fue lo que pronunció la titubeante voz de Mimi.
—¿Podrías decir algo más obvio?, claro que la buscaré, lo haré yo mismo
—No hay necesidad de ser tan cruel —escuchar a Izzy decir aquello fue una sorpresa para todos, más de alguno supo que estaba defendiendo a la castaña a su lado.
—Vamos, Koushiro. ¿Te parece que es el mejor momento para criticarme por mi actitud?, sabes mejor que yo lo peligroso que puede ser que Hikari esté perdida.
No obtuvo ninguna respuesta esta vez, ni de Koushiro ni de ninguno de los chicos. Todos se limitaban a observarlo en silencio con variadas expresiones en sus caras.
—¡Digan algo!, ¿por qué me miran así como si estuviera comportándome como un idiota? —se exasperó.
—Porque es precisamente lo que estás haciendo, Taichi Yagami —la voz de Sora sonó firme y decidida. Se acercó a pasos lentos a su mejor amigo.
—¿Tú también, Sora?, ¿también te pondrás de su lado? —preguntó resentido.
—No hay ningún lado del que ponerse, somos un grupo.
—Pero no los veo haciendo nada por encontrar a Hikari, salvo mirarme como si fuera un cretino.
—Es que tratándonos de esta manera, tampoco estás haciendo algo por Hikari. Sólo perdiendo el tiempo
—¡Tú no tienes idea de nada! —gritó totalmente fuera de sí.
La bofetada que le dio Sora después de oír eso, resonó en los oídos de todos. Las lágrimas habían saltado de los ojos de la pelirroja y ahora se escurrían violentamente por sus mejillas.
Por un momento, a la mayoría le pareció que quería decir algo, pero nunca lo supieron, porque ningún sonido salió de su boca; por el contrario, presionó una mano contra sus labios como si quisiera acallar el llanto, aunque desde fuera parecía más que estaba arrepentida por lo que había hecho.
Taichi se llevó lentamente una mano a la zona golpeada, sin dejar de mirar a su mejor amiga, aunque ninguno de sus amigos pudo descifrar qué significaba su mirada o qué escondía. Parecía dolido, probablemente más por el hecho que por el dolor físico, y al mismo tiempo había algo de desafío en el fondo de sus pupilas.
—Yo… —la voz de Sora rompió el silencio como si fuera cristal, con un sonido estrepitoso. Sus dientes castañeaban levemente.
—¿Qué están haciendo aquí?, la hora límite ya pasó —dijo uno de los instructores, apareciendo detrás de Tai.
Todos se miraron entre sí, sin saber qué contestar. Al final, Joe dio un paso al frente, asumiendo que era su deber comunicar el problema que tenían.
—Señor, una de nuestras amigas…
—Mi hermana está perdida —lo interrumpió Tai, bruscamente—. Se suponía que nos juntaríamos aquí hace más de veinte minutos, pero todavía no regresa.
—¿Y ya vieron si está en su cabaña?, quizás regresó antes que ustedes
—No, señor —contestó Joe.
En ese momento Mimi sintió que algo helado caía sobre su mejilla derecha. Se pasó una mano por esa zona y sintió que ese algo se deshacía entre sus dedos. Era un copo de nieve. Alzó la cabeza y vio que miles de ellos caían desde el cielo. Fue la primera en notar que había comenzado a nevar. A los demás les tomaría un par de segundos más.
—Entonces les sugiero que vayan allá y esperen. Es muy pronto para reportarla como desaparecida, pero daré aviso al equipo de seguridad enseguida. Por lo visto está empezando a nevar y no es seguro que se queden más tiempo aquí —ordenó el encargado, con la calma de quien está acostumbrado a sucesos de aquella naturaleza.
Tai intentó replicar, pero Matt lo hizo callar con un codazo y lo arrastró detrás de él, rumbo a la cabaña. A los pocos pasos, el castaño se soltó con un movimiento brusco, pero contrario a lo que la mayoría se temía, no corrió en dirección contraria, sino que se llevó ambas manos a los bolsillos y se limitó a seguirlos, cabizbajo, todo el camino.
Apenas la cabaña apareció frente a ellos, se adelantó e ingresó violentamente en ella, gritando el nombre de Hikari. Incluso subió al segundo piso y para cuando los demás entraron, ya bajaba la escalera de vuelta.
—No está —anunció como si lo hubiera sabido desde el principio.
Todos pensaban así, pero ninguno lo había dicho, porque preferían guardar la esperanza de que la castaña se hubiese ido sin avisar, por poco razonable que les pareciera. Ella no se iría sin decir nada a nadie, sobre todo sabiendo lo sobre protector que era su hermano; no se arriesgaría a darle un susto de esa manera.
—Entonces tenemos que esperar, el equipo de seguridad la encontrará —sugirió Joe, con voz calma.
—¿Acaso estás loco? —lo increpó Taichi—, mientras esperamos aquí, Kari puede estar corriendo peligro allá afuera, no sabemos qué clase de animales hay… o personas.
—Pero no podemos salir, ya oíste al encargado —aseveró Izzy, en un tono más intelectual que de ataque o a la defensiva, como hace unos minutos atrás—. Justo ahora está nevando muy fuerte, es probable que se inicie una tormenta y salir a buscarla por nuestra cuenta es lo menos razonable que podemos hacer. Sería ponernos en peligro en lugar de ayudarla.
—Izzy tiene razón —terció Matt—. Hay que esperar a tener noticias, al menos hasta que pase la tormenta y entonces podremos salir a ayudar al equipo de búsqueda.
—Pues, ¿saben qué?, ¡no necesito su ayuda! —explotó finalmente Tai—. Si van a quedarse aquí, a salvo como si nada, pueden hacerlo, pero es mi hermana la que está ahora mismo perdida en la montaña y no voy a quedarme de brazos cruzados.
Pronunciada la última palabra, el castaño se volteó y salió de la cabaña dando un portazo. Nadie pudo evitarlo, a pesar de que Sora levantó una mano con intención de hacerlo, pero al final la bajó, resignada, quizás por el episodio de hace un rato atrás.
—Voy con él —anunció Matt, pero antes de que pudiera siquiera moverse Takeru se le unió.
—Te acompaño.
El mayor lo miró unos segundos antes de hablar.
—Perfecto, sube a mi habitación y abre el segundo cajón de la gaveta, trae las linternas que tengo ahí.
Takeru asintió firmemente y se dio la vuelta, obedeciendo de inmediato a su hermano. Apenas su figura se perdió al doblar en el rellano, Yamato se volteó hacia la puerta.
—¿Qué haces? —preguntó Sora, a pesar de que lo había sospechado desde que el rubio aceptó tan fácilmente que T.k. lo acompañase. Había sido demasiado simple— no lo esperarás, ¿verdad?
—Sabes que no puedo.
—Entonces voy contigo —le dijo con decisión— sólo necesito ir por un abrigo y…
—No digas tonterías —la interrumpió Matt, cogiéndola con cierta brusquedad del brazo al ver que pretendía darse la vuelta e ir por su chaqueta como había dicho— Tai acaba de irse en una misión suicida, no puedo dejar que vengas conmigo, no te pondré en riesgo también.
—En ese caso no dejaré que vayas —aseveró ella, alzando el mentón con actitud soberbia. Lo conocía lo suficiente como para saber que si quería convencerlo, no podía amilanarse ante él.
—¡Ninguno de los dos irá! —chilló Joe, acercándose a ellos y rompiendo así, la especie de burbuja en la que parecían haberse encerrado, al margen de los demás que observaban sin saber cómo intervenir—, así que esta discusión no tiene sentido.
—¿Pero qué les pasa?, ¡es mi mejor amigo!, no dejaré que vaya solo —se exasperó Yamato, perdiendo los estribos como hace tiempo no lo veían hacerlo.
—Es mi mejor amigo también —rebatió Sora— y tú lo eres… no puedes pedirme que me quede aquí, mientras ustedes dos arriesgan la vida allá afuera, no lo soportaría.
Yamato suspiró, como si recién comprendiera la situación en la que estaba poniendo a la pelirroja. Se acercó a ella y junto sus frentes, poniendo ambas manos en sus mejillas.
—Escucha. Takeru debe estar por bajar y necesito irme antes de que lo haga, así que debes quedarte y contenerlo, sé que te escuchará, porque te ve como a una madre. —susurró con calma.
Era realmente irónico que fuese así, cuando no había sido precisamente él al que le faltó una figura materna en su niñez.
Sora, que había mantenido los ojos cerrados, los abrió tras su última palabra y vio la súplica implícita en su mirada.
—De acuerdo —dijo finalmente, abalanzándose contra él para darle un fuerte abrazo—, pero cuídate por favor…y…tráelos de vuelta.
—Eso haré, lo prometo —contestó luego de los breves segundos que mantuvo a la chica pegada a su cuerpo.
—Si no puedo hacerte entrar en razón, entonces iré contigo —intervino Joe, comprendido que no habría forma de evitar que el rubio se fuera.
—No, Joe. Tú eres el mayor y el más responsable de todos nosotros, si alguien debe quedarse a cargo ese eres tú —le explicó Matt.
—Pero…
—No digas nada, sabes que tengo razón. Deja que me vaya.
El sonido de pisadas en el segundo piso los alertó; supieron que Takeru no tardaría en bajar.
Joe acabó cediendo con un suspiro derrotado.
—Está bien, pero si no vuelven en una hora, le diré a los encargados e iremos por ustedes, así el cielo se esté cayendo.
Yamato asintió con una ligera sonrisa en el rostro y salió de la cabaña dando sólo un ligero portazo. Tres segundos más tarde Takeru apareció al inicio de las escaleras.
—No estaban en la gaveta como dijiste, por eso me tardé. Tuve que buscar en todas partes y al final las encontré en el armario, las pusiste allá arriba —iba diciendo mientras bajaba, hasta que se dio cuenta de que no obtenía respuesta y se detuvo en el último escalón.
Ningún ruido se oía en la habitación. Le bastó dar una rápida mirada para saber que allí faltaba alguien.
—¿Y mi hermano? —preguntó a todos y a nadie en particular, con gesto serio, aún sabiendo la respuesta, esa que nadie le confirmó verbalmente, pero sí con sus miradas.
Corrió hacia la puerta, pero Sora se interpuso en su camino, atrapándolo dificultosamente entre sus brazos, pues el chico ya la superaba en altura.
—Suéltame, debo ir con él. No debió dejarme —pidió intentando zafarse, sin embargo, ella afianzó el agarre.
—Lo siento, pero no puedo hacer eso —le dijo con voz contenida—, te quedarás aquí con nosotros.
—¡No!, todo esto es mi culpa, no puedo dejar que mi hermano vaya solo…
—Eso es lo que él quería —le explicó, con voz temblorosa, consiguiendo que el chico dejara de removerse entre sus brazos.
—¿Me engañó? —preguntó en voz alta, aunque más para sí mismo que para los demás—, debí saberlo, por eso hizo que subiera —logró zafarse de los brazos de la pelirroja, retrocediendo un par de pasos.
Por algunos segundos todos permanecieron alerta, creyendo que intentaría huir, pero no lo hizo. Tan sólo lucía triste.
—Para él todavía sigo siendo un niño, ¿verdad? —preguntó con desgano.
—No es eso, T.k. —dijo Sora, consoladoramente—. No lo culpes, él sólo hizo lo que creyó mejor para ti, no es que piense que seas un niño o que no puedas cuidarte tú mismo, simplemente te quiere demasiado para exponerte a algo así.
—Pero no es justo, ¿acaso es justo que yo tenga que quedarme aquí, sabiendo que él, Kari y Taichi-senpai pueden salir lastimados?... ¿sabiendo que dos de las personas más importantes para mí están ahí afuera por mi descuido?
—No, no lo es. Tampoco es justo para mí, Takeru. Pero quiero a tu hermano y confío en él. Algunas veces tenemos que respetar las decisiones de quienes queremos, por mucho que no estemos de acuerdo con ellas.
—Él nunca respeta las mías —susurró el rubio antes de darse la vuelta y perderse escaleras arriba.
Los demás escucharon el eco de las pisadas hasta que la sala quedó en completo silencio. Sora quiso ir tras él, pero Joe la detuvo.
—No lo hagas. Creo que necesita estar solo un tiempo.
—Pero si lo dejamos solo, podría escapar.
—Sora tiene razón, no es seguro dejar que se quede solo mucho tiempo. —la apoyó Koushiro.
—Tienen razón, no lo había pensado —susurró Joe, rascándose la nuca—, ¿qué deberíamos hacer?
—Yo iré —intervino Mimi— alguien debe curarle el pómulo y puedo mantenerlo entretenido —concluyó, alzándose de hombros.
—Eso puede funcionar, si necesitas ayuda nos llamas —le dijo Joe.
Mimi asintió con un leve movimiento de cabeza y subió las escaleras.
—Izzy, trajiste tu computadora, ¿verdad? —preguntó el peliazul.
—Hai
—¿Y puedes conectarte desde aquí?
—Será complicado con la tormenta, pero podría intentarlo.
—Vamos a la cocina, quizás puedes captar la señal del digivais de Hikari.
El pelirrojo asintió y ambos abandonaron el salón.
Sora seguía de pie junto a las escaleras con la mirada perdida.
—¿Se encuentra bien, Sora-san? —preguntó Cody, acercándose con cautela.
—¿Cómo?... —preguntó la aludida, saliendo abruptamente de su transe como si acabara de emerger del fondo de una piscina —, digo, sí… sí, sólo ha sido un día agotador, estaré en mi cuarto, si eso está bien con ustedes —concluyó con una sonrisa maternal en su rostro.
—Ya no somos unos niños, estaremos bien —se adelantó Miyako, poniendo una mano en su hombro—. Será mejor que suba a descansar.
—Sí —asintió Sora, haciendo una leve reverencia—. Si necesitan algo, pueden pedírselo al superior Joe.
—Eso haremos —confirmó Yolei, con una sonrisa cálida, intentando transmitirle confianza.
La pelirroja volvió a asentir y se dirigió hacia las escaleras, dejando a los más jóvenes solos.
—Espero que estén todos bien, Sora-san y Takeru-san se ve muy preocupados —comentó Cody.
—No es para menos, con esta tormenta es muy peligroso que estén en la montaña sin supervisión ni protección —estuvo de acuerdo Yolei.
Daisuke bufó.
—¡Bah!, para variar Taichi-senpai y Yamato-senpai se llevan toda la diversión —comentó desatinadamente.
—¿Pero qué tonterías dices, baka? —replicó Yolei, dándole un golpe en la cabeza—. ¿Te parece que es divertido?, ¡están corriendo peligro allí afuera!... ¿y qué decir de Hikari? —concluyó dejándose caer de golpe en el sofá. Al parecer la preocupación había disminuido su enfado.
—Yolei tiene razón, Davis —habló Ken, por primera vez—. Cualquiera de ellos puede salir lastimado, no es momento de pensar en diversión.
—Bueno, no sean tan duros conmigo… yo sólo decía —se defendió el castaño.
—Ese es tu problema, Daisuke… tú sólo dices y no piensas —opinó Cody.
—¡Eso!, ¡sigan así!, todos contra Davis, ¿verdad? —preguntó resentido, sentándose en el otro extremo del sofá.
Ken tomó asiento en un sillón aparte y Cody hizo lo mismo en el que estaba enfrente.
Yolei rodó los ojos, pero no dijo nada, tampoco los chicos hablaron. Conocían lo suficiente al chico Motomiya como para seguir discutiendo con él, sabían que en el fondo estaba tanto o más preocupado que el resto, pero su lado impulsivo lo hacía decir cosas sin pensar. Él siempre había preferido arriesgar su pellejo yendo a la pelea en lugar de esperar, no era de los que pudiesen estar mucho tiempo quietos. En ese sentido se parecía mucho a Taichi.
En el segundo piso Mimi golpeó la puerta de Takeru, pero no obtuvo respuesta.
—Takeru-kun, ¿puedo entrar? —preguntó con voz suave.
Nada.
—¿Takeru-kun? —insistió, al tiempo que jalaba la manija.
Asomó la cabeza con sigilo y lo vio tendido en la cama de abajo del camarote. Se introdujo en la habitación y cerró la puerta tras de sí con cuidado, pero él no dio muestra alguna de haberla oído. Se acercó a pasos lentos y lo contempló en silencio; estaba de espaldas con un brazo debajo de su cabeza y el otro a su costado, la mirada fija en las tablas de la cama superior.
—¿Takeru-kun? —volvió a decir—. Traje algunas cosas para curarte, si no lo hago tendrás un feo moretón mañana.
Los ojos azules del chico se giraron en su dirección, clavándose en ella.
—No me interesa —soltó de pronto.
Mimi respiró profundamente, tratando de no dejarse intimidar por la frialdad de su mirada.
"Ya decía yo que su mirada era muy dulce para ser hermano de Yamato" —pensó con desconcierto.
—Escucha, sé que estás…
—No quiero ser grosero, Mimi-san —la interrumpió—, pero quiero estar solo.
—Eso es lo que crees, pero no lo que necesitas, créeme… déjame curarte y luego me iré.
Takeru se impulsó hasta quedar sentado sobre la cama, con los codos apoyados en sus rodillas y las manos entrelazadas.
—¿Qué importancia tiene eso ahora cuando Hikari está perdida en alguna parte de la montaña, congelándose por mi culpa? —preguntó en un susurro.
Mimi no estaba segura de que el chico quisiera una respuesta, pero no era de aquellos que se quedaran callados.
—No es tu culpa —le dijo, sentándose a su lado y poniendo su bolso de maquillaje sobre sus piernas—. Hikari es una chica grande y puede cuidarse sola, no podías saber que esto pasaría.
—¡Pero debí ser más cuidadoso! —replicó Takeru, empuñando ambas manos—. No debí dejarla ir sola por una montaña que no conocíamos… Taichi-san tiene razón, soy un idiota.
—Por ahora no hay nada que podamos hacer, así que deja de mortificarte… eso no traerá de vuelta a Hikari —lo contradijo, con un tono más frío del que hubiera querido.
Takeru la miró con gesto sorprendido.
—Sólo…deja que te cure eso —susurró con voz temblorosa, mientras abría su estuche. —no tardaré…
El chico la cogió con brusquedad de una muñeca y de un manotazo botó el estuche semiabierto, causando que su contenido se desparramara por la habitación con un golpe estridente.
—¡No quiero que me cures! —le gritó— ¡nada me importa más que encontrar a Hikari, pero Yamato me dejó aquí encerrado, sin poder hacer nada!, ¿no lo entiendes?, curarme es la menor de mis preocupaciones ahora mismo.
Mimi se limitó a observarlo con los ojos abiertos de par en par, asustada, y temblando por contener el sollozo que luchaba por escapar de sus labios entreabiertos.
Takeru pareció darse cuenta de lo que había hecho y soltó su muñeca. Ella, al verse liberada, se la acarició con su otra mano y se tragó las gotas saladas que finalmente se deslizaron por sus mejillas.
—Yo… yo- lo… lo… —tartamudeó T.k., cayendo en la cuenta de lo que había hecho.
—No digas nada —susurró Mimi, levantándose de la cama para recoger sus cosméticos del suelo—. Entiendo, yo… no debí insistir.
—Nada de eso, Mimi-san. —dijo Takeru, al tiempo que se agachaba a su lado, queriendo cogerla del mentón para que lo mirara, pero sin atreverse a hacerlo—. Perdóname, por favor… yo no debí hacer eso, no estaba pensando —se disculpó al tiempo que cogía un labial y se lo entregaba.
Ella lo recibió; su cabello caía parcialmente sobre su rostro, ocultándolo de los ojos inquietos del chico.
—Gracias —dijo, poniéndose de pie y acomodándose la ropa, antes de llevarse un mechón detrás de la oreja— Y no te preocupes. Tienes razón, no es importante ahora. Sora suele decir que soy superficial y que debería prestar atención a cosas más importantes que mi imagen o el valor de simples objetos, pero… tengo miedo, ¿sabes?
—No entiendo.
—Me da miedo que me lastimen, así que prefiero que la gente me vea como una chica superficial y se aleje de mí en lugar de acercarse, porque si lo hicieran…yo, no sé qué haría. Siempre he sido de esta manera, así que cuando tengo un problema o estoy asustada por algo como ahora, prefiero hacer cualquier cosa para distraerme y no pensar en ello. Bastante tonto, ¿no? —preguntó con una sonrisa desganada.
—Ni un poco —replicó Takeru enseguida.
La sonrisa de Mimi pareció crecer unos milímetros.
—Sé que no está bien evadir los problemas, pero no puedo evitarlo. Yo… te dejaré solo —susurró retrocediendo algunos pasos y volteándose dispuesta a salir, sin embargo, la mano del chico sobre su muñeca la detuvo. Esta vez no estaba ejerciendo presión, sólo la sostenía.
Alzó sus ojos hacia Takeru con confusión, quien la miró a su vez con arrepentimiento.
—Sé que no lo merezco después de la forma en que te traté, pero aún así… me gustaría que me curaras —le dijo—, ¿lo harías?
Mimi le sonrió con sinceridad y algo de gratitud también.
Sora estaba sentada en el alfeizar de la ventana viendo nevar. El frío le calaba hasta los huesos, pero por algún motivo se sentía bien y no quería moverse de ahí. Un copo de nieve cayó sobre su nariz, así que se lo quitó y lo vio disolverse frente a sus ojos. La preocupación estaba matándola, era más de lo que podía soportar. Cuando regresó la vista al frente distinguió una silueta en medio de toda la nieve y su corazón se paralizó. Esa silueta fue acercándose cada vez más hasta que cobró forma. Era Tai.
Prácticamente saltó de la venta y salió corriendo de la habitación. Mimi y Takeru bajaron tras ella, el resto ya se había reunido en el salón al escuchar la puerta abrirse.
El castaño estaba cubierto de nieve y lucía una mirada perdida. Sora quiso acercarse y quitarle la ropa mojada, pero se contuvo. Su corazón estaba dando brincos en su interior.
—¿Por qué están viéndome de ese modo? —preguntó Tai, con voz áspera, probablemente por la hora casi completa que estuvo bajo la tormenta.
—Estábamos preocupados —respondió Joe, acercándose—. ¿Te encuentras bien?
—¿Te parece que me encuentro bien? —preguntó con voz muerta al tiempo que alzaba los hombros, su tono era irónico, pero ya no parecía a la defensiva, se oía demasiado resignado.
—¿Dónde está Hikari? —intervino Koushiro, preguntando una de las cosas que a todos los tenía inquietos, sin duda.
—Eso quisiera saber yo. Cuando salí Amakusa me detuvo y dijo que ellos se encargarían, así que no pude entrar a la pista de sky, el área está rodeada. Esperaba que ustedes supieran algo.
—Nadie nos ha dicho nada —contestó el pelirrojo, intercambiando una mirada de preocupación con Joe, quien fue el siguiente en hablar.
—Si no saliste de aquí, ¿dónde estuviste todo este tiempo?
Sora contuvo la respiración, tenía la sensación de que no le gustaría lo que iba oír. ¿Sería sólo ella la del mal presentimiento?
—Detrás de las cabañas… ¿por qué me miran así?, no es como si ustedes estuviesen haciendo gran cosa aquí.
—Yamato fue a buscarte —le dijo Izzy.
Taichi abrió los ojos a toda su capacidad.
—¿Cómo dices?
—Lo que oíste, Taichi-senpai. Mi hermano fue detrás de ti…—repitió Takeru.
—¿No lo viste? —preguntó Joe
—Claro que no… cuando Amakusa me envió de vuelta no quería entrar, fui a botar un poco de energía, pero yo… nunca creí…
Comenzó a retroceder torpemente.
—Tai —llamó Sora, presintiendo que volvería a marcharse sin más—. Tai, escucha…
Pero el castaño no escuchó, o más bien, no quiso hacerlo. Llegó hasta la puerta y salió dejando el eco del portazo detrás.
—Iré tras él, no puedo dejar que otro de nosotros vuelve a marcharse solo —dijo Joe, acomodándose las gafas, sin embargo, al dar un paso notó una mano en su antebrazo, deteniéndolo—. ¿Sora? —preguntó al ver a la muchacha cabizbaja.
—Por favor, superior Joe… déjeme ir a mí. Yo puedo calmarlo.
—¿Crees que te escuche? —preguntó Izzy a sus espaldas.
—Haré que lo haga. No voy a dejar que se vaya. ¿Está bien, Joe? —preguntó alzando sus ojos carmesíes hacia él.
—Está bien. Puedes ir.
—Gracias —dijo con una tenue sonrisa y avanzó hacia la puerta bajo las miradas de todos.
—¡Sora! —la llamó Mimi, antes de acercarse hacia ella y coger un abrigo del perchero—, será mejor que te pongas esto, Tai es un cabezota cuando quiere y puede tomarte un tiempo convencerlo.
La pelirroja tomó la prenda que le ofrecía y le dirigió una breve mirada.
—Gracias, Mimi —le sonrió, enfundándose en el abrigo antes de salir.
Los demás suspiraron. ¿Podían las cosas ponerse peor? A veces es mejorar no preguntárselo.
Al salir sintió que el frío la abrazaba como si fuese un manto adhiriéndose a su piel. A pocos pasos, Taichi caminaba de un lado a otro como un león enjaulado.
—¡Con un demonio, Yamato!, ¿por qué tenías que seguirme? —preguntó al aire, al tiempo que daba un certero golpe a un mono de nieve que se derrumbó enseguida ante el impacto. Seguramente lo habría hecho un niño de las cabañas colindantes, esperaba no tener que lidiar con un padre furioso, porque no tenía cabeza para eso.
—¿Es en serio, Taichi?, ¿de verdad te estás preguntando porqué tu mejor amigo salió tras de ti al verte salir como un loco? —preguntó con un toque de ironía.
Para Tai, escuchar el tono frío de Sora a sus espaldas fue como una nueva bofetada. No se volvió hacia ella, tensó los hombros y bajó la mirada sintiéndose un estúpido.
La pelirroja se mordió la lengua. Había salido para disculparse, no para reprocharle que Yamato estuviera perdido. ¿Por qué últimamente explotaba tan fácil cuando se trataba de Tai?
—Soy un imbécil, no necesito que me lo digas —susurró al cabo de unos segundos.
—No salí a decirte eso.
—Perdóname si no fue eso lo que me pareció —replicó Taichi, mordaz.
Sora abrió la boca dispuesta a replicarle, pero no se le ocurrió qué decir. Estuvo boqueando un par de segundos, sintiendo la brisa helada colarse a través de su garganta.
—¡Ash!, ¿por qué siempre haces las cosas tan difíciles? —soltó, finalmente.
—¿Yo las hago difíciles? —preguntó Tai, al tiempo que se volteaba.
—¡Sí!, ¡tú y tu estúpida manía de comportarte como un líder poniendo en riesgo tu propia vida!... si nos hubieras escuchado, Yamato no estaría…
—No estaría perdido, lo sé. —la interrumpió, pasándose una mano por el puente de su nariz— créeme que no me esperaba esto… lo que menos quería era poner en riesgo a alguno de ustedes, especialmente a Matt… y a ti.
Volvió a quedarse sin palabras, aunque internamente lo maldijo un millón de veces por tener esa facilidad de ablandarla. Porque sí, Taichi era un cabezota insufrible, pero también era noble. De esas personas capaces de arriesgar su propia vida por sus amigos y su familia. Era cierto que a veces la exasperaba y le daban unas ganas terribles de golpearlo hasta dejarlo knock-out, pero luego salía con esos aires de héroe que la derretían y acababa perdonándole todo.
—Me comporté como un auténtico idiota —continuó él, ante el silencio de la pelirroja—. Ninguno se merecía que los tratara como lo traté.
—Deberías decirle eso a Takeru y Mimi.
—Lo haré luego. Ahora te lo estoy diciendo a ti —susurró, mirándola fijamente.
Sora se resistió, pero la intensidad de sus ojos castaños la atraía de una manera insoportable, así que acabó levantando la mirada hacia él.
—Así que… ¿descargaste tu rabia con ese mono de nieve y ahora puedes pensar con más claridad?
Tai esbozó una sonrisa, llevándose ambas manos a los bolsillos.
—Supongo que la falta de deporte me está afectando. Debo encontrar algo en lo que gastar mi energía.
—Eso estaría bien —asintió con una sonrisa.
Se agachó disimuladamente y cogió una buena porción de nieve. La amoldó entre sus manos, aprovechándose del despiste de Tai.
—Oye, Tai… —lo llamó.
El castaño alzó la mirada y ella le estampó la bola de nieve en plena cara.
—¡Piensa rápido! —se burló antes de largarse a correr.
—¡Ven aquí, Takenouchi!, ¡me las pagarás! —lo escuchó gritarle, mientras le pisaba los talones.
La carrera no duró mucho. Tenía los músculos lo suficientemente congelados para tropezarse con sus propios pies y caer. Lo que no esperaba era llevarse a Tai con ella.
Afortunadamente la nieve amortiguó su caída, en aquel momento le pareció que era como tirarse en una mullida cama de plumas, salvo por el hecho de que estaba congelándose, claro.
Taichi cayó sobre ella, con un brazo a cada lado para evitar aplastarla con su peso. Las risas cesaron en cuanto fueron conscientes de la escasa distancia que los separaba, sus narices se rozaban y sus ojos parecían pegados a los del otro, incapaces de enfocarse en otro punto. No había nada más que mirar en ese momento.
Por un segundo Sora temió haberse sonrojado, pero tenía la cara tan helada que dudó tener el más mínimo color en el rostro. El calor que sentía dentro tardaría en emerger.
Tai entreabrió los labios como si fuera a decir algo. Sora dudaba ser capaz de oírlo, porque sentía un zumbido en los oídos, ¿sería efecto del frío o de la altura? Una vocecita en su cabeza, que desconocía, le decía que era algo más.
Al final resultó que él no dijo nada y ella internamente se lo agradeció, pues no se atrevía a hablar por temor a romper ese mágico momento en el que sólo eran los dos. Se sentía como si estuviera meciéndose en una nube, completamente tranquila y relajada.
Tai se inclinó, causándole cosquillas por el torpe roce de su nariz contra la suya. Ella cerró sus ojos, sintiendo el aliento del chico chocando contra su cara; era tibio, perfectamente tibio y acogedor en contraste con el frío del ambiente.
Notas finales:
Hasta aquí el capítulo. Lo siento, pero me estaba quedando demasiado largo y siempre trato de que todos los capítulos tengan más o menos la misma extensión (manías mías :P), ¿me creéis que no lo hice a propósito?
No tengo mucho que decir, sólo disculparme por la tardanza, otra vez u.u
No soy buena con los títulos, así que el que escogí fue lo último que se me ocurrió y tiene puntos suspensivos porque el título del próximo capítulo será la continuación de la frase.
Muchas gracias a quienes comentaron en el capítulo anterior: Genee, HikariCaelum, Yaken, brendaa21 y por supuesto, Takari95 :)
Espero que hayan disfrutado el capítulo.
¡Hasta el próximo!
P.D.: La imagen que puse de portada tiene un spoiler ;)
