•Te Encontré•
• •Lo Soñé••
Sailor Moon © Naoko Takeuchi
•Rei&Yaten•
—Mina, ¿Quieres dejarme en paz con eso? —Más que pregunta, en realidad era una orden por parte de Hino a la rubia que la acompañaba, la cual, enloquecida, no dejaba de recordarle la gran equivocación que cometía al no aceptar la propuesta de los Kou.
—Es que es increíble y discúlpame, pero también muy estúpido lo que acabas de hacer. —Recriminó la ojiazul, abriendo la puerta del pequeño departamento que ambas ocupaban. —¿Sabes cuánto tiempo llevo anhelando una oportunidad semejante a la tuya?
—Mina, no. —Volvió a responder con firmeza, colgando su abrigo en la entrada.
—Es un ganar-ganar y…
—No, no me vengas con tus términos de ecónoma. Desertaste—Tajante, volvió a negar.
Rei había dicho "No", inmediatamente después de que Taiki terminara apenas la primera frase. Fue casi una respuesta por instinto. Reacción, de la cual, desde niña padecía; una especie de defensa, negación a lo desconocido o lo que a simple vista le causara un "mal presentimiento" y extrañamente, ese había sido el caso en el segundo que ese chico de cabello platinado había capturado su mirada con unos cristalinos y enormes ojos color verde. Inexplicable, pero real.
Pánico, deseos de salir corriendo, de huir de ese lugar sin mirar atrás siquiera, era lo más cercano a una descripción de su sentir en ese instante. Y seguir su intuición era lo que hasta la fecha siempre la había mantenido a salvo. Según ella.
Pues la única ocasión en que había ignorado aquello, era una etapa que prefería incluso evitar recordar. "Jadeite", llevaba por nombre aquel oscuro pasaje en su vida, episodio en el cual, el lado más vulnerable de Hino había quedado al descubierto.
—Dime una razón; solo una convincente.
—Por mi cabeza jamás ha pasado la sola idea de ser actriz, modelo o algo por el estilo. Estudio diseño gráfico.
La expresión de la rubia le indicaba que no estaba satisfecha con su justificación.
—¿Eso es todo? —Interrogó, elevando una de sus cejas incrédula ante el patético intento de excusa de su mejor amiga.
—¿Te parece poco? Mina no quiero desviarme, no quiero perder el camino.
—Ajá, entonces me supongo que tu deseo más grande es… no sé… master en servir de manera correcta un café americano, un cappuccino y un late ¿No?
—¡Ah! Omite tus ironías, Aino; no es lo mismo —Mantuvo, mientras colocaba ya el agua en la cafetera y sacaba de la lacena un paquete de galletas rellenas de chocolate.
El aroma del café al abrir el empaque, la relajaba, la hacía olvidarse de la mitad de sus problemas, lo que ya era demasiado.
Podía parecer hasta irónico, que a pesar de trabajar en una cafetería, en casa le resultaba completamente diferente.
—Lo es. Tampoco es tu meta ser mesera y sin embargo lo haces. —Arremetió Mina, persiguiendo de manera sofocante cada paso que daba la de cabello negro. —¿Por qué no verlo así? Una manera más rápida de agrandar tu capital… Canadá ¿Recuerdas?
Ding, ding, ding.
Sus pupilas dejaban ver la gran y desmedida emoción que el nombre de aquel país generaba en ella.
—Es un grupo nuevo, no creo que sea para tanto —Dijo más para sí que para su acompañante, recobrando el control de sus emociones, rememorando sus certeros presagios.
—Nuevo aquí, más no en el país del que vienen, querida.
Rei se mantuvo en silencio por un instante, eludió a Minako, que seguía de pie justo a su lado y tomó asiento en una de las dos sillas que acompañaban la mesilla de la cocina, con la mirada inalterable en el café que ya humeaba en su taza.
Su amiga había dado en el punto exacto; el intercambio que había soñado desde su ingreso a la universidad, mismo que no podía darse el lujo de realizar por falta de recursos económicos y por el cual se restringía tanto, con tal de poder ahorrar aunque fuese una ínfima cantidad de su de por si escaso salario.
—No puedo hacerlo —Soltó en voz baja, vacilante entre contarle o no los motivos a la rubia. —Tengo un mal presentimiento —Y no debió hacerlo.
—¡¿Qué?! —Exclamó la chica, recargando ambas manos sobre la mesa y acercándose a Rei, intimidante —¿Sigues consumiendo esa porquería? Digo, pásame un poco, tal vez así pueda comprender las cosas desde tu astronómico, espiritual o simplemente anormal mundo.
La de pelo azabache rodó los ojos y soltó el aire ante la poca seriedad que recibía siempre al tocar ese tema con ella.
—Olvídalo —Finalizó, un tanto molesta, tomando su bebida e intentando ponerse de pie, siendo esto evitado por Aino.
—Espera, no quise ofenderte, es sólo que… espero no te enojes aún más, pero tiendes a autosabotearte todo el tiempo… en todo, cubriéndolo con ese "sexto sentido" tuyo.
—¡Eso no es verdad!
—Lo es; lo haces incluso con los chicos —Rei entreabrió la boca, dispuesta a discernir la aseveración que ella consideraba completamente falsa y a lugar en aquella discusión. —No te atrevas a contradecirme, Hino. Rechazaste a Andrew Furuhata, el hijo del jefe ¿Por qué fue? —Rei se mantuvo serena, apretando los labios y cruzando los brazos como claro signo de que no respondería los cuestionamientos carentes de sentido de la rubia demente — ¡Dilo!
—¡Porque tuve un mal presentimiento, por eso!
—Claro, dejaste ir a un sujeto hermoso, con unos ojos increíbles y un cuerpo que toda mujer cuerda y heterosexual desearía y no conforme con despreciarlo comenzaste a salir con el perdedor de Nicolás.
—Nicolás no es un perdedor… es un buen chico —Defendió aguerrida, Hino a su última conquista.
—¿No?, ¡Vaya!, pues qué bien lo aparenta, me hubiese cortado un brazo a que lo es.
—A veces odio tu sarcasmo exagerado. —No dijo más antes de, esta vez lograr escabullirse de la que parecía su carcelera, tomar sus provisiones y marcharse a su habitación.
—¡Piénsalo esta noche, Hino!
Claro, no sin antes escuchar el último grito de su querida amiga, incitándola a declinar su negativa.
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La noche había transcurrido calmada.
Rei, que al ir a la cama, intranquila por lo acontecido, predispuesta estaba ya a lo que pensaba sería una larga y agónica velada cargada de un ir y venir de pensamientos uno con menos sentido que el anterior, su cansancio físico y mental no tardaron en echar por tierra tal suposición, pues apenas puso su rostro en la almohada, sus bellas pupilas se dejaron cobijar por los pesados parpados que habían soportado ese largo día.
Desde el instante en que su valor fue suficiente para liberarse de sus sábanas y sentarse, dispuesta ponerse en pie, una sensación ligeramente más fría de lo habitual la había hecho estremecer, provocando que se abrasara a sí misma, frotándose los brazos con frenesí, para luego llevarse ambas manos a su boca y calentarlas con un poco de aliento.
Miró en dirección a su ventana, concentrándose en los sonidos que la rodeaban, siendo el golpeteo de la lluvia el que atrajera por completo su atención. Y sin meditarlo se acercó, haciendo a un lado la cortina. Sus grandes ojos brillaron ante la opacidad de aquella extraña postal invernal. Era el paisaje más hermoso que desde hacía tiempo ya, no veía.
Era el clima perfecto; el sábado que añoraba desde no recordaba ya cuándo.
Sus deseos comenzaron a tomar forma por sí solos, admirándose de pronto en la comodidad del sofá más cercano a la ventana, con la cortinilla ligeramente abierta, para de vez en vez poder mirar el andar de pronto lento, luego alocado de las nubes y hallarles formas, también su enorme manta afelpada cubriéndole las piernas y una de sus lecturas pendientes entrelazada en sus manos. Sin olvidar una aureola de su caliente café estimulando sus sentidos sobre la mesa justo a su lado y ¿Por qué no? Abusando ya de su fortuna un muffin de chocolate, cubierto del mismo y chispas de igual sabor.
Si, ese era el clima perfecto para un día completo en casa… no lo era para un fin de semana laboral.
—"¡Piénsalo esta noche, Hino!"
Y el grito de Mina hacía eco en su subconsciente, pero su realidad debía ser la vencedora.
Sin más, colocó su mano en el cristal, sintiendo la frialdad del mismo y dando un par de golpecillos con la yema de los dedos, se despidió de su ferviente ilusión, dirigiéndose al armario.
Al pasar por la sala, no había señales de vida inteligente… ni de Minako en ella, un sábado a las 8:30 a.m. era la madrugada para su amiga. Así que pasó de largo, deteniéndose sólo a tomar el paraguas que descansaba al lado de la puerta, junto con su abrigo.
Nunca imaginó, que justo en el instante que su mano hiciera girar la manija, un par de golpes firmes cimbrarían su puerta, no logrando evitar abrir la misma casi al unísono.
Hino sintió claramente como una ráfaga de un extraño calor la golpeó fuertemente en el rostro, imposibilitándola de moverse, articular palabra o al menos gesticular alguna mueca que diera señales de su intelecto.
Frente a ella estaba uno de los dioses de la noche anterior, a escasos centímetros de distancia, con su mano elevada a la altura del pecho y en puño.
"El debió tocar" Dedujo inteligentemente, la histérica Hino, que internamente corría de un lado a otro sin saber qué hacer.
̶ Hola, Rei.
La chica, atontada, apartó rápidamente la mirada del risueño ojiazul.
La loca idea de que ella fuera la razón de su presencia en ese lugar la abordó; sin embargo, la desechó inmediatamente, al recordar que Seiya parecía ser el ganador del acelerado corazón de su rubia amiga, por lo cual no le sorprendía ni un poco que al minuto de hablarle, le hubiese dado teléfono, dirección, e-mail y cuanta cosa existiese para no perderle de vista.
̶ E-En seguida llamo a Mina ̶ Titubeante agregó, olvidándose del saludo.
̶ ¡No, no! ̶ La detuvo el chico tomando su muñeca, cuando esta se proponía dar media vuelta hacia el interior del departamento.
Rei regresó al punto de partida, reflejando la sorpresa en sus orbes que parecían a punto de salir.
̶ Vine a hablar contigo, por favor. ̶ Suplicó con un tierno puchero.
Venía con ella; venía a insistir.
̶ Como ves, justo ahora salgo… ̶ dijo cortante, zafándose un tanto tosca del agarre de Seiya, mientras cerraba tras suyo la puerta y comenzaba a avanzar. ̶ Tal vez en uno o dos…
̶ No, dos días es demasiado.
̶ Años. ̶ Rei no tenía pensado siquiera detenerse a escuchar lo que el cantante buscaba.
Su presentimiento seguía insistente y además iba tarde, cosa que su jefe odiaba más que… en realidad él odiaba todo aquello que significara perder dinero; era como un "Don cangrejo" de Bob Esponja, incluso era regordete y con nariz roja, sobretodo en tiempos de frío.
̶ El que seas bonita no te hace graciosa ¿Sabes?
"Ah"
Resopló con indignación, ¿A caso acababa de llamarla "bonita sin chiste"?
Tonto.
̶-No quiero sonar grosera, pero esta situación me molesta; no puedo creer que Minako te haya dado nuestra dirección así como así.
̶-No fue Minako.
̶ ¿Entonces?
Lo miró de reojo a su espalda, frunciendo el ceño, intrigada.
̶ Digamos que… no, mejor no digamos nada. Sólo escucha lo que tenemos que decirte.
Ese sujeto en especial, el tal Seiya, había sido el único que le inspiraba un tanto, poco de confianza. Le transmitía alegría y no podía evitarlo, le resultaba realmente simpático, al grado de sentirse mal por ignorarlo de ese modo.
̶ Ayer lo hice. ̶ Reiteró, pero bajando la velocidad en su andar, dando oportunidad a que el chico le diera alcance. ̶ y mi respuesta sigue siendo: no.
̶-Ya sé; hace frío, déjame llevarte ¿A dónde vas?
Aprovechando Seiya el gesto, para adelantarse y comenzar a caminar de espaldas para poder verle de frente.
̶ No gracias, está muy cerca. ̶ Rei caminaba tratando de mantener su vista al frente, pero sumamente incómoda al sentir la del chico puesta en ella ̶ ¿Qué? ̶ preguntó alterada al no soportarlo más.
̶ Qué hermosa eres. ̶ Asentó como enajenado, notando la contrariedad que su comentario había causado sobre Hino, quien se limitó a apretar los labios, obligando a Kou a continuar con su misión inicial, haciendo a un lado de su coquetería innata. ̶ Vas al café.
̶ Si. Voy a mi trabajo.
̶ Te llevo.
̶ No.
̶ Anda.
̶ No.
̶ ¿Por qué no? ̶ Cuestionó, haciendo un pequeño berrinche, ya desesperado.
̶ Oye, ni siquiera te conozco. ̶ Reiteró fundamentando su negativa y deteniendo su andar.
̶ Claro que si; ayer nos presentaron y si quieres lo hago de nuevo ̶ Seiya ofreció su mano, acto que al mirar, Hino no pudo evitar poner los ojos en blanco y estirar de mala gana la suya ̶ Seiya Kou, vocalista del grupo Three Lights, para servirte.
Finalizada dicha presentación, de inmediato la chica le arrebató su mano y cruzo los brazos.
̶ No me refería a esto.
El chico, no dijo nada más, sacando de la bolsa de su abrigo el celular, tecleando rápidamente, para luego acercarlo a la pelinegra, que intrigada y en el fondo un poco divertida lo miraba.
̶ Toma.
̶ ¿Qué? ̶ Sin comprender aún, tomó el aparato, comenzando a leer.
̶ Mi biografía desde los 5 años está en Wikipedia. El 85% de lo que dice es cierto.
̶ ¿Y el otro quince?
̶ Noviazgos que en realidad nunca sucedieron. Aunque me siento agradecido al menos no me sucedió como a Yaten.
̶ ¿Yaten es gay? ̶ Preguntó sin pensar, siendo traicionada por un genuino interés al entrar a "enlaces relacionados" y encontrarse con tal revelación.
̶ ¡No! ̶ Aclaró rápidamente ̶ Los medios son así. No tengo idea de dónde habrán sacado tal cosa.
Eso decía él, pero su sonrisa lo delataba.
̶¿Tú?
̶ Cambiemos de tema ̶ Evadió, ensanchando la sonrisa que intentaba disimular, sin éxito. ̶ Rei Hino, me haría usted el honor. ̶- Insistió, señalando hacia la próxima puerta del edificio, en la cual ya una tupida lluvia se alcanzaba a divisar.
̶ Mira, eres muy amable, simpático y todo, pero… ¡Ah!, ¡Genial! ̶ Exclamó echando la cabeza hacia atrás y pasando las manos por su cabello, después de mirar su reloj.
̶ Lo siento, yo te entretuve. Lo menos que puedo hacer es llevarte.
Rei lo miró por un instante, a punto estaban sus labios de abrirse para soltar un "si", pero mordiéndolos, se lo tragó.
̶ Gracias, tal vez después. Nos vemos.
Y retomó su camino.
̶- Rei, está lloviendo.
Mientras él, retomaba su persecución.
̶ Tengo un paraguas.
̶ Ahora no ̶ Anunció el de pelo negro con una enorme sonrisa maliciosa después de haberle arrebatado la sombrilla a Hino.
̶ ¡Oye, basta, no juegues conmigo! ¡Ni siquiera te conozco!
̶ ¿Otra vez? Pues para que comiences a hacerlo… yo siempre gano ̶ sentenció con su característica sonrisa victoriosa.
̶ ¡De acuerdo! ̶ Refunfuñando, accedió. ̶ Sólo será esta vez y no hablaré contigo en lo que resta de camino.
̶ ¡Bien! porque sólo pensaba invitarte 20 veces más. Y no te preocupes yo hablaré por los dos.
¿Recuerdan la parte en que él, extrañamente le simpatizaba? Ella ya no.
Negó, caminando hacia la salida, mirando en todas direcciones.
̶ ¿Y tu auto?
̶ Lo estamos esperando. Vine con mi hermano. ̶ Respondió ahora con gran calma, como si 2 segundos antes no le hubiese arrebatado su paraguas y se hubiera burado de ella en su cara.
̶ Cínico. ̶ No se quedó con las ganas de agregar entre dientes.
̶ ¡Vamos, apresúrense, el guardia ya me corrió tres veces!
Por la ventanilla de un auto deportivo color negro, un par de ojos verdes se asomaron, dejando a Rei más helada de lo que cualquier oleada de gélido viento podría haberlo hecho.
"Esos ojos"
Esa noche.
"Yo… lo soñé"
Rei Hino había soñado con esos ojos; había soñado con Yaten Kou.
Gracias sin fin Sol Levine :) Espero te guste.
