Ésta es mi primera historia en Español, espero les agrade y si tienen alguna queja con respecto a la ortografía o redacción me la digan. Si no me funciona peligro la (subject) clase.
Perdón si es muy extensa, pero no acostumbro a escribir capítulos mas cortos.
Disclaimer: Nada de esto me pertenece, sólo lo publico por amor a la literatura. Todos los derechos a J.K. y a Warner Bros.
Advertencias: OOC - Algunas parejas fuera de Cannon. (James Potter/ Lilly Evans - Harry Potter/ Ginny Weasley - Remus Lupin/ Narcissa Black - Luna Lovegood/ Severus Snape - Sirius Black/Hermione Granger/Lord Voldemort). Puede que algunos capítulos contengan violencia. Indicios de Lemon.
Gracias a Pabaji - kitty 18 - fior aquarium - angel de acuario - anonimo Por sus comentarios.
Espero les guste este capítulo.
Muchos Saludos.
Have' nice day.
Capítulo 2
Una verdad a medias
(Totalmente Harry)
Luego de la luz blanca, Harry despertó desconcertado, no sentía dolor, frío, calor, nada. Eso lo empezó a asustar, no sabía en donde estaba, pero si de algo estaba seguro era de que no estaba muerto, claramente muerto no tendría conciencia.
Harry no estaba seguro de si estaba acostado o parado, no tenía mucho sentido pensarlo tampoco, estaba cómodo, simplemente cómodo.
— Harry, mi muchacho — La voz de Dumbledore resonó en su cabeza, pero no sabia si era real o parte de su imaginación — Harry, ¿Te encuentras bien? — Ahora si que estaba seguro de que su imaginación jamás podría recrear a la perfección la voz de su profesor.
Sintió una mano en su brazo intentando despertarlo y ahí fue cuando estuvo totalmente seguro de que nada de eso era producto de su imaginación.
Harry se atrevió a abrir sus ojos, y se encontró en lugar bellísimo, de verdes prados y cielo azul, mientras observaba distraídamente el paisaje, dos manos lo ayudaron a ponerse de pie. Un poco atormentado volvió a cerrar sus ojos.
— Puedes abrir los ojos muchacho — La jovial voz de su director resonó nuevamente en sus oídos, solo que esta vez mas clara y ¿mas real? Tal vez — ¿Puedes abrirlos, Harry?
— Sí — Se escucho decir y sus dudas se borraron totalmente, la persona que estaba ahí era el y Albus Dumbledore, soltó una alegre risa al sentir su corazón latir.
— Veo que lo ha notado — Rió felizmente Dumbledore — ¿Cómo te sientes?, muchacho llevo minutos esperando que despiertes — Lo miró y noto la mirada confundida de su alumno favorito
— Bien — Susurró Harry — Creí que esto de la muerte debía doler
— Harry — Rió Dumbledore — ¿Quién te dijo que estabas muerto?
— ¿Cómo puede decir que no lo estoy? — Lo miró curioso, lo ultimo que recordaba era esa maldita luz blanca, después de eso nada. Mientras observaba a Albus pensar la respuesta que le daría a Harry, este aprovecho de revisar su cuerpo, sus manos, sus piernas, su cabeza.
— ¿Completo? — Albus miraba divertido como su ingenuo alumno se revisaba.
— Sí — Harry también sonrió — ¿Me va a responder?
Mientras Albus le explicaba a Harry los acontecimientos, este iba poniendo caras de sorpresa, frustración, felicidad, hasta terminar en terror.
— ¿Quiere decir que, estoy, pero no estoy? — Preguntó confundido
— Harry — Rió — Quiero decir que tú puedes escoger
— Morir es Renacer
— Exacto
Profesor y alumno se entretuvieron por bastante tiempo hablando, de la profecía, Harry algo notaba en su mentor, estaba feliz, sus ojos brillaban como dos estrellas, y sin quererlo le daba datos curiosos, tanto de sus padres como del profesor Snape
— Nadie nace malo muchacho — Le comentó
A medida que la conversación avanzaba Harry notaba que Dumbledore le encomendaba una difícil y comprometedora misión, este se sintió feliz, pero al mismo tiempo decepcionado, ¿cuándo tendré paz? Se preguntaba.
— Bueno muchacho — Interrumpió sus pensamientos Albus — Creo que es hora de que te marches — Dumbledore comenzó a caminar hacia un extremo, cuando estaba apunto de materializar una puerta realizó un hechizo a Harry, este se asustó e intentó sacar su varita, mientras Dumbledore pronunciaba palabras rúnicas Harry escuchaba los susurros de su mentor
— El tiempo es tu mejor aliado muchacho, aprende a tenerlo en tu favor y no le juegues en contra Harry
Harry POV
Mientras Dumbledore me hablaba no se de que cosas, yo solo pensaba en esos ojo azules que con tanto miedo me observaban mientras Riddle me lanzaba quizás que maldición.
— Ginny — Susurre y escuche una risa un poco burlesca, como queriendo decir "siempre lo supe"
Mientras caía en un sueño cada vez mas profundo, pensaba en todo lo que estaba perdiendo, en mis amigos, en Ron, mi casi hermano, Ginny, el amor de mi vida, Hermione, mi hermanita, Luna, mi todo, sin ella todo es mas oscuro y difícil.
Sentía como una vara me picaba la cara.
— Prongs — Susurró una voz, déjalo, esta durmiendo, hace años que no veía su cara tan pacifica.
— OH, cállate Moony — Respondió esa voz.
— Abre los ojos Harry — Me dijeron, solo en mis sueños había escuchado esa armoniosa voz, esa voz que me hablaba con ternura, como si yo fuese realmente importante para alguien.
— Ma-má — susurré
— Mi niño, estamos muy orgullosos de ti — Mi papá esta hablándome
Lagrimas caen de mis ojos, se que es un sueño, nunca los he tenido tan cerca.
— Tienes que volver Bambi — Esa voz, esa melodiosa voz que me vuelve triste, que me recuerda que la única familia que he tenido desapareció, ya no está, nuevamente me encuentro solo
— No estas solo compañero
— ¿Neville? — Pregunté
— Claro Harry, tu no estas solo, nos tienes a nosotros, tus amigos… y las chicas — Cada vez bajaba mas la voz, que me querrá decir Neville ¿Qué chicas?
— Longbottom tiene razón Potter — El profesor Snape está abrazado de mamá y lagrimas caen por sus ojos, por fin se reconciliaron.
— P-p-profesor Snape — Balbuceo mirándolo
— ¿Celoso Harry? — Se burla Sirius, ya no aguanto más y voy a abrazarlo
— Escúchame bien Harry — Dice papá — Iras a un lugar en que la oscuridad aun no esta en su punto máximo y t…
— ¡James! — Lo interrumpe mamá, la molestia era notable en su voz.
— Tiene que saberlo pelirroja — Se burla Sirius
— Cállate Pulgas — Mamá esta molesta, me mira con amor y luego a papá y
— Abre los ojos Harry
— Profesor — Preguntó confundido
— Si muchacho — Dumbledore sonrió
— ¿Hacia donde voy? ¿Por qué no me dejo hablar con mis padres? ¿Qué tengo que hacer? — Con cada pregunta mi voz se hacia cada vez mas fuerte, estaba molesto, yo me quería quedar con ellos.
— Paciencia muchacho — Me intentó calmar
— En un lugar hay tres adorables niñas buscando por ti — A la mención de las chicas mis ojos se hicieron mas grandes y lagrimas amenazaban con salir
— Ginny — Susurré — Hermione, Luna
— Toma tu snitch Harry — Dumbledore estiró su brazo hacia mi y me entrego la brillante pelotita
— ¿Me abro al cierre? — Me burlé
— Podría ser — Rió
Fin Harry POV
Harry se acercó la Snitch a su boca y aspiró fuerte, grande fue su sorpresa al notar que donde antes brillaba en esplendor las palabras me abro al cierre ahora rezaba "Para volver sólo una" Las palabras no tenían ningún significado para Harry.
— ¿Sólo una? — Preguntó con una ceja levantada.
— Muchacho, paciencia — La voz de Dumbledore se hacía cada vez mas lenta y suave.
Poco a poco el muchacho de hermosos ojos verdes y una cicatriz extraña estaba cada vez mas cansado, sus ojos finalmente te cerraron y una autentica sonrisa apareció en su cara, una sonrisa de las que hace mucho tiempo Albus no observaba.
Harry no quería abrir sus ojos nuevamente, hace unos segundos se encontraba en un lugar blanco, con nada mas y nada menos que su mentor, Albus Dumbledore, en ese lugar sentía una paz inexplicable, no se sentía soledad ni tristeza, sólo felicidad.
Harry POV
— Está despertando — Dice una voz femenina, alegría se siente en su voz.
— Su parecido con el Señor Potter es increíble — Dice un hombre, su voz es como escuchar campanillas, se siente alegre…
¿Cómo alguien puede estar alegre en este tiempo? Deben ser mortífagos, me atraparon ¿Dónde estaré?
¿Parecido al joven Potter?, claramente yo soy el joven Potter. ¿Quiénes serán estas personas?
— Albus — Otra voz, una familiar, mi corazón se llena de esperanza, si ella está aquí es porque no estoy con mortífagos.
— ¿Qué sucede, Minerva? — Pregunta el profesor con solemne voz.
— Ya están aquí — No aguanto mas y abro mis ojos, ahí están, el profesor Dumbledore, luciendo mucho mas jovial que de costumbre, la profesora McGonagall, mirándome con una sonrisa ¿Una sonrisa?, Madame Pomfrey, con cara de suficiencia, si necesitase a alguien para curar mis heridas, sería ella.
Me sentía completo nuevamente, solo me hacen falta ellas. Cierro mis ojos e imágenes de mis chicas llenan mi mente, la primera vez que las vi, como cada una con sus expresiones, sus sonrisas y sus enojos, podían alegrar mi día, como con una palabra Luna podía hacerme sonreír, o con una mirada, Hermione podía hacerme sentir vivo, o solo con la presencia de Ginny me sentía completo. Sin ellas aquí es todo tan difícil.
Fin Harry POV
Las imágenes de su quinto año llegaron a su mente, él estaba desahuciado, la única persona que se consideraba su familia, su padre, su amigo, su hermano Sirius Black, había muerto a manos de nada mas y nada menos que su prima, todos le miraban con lastima, todos menos ella.
Harry descubrió que ya no vería nuevamente a Sirius, hasta Nick Casi decapitado se lo confirmó, no quería hablar con nadie, su plan era esconderse, que nadie le mirase con lastima.
Comenzó a caminar a su sala común. Al entrar en el pasillo de la Señora Gorda, divisó a alguien al fondo clavando una nota en un tablón de anuncios que había en la pared. Se fijó y comprobó que era Luna. Harry no quería hablar con nadie, pero ella era diferente.
— ¡Hola! — lo saludó Luna con apatía al mismo tiempo que giraba la cabeza y se apartaba del tablón de anuncios.
— ¿Por qué no estás en el banquete? —le preguntó Harry.
—Es que he perdido casi todos mis objetos personales — contestó Luna con serenidad — La gente me los coge y los esconde, ¿sabes? Pero como ésta es la última noche, necesito recuperarlos; por eso he colgado estos letreros.
Señaló el tablón de anuncios, en el que efectivamente había colgado una lista de los libros y las prendas de ropa que le faltaban, y pedía que se los devolvieran.
Harry tuvo una extraña sensación, una emoción que no se parecía en nada ni a la ira ni al dolor que lo embargaba desde la muerte de Sirius. Tardó unos instantes en darse cuenta de que sentía lástima de Luna.
— ¿Por qué esconde la gente tus cosas? — inquirió frunciendo el entrecejo.
— Bueno... — repuso Luna con indiferencia —. Supongo que me consideran un poco rara, ¿sabes? Hay algunos que hasta me llaman Lunática Lovegood.
Harry la miró, y aquel nuevo sentimiento de compasión se intensificó dolorosamente.
— Eso no justifica que te quiten las cosas — dijo con sencillez —. ¿Quieres que te ayude a buscarlas?
—No, no — respondió ella, sonriente —. Ya aparecerán, al final siempre aparecen. Lo que pasa es que quería hacer el equipaje esta noche. En fin... ¿Y tú por qué no estás en el banquete?
Harry se encogió de hombros.
—No me apetecía ir.
— Entiendo — dijo Luna observándolo con aquellos ojos protuberantes y de mirada extrañamente brumosa —. Ya me imagino. Ese hombre al que mataron los mortífagos era tu padrino, ¿verdad? Ginny me lo contó.
Harry se limitó a asentir con la cabeza, pero se dio cuenta de que por algún curioso motivo no le molestaba que Luna hablara de Sirius. Acababa de recordar que ella también podía ver a los thestrals.
— ¿Tú has...? Empezó Harry —. Quiero decir... ¿Quién...? ¿Se te ha muerto alguien?
Sí — contestó Luna con naturalidad —, mi madre. Era una bruja extraordinaria, ¿sabes?, pero le gustaba mucho experimentar, y un día uno de los hechizos le salió mal. Yo tenía nueve años.
—Lo siento — murmuró Harry.
Sí, fue terrible — continuó Luna con desenvoltura—. A veces todavía me pongo muy triste cuando pienso en ella. Pero me queda mi padre. Además, no es que nunca más vaya a volver a ver a mi madre, ¿no?
— ¿Ah, no? —dijo Harry, desconcertado.
Luna movió la cabeza, incrédula.
Vamos, Harry. Tú también los oíste, detrás del velo, ¿no?
— ¿Te refieres...?
Harry y Luna se miraron. Una débil sonrisa asomaba a los labios de Luna. Harry no sabía qué decir ni qué pensar; Luna creía en tantas cosas extraordinarias... Y, sin embargo, él también estaba seguro de haber oído voces al otro lado del velo.
— ¿Seguro que no quieres que te ayude a buscar tus cosas? —insistió.
—No, no —dijo Luna—. Creo que bajaré a comer un poco de pudín y esperaré a que aparezcan... Siempre acabo encontrándolo todo... Bueno, felices vacaciones, Harry.
Gracias, lo mismo digo —repuso él.
Una sonrisa apareció en la cara de Harry, desde ese día Harry conoció la amistad de esa extraña chica, Luna siempre tenía la palabra perfecta, la sonrisa adecuada, ella era como la luz en un cuarto oscuro, sus palabras aún resonaban en su cabeza.
Luego vino el recuerdo de su primer beso con el amor de su existencia, Ginny, Recordó el castigo que Snape le puso, todo por ocupar su maldito libro. Se había perdido el partido de quidditch.
Harry miró alrededor; Ginny estaba corriendo hacia él. Tenía un rostro resplandeciente cuando envolvió a Harry con sus brazos. Y sin pensarlo, sin haberlo planeado, sin preocuparse por el hecho que cincuenta personas estuvieran viendo, Harry la besó.
Después de algunos segundos... o bien pudiera haber pasado media hora... o quizá varios días... ellos se separaron. La sala común se había quedado muy silenciosa. Entonces, varios aullaron y otros soltaron risitas nerviosas. Harry miró sobre la cabeza de Ginny para observar a Dean Thomas haciendo añicos un vaso en su mano, y a Romilda Vane mirando como si quisiera arrojarle algo. Hermione sonreía radiante, pero lo que en verdad buscaban los ojos de Harry era a Ron.
Harry sintió que su pecho rugía de triunfo, sonrió a Ginny y sin palabras la llevó fuera del agujero del portarretrato. Una larga caminata por los jardines pareció indicada, durante la cual... si es que tuvieron tiempo... pudieron hablar del partido.
Una sonrisa aun mas grande salió de la boca de Harry, para él, el mundo ya no existía, solo sus recuerdos, solo los bosquejos de felicidad que hace unos años tuvo.
Antes de abrir nuevamente sus ojos, le vino una risa alegre a sus oídos, y las palabras "¿Alguien ha visto un sapo? Neville perdió uno". Ese día la conoció. Su amiga, su mejor amiga, quien estuvo con ella cada segundo. Nunca lo abandonó, ni cuando Ron dejó de hablarle en su cuarto año, estuvo ahí con él, le dio apoyo. Incluso la petrificaron por el.
Sus recuerdos viajaron a su primer año, el momento que cambió sus vidas, antes era solo él y Ron.
— ¿En qué estaban pensando, por todos los cielos? dijo la profesora McGonagall, con una furia helada. Harry miró a Ron, todavía con la varita levantada—. Tienen suerte de que no los haya matado. ¿Por qué no estaban en los dormitorios?
Snape dirigió a Harry una mirada aguda e inquisidora. Harry clavó la vista en el suelo. Deseó que Ron pudiera esconder la varita.
Entonces, una vocecita surgió de las sombras.
—Por favor; profesora McGonagall... Me estaban buscando a mí.
—¡Hermione Granger!
Hermione finalmente se había puesto de pie.
—Yo vine a buscar al trol porque yo... yo pensé que podía vencerlo, porque, ya sabe, había leído mucho sobre el tema.
Ron dejó caer su varita. ¿Hermione Granger diciendo una mentira a su profesora?
—Si ellos no me hubieran encontrado, yo ahora estaría muerta. Harry le clavó su varita en la nariz y Ron lo hizo golpearse con su propio bastón. No tuvieron tiempo de ir a buscar ayuda. Estaba a punto de matarme cuando ellos llegaron.
Harry y Ron trataron de no poner cara de asombro.
—Tendríamos que haber obtenido más de diez puntos —se quejó Ron.
—Cinco, querrás decir; una vez que se descuenten los de Hermione.
—Se portó muy bien al sacarnos de este lío —admitió Ron—. Claro que nosotros la salvamos.
—No habría necesitado que la salváramos si no hubiéramos encerrado esa cosa con ella —le recordó Harry.
Habían llegado al retrato de la Dama Gorda.
—Hocico de cerdo —dijeron, y entraron.
La sala común estaba llena de gente y ruidos. Todos comían lo que les habían subido. Hermione, sin embargo, estaba sola, cerca de la puerta, esperándolos. Se produjo una pausa muy incómoda. Luego, sin mirarse, todos dieron: «Gracias» y corrieron a buscar platos para comer.
Pero desde aquel momento Hermione Granger se convirtió en su amiga. Hay algunas cosas que no se pueden compartir sin terminar unidos, y derrumbar un trol de tres metros y medio es una de esas cosas.
Una sonrisa un poco mas sonora que las anteriores salió de su boca al recordar ese momento, Hermione, la chica mas perfeccionista, rompiendo las reglas por ellos, y eso no era nada comparado con los otros años.
—¡Ahí está! —dijo Harry, localizando a Sirius mientras ascendían junto a la ventana. Sacó la mano y en el momento en que Buckbeak bajaba las alas, golpeó en el cristal.
Black levantó la mirada. Harry vio que se quedaba boquiabierto. Saltó de la silla, fue aprisa hacia la ventana y trató de abrirla, pero estaba cerrada con llave.
—¡Échate hacia atrás! —le gritó Hermione, y sacó su varita, sin dejar de sujetarse con la mano izquierda a la túnica de Harry.
—¡Alohomora!
La ventana se abrió de golpe.
—¿Cómo... cómo... ? —preguntó Black casi sin voz, mirando al hipogrifo.
—Monta, no hay mucho tiempo —dijo Harry, abrazándose al cuello liso y brillante de Buckbeak, para impedir que se moviera—. Tienes que huir, los dementores están a punto de llegar. Macnair ha ido a buscarlos.
Black se sujetó al marco de la ventana y asomó la cabeza y los hombros. Fue una suerte que estuviera tan delgado. En unos segundos pasó una pierna por el lomo de Buckbeak y montó detrás de Hermione.
—¡Arriba, Buckbeak! —dijo Harry, sacudiendo las riendas—. Arriba, a la torre. ¡Vamos!
El hipogrifo batió las alas y volvió a emprender el vuelo. Navegaron a la altura del techo de la torre oeste. Buckbeak aterrizó tras las almenas con mucho alboroto, y Harry y Hermione se bajaron inmediatamente.
—Será mejor que escapes rápido, Sirius —dijo Harry jadeando—. No tardarán en llegar al despacho de Flitwick. Descubrirán tu huida.
—¿Qué le ocurrió al otro chico? A Ron —preguntó Sirius.
—Se pondrá bien. Está todavía inconsciente, pero la señora Pomfrey dice que se curará. ¡Rápido, vete!
Pero Black seguía mirando a Harry.
—¿Cómo te lo puedo agradecer?
—¡VETE! —gritaron a un tiempo Harry y Hermione.
Gracias a ella pudo salvar a su padrino, a ese hombre que fue como un padre para él.
Minutos mas tarde la puerta se abrió dejando pasar a una confundida Minerva, un sonriente Albus, y a dos ¿Orgullosos y felices? Personas, un hombre y una mujer ¿Pareja, tal vez?
— ¿Estas seguro Albus? — Preguntó la mujer, esta poseia cabello castañu oscuro, con algunos rizos definidos y ojos profundos, podría pasar facilmente por madre de Hermione.
— ¿Dónde está el muchacho Albus? — Preguntó el hombre, pelo negro, como el de el, ojos chocolate, mirada bonachona.
— P-p-profefor Dumbledore — Susurré, ganandome una mirada impresionada de todos — ¿Dónde estoy?
— ¿Me conoces muchacho? — Preguntó con rostro serio, aunque sos ojos brillaban como los de un niño en navidad.
— Yo, yo soy Harry — La voz de el chico se quebraba rapidamente — ¿En qué año estamos?
— En 1990, señor Harry, ¿Usted podría decirme su apellido? — Preguntó con una sonrisa en la cara el profesor.
— No lo recuerdo, Señor — Mintió Harry, estaba en el pasado, si algo conocia sobre las reglas del tiempo era que no debian modificarlas.
— Desde ahora serás Harry Charles Potter Hidako, Mis amigos James Potter y Marie Hidako, han decidido adoptarte.
— P-p-pero — Intentó hablar Harry, si sus supocisiones eran ciertas, el estaría siendo Hermano de su padre
— Pequeño niño — Habló la mujer con una dulzura increible — Llegastes a nuestra casa con unas heridas irreparables, nosotros te ciudamos, no sabíamos nada sobre ti, mandamos a buscar a Albus con nuestro elfo domestico y ahora estas con vida.
— Creemos que tienes la edad de Jamsie — Dijo el hombre, su padre, con una sonrisa — Él se siente solo, y nosotros estamos viejos, se sentirá bien tener otro joven en la casa.
Harry pareció meditarlo unos segundos, tal vez podría tener la vida que siempre deseó tener, una sonrisa apareció en su cara y observó a sus nuevos padres, por fin se sentía un poco mas completo, tal vez a eso se refería su padre con sus palabras.
Los días pasaron rapidamente, sus "padres" hacian todo lo posible por mantenerlo feliz, aunque nada lograba sacar la melancolia de sus ojos, pasaron los días y se vió teniendo sueños, en los que Ginny sufría por el, en los que sus amigas eran prisioneras por mortifagos, despertaba llorando, su hermano siempre estuvo ahí, "se siente bien compartir con tu padre" pensó Harry, "Aunque él no lo sepa".
Llegó el tan esperado día de James, por fin él se iría a su último año en Hogwarts y probablemente Harry le haría compañia. Esperanza. Era lo unico que había en el corazón de el pelinegro, comenzaría un nuevo ciclo en su vida. Sí, no tenía a sus amigos, no tenía a su novia, pero podría hacerles la vida mucho mas fácil, despues de todo, él era el elegido ¿No?.
— Luna Dumbledore — Escuchó Harry decir a McGonagall
¡GRYFFINDOR! — Gritó el sombrero.
Harry estaba sorprendido, él nunca supo de la existencia de esa niña. ¿Quién será? se preguntaba.
— Harry, entremos — Dijo su padre — Vamos, no estés nervioso, James y sus amigos estarán ahí para ayudarte — Añadió al ver su cara perder el poco color que le quedaba.
El señor Potter abrió la puerta del gran comedor y entró con su hijo, una sonrisa adornaba la cara de ambos.
Harry observó fijamente el comedor, todo era tan pacifico, no habia guerra, en este tiempo solo había felicidad. Incluso los Slytherins se veían pácificos.
— Ginny — Gritaron dos niñas, los ojos de Harry se abrieron al escuchar los gritos.
Luna y Hermione corrieron al ver a su hermana desvanecerse al suelo, ese chico, alto de negros cabellos y verdes ojos era igual a su Harry, pero en este momento lo mas importante era la pelirroja en el suelo.
— Gin — Susurró Luna — Vamos hermanita.
— Oh vamos — Dijo Hermione, su voz era a penas un susurro — Aguamenti.
Unos grandes ojos azules se abrieron, mostrando vergüenza — Merlín, perdón — Bajó la cara, claramente avergonzada — Estoy bien, madre — Respondió al ver a su nueva Madre abrir la boca.
Las tres chicas voltearon a ver a ese chico nuevo, lo observaron dar una sonrisa, la mas bella que le habían visto en meses y abrir sus brazos, lágrimas caían por sus ojos, y Minerva lo entendió, ese chico, ese Harry era el hijo de Lilly y James.
