Aclaraciones: Ni Candy Candy ni sus personajes me pertenecen. Esta historia ha sido creada únicamente para entretenimiento.
La máscara del corazón
Capítulo 2
Ella caminaba por los pasillos con aire soñador y despreocupado como siempre, hasta que vio algo que le llamó poderosamente la atención, tanto que se bajó de la nube para visualizar cómo uno de sus mayores intereses entraba en la biblioteca. No lo pensó demasiado, ya que incluso sus piernas respondían solas sabiendo que iría por la misma dirección.
Sin embargo, tras entrar por la puerta le entró de nuevo el miedo y la zozobra que sentía en su corazón, ¿qué demonios estaba haciendo? Cualquiera que se fijara en sus movimientos y de cómo miraba al rubio pensaría que se trata de alguna especie de acosadora; pero sabía que aunque lo intentase no podía evitarlo, Anthony era el chico más guapo que había visto en su vida, además de dulce, simpático, mayor y maduro, no como los aún "niños" que había en su aula.
Aunque no fue un amor a primera vista, cuando se lo presentaron sabía que ese chico le hacía sentir de una forma algo distinta de los demás. Al ser nueva, tuvo que ayudarse de su recién estrenada amiga Annie para conocer a algunas personas.
Annie tenía una amistad de años con una de las familias más conocidas del instituto por su antigüedad, los Andrew, que estaban formados por varios miembros de edades parecidas y eran de los más populares.
De su aula y edad sólo se encontraba Eliza Leagan, una niña pija y malcriada que por muchos intentos que hizo para llevarse bien con ella, le resultó imposible ya que no hacía otra cosa que meterse con ella. Lo peor de todo es que era un pariente lejano de Anthony, además de notarse su evidente preferencia hacia éste y sus coqueteos no pasaban desapercibidos por cualquiera, algo que inevitablemente hacía florecer sus celos.
En aulas superiores se encontraban el hermano de Eliza, llamado Neil, Archie y Anthony que eran dos años mayor que Annie y ella. Si Eliza era su antítesis femenina, no podía faltar el masculino; Neil era uno de los tantos matones que siempre había en una escuela: se burlaba y hacía la vida imposible a los débiles, no acataba las normas y era un estudiante nefasto. Siempre intentaba evitarlo, pero muchas veces se aliaba con Eliza para meterla en algún lío o sacarla de quicio.
De Archie conocía poco aparte de ser el interés romántico de su amiga pero intuía que era una persona agradable, sabía que tenía un hermano mayor que cursaba el bachillerato cuyo nombre era Stear y que a simple vista se veía una persona que cuidaba bastante su apariencia personal. De aquella familia, él y Anthony eran los únicos que se portaban bien con ella y mantenían una relación cordial.
Dejando atrás sus pensamientos se aventuró a acercarse a Anthony, que estaba de pie enfrente de una estantería buscando seguramente algún libro. Después de un año en que había estado luchando consigo misma tras el descubrimiento de sus sentimientos, se había decidido a declararse ya que no podía aguantar más esa opresión en el pecho que tenía mientras estaba con él.
Era el todo o nada. Candy albergaba ciertas esperanzas de que su amor fuese correspondido, ellos dos se llevaban bien, algo que le daba cierta ventaja, y sentían cierta complicidad y camarería que muchos habían notado.
Con el corazón martilleándole como loco, tomó un poco de aire y se acercó más a él. Anthony leía un libro con genuino interés hasta que notó su presencia, y volvió su cara hacia ella. Observó que Candy tenía la cabeza agachada, las mejillas de un color rojo intenso y que jugueteaba con sus manos de forma nerviosa.
—¡Hola Candy! ¿Cómo te va? —soltó alegremente mientras dejaba el libro en su sitio.
—Qué tal Anthony, ¿estás muy ocupado? —respondió con algo de dificultad en la voz. Al ver que él negaba con la cabeza la pregunta que le había hecho, intentó continuar controlando un poco los nervios.
—¿Oye te encuentras bien? —Anthony puso una mano en su hombro y le instó a que lo mirara a los ojos.
—Yo… eh…—cerró los ojos y se mordió el labio tan fuerte que sin querer se estaba haciendo daño, sin embargo la embargó una muestra de valentía al ver su mano en su hombro, abrió los ojos y lo miró fijamente mientras decía al fin— ¡Me gustas, me gustas mucho!
Alzó el tono aunque no lo suficiente para que lo escucharan los demás alumnos de la biblioteca, pero sí para que Anthony se enterase de lo que acababa de decir. De repente, él la miró con un semblante sorprendido y acto seguido apartó su mano como si Candy quemara.
Tras un breve minuto de silencio que para ella le había parecido como si hubieran pasado horas, fue la reacción y la actitud de Anthony la que hizo que volviese del mundo real. Nunca podría olvidar algo como eso…
Candy volvió en sí, y se dio cuenta de que se encontraba en la cafetería del hospital ya que era su pequeño descanso. Miró hacia abajo y vio que su café estaba helado. Se había sumergido tanto en los recuerdos que había perdido la noción del tiempo, y en pocos minutos debía volver a la rutina del trabajo. Se puso una mano sobre la frente reprendiéndose a sí misma el haber rememorado todo aquello.
No podía negar que le había afectado el hecho de que Anthony Brower Andrew estaba trabajando en el mismo hospital que tanto había luchado para que ella entrase también. Y lo peor de todo es que ella formaba parte de su equipo de enfermeras, por tanto tendría que trabajar con él codo con codo todo el tiempo. Era el primer día y ya estaba cargado de distintas emociones contradictorias, pero no valía la pena y lo sabía. Estas cosas solían pasar bastante a menudo, así que mientras ella se dedicara a sus labores y por supuesto tener un trato únicamente profesional con él no iba a ser problema. ¡Además habían pasado siglos! Con un poco de humor, incluso podrían volver a ser amigos algún día y reírse de esos momentos de juventud.
Se levantó dispuesta a seguir con su tarea, salió del sitio y fue caminando por los pasillos que seguía siendo un laberinto sin salida. Aunque se lo perdonó internamente al ser nueva y el primer día, sabía que era cuestión de tiempo que se acostumbrase al lugar. Miraba con atención la ficha que le había asignado con los pacientes que debía atender, sonrió al ver que uno de sus pacientes era una niña ya que le encantaban los niños; estaba de nuevo tan ensimismada que chocó otra vez con una persona pero esta vez no era el rubio.
—¿Acaso no miras por dónde vas? No se puede ser tan poco seria y despistada —una mujer de pelo negro y gafas la miraba con enfado y rabia.
—Perdona, no volverá a suceder lo prometo, me entretuve mirando esto que me pasé de torpe —Candy se disculpó con una sonrisa sincera, sin embargo la mujer no se la devolvió.
—Esto no es ningún juego ni un jardín de infancia, se debe mantener siempre los pies en el suelo por si hay alguna emergencia para poder reaccionar a tiempo. Espabila niña sino no durarás nada por aquí, quedas advertida.
Candy borró la sonrisa de sus labios y pidió de nuevo disculpas, no quería dar la nota en esos momentos y esa mujer parece bastante alterada, aunque le pareció una reacción un tanto exagerada. No se dio cuenta de que Anthony había aparecido en la escena y se había acercado a las dos.
—Candy te estaba buscando, ¿no te acuerdas que quedó algo pendiente? —formuló con semblante serio pero calmado , mientras que Candy le respondió con una mirada dudosa— Tengo que seguir poniéndote al día con todo lo del hospital y cómo se trabaja aquí.
—¿Eh? Tienes razón, lo siento. Iba a ir ahora mismo a buscarte.
—Veo que has conocido a Flammy —señaló a la pelinegra mientras que ella sorpresivamente le devolvía la mirada con un brillo en los ojos que delataba ¿simpatía y ternura?— Ella es la jefa de enfermeras de nuestra sección, así que si tienes alguna duda puedes consultarle tanto a ella como a mí.
—Vale, encantada de conocerte, soy Candy y espero que podamos ser amigas —extendió la mano esperando a que las cosas se pusieran menos tensas, aunque lo que realmente quería era desaparecer de la escena.
—Así que tú eres la chica nueva… —el tono de Flammy volvió a ser algo frío pero le devolvió el saludo tomando su mano—no me interesan las amigas, sólo el trabajo bien hecho y eso es lo que espero de todos aquellos que han conseguido la plaza en este sitio.
Con esto último, se dio media vuelta no sin antes acercarse a Anthony para decirle algo al oído para que nadie lo escuchara a pesar de que Candy estuviese en esos momentos presente. Él sólo asintió con la cabeza y se despidió de ella. Volvió su mirada a Candy y por un momento se quedó simplemente observándola, como queriendo decir algo, pero finalmente se contuvo. Le hizo una señal para que le siguiera, a lo que ella obedeció mientras escuchaba todos los seguimientos que debía tener en cuenta a partir de ahora.
Cuando ya llevaban un rato caminando, de repente Anthony se paró en seco dejando a Candy un tanto confundida. En esos momentos pensó que ya había terminado todo lo que le tenía que decir y que debía ponerse manos a la obra para seguir con lo suyo, sin embargo no se esperó lo que le dijo.
—Aunque vaya con un poco de retraso, creo que hay algo que me dejé hace años y que no pude terminar y a mí no me gusta dejar cosas por hacer —hizo una pequeña pausa antes de continuar —: lo siento.
Terry se encontraba tramitando el último papeleo para poder desplazarse cuanto antes. La compañía Stradford había cambiado su principal localización, por lo que tendría que dejar Nueva York para desplazarse en el nuevo destino, que no era otro que Chicago. ¡Que ganas tenía de ver el semblante que se le iba a quedar a la Señorita Pecas cuando le diera la noticia! Y que mejor forma de que estuviera de cuerpo presente para darle la sorpresa. Se había acabado por fin la maldita relación a distancia, ahora podrían ser como una pareja normal que disfrutaba el día a día con la mutua presencia.
Tenía que dejar todos los cabos resueltos antes de poder moverse, y uno de ellos era poner en venta el apartamento que tenía en la ciudad y buscar otro en el sitio nuevo. Una vez terminado con todos los quehaceres, volvió al teatro ya que tenían el último ensayo que se produciría en ese escenario. Muy en el fondo sabría que lo echaría de menos, su primer papel protagónico lo hizo en ese mismo suelo y un deje de melancolía se introdujo en su mente.
La próxima obra iba a ser Romeo y Julieta, que ya había sido interpretada por él mismo y su compañera de obra Susana Marlow años atrás. Sabía que Robert, el dueño de la compañía, adoraba juntarlos en escena cada vez que podía ya que era evidente la fuerte química que desprendían los dos actores.
Pero no todo era color de rosas. Una de las cosas que más le incomodaban a Terry era la situación que solía producirse con Susana en dichas escenas. Él no era tonto, y sabía que ella sentía algo más que compañerismo y química que suele existir entre amigos y actores del gremio. Alguna que otra vez tuvo que pararle los pies al verla coquetear con él descaradamente, aun sabiendo que era un hombre comprometido y que no le gustaban esos juegos.
Hace años se lo dejó caer el interés romántico que tenía por él, pero no le dio más importancia de la que tenía. Y después de que Susana conociera a Candy en alguna de las funciones que fue a verlo, hizo que esos momentos incómodos no fueran ya tan frecuentes. No obstante, muchas veces parecía como si se le olvidara, y volvía a intentar seducirlo. Pero Terry era un hombre fuerte que no se dejaba arrastrar por una simple cara bonita, y siempre se mantuvo fiel a su único amor.
No se dio cuenta de que Susana lo estaba observando con el ceño fruncido mientras recitaba sus líneas. Cuando tocó el descanso, ella se acercó para sentarse a su lado.
—Veo que por fin se harán realidad todos tus sueños Terrence —dijo con un deje de ironía en la voz, pero no se notó demasiado—. Al fin podrás estar siempre al lado de Candy y tus éxitos van en aumento.
—Pues sí Susana, espero que así sea —respondió secamente, ya que no tenía muchas ganas de hablar.
—Normal, al fin y al cabo es demasiado tiempo en una relación así. —paró en seco un momento sin saber si continuar o no con lo que estaba pensando, pero finalmente decidió ser valiente y jugar un poco con él— Espero que este nuevo cambio no sea contraproducente y se vuelva en tu contra.
—¿Qué quieres decir con eso? —Terry de repente se volvió a mirarla con interés sin saber a dónde quería llegar con semejante declaración.
—Sé que es una tontería y que no tiene por qué pasarte a ti y más con una relación tan fuerte y sólida como la vuestra pero… —Susana quedó un momento en silencio para darle mayor suspense — es cierto que muchas parejas que siempre han estado distanciadas una vez que están demasiado tiempo juntas puede desencadenar una crisis que termine con su relación para siempre.
Terry se quedó callado y sólo la miró con una cara de pocos amigos, a pesar de ello Susana no se amedrentó y le aguantó la mirada. No se molestó en absoluto en contestarla, sabía que era una nueva broma que le encantaba para hacerlo rabiar. Se levantó, volvió a coger el folio con sus líneas y comenzó a ensayar ignorándola.
Una vez que empezó con su diálogo, consiguió olvidarse de su enojo. Sabía que Susana en cierta forma tenía razón, él conocía también esa clase de casos ya que lo había visto en conocidos o personas cercanas de su entorno, pero no tenía por qué pasarle a él.
Ellos eran diferentes, y lo demostrarían una vez que estuviesen juntos en Chicago.
Notas de autor: Muchas gracias por todos los reviews que ha recibido la historia, esto empieza ya a tener otro color y ya va a empezar la trama, puesto que al principio era necesario esta primera toma de contacto presentando a los personajes y sus motivaciones. Nos vemos en el siguiente capítulo.
Saludos, Lillipop19.
