Nota aclaratoria: En este caso no hay escuela de verano —dado a que no sé cómo funciona ese sistema en esos países—. Por lo que uso los exámenes de "ampliación" o "convocatoria" que son los que se utilizan aquí cuando uno no aprueba la materia y se da la oportunidad para que salve el año con un examen que abarca la mayor parte de la materia del año.

*Es más difícil hacer que deshacer, sea lo que sea.

*Las personas son dignas sólo por el hecho de ser personas.

-.-.-.-.-.-


Y cuando lo digo, lo digo muy en serio, esas cosas no deberían existir. ¿Saben por qué les digo esto? Porque simplemente parece que ese pequeño gran problemita siempre busca el más mínimo de los detalles para fastidiar algo por completo. Lo que sucede es, que después de haber estado jugando como niños pequeños, con violencia sí, pero al fin y al cabo como niños, Arthur volvió a caer en la vista oscura de la realidad. En verdad fue algo tonto pero dadas las circunstancias de su estado resulta también comprensible.

Eran las once de la noche y nosotros seguíamos en su casa como si fuera nuestra, bueno, desde hace bastante tenemos esa confianza pero ya, eso no es muy importante. La cosa es que luego de reírnos y pasarla bien después de la horrenda tarde estuvimos hablando con tranquilidad sobre música, videos o de cómo nos iría mal en los dos exámenes del día siguiente por no haber estudiado nada. Entonces decidimos que por lo menos asistiríamos y haríamos acto de presencia.

—Arthur, —lo llamé desde mi cómoda posición en el suelo.

—¿Qué? —Entonces me miró desinteresado, acostado en su cama perezosamente junto con Lucía.

—¿Aún queda ropa de repuesto en tu closet?

—Claro, ¿por qué?

—Porque no planeo regresar a mi casa a estas horas…

—Me leíste la mente. —Dijo Lucía, con exactamente la misma intención.

—Descarados —fue lo único que dijo Arthur. Entonces le respondí: —¿Por qué? Yo mandé un mensaje a mi casa desde hace dos horas.

—Yo…—Hablaba Lucía con el celular en mano—. Lo acabo…de enviar.

Bueno, creo que cabe mencionar que la confianza sobra. Incluso tenemos ropa en el closet de cada uno; la casa de uno es la casa de los tres. De repente Arthur empezó a hablar, con el mismo desinterés de antes…pero esta vez con algo de lejanía o desgano y mucha tristeza que no pudo ocultar: —Bueno, cuando se vallan a dormir apaguen el reproductor de discos y la luz. Good night. —De inmediato se acomodó en la cama y nos dio la espalda.

Me preocupé al instante, el ambiente se sentía raro. ¡Raro, no diferente, raro! Lucía, todavía en el borde de la cama, me miró consternada y de inmediato se giró para ver a Arthur. Ella se levantó muy rápido para acercarse a él, yo hacía lo mismo mientras miraba lo que hacía.

—Arthur…—Ella lo llamó pero él simplemente no respondió, fingiendo estar dormido—. ¿Arthur, te sentís bien?... ¿Te traigo un té o algo?

Pero no hubo respuesta, me paré al lado de Lucía y traté de tocarle el hombro, para llamar su atención.

—Oye, Arthur, dinos qué tienes.

—No tengo nada, no molesten.

Esa fue su respuesta tosca antes de darnos de nuevo la espalda. ¡¿En serio?! Sentí que sus palabras querían ser como cuchillos para nosotros. Sentí una punzada en mi pecho, no me gusta que me ignoren o me rechacen y menos de esa forma tan cruel. Miré a Lucía, al parecer ella también estaba tan sorprendida como yo. ¡Es que fue de la nada y ninguno se dio cuenta qué fue lo que pasó! Suspiré cansado, pensando…pero nada se me ocurrió. A Lucía tampoco así que decidimos irnos a dormir ya, no hubo más palabras y sacamos los edredones del closet para acostarnos en el suelo.

Esa noche, y después de un largo tiempo, volvimos escuchar a Arthur llorar entre sueños…Nuevamente nos dolió en el alma hasta más no poder.

Fui despertado por el delicioso aroma de tostadas llenas de mantequilla, huevos y tocino. Oh yeah, food! No dudé en levantarme y prepararme para luego bajar a desayunar. Y sí, fui el último en despertarse, casi siempre lo soy. Cuando llegué a la mesa Arthur tenía un mejor aspecto y su madre también, eso lo sabía porque había sido ella quien hizo el desayuno, no Lucía. Además él no se veía como ayer, incluso había cambiado su gargantilla negra de estilo correa por una que era de dos cuerdas delgadas. —Cada vez que las cambia significa que sufrió un cambio emocional, bueno o malo. Y el collar que usa hoy quiere decir que no empeoró—. Todos tenían el plato a medio comer y yo me apresuré por no quedarme atrás.

Cuando terminamos y nos lavamos los dientes salimos para irnos al Academy. El día parecía bastante tranquilo…y aburrido. Arthur ya se veía más avivado y eso nos alegraba a Lucía y a mí, después de ayer lo último que queríamos era verlo deprimido y sin ganas de nada.

Como predije, fue un día aburrido. ¡Saqué un ocho en el examen de historia! Estoy tan emocionado, para no haber estudiado absolutamente nada esa calificación es como el nueve punto cinco que sacó Arthur. Sí, él es un cerebrito cuando quiere. Lucía sacó lo mismo que yo, saltó de la alegría cuando fuimos a recoger los exámenes ya calificados y se dio cuenta que no reprobó como lo había predicho.

Pero si hablamos de matemáticas la cosa cambia. Cuando Ludwig, nuestro profesor de matemáticas, dio nuestros exámenes le pidió a Arthur que se quedara después de clases para hablar con él en privado. Los tres sabíamos que era por la decadencia en las notas de Arthur de esa materia. Lucía y yo debimos empezar a prepararnos psicológicamente para lo que incluso esperábamos que sucediera después.

Nos sentamos fuera del salón del profesor y comenzamos a hablar con Francine, una chica francesa de otro grupo. Le pregunté a quién esperaba y ella me respondió:

—El profesor llamó a mi querido Matthew después de clases como a Arthur, pero no sé para qué.

—Yo siempre pensé que Matt no es hermano de Fran sino de vos, Al. —Dijo Lucía recostándose en su asiento con las manos en la nuca como apoyo.

—¿Por qué todos dicen eso? —Respondí cruzándome de brazos—. No nos parecemos en nada.

—Exacto —afirmó Francine—. Él tiene mucha más elegancia que tú.

—¡Oye! Yo soy muy guapo. I'm a handsome hero!1

Lucía y Francine se rieron ante mi declaración. ¡¿Cómo pueden hacer eso cuando digo la verdad?! Bueno, igual terminé riéndome con ellas. Fue divertido el rato y no sentimos la larga espera.

Por fin salió Matthew del salón, tan tranquilo y despreocupado como siempre, nos saludó antes de irse con su hermana. Tan sólo cinco minutos después apareció Arthur…

Él no se veía para nada bien, tenía los ojos rojos y las mejillas rojas, pero no había llorado, él no llora frente personas que no les tiene confianza. Se estaba conteniendo. Lucía y yo nos apresuramos para acercarnos y saber qué era lo que había pasado. No dijo nada, hizo que lo siguiéramos hasta un parque en completo silencio, sólo se escuchaba su fuerte respiración tratando controlarse.

Me preocupé mucho y me sentía impaciente por saber qué le pasaba con exactitud. Cuando nos sentamos en una banca se decidió a contarnos, queriendo contener el llanto.

—Soy un fracaso…soy el fracaso del año…

—¿Eh? ¿A qué te refieres? —Le pregunté yo.

No respondió. Se inclinó y usó sus manos para taparse la cara.

—Art…vamos, decínos qué pasa. —Insistió Lucía.

Posé mi mano en su hombro, tratando de darle confianza y que se decidiera a hablar por su cuenta.

—Del grupo soy el que tiene la peor nota de todos…

Eso fue lo que dijo. Lucía y yo nos miramos sorprendidos y preocupados. Rápidamente le dije: —Estás bromeando. ¿No? Eso no es posible porque…

—Miré las notas… —Me interrumpió—. The fucking grades2… De todos soy el que tiene peor promedio. ¡De todos los putos grupos! —Gritó levantándose y mirándonos fijamente.

—¿Y cómo viste las notas? ¿Eso no está prohibido? —Pregunté incrédulo.

—¡Se las quité al profesor! Todas y cada una de las hojas de notas de matemáticas. Es decir… —Suspiró y trató de mantener su voz estable—. Sé que me iba mal, pero no tanto, para colmo soy el peor de toda la generación…

—¿Y no puedes hacer nada para recuperar? —Le pregunté, sabiendo lo que se siente tener notas desastrosas.

—Como completo inútil no puedo hacer nada, tendré que ir a ampliación…

—Vamos, Art, —habló Lucía—. No es tan malo, si estudia desde ya seguro que pasa.

—Pasar matemáticas no es lo que me interesa porque por lo menos tengo una leve esperanza. El problema es que biología, español y física mate también me están comiendo.

Entonces todo cobró sentido, Lucía y yo entendimos porqué se sentía tan frustrado por sus notas. Tuve una brillante idea y decidí que le ayudaría.

—Te preocupas demasiado —le dije sonriendo cuando me levantaba—. Yo soy un genio en mate y física mate y te puedo ayudar con eso.

—Y yo con espa. ¡Es fácil!3 —Dijo Lucía entusiasmada cuando se levantaba.

—Y luego vemos qué se hace con biolo. No te preocupes, te ayudaremos. ¿Sí?

Él se rió ante nuestra propuesta. Y siendo sincero me hubiera gustado reírme también, pero no fue así porque se estaba burlando. Y nunca estuve seguro si la burla era para nosotros o para él mismo… Creo que ambos. Tenía su mejor sonrisa sarcástica y sus ojos se veían demasiado… ¿Tristes? ¿Con un sentimiento de impotencia o de inutilidad? No sé, pero no se veían bien. Lo confirmé unos minutos después cuando nos respondió de manera tosca y fría.

—Por favor, no gasten su tiempo en mí. ¿Les parece? Sean más inteligentes y preocúpense por sus miserables vidas porque la mía no tiene remedio ni con las notas del estúpido colegio; su lástima no me va ayudar en absolutamente nada.


1: I'm a handsome hero! = ¡Soy un guapo héroe!
2: The fucking grades = Las putas notas/Las jodidas notas.
3: ¡Es fácil! —Lo dijo en español—.

Lástima/Pena: Enternecimiento y compasión excitados por los males de alguien.
Compasión: Sentimiento de conmiseración y lástima que se tiene hacia quienes sufren penalidades o desgracias.
Condescendencia: Adaptación y acomodo a los gustos, apetencias y costumbres ajenas por benevolencia o indolencia.

No es verdadero perdedor quien no ha ganado el combate, sino quien se rindió antes de tan siquiera intentar pelear.