Quinn ocupó asiento, estupefacta, en el auto de Rachel y se dio cuenta de cómo cargar con Santana borracha estaba lejos, muy lejos, de ser lo peor que le iba a pasar esa noche.
Rachel las había guiado hacia la salida en donde tenía estacionado su Yugo amarillo modelo 86', según ella misma se había encargado de informarles, con el cual Quinn no tendría ningún problema si no fuese porque en ese momento, luego de más de diez minutos, el automóvil seguía sin arrancar. Sumado a que Santana, recostada a lo largo del asiento trasero del vehículo, parecía estar casi inconsciente.
Y a fin de cuentas, en que estaba pensando cuando apareció en su cabeza la disparatada idea de pedir la ayuda de esa chica para volver a su casa?.
Podía permitirse gastar un par de dólares en pagar un taxi. Podía haber sacado el BMW 116i que su padre le había regalado hacía un par de meses, y evitar así depender de nadie más que ella para volver cuando lo deseara. O podía incluso permitirse el lujo de contratar un chofer privado para tenerlo a su servicio las 24 horas, los 7 días de la semana.
Claro está, todo eso sería posible si no fuese por el tedioso orgullo que arremetía contra ella en todas y cada una de las oportunidades en que hacía uso, directa o indirectamente, del dinero que su padre había ganado aniquilando emergentes talentos. Apresando ingenuas ilusiones. Mutando pasión en desmedida ambición, coaccionando así prominentes artistas para acabar dejándolos como meros súbditos del sistema. O al menos, esas eran las palabras escogidas por Quinn cada vez que hacía referencia a la profesión de su padre.
Y así era como decisiones tras decisiones la dejaban atascada en un callejón sin salida, que no difería para nada de la situación que atravesaba en ese momento.
El viejo Yugo de Rachel, una pieza casi de colección (siempre y cuando pasase por una restauración exhaustiva) siendo una metáfora de su vida, la cual al igual que el automóvil parecía no querer ponerse en movimiento.
Un golpe sobre la ventanilla sobresalto a Quinn, bajándola a tierra abruptamente, y el susto no se esfumo al ver la cara de la persona que estaba emitiéndolo.
"Está desocupado?" preguntaba un desconocido, portando un estado cuanto menos neurótico y mostrándose ansioso por introducirse dentro del automóvil.
"No es un taxi," respondió Rachel sin mirar, aún volcando todas sus energías en conseguir poner en contacto el motor. "DIJE QUE NO ES UN TAXI!" gritó más fuerte, ante la insistencia del desconocido que ahora se alejaba por la calle refiriendo improperios a diestra y siniestra, mientras los autos que circulaban se veían en la obligación de maniobrar para esquivarlo.
El silencio volvió a asentarse dentro del auto, aunque con el sonido de la música proveniente del bar era difícil hablar de un verdadero silencio. No obstante el murmullo de palabras en español, expresadas por Santana en el asiento trasero, rompió ese frágil mutismo y le recordó a Quinn porque estaban ahí en un principio.
Frustrada, alzó la vista y observó por el espejo retrovisor como su amiga intentaba despojarse de los zapatos, fiel a sus hábitos, y perdiendo la paciencia se apresuró para impedirlo. "No, Satan. Los zapatos se quedan"
Mismo que el resto de la ropa, por favor murmuró inaudiblemente, elevando una plegaria a quien fuese que estuviese ahí arriba escuchando sus suplicas, deseando que en ese momento el universo sí conspire a su favor y le evite pasar un momento embarazoso con la nueva chica, quien seguramente no tenía intenciones de encontrarse con una Santana borracha y semidesnuda en el asiento trasero de su auto.
"Hace calor, Q. La ropa molesta, los zapatos molestan..." se quejó aniñadamente haciendo caso omiso a la advertencia.
"Este..." dudó, humedeciendo sus labios y armándose de paciencia. "Este Yugo solo lleva pasajeros si tienen los zapatos puestos, sino no funciona," inventó sobre la marcha y lo hizo con tal severidad que el intoxicado estado de la latina lo acepto como creíble, pero por si acaso arrojó hacia atrás un maltrecho ejemplar de Under the Radar que se hallaban en el piso. "Ahí tenes para que leas las instrucciones si no me crees" sugirió estando segura de que la chica no iba a ser capaz de realmente notar la diferencia entre la revista y el verdadero manual.
Santana asintió con pesadumbre y luego redirigió su mirada a Rachel. "Sos el taxista que nos va a llevar a casa, no?" inquirió y Rachel miró a Quinn antes de sonreírle suavemente. "Por qué manejas un Yugo? Sos Yugoslava?"
"Si, y no," respondió frunciendo el ceño, todavía avocada a la aparentemente imposible tarea de poner en contacto el motor. "Quiero decir, si las voy a llevar de regreso. Y no, no soy yugoslava. Aunque ya que trajiste el vocablo a colación, no sé hasta qué punto es correcto referirse a alguien con el gentilicio yugoslavo si consideramos que en 2003 el país dejó de existir para pasar a conformar Serbia y Montenegro" agregó con calma.
Quinn la admiró atónita por el dato, y pudo percibir como se disponía a seguir hablando, pero el sólo pensar en escuchar una clase de geografía e historia, en especial una que hiciese referencia a toda la debacle en esa zona occidental de la península Balcánica, la desquiciaba y por ende se adelantó para torcer el rumbo de la conversación. "Cerra la boca y dormí un rato, puedo sentir tu aliento desde acá".
"No me digas lo que tengo que hacer, Quinnie!"
Y el reproché no motivo la ira de Quinn, pero si el sobrenombre y fue por eso que se giró para mirarla con severidad. "No. Me. Digas. Así." masculló molesta y fue lo necesario para que Santana rodase los ojos y se girase dándoles la espalda a ambas.
"Vamos," musitó Rachel insistente en la misión de hacer arrancar el auto, completamente desinteresada por la discusión de las otras dos chicas.
Pero el auto definitivamente no parecía dispuesto a arrancar y cuando Quinn estaba a punto de hacer un comentario al respecto, una furgoneta doblaba peligrosamente para estacionar frente a ellas, haciendo señas de luces y sonando una bocina un tanto peculiar, captó su atención. "Que es eso?"
"No es tan atroz como parece" sonrió con un deje de resignación en su voz.
Quinn se giró para mirarla, y al contemplar su expresión seria pero calma, rió agitando su cabeza.
"Rach," habló uno de los dos integrantes de la camioneta que se bajaron y se acercaban al auto. "Te dije que esto te iba a dejar a pie"
"Algún problema?" se interesó el otro chico, abriendo la puerta del acompañante y sonriéndole amigablemente a Quinn.
"Hey Mike" dijo Rachel dirigiéndose a quien estaba junto a Quinn, "Hola chicosinnombre" agregó luego divertida, volcando su atención a quien estaba enfrente del auto y se disponía a abrir el capo.
"Niña," sonrió Mike para ganarse su atención, y Quinn devolvió el gesto, aguardando a que prosiguiese. "Creo que Sam requiere de tu ayuda en la furgoneta."
"En la furgoneta?" preguntó confusa, mirando a Rachel en busca de alguna explicación, pero encontrándose con que la cantante estaba tan perdida como ella por el extraño pedido.
"Si, en la furgoneta," confirmó el chico. "Esa camioneta que ves ahí, el vehículo grande?"
"Si, si…" tartamudeó extrañada.
Sin preguntar más nada descendió del auto y camino hacia la vieja camioneta Volkswagen que estaba frente al Yugo, había reconocido finalmente en Mike a uno de los guitarristas de la banda, y al asomarse en el vehículo reconoció al segundo de ellos, el cual dedujo que era Sam.
"Hey! tomá, probate esto" sonrió ampliamente al tiempo que le arrojaba una remera.
"Qué?" indagó, inspeccionando horrorizada la prenda de ropa que no sólo no era de su agrado, sino que juraría que era del tipo que solo sería usada por alguien en una fiesta de disfraces para hacerse pasar por el travesti de The Rocky Horror Show. "Ni en tus sueños me voy a poner esto" sentenció arrojándosela de vuelta con grotesca expresión.
El chico la examinó con detenimiento, y su rostro evidenció la gran confusión que sintió por el hecho, y por ver como Quinn no era tan dulce y dócil como la había imaginado dos minutos antes.
"Está bien, como sea," habló alzando las manos a modo de rendición, mientras Quinn se introducía para sentarse junto a los instrumentos. "Sólo quiero que sepas que su ex novio no nos cae para nada bien. Así que hemos decidido que vos vas a ser su salvación," manifestó ante la mirada perpleja de la rubia, quien no podía creer la bizarra situación de la cual era protagonista. "Además, las vimos besarse, y creemos que hacen una hermosa pareja y que sos la indicada" sonrió con dulzura. "Pero tu estilo…" habló con una mueca desaprobatoria.
Quinn se miró a sí misma, porque ni recordaba como vestía, y se vio con botitas, jeans negros, una remera blanca bien larga y holgada, con inscripción de James Dean. Un cárdigan negro, y un gorrito de lana… básicamente lo que usaba siempre que salía.
"Creo que estoy bien" afirmó, con sonrisa forzada, un tanto molesta, o más bien incomoda, por la intromisión del chico.
"Oh, vamos! Estamos entre chicas" volvió a hablar para hacerla relajar, y ella frunció el ceño hasta entender a qué hacía referencia con ese comentario.
"Perdón, pero no es negociable. Estoy bien así," sentenció.
"Por supuesto que lo estás, pero Rachel es especial, y busca cosas bizarras como el tarado de Puck, o groupies promiscuas que se le tiran a los pies... Digamos que tiene algún que otro complejo con la belleza y vos sos... abrumadora" susurró como si alguien los pudiese escuchar. "Y estoy convencido de que la podés llegar a intimidar un poco bastante con todo eso" gesticuló la última parte sin saber cómo vociferarlo con palabras simples. "Y encima tenes modales," agrego haciendo un gesto divertido.
"Lo siento, pero no voy a disfrazarme de bailarina de caño para que ella me encuentre atractiva, no voy a cambiar de opinión" finalizó, y desvió su mirada al escuchar el Yugo cobrando vida y, sin querer, encontrándose con Rachel parada junto al mismo, rodeada por varias personas. "De todo modos gracias, pero Rachel sigue enganchada con Puck así que igual y no hubiese funcionado" resopló poniendo de manifiesto su frustración.
"A ver si nos entendemos," habló el chico con paciencia, acortando la distancia entre ambos. "Vos te miraste en un espejo? Sos hermosa! Y Rachel… ella es una chica increíble, y merece que lo intentes, okay? Solo necesita un empujoncito, eso es todo" le aseguró con calma. "Pero creeme cuando digo que vale la pena."
Quinn dudó por un largo instante, en especial dudando de porque dudaba.
La conversación se había tornado en algo considerablemente serio y no entendía como había permitido que eso sucediese. Pero el chico parecía saber todos los trucos, y en especial el que más puertas le iba a abrir en la vida. Y que no era nada más ni nada menos que el hecho de que halagar a una mujer, con sinceridad, lo iba a llevar lejos.
"Tomá," incitó el chico entregándole un billete de cincuenta dólares. "Por favor, salí con ella. Vayan a tomar algo, vayan a caminar por un parque, busquen a los Foo, o simplemente quédense en el asiento trasero del Yugo haciendo lo que consideren apropiado hacer. No nos importa, sólo... Salí con ella y pasen un buen rato, si?"
Quinn se mordió el interior de la mejilla, con el Okay a punto de resbalar fuera de sus labios. Miró a Rachel a lo lejos y sintió como algo, una especie de fuerza magnética la atraía hacia ella, la dejaba ávida por querer conocerla más, por compartir más tiempo con ella.
Y si sus amigos consideraban que ella era su salvación, por qué se iba a negar?. La membresía de Greenpeace no era suficiente para su deseo de hacer del mundo un lugar mejor. Ni tampoco lo eran su voluntariado en el proyecto Art With A Heart. No, nada de eso le alcanzaba para completar esa sensación plena por verse colaborando por una buena causa, y quizás este plus de representar la guia-espiritual-para-sobreponerse-a-una-humillante -ruptura-amorosa le traía tranquilidad moral.
Y en sumatoria a todo lo anterior, como si esos no fuesen argumentos más que suficientes, de repente recordó que aún tenía pendiente pensar en una buena manera de emplear esos restantes dos minutos de relación con Rachel que aún tenía en su bolsillo.
"Oh, mierda" gruñó al observar como Rachel ahora no podía ingresar al auto porque al parecer Santana lo había trabado desde adentro. "De verdad tengo que llevar a mi amiga a su casa" resopló, esta vez sin ocultar su decepción por recordar su tarea de la noche, y cuál era la obra de solidaridad que iba a tener que ser suficiente para hacerla sentir como una especie de salvadora.
"Nosotros nos ocupamos de eso!" sugirió Sam, al instante. "Nosotros la llevamos a su casa, vos y Rachel vayan en busca de los Foo"
Quinn examinó su rostro, y busco una excusa para negarse a la propuesta, pero no pudo encontrar nada y al cabo de unos segundos termino mordiéndose el labio para ocultar la sonrisa de satisfacción que pugnaba por abrirse paso en su rostro.
Asintió levemente, aceptó el billete y lo introdujo rápidamente en su bolsillo. Acto seguido informó la dirección de su casa a Sam y luego ambos salieron de la camioneta para caminar hacia Rachel, quien rodeada por un montón de personas, y en compañía de Mike y el chicosinnombre, intentaban hacer que Santana destrabara la puerta. O cuanto menos lograr que no se quedase dormida nuevamente.
Al cabo de unos minutos, y luego de varios gritos de Quinn desde el exterior, Santana destrabó la puerta y se dejó trasladar por Mike y Sam hacia la furgoneta, no sin antes escuchar como la rubia amenazaba a los chicos en pos del cuidado de su integridad física y emocional.
"No le va a pasar nada, va a estar bien" sonrió Rachel, aunque eso no tranquilizó a Quinn, en especial cuando observó como la cabeza de Santana chocaba con la parte alta de la furgoneta. "Quizás algún moretón pero, te prometo que no la van a matar" agregó rodando los ojos y Quinn no hizo más que sonreír agradeciendo el esfuerzo que ponía en disipar su preocupación por ver como dejaba a su mejor amiga en mano de tres extraños.
