III
No le costó tanto trabajo acercarse al chico de cabellos azules. No existen las coincidencias, sólo el destino…
Después de aquella fiesta de fin de semana, no había dejado de pensar en el susodicho. Se sentía terriblemente atraído por él, y eso no le causaba problemas.
Pensando en esas cuestiones empezó a tomar conciencia de lo mucho que había cambiado, los acontecimientos y circunstancias de los últimos años eran los principales factores de esta transformación. Dejando de lado todo lo relacionado con las guerras y entrenamientos, su corazón había cambiado.
Conocer a Rukia fue encontrarse con los sentimientos que se pueden profesar hacia una mujer, y que no tienen nada que ver con lo que se siente hacia una madre, una hermana o una amiga. Fue su pilar de apoyo, más importante que sus amigos.
Separarse de ella había sido difícil, aunque ya sabía que eso iba a pasar. Era lo correcto y lo lógico, porque no pertenecían al mismo mundo. Lo peor fue cuando volvieron a encontrarse, y saber que ella había hecho su vida sin incluirlo a él. Ahora no sólo sabía lo que era enamorarse, sino también lo que eran los celos y lo que era tener el corazón roto.
El cambio más importante en sus sentimientos fue aceptar que sentía "algo" por su amigo y compañero Quincy. Si antes le costaba tanto aceptar que le atraía alguna chica, peor era aceptar que te gusta tu amigo. Intentó disimular sus miradas, su interés, su instinto; eso sólo lo empeoró.
Como si el universo conspirará en su contra terminaba poniéndose en evidencia o en situaciones que le hacían ver que no podía controlar lo que su corazón y su cuerpo le exigían: estar más cerca de la persona amada.
Primero vino la terrible crisis de identidad. ¿Era gay? Pero si también le gustaban las chicas. ¿Era bisexual? ¿Cómo lo tomaría su familia ? ¿Sus amigos que pensarían? ¿Ishida lo rechazaría?
No vivía en una sociedad tan cerrada a ese tema. Su padre siempre había hecho sus tontos comentarios acerca de la sexualidad de su hijo, sus amigos decían no tener ningún problema en aceptar a alguien con tendencias distintas. Pero qué harían todos ellos cuando supieran que era él el que era diferente, y no una imagen abstracta de la que apenas se hacían una idea.
Después de pasar de eso, sabiendo que siempre había sido diferente en otros aspectos, empezando por su evidente cabello naranja. Decidió que iba a intentar aceptar sus sentimientos, no sin antes comprobar que eran reales y no una fabricación de sus alocadas hormonas adolescentes.
No fue nada fácil. En la teoría todas las ideas son excelentes, pero en el mundo real las circunstancias hacían difícil su aplicación. Se encontraba a sí mismo perdiéndose en el flujo de lo cotidiano, volviendo a ponerse las máscaras y evadiendo lo que sentía.
Después todo pasó tan rápido. Ishida empezó a darle indicios de que era correspondido, no podría decir cuales eran las pistas, eran pequeñas cosas y situaciones. A veces pensaba que eran jugarretas de su mente enamorada, que deseaba ver cosas donde no las había. Y más lo confundía la típica actitud fría y despectiva de su compañero. Cuando se animaba a creer, de una patada lo sacaban de su nube.
Pero un día sin más preámbulo, se encontró en las situación que tanto había anhelado. Una exposición en equipos de dos, escogidos al azar por la profesora, le hizo terminar en la casa del Quincy. A solas. No pasó mucho tiempo para que la tensión de las últimas semanas se materializara en caricias y besos desesperados. ¿Dónde habían quedado las reservas de cada uno?
Y no sólo quedo ahí. Ni siquiera recordaba haber hablado mucho en aquellos momentos, por lo mismo tampoco hubo peleas como las que solían tener frente a todos. Se limitaban a encerrase en su mundo idílico, donde cada uno había construido su imagen alterna del otro. El primer día solo quedó en el toqueteo por encima de la ropa, lo que hizo que la siguiente vez fuera aún más fogosa. Se arrancaron la ropa en la habitación iluminada aún por los moribundos rayos del sol, sin separar muchos su labios hambrientos. Dos veces lo hicieron ese día antes de que anocheciera por completo, y fuera la hora de despedirse sin más ceremonia que un "hasta mañana".
Una semana duró el jugar a enamorarse sin reservas. En ese tiempo se sintió por primera vez vencedor, no como en aquellas batallas donde lo felicitaban por su triunfo y a él solo le quedaba la sensación de haber dejado algo atrás, olvidado.
Terminaron el trabajo de milagro. El mismo día que lo presentaron, a la hora del almuerzo, Inoue anunciaba su noviazgo con Ishida.
¿Cómo? ¿dónde?¿Por qué? Intentó poner orden en sus ideas. Ellos dos habían tenido relaciones una semana entera. ¿De dónde salía esta farsa? Quizás, ¿lo había soñado? No, !había sido tan real!
Los demás ni se dieron cuenta de su reacción, tan ocupados estaban felicitando a Inoue e intentando hacerle bromas.
Ishida brillaba por su ausencia.
No pudo reclamar nada, y eso era algo que aún cargaba. Solo obtuvo una explicación escrita apresuradamente en un trozo de papel: "No me juzgues Kurosaki. Inoue es mi amiga y la amo. Ella está enamorada de ti, pero sé que nunca le corresponderás y eso la destrozaría. Te pido que pienses en ella…"
Ya sabía de los sentimientos de Inoue, fue algo que Rukia le hizo ver desde hace tiempo, pero como decía la carta, no podía corresponderle. Su necesidad de proteger a sus amigos le hizo guardar silencio, si reclamaba algo solo lograría hacerle daño a su amiga.
