Tercer y último oneshot :) a manos de la autora Gabbap.
¡Esperamos que lo disfruteis!
Universo Alterno
Pensamientos
Tormenta
"Apenas cruzó la mirada con ella, sabía que algo andaba mal"
"Kotoko" era un lugar armonioso. Tal vez se debía al aroma dulzón que se escapaba del horno que cocinaba tantas galletas y pasteles o quizás, de la amabilidad que gozaba su esposa para tratar a los clientes.
Siempre había sido acogedor y tranquilo.
Cuando había surgido la idea de una pastelería, no consiguió el apoyo que se esperaba; sus padres seguían convencidos que aquel camino no aseguraría su futuro. ¡Y ni hablar de los miles obstáculos que les presentaron los bancos en cuanto pedía algún crédito!
Pero la perseverancia junto al ánimo de su mujer, hicieron de su sueño una realidad.
Su mujer...
Seguía afirmando con seguridad que aquella mujer era un ángel que había bajado de los cielos, que Dios seguramente le había mandado para hacer feliz su tan fría y gris vida. El tiempo, le había enseñado que mientras más uno estaba con el amor de su vida más dichoso se sentía en su día a día.
— Oye viejo -Miró con recelo a su yerno. Se arrepentía del día en que le había tomado tanto cariño hasta el punto de no darle importancia a su sufijo carente de respeto alguno. Suspiró al ver a su hija encaramada al cuello masculino - ¿qué te traerá Santa para esta noche?
Su tono de voz insinuador mostró las intenciones del muchacho para bromear con él. Pero en esos momentos, él tenía otros planes.
— El niño Dios me dio el mejor regalo hace más de 25 años -Habló tierno, su esposa lo miró con la misma I tenacidad y cariño que sus ojos castaños le habían brindado desde hacía bastantes años.
— ¡Ryoma-sama! ¡Feliz cumpleaños! -Cerró los ojos aturdido, aún se preguntaba de donde su hija había sacado la voz tan chillona y escandalosa.
Suspiró cansado, los jóvenes habían dañado su momento romántico junto a su esposa. Resopló cuando vio que ella ya no le prestaba atención y felicitaba al dichoso cumpleañero.
— ¿Queda tiempo para hacer un dulce personalizado? -Miró con suspicacia los ojos ámbares y se confundió.
Aquel no parecía ser el rostro de un cumpleañero, lo tenía desencajado. Emanaba preocupación, podía ver su cuerpo tensarse debajo de su chaqueta, sus dedos toqueteaban el vidrio que los separaba de los clientes, su cabello estaba despeinado... Pero sus ojos, sus ojos describían una ansiedad que hasta a él le inquietaba.
Se molestó, iba a hablar pero su esposa se adelantó.
— Para la familia siempre hay chance -Comentó y él resopló. Todos los presentes sabían que a él no le gustaba Ryoma Echizen pero la mirada de su esposa fue suficiente. Y las palabras -lo haremos, venlo a buscar en la tarde -
Se dirigió a la cocina a regañadientes, ninguno de sus empleados estaba disponible para hacer un miserable dulce y, analizando las circunstancias, era mejor que él hiciera su trabajo. Comenzó a amasar la mezcla mientras resoplaba. Fuera quien fuera, de igual manera todos los años pasaba lo mismo, llegaba alguien que a última hora realizaba algún pedido. ¡Joder! ¡Qué mal hábito de la sociedad por dejar todo a último momento! Y su esposa, con el corazón tan noble que tenía, no dejaría a nadie sin su pastel de navidad...Y menos si era un cumpleañero.
Con sus veintitantos años de experiencia en el "mundo dulce", se le hacían fáciles los profiteroles, tartaletas, milhojas, óperas y todos los dulces fríos que le pudieran. Por eso a nadie la sorprendió lo rápido que había hecho aquel trabajo; excepto por aquel novato, que lo miraba estupefacto mientras aun decoraba su dulce y temblaba con la manga en mano.
Al salir de la cocina, volvió a su sitio perfecto, personas contestas disfrutando de sus servicios mientras su esposa atendía amablemente junto a su hija y su yerno. Ese día había sido mucho más fríos que los demás de ese mes, los rayos del sol se asomaban por las ventanas, delicados y traslúcidos, como si desearan brindar más de su brillo para lograr calentar aquella tarde fría.
La nieve afuera caía tan levemente, que parecía que llovían miles de pedazo de cristales. Parecía ser la tarde perfecta.
Y entonces llegó.
De golpe, deprisa, agitada, llorosa, ruborizada, temblando y desesperada. Su segunda hija había llegado como una tormenta y apenas cruzó la mirada con ella, supo que algo andaba mal.
— ¡Saku! -Su hija, obviamente, fue la primera en acudir a ella, eran mejores amigas de igual modo - ¡estás ardiendo!
Aquello le preocupó abrió el vidrio que los separaba de los clientes para recibirla y entonces, entendió la cara desencajada de Echizen.
— A ver -Su mujer, al igual que él, se acercó preocupada - ¡niña mía tienes fiebre!
Su mujer fue en busca de alguna medicina mientras él la sentaba en una silla disponible. La analizó, seguía igual de agitada y podía afirmar que tenía la misma mirada angustiada que la de Echizen.
— Lo olvidé Tomoka ¡lo olvidé por completo! -Decía entre sollozos y temblores.
— Niña mía, eso no importa ahora ¿cómo pudiste salir así? -Le había dicho él, preocupado y molesto al mismo tiempo.
— Olvidé su cumpleaños -Ella ya había comenzado a llorar. Su esposa le había brindado la pastilla junto a un vaso de agua.
— Eso no importa más que tu salud -Había hablado grueso y demandante, dando a entender que estaba enrabiado con eso - es una locura hacer eso
— Bueno papá -Cruzó los brazos esperando la defensa de su hija. Siempre había sido así - cuando peleas con tu pareja un día, no le hablas por otros tantos y en su cumpleaños no le felicitas... Y viviendo bajo el mismo techo -
— ¡Me va a odiar! -Estalló en llantos y su hija la abrazó.
— Quizás para ustedes no tenga importancia pero nosotras las mujeres queremos que hasta el detalle más insignificante sea perfecto para ustedes
— Y es su cumpleaños -Esta vez habló su esposa - y aunque a él no le importara o ni le interesara, nosotras siempre estaremos atentas de dar algún detalle en esas fechas -Su esposa besó la frente de la castaña y volvió a él - porque nos importa
— Papá -Sakuno no lo miró con ojos llorosos, llenos de desesperación y esperanza.
Demonios...
Cuando se trataba de "su niña" ni él ni su esposa podían negarle algo. Desde que la conocen a sus cinco años, siendo la confidente y hermana leal de su hija; el haber la acompañado cuando sus padres murieron a la edad de diez y el quitarla a madurar. Ella y su hija eran las niñas de sus ojos.
Decidió hacerle una caja de sorpresas, repleta de galletas, bombones y demás dulces secos. Todo recién sacado del horno.
Al terminarlo y entregárselo... Justo cuando vio aquella sonrisa esperanzadora en el rostro ruborizado, supo que la vida ya le había dado su regalo de navidad. Entre lágrimas, temblores y una fiebre que había sido controlada a medias, le había regalado una sonrisa de agradecimiento sincero.
Y debía admitir, que de esas quedaban muy pocas.
Y de nuevo... Otra tormenta se avecinó al lugar. Tragó en seco al igual que aquellos que también se percataron de la tormenta.
—Niña mía -Su esposa habló con serenidad -está anocheciendo, tú estás enferma... Creo que ya es hora de que te manches
Y lo hizo sin dudar, como un perrito obediente. Sin antes despedirse, todos le desearon fortaleza, ya que ella suerte nunca tenía, junto a un apapacho y el respectivo "Feliz Navidad"
— Nadie le dijo que Ryoma acababa de salir
— Y es mejor así querida, mándale un texto a él
Esperaba que aquellas dos tormentas pudieran calmarse.
O. O. O. O. O. O. O. O. O. O. O. O. O. O. O. O. O. O. O. O. O. O. O. O. O. O. O. O.
... Frío...
Sus manos heladas no conseguían calor alguno bajo aquel abrigo, sus temblores no cesaban, su cara ardía, su nariz la sentía ahogada y sus labios se habían partidos de tanto morderlos.
... Frío...
Era una idiota. ¿Cómo pudo alejarse de esa manera? ¿Cómo había logrado ser tan indiferente como él? ¿Hasta el punto de hacerlo sentir despreciable? ¿Cómo permitió que él se le arrodillara pedirle perdón? Cuando él solo le había dicho la verdad en la pelea que tuvieron.
... Frío...
El que le hubiera dicho que la amaba, por primera vez, entre gritos y en una pelea. No había sido procesado de la mejor manera por ella. Tampoco había ayudado mucho el alcohol que tenían sus cuerpos en ese momento, ni los celos absurdos que tenía él por un amigo de la universidad que ella tenía. No había sido el mejor momento. ¿Qué creería él ahora? Que ella no lo amaba...Y había olvidado su cumpleaños.
... Frío... Mierda...
Su teléfono vibró, casi acompasándose al temblor de su cuerpo. Vio el nombre brillar en la pantalla y colgó automáticamente. Estaba demasiado asustada como para escucharlo.
~Tch -Paró en seco y subió la mirada. Su novio estaba a unos metros despaldas a ella. Su corazón se detuvo y sintió que su cuerpo casi colapsaba. Logró retomar el control antes que sus piernas cedieran a su peso.
Lo vio alejarse rápido. Estaba mucho más adelantado que ella.
Debía estar enfurecido con ella. Se había escapado de la casa en la mañana, aún sabiendo cómo estaba y sabiendo que él le había ordenado no salir bajo ninguna circunstancia, por su propia salud. Suspiró cansada, la fiebre estaba en su punto más alto, sabía que si intentaba derretir los diminutos copos de nieve que caían en su cuerpo lo haría. Trató de caminar lo más rápido que pudo.
Tenía frío. Se sentía terrible, por fuera y por dentro. No podía creer cuan tonta había sido. Y, en realidad, se esperaba lo peor por parte de Ryoma.
Me terminará y me odiará. ¡Tonta, tonta, tonta!
Un muro detuvo los pensamientos y entonces colapsó...
~Tonta Ryuzaki -Habló bajo mientras la cargaba.
Corrió con ella en brazos por unos minutos hasta llegar a la casa. La despojó de su ropa y comenzó a realizarle los cuidados adecuados para bajarle aquella fiebre. Y fue unas horas después, que lo logró.
Escuchaba el tintineo de las canciones que se escuchaban en otras casas, él acariciaba el cabello rojizo mientras se bebía una taza de chocolate y degustaba una que otra galleta.
—Lo siento -La escuchó y encontró ambos ojos rubíes mirándolo con arrepentimiento.
Él se acercó a ella y la besó. Su corazón estalló por unos segundos y un escalofrío recorrió su espalda hacía ya una semana que no sentía ningún contacto piel a piel de ella.
— Te amo -Le dijo ella y él sonrió de lado arrogante.
—Lo sé -La vio hacer un puchero y besó su frente.
— Debe ser el peor cumpleaños de tu vida -Él negó mientas se alejaba. Volvió a tomar chocolate y le enseñó una galleta antes de metérsela a la boca. Ella sonrió y suspiró.
— Tengo galleta
— Siento no haberte comprado un pastel -Dijo decepcionada - hubiera dado todo para
— Lo podemos solucionar -La interrumpió y buscó el dulce que había comprado en la panadería para entregárselo a ella - tu favorito -
Ambos rieron mientras prendía una vela y la colocaba encima del dulce. Negó la cabeza anonadado por lo irónico de la situación, él que detestaba ese momento en que le cantaban cumpleaños y pisaban su tonta, aceptaba gustoso el que ella lo hiciera. Entendió que las cosas si valían la pena hacerlas cuando se trataba de la persona indicada. La besó mientras le susurraba muy por lo bajo sus sentimientos.
— Feliz cumpleaños Ryoma-kun
— Feliz navidad Ryuzaki
¡Muchas gracias por participar y a vosotros por leer! ¡Os esperamos en un futuro evento!
