Capítulo 3

Emma golpeo en la puerta de la mansión unas tres veces sin recibir respuesta alguna, después de esperar unos minutos finalmente decidió utilizar la llave que Henry le había dado.

¿Regina? – Llamo una vez dentro de la casa para advertir a la alcaldesa de su presencia, pero no recibió respuesta – ¿Regina? – intento una vez Emma adentrándose aún más en la casa.

Después de estar en la cocina y sintiendo que la preocupación comenzaba a apoderarse de su cuerpo, decidió chequear la habitación de Henry, al no encontrar a la alcaldesa allí decidió chequear su habitación. Golpeo suavemente en la puerta, y al no recibir respuesta decidió entrar en ella, aquella habitación también se encontraba vacía.

Esta vez Emma podía sentir el miedo acumulándose en su pecho, Regina no podía haberse ido, no podría abandonar a Henry. Pero la duda estaba presente, después de todo Regina prácticamente había echado a Henry de su propia casa. Con el miedo aumentando a cada segundo Emma puso todas sus esperanzas en chequear la última habitación disponible, que ella conocía, de la casa.

La puerta del estudio estaba abierta, al mirar dentro Emma no vio a nadie pero cuando estaba a punto de abandonar la habitación creyó oír un sonido, caminando silenciosamente rodeo el sofá y en él vio a la mujer que había estado buscando. No pudo evitar que una sonrisa se formara en sus labios, Regina estaba recostada de costado sobre el sofá, su pelo que caía en ondas armoniosas y suaves le cubrían gran parte del rostro. Emma no pudo evitar notar que Regina aun llevaba los zapatos puestos y supuso que había caído derrumbada en el sofá apenas llegar de la oficina. Con mucho cuidado le quito los zapatos y luego regreso a la habitación de Henry en busca de una manta, una vez que la hubo encontrado regreso al estudio y cubrió a Regina con ella. Emma no pudo evitar colocar uno de los mechones de pelo que cubría el rostro de Regina detrás de su oreja, acariciando suavemente su mejilla. Le sorprendió que Regina ni siquiera se moviera y eso le permitió asegurar a Emma que la mujer estaba exhausta. La rubia se aseguró de que Regina estuviera bien cubierta y finalmente dejo la casa. Por supuesto que se sentía mal por dejar a la mujer sola, pero supuso que su presencia allí no sería totalmente bienvenida.

Regina despertó sin saber qué hora era y por unos minutos le costó descifrar en qué lugar se encontraba, recordó haber llegado de la oficina y caer en el sofá sin siquiera sacarse los zapatos, fue entonces que noto la manta sobre ella y la chimenea encendida, sus zapatos descansando al lado del sofá. No recordaba haber hecho ninguna de esas cosas y por un momento creyó que Henry había vuelto a casa, hasta que noto una nota sobre la mesa de café a un lado de su teléfono celular.

"Cuando despiertes revisa tu teléfono, Henry quiere hablar contigo. Emma"

Regina tomo su celular y vio que tenía al menos tres llamadas perdidas de Henry, se preguntaba cómo se había tomado la noticia su hijo de que iría a vivir con Emma de forma permanente, algunas lágrimas se acumularon en sus ojos al pensar que ya no arroparía a Henry pero las hizo a un lado repitiéndose que eso era lo mejor y solo lo hacía por la seguridad de su hijo. Antes de llamar a Henry, Regina decidió darse una larga ducha para lograr despertarse y aclarar sus pensamientos. Tal vez debería hablar con Emma primero, preguntarle cómo había tomado las cosas Henry pero pensó que solo un cobarde actuaria de esa forma, por lo que decidió llamar a su hijo de inmediato una vez que salió de la ducha.

¿Mama? – contesto la voz esperanzada de su hijo.

Hola Henry – respondió Regina después de unos segundos intentando aligerar el nudo que se había instalado en su garganta.

¿Por qué no quieres que siga viviendo contigo? – Regina podía escuchar claramente a través del teléfono que Henry estaba llorando.

Henry tienes que entender – comenzó a hablar Regina intentando hacer entrar en razón a su hijo.

Mama por favor, ya no voy a decir que eres el personaje malvado de ese cuento estúpido, lo prometo, ya no voy a decirte que eres una madre horrible por favor, perdóname – Henry estaba llorando abiertamente y Regina no pudo continuar conteniendo las lágrimas que amenazaban con dejar sus ojos y ahora corrían libremente por su rostro.

Henry – Regina no sabía que más decir – Mañana iré a verte – dijo cortando el teléfono y a continuación arrojándolo contra la pared de su habitación.

"Es lo mejor para el" continuaba repitiéndose una y otra vez intentando hacer de aquella frase un mantra, como si por repetirla un número suficiente de veces el dolor en su pecho se alivianara. No podía arriesgarse a que Henry estuviera con ella en la casa, su magia estaba fuera de control durante sus pesadillas y el simple hecho de lastimar a su hijo provocaba que la opresión en su pecho aumentara al menos diez veces más.

Regina no pudo dormir esa noche, cientos de pensamientos daban vueltas en su mente, al menos las pesadillas no hicieron presencia. Decidió terminar el papeleo pendiente del día anterior para intentar ocupar su mente en otra cosa. Emma la había llamado, pero Regina había decidido no contestar, no confiaba en su voz, ya no confiaba en ella misma, simplemente no era capaz de hacerlo.

La mañana hizo presencia y Regina había perdido la cuenta de la cantidad de tazas de café que había bebido con el único objetivo de mantenerse despierta para ahuyentar los demonios que no dejaban de atacarla en sus pesadillas.

Llego a la oficina, saludo a su secretaria como todos los días y no salió de allí en toda la mañana. Logro terminar al menos una de las tareas que tenía asignadas para aquel día pero no podía evitar que sus pensamientos continuaran desviándose hacia Henry. Un golpe en la puerta hizo que volviera a la realidad.

Adelante – respondió sin levantar la mirada de los papeles que se suponía deba estar leyendo.

Hola – Regina levanto la mirada tan rápidamente como fue capaz para ver a Emma parada frente a ella.

¿Qué haces aquí? – pregunto Regina levantando todos los muros de los que fuera capaz.

Pensé en traerte algo para desayunar – respondió Emma levantando los vasos térmicos descartables de café que traía en su mano derecha y una caja de donuts en la otra.

Ya desayune muchas gracias – diciendo esto Regina volvió a concentrar su mirada en los papeles frente a ella - ¿Hay algo más que necesite Sheriff Swan?

Oh si, pensé que tal vez podríamos hablar de cómo dejaste a nuestro hijo llorando durante dos horas anoche – respondió Emma haciendo especial énfasis en la palabra nuestro – Tu sabes, creí que eso podría ser importante.

¿Cómo está? – pregunto Regina sin levantar la mirada.

Bueno considerando que desde su punto de vista su madre lo echo de la casa podríamos decir que nuestro hijo es fuerte – dijo Emma tomando asiente frente a Regina y dejando tanto los vasos de café como las donuts sobre el escritorio – Me tomo al menos una hora calmarlo luego de tu llamado y estoy muy segura de que paso más de la mitad de la noche llorando, me tomo al menos media hora lograr que se levante para ir al colegio esta mañana.

Regina finalmente dejo la lapicera que aún continuaba sosteniendo entre sus dedos sobre el escritorio y lleva ambas manos a su sien.

Necesitas hablar con él y explicarle como son las cosas Regina.

Lo sé – respondió Regina con voz temblorosa – Lo sé.

Mira sé que no es tu culpa, pero necesitas buscar ayuda.

No necesito ayuda – respondió rápidamente Regina.

Claro, porque las ojeras bajo tus ojos y el temblor en tus manos significan que te encuentras perfectamente – respondió Emma usando el sarcasmo – Necesitas hablar con alguien.

No necesito contarle a nadie sobre mis problemas, y mucho menos a usted Sheriff Swan.

Emma sabia por experiencia propia que era más fácil encerrarse en uno mismo y poner en juego todos los mecanismos de defensa que una tuviera a su alcance antes de abrirse a otra persona, antes de mostrar debilidad, antes de permitirse confiar en alguien.

Regina, no estoy diciendo que sea conmigo con quien debes hablar, tal vez hablar con Archie te ayudaría.

No voy a hablar con un maldito grillo para que divulgue todos mis problemas a los idiotas que viven aquí.

De acuerdo solo piénsalo, e intenta comer algo. No creas que no he notado la cantidad de peso que has perdido desde que hemos regresado de Neverland.

Diciendo eso Emma abandono la oficina, tomando su café y una de las donas.

Regina se quedó observando la puerta durante algunos minutos, le sorprendía que Emma hubiese notado su pérdida de peso, le sorprendía que alguien se preocupara por ella. Con esos pensamientos aun en mente tomo una de las donas.

"Recogeré a Henry del colegio esta tarde, hablare con él y lo llevare luego a tu casa"

Regina envió el mensaje a Emma y luego intento concentrarse en el resto de tareas que tenía asignadas por el resto del día.

Emma dejo la oficina de Henry aún más preocupada, sería difícil ayudar a Regina, intentar encontrar un modo de romper los muros que la mujer poseía como mecanismo natural de defensa. Se preguntaba qué había ocurrido en su pasado para que Regina fuera de ese modo, obviamente sabia sobre Cora, y sobre Daniel pero tenía que haber algo más detrás de esa historia, algo que solo Regina sabia y Emma sabía que necesitaba decírselo a alguien antes de que terminara destruyéndola por completo.

Emma por si misma tenia tantos mecanismos de defensa que podría dar catedra en cualquier universidad del mundo, años en el sistema te enseñaban ellos y muchas cosas más. Emma sin embargo, sabía que su principal mecanismo de defensa había quedado reducido a trizas desde el momento en que conoció a Henry, correr ya no era una opción, había dejado de serlo tres años atrás desde el momento en que aquel niño se presentó en su departamento anunciándole que era su hijo, él bebe que había dado en adopción diez años atrás, desde ese momento correr había dejado de ser su arma de defensa.

Aun pensando en Regina, Emma regreso a la estación. Sin poder concentrarse en el papeleo que aun necesitaba terminar decidió mirar los clasificados en busca de un nuevo departamento para ella y Henry, no que fuera demasiado difícil hablar con alguien en Storbrooke y simplemente preguntar, pero no quería levantar rumores en cuanto a Regina y prefería al menos por el momento, buscar simplemente en los clasificados.

La hora de recoger a Henry se hizo presente, Regina recogió su abrigo y respiro profundamente antes de dejar la oficina. Ni siquiera sabía exactamente que decirle a su hijo, como podría explicarle lo que estaba sintiendo, como iba a poder decirle que sus pesadillas estaban fuera de control al igual que su magia, que el miedo que se apoderaba de su pecho y la sofocaba le recordaba a los años vividos junto a Cora, como podía explicarle eso a un niño de trece años, a un niño que solo había visto la violencia en televisión, que a pesar de haber sido secuestrado por Peter Pan nunca había vivido la violencia en carne propia, a un niño que nunca había sido lastimado a propósito por alguien a quien amaba, como iba a explicarle eso a un niño que tenía personas que lo protegieran, que lo defendieran, personas en quien confiar, a un niño que había tenido todo aquello que a ella le había faltado y que tanto había deseado.

Regina se preguntaba cómo explicarle a un niño de trece años que sus pesadillas la hacían sentir indefensa, como aquellos años en los que el rey la violaba todas y cada una de las noches. Como explicarle que ella no podía confiar en nadie, ni siquiera en ella misma.