Hola!

Mariano: ¡Qué bueno que te haya gustado! Aquí está el tercer cap, espero te agrade. Besos.

Ryuzaky: ¡Qué bueno que te guste! :D jejeje es una idea que nació de la nada,,, espero que te guste mientras avanza…XOXO

Capitulo 3

P.O.V Hiccup

Ser un Desquiciado es la segunda cosa más horrible que podría sucederle a un joven con mis cualidades. Débil, ingenioso, cuerdo, nada descabellado ni desquiciado. Y peor aún, cuando eres el hijo del segundo jefe de los desquiciados. Aun más catastrófico, cuando tu primo es el honor de los desquiciados y tu eres la mayor deshonra del mundo.

La segunda cosa peor: que te presenten a la chica más hermosa que has visto en toda tu existencia y te quedes congelado con las palabras atascadas en la garganta. Justo como me está pasando en este preciso instante. ¡En este momento desearía no haber salido de aquella habitación de la cual Dagur me dijo que no saliera ni por equivocación! Allí estaba, de hermosas orbes azules, cabello rubio y un sucio traje azul que en algún momento debió haber estado reluciente. ¡Wow! No hay palabras para describir su rostro, me miraba sorprendida, con los ojos a medio salir y la boca entre abierta por alguna aparente sorpresa.

-El es mi primo...Hipo Horrendo Abadejo III.- me presento Dagur empujándome hacia los desconocidos.

-¡El hijo del gran Estoico! ¡Es un gusto muchacho! ¡Te vi cuando eras un enano de este tamaño! - me saludo el enorme hombre de cabello rubio, al cual reconocí como el Sr. Hofferson, dándome un golpe en el hombro a modo de saludo y logrando hacerme tambalear.

-Es...un gusto...- susurré nervioso.

-Ella es mi hija, la princesa Astrid.- presento el hombre a la hermosa joven de cabello rubio.

-Ho...Hola...Hola.- tartamudee sin atreverme a acercarme o levantar la mirada hacia ella, sentí que me ardían las mejillas ante su mirada azul que me escrutaba de hito en hito.

-Estamos buscando un dragón que derivamos... ¿No lo viste?- me pregunto Dagur apretándome de los hombros.

-¿Dragón? Yo...yo...no...no he visto nada.- dije temblando de pies a cabeza. Baje la cabeza para esconder mi rostro de las miradas acosadoras.

-Ya está haciéndose muy de noche, volveremos mañana a revisar. Quizás la luz del día nos ilumina y podemos encontrar a esa peste.- sentencio el Sr. Hofferson

-Adelántate, yo los alcanzo.- le dije a Dagur mientras los demás se alejaban.

-No tardes, podrías romperte.- se burlo Dagur empujándome antes de apresurarse a alcanzar a la rubia, le vi decirle algo antes de girarme hacia la laguna. Yo podría tener un cinco porciento de probabilidad con la princesa Hofferson si mi primo Dagur no existiera; está claro que el plan de nuestros padres es que Dagur se case con ella y así fusionar ambos reinos. Yo estoy descartado desde el momento en que nací, es obvio que ninguna vikinga movería sus ojos desde un fuerte y valiente Dagur a un débil y cobarde Hipo.

-Si me descubre...me matan.- susurré corriendo hacia un pequeño hueco detrás de una enorme roca donde había escondido a la pobre criatura que aquellos locos habían derribado. Si, se que hablo como un...troglodita...pero ya os he dicho que no soy un desquiciado trivial. Desde pequeño, siempre he pensado que los dragones no son tan malos como los vikingos nos han hecho creer a lo largo de la historia; llevo años estudiándolos (solo ocho años en realidad), tengo muchas teorías sobre el porqué nos atacan y porque queman las aldeas; algunas las he probado y otras están en proceso de ser evidenciadas. Solo necesitaba tener la oportunidad de acercarme a un dragón para comprobar cuan ciertas son mis teorías.

-Chico, tranquilo, estarás bien.- susurre sentándome en la entrada de la cueva, dejando un espacio prudente entre el enorme dragón negro de ojos verdes y yo.

El dragón giro el rostro y me dedico una mirada triste antes de dejar caer el rostro. No me acerque más para evitar que se enojara nuevamente; ya que cuando lo encontré casi me arranca la mano, pero era un tanto evidente que estaba nervioso y por ese motivo me había atacado. Estuve sentado algunos segundos junto a la hermosa bestia que tanto odiaba mi primo Dagur, mi padre y mi tío, luego me levante y me comencé a alejar.

-Auch- me queje al resbalar con las espesas y húmedas ramas camino al pueblo berkiano. El desconocimiento sobre este bosque me estaba trayendo bastantes problemas. Ya tengo tres golpes en las rodillas y dos raspones en la barbilla. Ha sido una ruta dura y a cada paso la ruta se me hacia mas húmeda y más oscura. Definitivamente Berk era demasiado…extraño…no podría acostumbrarme a este lugar.

No sé como logre llegar al dragón entre toda esta frondosidad, teniendo solo de referencia lo que había visto desde la ventana de la casa donde Dagur me dejo encerrado. Yo estaba sentado al borde de la ventana viendo el desastre que ocurría afuera, pensé en salir a ofrecer mi increíble ayuda, pero recordé que los desquiciados siempre dicen que en lugar de ayudar siempre termino empeorando las situaciones así que decidí quedarme allí como simple observador. Desde allí, vi cuando derribaron al furia Nocturna, me las arregle para seguir su rastro hasta la laguna.

Lo más complicado fue lograr salir de aquella casa en medio del caos que había afuera, incluso un vikingo con la pata de madera me golpe en la espalda con un enorme tronco mientras lo lanzaba hacia un dragón. Logre llegar al bosque en medio del fuego, los gritos valeros y los rugidos que podrían sonar espeluznante a los oídos de cualquier vikingo común. Cuando lo encontré, estaba tirado cerca de un árbol todo apretujado y lastimado. Corrí a cortar las cuerdas que lo ataban, pero me asuste cuando término de romperlas. De momento, me lanzo un rugido que me paralizo e incluso hizo un amago de morderme pero luego se tranquilizo.

-¡Genial!- grite tropezando nuevamente con una enorme rama y cayendo de bruces al suelo.

-Oye, pescado, tu primo esta como loco diciendo que te perdiste.- escuche una voz burlona, seguida de unos pasos precisos, me levante rápido del suelo y sacudí la arena húmeda que se había adherido a la ropa.

-¿Ah? ¿Qué?- pregunte mientras terminaba de sacarme la arena de encima.

-Que tardas mucho, ya me imagino el motivo.- dijo la rubia sujetando entre sus manos su hacha afilada.

-¿Qué? No, no hay motivo.- dije nervioso, pensé que me había descubierto, quizás vio a mi amigo, o escucho cuando corrí hacia donde él estaba. Si es así, buscara a los otros y terminaran de matar al pobre dragón indefenso.

-Vas tropezando con todas las ramas, es obvio que por eso has tardado tanto.- se burlo deteniéndose a pocos metros de distancia. Me miraba fija e intensamente, los nervios se me reflejaron en las mejillas, pero no baje el rostro para que no fuese tan evidente lo nervioso que me ponía la cercanía de la rubia berkiana.

-Yo…yo…- dije rascándome la nuca.

-Avanza, esperan por ti.- me dijo antes de girar sobre sus pies de vuelta a Berk, la seguí de cerca mientras caminaba y decidí sacar valor del fondo de mi pecho y alcanzarla. Comencé a caminar a su lado y pude percatarme del agarre firme e incluso algo tembloroso que ejercía sobre su afilada y bien fabricada hacha. Caminaba al son de un cuatro por cuatro bastante constante e incluso de momento parecía seguir un ritmo interno establecido por su subconsciente. Lleve mis ojos hacia el traje sucio y note que incluso se había rasgado al final del bordado, era realmente una lástima.

-No piensas dejar de mirarme.- su voz melódica pero dura me saco de mis pensamientos.

-No…no te…

-¿No me mirabas?- cuestiono deteniendo el paso y levantando una de sus cejas.

-Yo…solo miraba el traje.

-¿El traje? ¿Estás acaso más desquiciado que tu primo?- cuestiono la rubia reanudando la marcha.

-No…claro que no…es que…es una tela de muy buena calidad y la has roto.- dije sin pensar realmente lo que estaba saliendo de mis labios.

-No me gustaba de todos modos.- me dijo mientras llegábamos al pueblo y se encogió de hombros como si realmente no le importase en lo más mínimo su atuendo. Mientras hablaba me quede viendo su rostro, tenía dos cortaduras en la mejilla, poco profundas en realidad y una quemadura en la barbilla y de solo verla podrías decir que acaba de estar peleando pero seguía luciendo hermosa.

-Ahí estas, tu nana te buscaba.- me dijo Dagur tan pronto llegamos a donde él estaba.

-¡Ahí estas!- dijo Heather al verme, no es mi nana, es la hermana menor de Dagur y mi mejor amiga; solo que me sobre protege un poco; quizás porque sabe que no soy como los demás desquiciados que pueden defenderse por sí solos sin ninguna dificultad.

-Siento no decirte que saldría de la cabaña.- le dije acercándome hasta donde estaba.

-Me quedo dormida dos segundos y regresas con golpes en el rostro.- me dijo Heather observando las cortaduras poco importantes que me había echo mientras tropezaba en el bosque con esas patéticas ramas.

-Solo me caí algunas veces.- dije restándole importancia.

-Ya que apareció el joven Abadejo, nosotros los dejamos descansar, nos reuniremos mañana Dagur.- le dijo el Sr. Hofferson dándole una palmada en el hombro.

-Claro que si, Hofferson. - le dijo mi primo con esa mirada que siempre lanza cuando esta planeando algo loco, descabellado y poco cuerdo.

-Ven un momento, Dagur.- le dijo Heather y se lo llevo unos metros lejos de nosotros.

-Pescado, no vuelvas a desaparecer.- me dijo Astrid y me golpeo el hombro, pero no suave, el golpe fue solido e incluso lo consideraría doloroso. Me sujete el área herida y mordí mis labios evitando que se percatara algún sonido que evidenciara que realmente me había dolido el golpe proporcionado. La vi reírse, creo que la palabra correcta seria burlarse, antes de irse tras su padre. Me rasque la cabeza, ella…me tenía más confianza de la que yo mismo le tenía a Dagur. Es como si, me conociera de otro sitio, como completamente descabellada claro está. Además ¿Pescado? ¿Qué clase de sobrenombre es ese?

-Esperamos adentro.- me grito Dagur antes de proseguir en su conversación con Heather.

Entre a la cabaña y subí corriendo hasta el cuarto que me habían asignado, me deje caer sobre la cama cual largo. Tan pronto cerré los ojos el rostro de la castaña paso por mi mente, si…definitivamente me gusta…aunque…sea imposible que llegue a existir algo entre ambos ya que probablemente en este preciso momento su padre está planeando casarla con el desquiciado de mi primo. ¿Qué tengo yo mal? ¡Dagur está loco, no sabría como tratar a una princesa como Astrid, aunque no tengo claro como es ella!

¿Quién le dice eso a mi padre? ¿O a mi tío? ¡Definitivamente nadie, nadie en lo absoluto! Abrí los ojos y tras un suspiro sonoro volví a cerrarlos y me deje ganar por el cansancio. El viaje hacia Berk había durado algunos días, realmente era reconfortante dormir en una cama. Pronto el sueño vino hacia mí con fuerza, caí en el plácido mundo del subconsciente. Allí se apareció aquella diosa de ojos azules y cabello rubio a interrumpir mi descanso trivial y a alborotar el subconsciente de este desdichado.

Cuando volví a abrir los ojos, el sol apenas asomaba entre la ventana, los gallos cantaban su melodía temprana, poco normal, y se escuchaban algunas carretas siendo arrastradas hacia lugares desconocidos para mí. Me puse de pie y me acerque a la ventana para contemplar el sol salir por completo, desde allí podía ver el gran salón; sobre salía de todas las demás casas en hermosura y tamaño por lo cual no era muy complicado ubicarlo. Mientras mis ojos recorrían el hermoso pueblo de Berk me halle contemplando lo que debía ser una herrería.

¿Y a quien halle allí? A nadie más que a la rubia que había interrumpido mis sueños durante toda la noche. Hofferson estaba vestida con ropa mas "vikinga" si es que es la forma correcta de describirla, tenía su hacha colgando en la espalda y estaba hablando con un hombre grande. Al igual que ayer, traía el cabello amarado en una trenza que, obediente, no permitía a los rubios retoños moverse libremente. Me recosté de la ventana para mirarla mejor y mientras estaba allí, viajando por su cabello y su rostro me encontré con sus ojos.

Estaba mirándome, sentí que las mejillas se me tiñeron de un profundo tono carmesí. No me atreví a moverme, pero no quite mi mirada de la de ella, nos observamos algunos segundos hasta que ella levanto la mano para saludarme. Me puse mas rojo al comprobar que realmente si me estaba mirando, todavía había tenido la esperanza de que quizás mirara el árbol junto a la casa. Ante los nervios decidí apartarme de la ventana y al hacerlo me encontré con Dagur que recién comenzaba a despertar.

Lo que menos deseaba en ese preciso momento era hablar con Dagur así que corrí a la puerta y salí de allí antes de que estuviese lo suficiente consiente como para impedirme huir de la reunión con el Sr. Hofferson. ¡Sí! No vine con la intención de exponer mi opinión sobre el tratado de paz, todos habíamos discutido lo que teníamos que decir y si Dagur lo decía no hacía falta que yo estuviese allí. Nuestro tratado consiste en la unión matrimonial entre un príncipe y la princesa de Berk; de no poder existir esta clausura simplemente no cederíamos a aceptar una alianza; a menos que nos ofrezcan una mejor propuesta. Esta propuesta debería ser analizada por nuestros reyes así que tendríamos que viajar nuevamente de regreso a casa y regresar nuevamente a Berk con respuestas.

Al salir el sol me golpeo con fuerza el cuerpo, debía estar realmente ardiendo para provocar tal efecto en el cuerpo de un vikingo acostumbrado al calor abrazador, claro, yo no soy ese tipo de vikingo, paso demasiado tiempo en mi cuarto recolectando información. Mis pasos se dirigían solos, realmente no estaba prestando mucha atención de hacia dónde iba pero mis pasos se dirigieron de manera casi automática hacia el bosque. Quizás podría conseguir algo de comer para el pobre dragón que había quedado indefenso. Esa era una manera excelente para eludir mi responsabilidad como príncipe sustituido, así suelo denominarme, ya que mi opinión suele ser la menos importante; siempre por debajo de la de Dagur e incluso por debajo de la de Heather.

P.O.V Astrid

La mañana se alzo hermosa en Berk, desperté cuando aun el sol no salía y todavía los restos de la luna y las estrellas se aferraban al cielo dominantemente, anhelando hacer eterno su estadía en aquel espacio. La realidad es que no podía dormir pensando en Hipo, verlo me hizo sentir, primeramente, culpable de su vida. Si ser Hipo era difícil siendo un berkiano no quiero ni imaginar que suplicio está viviendo siendo un desquiciado. ¡Y todo es mi culpa! Me siento realmente responsable, en gran parte porque lo soy, de la desdicha del verdadero heredero de Berk!

Al no poder conciliar el sueño decidí vestirme y salir. Mientras me vestía y pensaba en todos los acontecimientos que habían ocurrido en las ultimas veinte y cuatro horas, y se me paso el tiempo volando. Todavía estaba pensando en la propuesta del príncipe Dagur, cuando el sol asomo casi por completo y salí hacia la herrería a pedirle a Bocón que afilara la espada de mi padre. Dagur es el príncipe más siniestro y detestable que he conocido, además de desagradable, de una forma u otra a intentado coquetear sutilmente conmigo y lo he ignorado por completo; aun así, temo que parte de su propuesta me incluya a mi…ya que me insinuó algo parecido mientras caminábamos hacia Berk. Mi padre jamás me obligaría a contraer nupcias con alguien como Dagur, o eso quiero pensar.

-Buen día, Astrid.- me saludo Bocón mientras se estiraba.

-Buen día, te he traído esto.- dije tendiéndole la espada.

-La he afilado hace dos días.- me contesto el rubio tomándola entre sus manos.

-Mi padre dice que necesita ser afilada de todos modos.- le dije encogiéndome de hombros.

-Ese padre tuyo me va a llevar a la muerte.- dijo observando y tocando la espada.

-Si…claro…- susurre distraída cuando en uno de esos momentos que miraba hacia aquella casa donde la noche anterior había dejado a Abadejo lo vi reclinado en la ventana con la cabeza ladeada observándome. Siempre me he percatado de la manera tierna en la que sus orbes verdes me observaban disimuladamente en medio de los combates o de las secciones de entrenamiento, pero jamás me había mirado como me miraba hoy…quizás porque era el pero al mismo tiempo era otra versión del.

Nunca había sentido aquello que se apodero de mi pecho y estomago cuando mis ojos se toparon con aquellos ojos verdes que me hacían pensar en el bosque. El no aparto su mirada y yo tampoco lo hice aun cuando comencé a sentir unos nervios poco normales apretarme las entrañas. Eran sentimientos tan nuevos que de primera instancia me sentí extraña, pensé que enfermaba, quizás podría ser fiebre, o algo parecido. El corazón comenzó a bombear rápidamente en mi pecho y para disimularlo salude a Abadejo, quizás con la esperanza de que ese bombear pasara desapercibido y aun sabiendo que estábamos demasiado lejos como para que él lo hubiese escuchado.

Al saludarle lo vi esconderse casi de inmediato y decidí despedirme de Bocón y salir corriendo hacia el bosque. Me sentía extraña, tantos años que conviví en Berk con Hipo y nunca me había ocurrido lo que me ocurrió hoy…o bueno…quizás…si había ocurrido pero jamás lo había tomado en cuenta. De todos modos ¿Qué ha sido eso? Ese nerviosismo, ese bombear repentinamente rápido, ese cosquilleo en la boca del estomago. ¿Me iré a enfermar? ¿Sera hambre? ¿Culpa? ¿Preocupación? ¡Sea lo que sea, y si llegase a ser otra cosa, debe morir irremediablemente.

-Auch.- escuche una queja y cuando me gire Hipo estaba a pocos pasos en el suelo; había tropezado con una enorme rama y había acabado en el suelo casi comiendo arena, poco le faltaba para llegar a ese extremo.

-Hola, pescado.- lo salude acercándome, pero conservando mi distancia por si loco corazón volvía a acelerarse.

-Hola Astrid….Astrid Hola.- me dijo levantándose y sacudiéndose.

- ¿Y eso? Hola Hipo…Hipo hola.- me burle dejando salir una risa.

-Lo siento, son…los nervios.- dijo inconscientemente y luego se le tiñeron de rojo las mejillas.

-¿Nervios?- pregunte dando un paso hacia delante divertida, jamás había visto lo bonito que tenia Hipo los ojos, tampoco me había percatado de lo lindo que se veía repitiendo mi nombre nerviosamente o lo gracioso que era ese tip nervioso que tiene en los hombros.

-¿Nervios? ¿Qué nervios? No nervios no.- dijo trabándose repetidas veces con la lengua y moviendo de manera graciosa los hombros.

-¿Qué haces en el bosque? Deberías alejarte de las ramas.- le dije dando un paso más cerca y dejando el tema de los nervios atrás, porque de momento el tenerlo cerca también me había puesto nerviosa a mí, y realmente no deseaba aceptar lo lindo que encontraba al castaño de momento. ¡El cambio de vida me ha afectado las hormonar! ¡Considero a Hipo guapo, debo estar delirando!

-Pues...vine a tomar aire…ya sabes… el bosque…el ambiente…- comenzó a decir y el movimiento de sus hombros me informaba que seguía igual de nervioso que hace algunos minutos atrás.

-Hipo…- susurre y le sujete los hombros para que dejase de hablar.

-Astrid…- jamás había escuchado a alguien susurrar mi nombre de aquella forma tan suave, tan intima, tan dulce, tan bonita…aquel murmullo apenas era perceptible pero…estuve lo suficiente cerca como para oírlo. No sabía que decirle, de momento las ideas se me estancaron en la garganta y me quede simplemente sujetándole los hombros mientras el simplemente me miraba…y me miraba.

-¿No deberías estar con Dagur en la reunión?- fue lo primero que me vino a la mente cuando recordé las ideas que habían estado pasando por mi cabeza en las últimas horas.

-Sí, pero…no me gustan mucho las reuniones.- me dijo y cambio el rostro.

-Así que… ¿Qué propuesta nos traen? Podría saber.- me atreví a preguntar.

-Realmente Dagur es el que la tiene totalmente clara.- me respondió sin mirarme a los ojos.

-Sabes que esta princesa…no está en época de casarse ¿Verdad?- le pregunte mirándolo fijamente, busque su mirada verde y la encontré. Me miro con los ojos muy abiertos y luego parpadeo varias veces, al parecer buscando las palabras con las cuales decirme algo que me hiciese pensar que ese no era el plan que tenían desde un inicio.

-¿No quieres casarte? Ya cumples la edad casadera.- me dijo nerviosamente.

-No pienso casarme, Hipo, y menos con un desquiciado.- dije mordaz, pero luego entendí lo que había dicho; cuando Hipo bajo tímidamente la mirada y su semblante decayó momentáneamente. La realidad es que cuando dije desquiciado en forma generalizada, me refería únicamente al desquiciado de Dagur que en gran parte me daba cierto miedo; pero no iba a explicarle eso a Hipo.

-Es…tu decisión.- susurro subiendo los hombros.

-Hay una laguna muy bonita cerca de aquí… ¿Quieres venir?- le pregunte para romper la tención que se había acumulado en el aire.

-¿Laguna? ¡No! ¿No prefieres la montaña?- me dijo nerviosamente y nuevamente me escondía la mirada.

-¿Montaña? ¡Mejor la laguna, ven sígueme! ¡No puedes irte de Berk sin haber visto esa laguna!- le dije riendo y tire de su brazo para que me siguiese. Antes de haber pedido mi absurdo deseo, esa laguna era uno de los lugares favoritos de Hipo, lo sé porque muchas veces lo escuche decírselo a Patapez, aun cuando Hipo pensaba que yo no le prestaba atención. Justo en este instante desearía estar sentada con los chicos hablando de cosas poco importante y dándole golpes en el hombro al pescado parlanchín de Hipo.

-Auch ¿Por qué me golpeas?- pregunto Hipo cuando le golpee el hombro sin motivo, solo quería recordar cómo se sentía hacerlo. Siempre hacia la misma pregunta, y siempre dejaba reflejar el mismo rostro confundido y descompuesto, siempre voy a disfrutar dándole un buen golpe en el hombro.

-No lo sé, quería hacerlo.- le dije empujándolo para que avanzara.

…..

Continuara….