Disclaimer: La historia no me pertenece es una adaptación de una antigua novela que leí de Patricia Ryan así como tampoco los personajes de Mai Hime que son propiedad de Sunrise. La idea de realizar la adaptación es que más personas conozcan la historia a través de Natsuki y Shizuru. Esto lo hago sin fines de lucro.


¡Protegiendo hasta tu sombra!

Capítulo dos

—Ara ara caballeros... —Shizuru miraba a cada uno—. Que se calme todo el mundo, ¿eh?

—Nosotros vamos a calmarla ahora mismo —gruñó Takeda, quien era hermano de Urahara, mientras ponía el cañón de la recortada contra la cara de Natsuki—. Le enseñaremos con quien se está metiendo.

—Deja que hable yo —dijo la desconocida, apretando su brazo.

—Oh claro! ya veo que sabes solucionar las cosas de manera racional y pacíficamente —replicó Shizuru de manera irónica—. Ara ara mis queridos amigos por favor bajen las armas. No es necesario recurrir a la violencia, nadie tiene por qué salir herido.

—Esta hermosura sí —replicó Takeda.

—Ara ara Takeda, ella solo intentaba ayudarme... Pensó que estaba en peligro, sin saber que ustedes son unos ositos cariñositos.

-Shizuru por favor, nos dejas en mal frente al intento de heroína, porque eso intento ¿no?—dijo Urahara, tan tranquilo como siempre a pesar de estar de rodillas con un arma apuntando a su cabeza.

—Así es, desgraciadamente su trabajo consiste en hacerse la heroína. Ella es mi guardaespaldas.

Los moteros la miraron, sorprendidos. La desconocida estaba atónita.

— ¿Cómo lo sabes...?

—Ara ara creías que no me daría cuenta, eres demasiado obvia llevas días siguiendome. No hay lugar en el que no te vea con tus intentos de disfraz. Creo que tienes al menos cien fotografías mías.

— ¡Qué! ¿Sabías que estaba ahí desde el principio?

—Soy muy observadora —replicó ella—. Me doy cuenta de las cosas.

— ¿Y sabías quién era?

—Reito tiene tiempo amenazando con ponerme un guardaespaldas desde hace semanas. Es muy protector, sin embargo lo considero algo innecesario.

— ¡Espera, espera, espera…! —exclamó Urahara—. ¿Por qué necesitas un guardaespaldas? ¿Tienes algún problema? ¿Alguien te está amenazando?

—No —contestó Shizuru.

—Oh claro que sí —contestó Natsuki.

—Shizuro estoy muy indignado, porque no nos pediste ayuda a nosotros? dijo Urahara- Nosotros somos lo suficientemente fuertes para protegerte. Si alguien intenta acercarse a ti y hacerte daño le llenaremos la barriga de plomo.

—Es muy amable por tu parte —contestó Shizuru—. Pero yo no necesito protección se cuidarme muy bien.

—Sí la necesitas —insistió Natsuki alterada—. Necesitas protección por que no sabes cuidarte, pero no de una pandilla de gorilas que pretenden parecer amenazantes. La idea es ser discretos.

—¿Llamas a esto ser discreto? —le espetó Shizuru, señalando alrededor.

—Etoo, es lo único que podía hacer en estas circunstancias —intentó explicar Natsuki con las mejillas sonrojadas—. Bueno, bueno se acabó la función entra a tu casa.

—Eso, que entre en casa. No la queremos en la línea de fuego mientras te perforamos con plomo ese cuerpecito—replicó Takeda

—Ara Ara no es necesario, por favor calmados todos —suspiró Shizuru—. El nivel de testosterona empieza a darme dolor de cabeza. Pero ella entrará conmigo.

—No, de eso nada—dijo Takeda—. Tenemos planes para esta preciosura.

— ¿Esos planes incluyen estar aquí todo el día? Porque algo me dice que esta chica no piensa bajar la pistola. Ya vámonos – dijo Urahara- Me duelen las rodillas.

Soltando una palabrota, Takeda bajo la recortada.

—De acuerdo, fuera de aquí antes de que me arrepienta.

Natsuki retrocedió, sin dejar de apuntar a Urahara con la pistola. Luego se inclinó para tomar el bastón del suelo, hizo un gesto con la muñeca Y lo convirtió en una especie de bolígrafo largo.

—Increíble—dijo Urahara—. ¿Dónde puedo conseguir uno de ésos?

—Pídeselo a Papá Noel y quizá lo tengas al pie de tu arbolito—contestó la guardaespaldas, entrando en la casa con Shizuru y cerrando la puerta.

—¿Qué te pasa estás loca?

—¿Qué?

—Que si estás loca. ¿Se puede saber qué intentabas hacer, controlar a esa pandilla tú sola? —le espetó Shizuru.

Natsuki se levantó la playera para guardar la pistola. Al hacerlo, Shizuru no pudo evitar observar que tenía un estómago como una tableta de chocolate.

—Que querías que hiciera, estabas metida en un lío.

—Para tu información, ellos son inofensivos.

—¿Inofensivos? ¿Unos tipos que llevan pistolas bajo la chaqueta de cuero? … si claro muy inofensivos.

—Son inofensivos —insistió ella—. Llevo casi un año viviendo aquí y lo sé perfectamente.

—¿Y las pistolas qué?

—Seguro que no están cargadas. Les gusta llevarlas para hacerse los duros, pero en el fondo son como ositos de peluche.

Natsuki puso los ojos en blanco.

—No me gusta que vivas aquí...

—Ara Ara ¿Quién te crees que eres?

—Yo nadie, solo intento cuidarte. Tu casa es muy vulnerable por ejemplo la puerta es de cristal... cualquiera podría tirarla de una patada. Deberías irte a un hotel.

-Ara ara nos acabamos de conocer y ya me invitas a un hotel, normalmente cuando me invitan a dormir en un hotel sé cómo se llama la persona.

Natsuki la miró, atónita y roja como un tomate.

—Me llamo Natsuki Kuga y soy tu guardaespaldas!

—Sí, claro. Déjame adivinar trabajas para Midori, cierto? … ya lo veía venir, Reito no lo dejaría pasar. Oye, ¿por qué no te quitas las gafas de sol? Cuando no puedo ver los ojos de alguien tengo la impresión de que me esconde algo.

Ella obedeció y se colgó las gafas del cuello de la playera. Tenía los ojos verde oscuro, eran magnéticos. Y eso, junto con los pómulos altos y los labios delgados pero bien formados, le daba un aspecto muy exótico.

—Señorita Fujino...

—Me llamo Shizuru. ¿Tienes hambre?

—¿Qué?

—Que si tienes hambre.

—Pues...

—No has comido nada en toda la tarde, así que debes estar hambrienta. Pero he comprado cena para las dos.

—Etoo... gracias.

Shizuru atravesó una cortinilla de cuentas que separaba el salón de la cocina mientras Natsuki miraba alrededor. La "casa" tenía techos altos y grandes ventanales y olía a incienso. En medio del salón estaba el mostrador de la antigua tienda, que Shizuru había convertido en una estantería para sus cámaras. Las paredes estaban llenas de fotografías en blanco y negro, algunas de Shizuru y otras de su madre, seguramente.

—¿Hay alguna otra puerta?

—Sí, una que da al callejón —contestó ella.

Natsuki entró en la cocina.

—¿Qué hay ahí arriba? —preguntó, señalando la escalera de caracol.

—Mi habitación.

Natsuki se dirigió a la habitación sin preguntar, había un enorme colchón en el suelo, bajo un ventilador de techo. Una vieja cómoda con velas y barritas de incienso, una vieja computadora de escritorio... No había hecho la cama esa mañana, de modo que las sábanas de satén blanco estaban a la vista. Y había un liguero negro en el suelo.

¿Un liguero? Aquella chica era un misterio.

Mientras Natsuki echaba un vistazo a la habitación, Shizuru echaba un vistazo a sus piernas: unas piernas fuertes, de atleta, buenas piernas, sí señor. Si tuviera poderes le hubiera gustado poder retirar ese pantalón estorboso para poder observar mejor ese cuerpo.

—Oye, por cierto, antes de que se me olvide: realmente no sabes disfrazarte, mi amiga Haruka estuvo tentada en ir a golpearte por seguirnos tantos días, deberían enseñarte mejor que disfraces usar para pasar desapercibida

— ¿Qué? Nada de eso, siempre use diferentes atuendos tratando de parecer turista—replicó ella, bajando la escalera y enseñándole el lobo estampado en su playera.

—Más bien parecías una persona que en cualquier momento te robaría el bolso. Pero me gusta el lobo —comento Shizuru, alargando la mano para tocarlo.

Natsuki sintió un escalofrío al notar sus dedos en el vientre, pero intentó disimular.

—Me gusta —murmuró. Su cabello era largo y de un azul oscuro, resultaba tan atrayente el querer tocarlo.

Shizuru soltó un suspiro.

—¡Genial!

—Pasa algo? – comento Natsuki despistada.

—No, nada. —dijo shizuru, mientras lavaba unas hojas de lechuga

—Ah, bueno.

—Dices que eres muy observadora, pero estoy casi segura que no lograste identificarme los primeros días ya que llevaba el cabello recogido.

—Tienes razón —contestó ella—. ¿Tú sabes lo guapísima que te verías si usaras cabello corto siempre?

Natsuki se pasó una mano por el pelo en un gesto nervioso.

—Lo llevé corto una vez, cuando estaba infiltrada en un grupo de traficantes de cocaína en Tokyo. Pero no recuerdo eso mejorara mis relaciones…

—No lo puedo creer. Las chicas con el pelo corto se ven muy bien aunque debo aceptar que el cabello largo también te sienta bien —sonrió Shizuru, sacando tomates y queso de la bolsa—. Así que eres policía...

—Lo era.

—Pero eres muy joven, no puedes estar retirada. ¿Cuántos años tienes?, ¿Treinta?

—Treinta y uno.

—Seguro que piensas que yo tengo diecinueve, todo el mundo lo piensa. Pero tengo veintinueve.

—Lo sé. Me lo dijo Reito.

—Ah, claro. Bueno, y si no estás jubilado...

—Prefiero no hablar de eso.

—¿Por qué dejaste de trabajar...?

De repente, Natsuki estaba detrás de ella, muy cerca, sujetando sus manos.

—Si sigues cortando así, te vas a seccionar una arteria. Corta así, despacio, y aparta los dedos.

—Hazlo tú.

—¿Yo?

—¿No eres tan lista? Pues corta tú los tomates —replicó Shizuru—. No serás de esas mujeres que no entran a la cocina, o sí?

—Para tu información, tienes razón no entro en la cocina – comento Natsuki – pero tengo algunas nociones de cocina.

—Lo supuse, no tienes pinta de ser muy hogareña.

—¿Por qué dices eso? Mi madre intento enseñarme a cocinar sin embargo creo que fracaso, al contrario mi hermana Nina estudió en la mejor escuela de cocina de Japón. Abrió un restaurante con mi madre hace un par de años. Es uno de los mejores de kyoto, por cierto. La última vez que las vi, a primeros de diciembre, estaban pensando comprar el local de al lado.

¿Por qué le estaba contando todo aquello?, se preguntó Natsuki.

—¿Tienes pareja? —preguntó Shizuru, sacando dos platos del armario.

—¡Maldita sea! —exclamó ella, soltando el cuchillo.

—¿Te has cortado? Ara, ara … Y tú diciendo que me iba a seccionar una arteria—rió Shizuru—. A ver, dame la mano. ¿Te duele?

—No, no es nada.

Natsuki se chupó la sangre, un gesto que en otra persona le habría repugnado a Shizuru, pero que en Natsuki le resultó... extrañamente sensual.

—Si ésa es tu idea de los primeros auxilios, es una sorpresa que hayas vivido hasta los treinta y un años. Ven, tienes que lavarte la herida.

Shizuru colocó su mano bajo el grifo del agua fría. Estaban muy cerca y sentía el calor de su cuerpo envolviéndola... Curioso que aquella extraña le pareciera tan atractiva.

—Supongo que te di un susto al preguntar si tenías pareja, ¿no? Lo siento, yo siempre suelto las cosas así.

Ella no contestó. En el reflejo de la ventana, podía verla mirándola mientras le secaba la mano con un paño limpio.

—¿Por qué me has preguntado eso?

—Como no llevas anillo, supongo que no lo estás. Pero la gente soltera suele pasar las navidades con su familia y tú has dicho que no has visto a tu madre desde primeros de diciembre.

—¿Y?

—Que me resulta raro. Tokyo no está muy lejos de aquí. ¿Por qué llevas nueves meses sin ver a tu familia?

—¿Esto es un interrogatorio oficial? ¿Debería llamar a mi abogado?

Shizuru soltó una carcajada.

—No, qué va, es que yo soy así. Siento curiosidad por la gente... pero no soy una cotilla.

—¿No te dedicas precisamente a cotillear sobre los demás?

Ella lo miró, un poco sorprendida.

—No te gusta mi trabajo.

—Sí, bueno, no es asunto mío lo que hace cada uno para ganarse la vida.

—Pero no te gusta.

—Da igual lo que yo piense —contestó Natsuki—. No me han contratado para que te juzgue, sino para que haga de guardaespaldas.

—Para espiarme, querrás decir.

—Sí, bueno, está claro que ya no voy a poder hacerlo.

—¿Sabes lo que pienso? —preguntó Shizuru entonces.

—Probablemente no.

—Era una pregunta retórica. Voy a decírtelo de todas formas.

—Ya me lo imaginaba.

—Yo creo que querías que me fijase en ti. Que has sido descuidada deliberadamente.

—Eso es una tontería.

—Inconscientemente, claro. No sabías que querías que te viera, pero eso era lo que querías —sonrió Shizuru, llevando los platos al salón.

—¿Y por qué iba a querer eso? —preguntó Natsuki, siguiéndola.

—Pues... yo creo que no te gustaba espiarme.

—Ah, ya, psicología de bolsillo —sonrió ella.

—No, observación perceptiva de la naturaleza humana —replicó Shizuru, volviendo a entrar en la cocina—. Espiar a la gente no es lo tuyo, ¿verdad?

—Pues no, no lo es —contestó Natsuki, siguiéndola de nuevo.

—Pero Reito te advirtió que yo montaría un número si me ponía un guardaespaldas.

—Algo así.

—Le dije que no quería un guardaespaldas, pero ya sabía yo que insistiría —suspiró Shizuru entonces—. Qué pesado es... Pero esto se acabó.

—Oye, Reito está preocupado por ti. Por eso contrataron mis servicios.

—Lo sé, pero estoy cansada de que me trate como a una niña. Y no voy a permitirlo.

—Mientras Reito me pague para protegerte eso es exactamente lo que voy a hacer —dijo Natsuki—. Te guste o no.

—¿Ah, sí? —Shizuru se secó las manos con un paño, levantó el auricular del teléfono y marcó un número—. Ara ara pues parece que voy a tener que cortar el problema de raíz.

Continuara...


Muchas gracias a todas las personas que se han tomado el tiempo de leer la historia y en especial a aquellas que han dejado sus comentarios. Espero no demorar tanto en la actualización.