-Mikasa, Faye puede ver la televisión por una hora. Ni un minuto más ni uno menos. Después de eso debe dormir. Estaré de vuelta a las nueve; pero si algo pasa y no estoy aquí a esa hora, le dices a mi conductor que te lleve a casa, de acuerdo?
Carla hablaba mientras tomaba las llaves de su auto y se ponía un cardigan. Mikasa asintió presurosa, observando los movimientos de la madre de la niňa.
-Pero... yo traje mi motocicleta, seňora Jaeger...
-Nada de eso. No andarás en esa cosa tan tarde por allí. Es más seguro un coche, estamos? Sé que es tu primer día y no debo regaňarte, pero soy madre, y sé que a la tuya no le gustaría saber que te dejo andar en una motocicleta a esas alturas de la noche.
Mikasa abrió la boca para objetar y decir que su madre ya no estaba con ella, pero no venía al caso. Carla se veía afanada por salir, y sus palabras parecían ser las últimas, a lo que la chica volvió a asentir. Antes de que la mujer saliera, la puerta principal se abrió, y una presencia no muy agradable para Mikasa entró por ella, haciendo que su aliento se atrapara en su garganta.
-Hola, mamá. Ya te vas? Pensé que...
-Ah, Eren. Qué milagro te trajo tan temprano a tu hogar? - dijo Carla, cerrándose la gabardina. Su iba a decir algo, pero ella lo interrumpió. - Bueno, no importa. Mira, te presento a Mikasa, la niňera de tu hermana.
Cuando Eren giró sus ojos hacia la chica, ella ya lo miraba con aspaviento, sin poder creer lo que había oído.
Dios no. No él...
Su nariz aún estaba vendada. Y su indomable pelo castaňo, igual que el de su madre y hermana, le caía sobre la frente, bastante despeinado.
Los dos quedaron en silencio por unos instantes.
-Se conocen? - preguntó Carla, juzgando por la tensión que se había establecido sobre ellos. Eren tartamudeó un poco antes de decir palabra. Mikasa no podía salir aún de su sorpresa y decepción.
-No, no, no. Creí que la había visto de otro lugar, pero no. Son ideas mías. Aunque... Mamá, estás segura de que la escogiste bien? Porque da la impresión de tener la mano pesada.
-Eren! No seas descortés! - le regaňó su madre con el ceňo fruncido. Mikasa quería matarlo, o al menos lanzarle cualquier cosa que tuviera a la mano. Pero eso no habría sido apropiado. - Perdónalo, Mikasa. Tengo un hijo bastante imprudente. - se disculpó la mujer, ladeando la cabeza. - Hace unos días llegó aquí con la nariz rota, así que no te extraňes si lo ves a menudo metido en problemas. Bien, me voy. Mikasa, si Eren te molesta, no le hagas caso. Acabará aburriéndose de todos modos. Y tú, Eren, compórtate; ya no tienes cinco aňos. Creo que tu hermana es más civilizada que tú. Adiós. Nos vemos en la noche.
Carla salió rápidamente, después de darle una palmadita a su hijo en la mejilla como despedida. La puerta se cerró, y Eren adoptó una expresión de altivez y fanfarronería, mientras que Mikasa hubiese podido matarlo con los ojos, de haber tenido ese poder.
-No puedo creerlo. - comenzó el muchacho, cruzándose de brazos. La chica apretó los puňos y él lo noto; pero si planeaba golpearlo de nuevo, estaba muy equivocada. - Mira que el mundo es un paňuelo...
-Sí, y lleno de mocos como tú. Iré a pedir mi renuncia ahora mismo.
-No vas a... Oye! - le gritó. Pero antes de que él pudiera reaccionar, Mikasa había salido al porche, corriendo detrás de Carla, antes de que ella entrara en su automóvil.
-Seňora Jaeger! - la llamó, haciendo que se detuviera. Carla dejó la puerta del coche entreabierta para escucharla.
-Pasa algo, Mikasa?
-Sí. Vine a pedirle...
-Que le dijeras dónde está el baňo, mamá. Eso es todo. Pero es tonta, no quiso preguntarme a mí. Puedes irte ya. - la intervención repentina de Eren había dejado a Mikasa casi boquiabierta. No esperaba eso, y menos que él la hubiera seguido hasta allí. Carla pareció burlarse.
-Has olvidado dónde está el baňo del primer piso, Mikasa? Eren puede ayudarte con eso. Yo ya tengo que irme. Y si tienes que cuidarlo a él también, no lo dudes. Eso será un pago extra, porque este muchacho puede ser a veces un dolor de cabeza. - Carla entró en el coche mientras hablaba, y luego bajó el vidrio de la ventana, mirando a su hijo mayor. - Pórtate bien, Eren. No hagas que la chica salga huyendo como tu última niňera.
Y sin decir más, la madre echó a andar su vehículo. Mikasa no supo qué decir ni qué hacer. Diablos, esta situación era incómoda. Cómo podría lidiar con esto? El chico a quien había golpeado era el hijo de la mujer que le había dado el empleo que buscaba, y ahora todo se podía ir a la mierda en un segundo si él lo deseaba.
Sin pronunciar palabra, Mikasa se dió la vuelta, cruzó el porche y entró en el recibidor, lista para buscar sus cosas y marcharse. Ya le daría una excusa a la seňora Jaeger de por qué se había marchado así, sin ninguna explicación.
Los pasos de Eren iban tras ella, pero no se detuvo para mirarlo hasta que él habló.
-Creo que tienes miedo. Miedo porque me golpeaste y ahora estás en mi territorio. Eso no lo viste venir.
Las palabras de Eren la hicieron apretar los puňos de nuevo.
-Podría romperte las gónadas aquí y ahora, y eso no sería suficiente para hacerte saber lo mucho que me molestas. No pienso convivir ni un segundo más en el mismo lugar con alguien como tú.
-Vaya. Eres muy cínica, Mikasa. Fuiste tú quien me golpeó y ahora eres tú quien se ofende. - la voz de Eren sonaba más irritante que antes.
-Creo que quieres probar mi puňo de nuevo.
-Piensas que no puedo responderte? - preguntó Eren, acercándose a ella, medio desafiante, medio burlón. Mikasa no tardó en desafiarlo también.
-No creo que salgas bien librado...
-Oye, tengo hambre. Puedes prepararme algo de comer? - La voz de Faye en medio de las escaleras hizo que su hermano y su niňera se alejaran, bajando la guardia. La niňa los miró a ambos, algo perpleja. - Estaban peleando? Eren, le diré a mamá que quieres hacer que se vaya de nuevo la niňera, y te irá mal, muy mal.
-Tú no te metas en esto. - gruňó el chico. Ahora sí se veía molesto ante la intervención de su hermana menor. Mikasa caminó hacia la niňa con un ademán protector.
-Se lo diré. - amenazó Faye de nuevo, mientras que su niňera intentaba hacerla subir de nuevo para ir a su habitación. Eren no dijo nada más, sino que subió rápidamente las escaleras izquierdas para luego regresar con el peluche favorito de Faye en las manos.
-Si lo haces, lo romperé en dos. - advirtió, estirando los brazos del muňeco. La niňa gritó angustiada, mientras Mikasa observaba la escena con incredulidad. Vaya, Levi era gruňón, bastante estricto, pero jamás se había comportado así con ella.
Tal vez porque sólo se tenían el uno al otro después de lo que había sucedido con sus padres, pero Levi jamás habría hecho algo como eso.
-Eres estúpido? Es una niňa! - gritó indignada. - Mierda, me largo de aquí. - exclamó fastidiada en un impulso de ira. Iba a bajar las escaleras, pero Faye sujetó su mano antes de que se alejara.
-No! Él sólo quiere fastidiarte. No te vayas, Mikasa...
-No, no te vayas, Mikasa. No huyas de mí... - dijo Eren para provocarla, haciendo que Mikasa rodara los ojos y resoplara.
-En verdad eres tan inmaduro? Dios, no puedo creerlo. Vamos, Faye. - le dijo a la niňa, ahora bajando las escaleras para llevarla a la cocina. Eren soltó una risotada irritante.
-Creí que ibas a renunciar, Mikasa! - gritó desde arriba. Faye miraba insistentemente el peluche que su hermano mayor tenía en las manos aún, pero que parecía haber olvidado la razón por la que lo había sacado de su lugar.
-No estoy aquí por un cretino como tú. - respondió, pensándolo mejor. No iba a perder su empleo por un idiota como él. Estaba dispuesta a golpearlo de nuevo si tenía que hacerlo. Entonces se dirigió a la niňa junto a ella, inclinándose hacia ella tras haberse alejado de las escaleras. - Faye, este será nuestro secreto, de acuerdo? Olvidemos que esto pasó, y no diremos nada sobre tu hermano...
-Pe-Pero... él siempre arruina todo! Si no le digo a mamá...
-Si le dices a tu mamá, tendré que irme, no podré cuidarte más. Así que... digamos que guardaremos el secreto como amigas, de acuerdo?
Faye asintió rápidamente. Mikasa la llevó a la cocina para buscarle al fín algo de comer.
Ninguna de las dos se dió cuenta de la presencia de Eren allí hasta que él habló.
-Apuesto a que no durarás mucho. - dijo con antipatía, con la espalda apoyada en la puerta de la cocina. El ojo izquierdo de Mikasa se crispó a causa de su ira, y se volvió hacia él.
-Apuesto a que no será tu nariz la única cosa que romperé.
Faye los miró a ambos sin entender una sola cosa. Eren se echó a reír de nuevo, con la misma altivez y una carcajada odiosa.
-Vale. Te doy un mes. Si ganas, me golpearás tanto como quieras; pero si yo gano, no sólo te irás de aquí, sino que tendrás que darme tu pago de los días que cuidaste a Faye.
Eren era en verdad un cretino.
Pero Mikasa asintió sin vacilar, aunque en el fondo no quería aceptar la oferta. Ella también tenía su orgullo, e iba a demostrarle a él que era el mayor imbécil que existía sobre la tierra.
Con Faye de la mano, Mikasa salió de la cocina, no sin antes lanzarle otra mirada fulminante a Eren.
-Un mes será suficiente para que te hagas a la idea de que recibirás una buena golpiza.
La suerte estaba echada. Y ninguno de los dos tenía intenciones de ceder.
Mikasa no podía esperar a que acabara el día para contarle a Sasha en qué lío se había metido.
