Disclaimer: todo lo q reconoscan pertenece a J.K. Rowling
3. Consecuencia
Se encontraban en las mazmorras, fuera el sol de marzo hacía brillar las tranquilas aguas del lago y una brisa refrescante mecía los árboles del bosque prohibido. Dentro, los vapores de la poción que preparaban inundaban la oscura habitación, iluminada por unas cuantas antorchas. Entonces Elizabeth comenzó a sentirse mareada, seguramente la humedad y el encierro de la habitación la estaba afectando, pensó. Luego de pedirle permiso al profesor Slughorn, salió al corredor para tomar algo de aire, pero cuando se disponía a entrar unas ganas de vomitar fuertísimas amenazaron con hacerle devolver el cereal del desayuno ahí mismo, así que se vió obligada a correr a los lavabos más cercanos.
Mientras se limpiaba la boca con el dorso de la mano, miro su reflejo en el espejo que estaba frente a los lavamanos, se dio cuenta de que estaba realmente pálida y su pelo castaño claro no brillaba como solía hacerlo, también se percató de lo mucho que se había descuidado, principalmente por la presión de los exámenes que estaban cada vez mas cerca. Abandonó los lavabos en dirección al Gran Salón prometiéndose dedicarse un poco más a sí misma.
Una semana después de eso, en una clase de Encantamientos, mientras, a petición del profesor, demostraba como debía realizarse correctamente un encantamiento permutador, se sintió desfallecer: sus rodillas se doblaron y cayó al suelo ante las asustadas miradas de Flitwick y sus compañeros. Lo siguiente que supo fue que estaba recostada en una cama de la enfermería, sentía el cuerpo muy pesado. Cuando abrió los ojos lo primero que vio fue el rostro aliviado de Harry al darse cuenta de que se encontraba bien. También estaban ahí Madame Pomfrey, la enfermera de Hogwarts y su mejor amigo Terry.
-¿Qué sucedió? –preguntó Elizabeth intentando incorporarse
-Sólo te desmayaste, querida, toma te hará sentir mejor –explicó la enfermera alcanzándole una poción que humeaba ligeramente.
-Sí, delante de todos. Nos asustamos mucho, no reaccionabas con nada –agregó Terry.
-Sólo fue un desmayo, lo más probable es que se debiera a la fatiga y al estrés al que están expuestos. Es la tercera vez en esta semana que pasa algo parecido... ¿cuántas veces les he dicho que deben darles un respiro? –y se alejó sin dejar de quejarse.
Elizabeth salió esa misma tarde de la enfermería, la poción la hizo sentir realmente mejor e incluso le abrió el apetito. Luego de cenar, Harry la acompaño hasta su torre. Su relación iba bastante bien, había evolucionado a una nueva etapa, ambos sentían que cada vez estaban más unidos y que serían capaces de sobrellevar todo, pero ese sentimiento no se extendería por mucho tiempo.
Por el resto de la semana procuró alimentarse bien y descansar, intentó no exigirse demasiado tomándose su tiempo para hacer las cosas para no tener que volver a desmayarse, pero volvió a suceder, y en plena clase de Aritmáncia. Fue llevada, por segunda vez en menos de siete días, a la enfermería por su mejor amigo ante la incrédula mirada de Madame Pomfrey.
-¿De nuevo? –dijo en tono de reproche- ¿Qué pasó esta vez?
-No lo sé, sólo se desplomó en su silla, ni siquiera parecía que se sentía mal- dijo el chico un tanto asustado.
Lentamente Elizabeth se fue reincorporando.
-¿No le dije que se alimentara bien y no se extralimitara?- la reprendió la enfermera con una severa mirada.
-Pero si hoy desayuné y almorcé bien y esta semana sólo hemos tenido que hacer un ensayo –dijo la chica a la defensiva.
-Bueno... quizás se trate de otra cosa –dijo la mujer pensativa llevándose una mano a la barbilla - espere un momento.
Y se dirigió a su despacho, saco una botella de cristal alargada, le quitó la tapa y vertió el líquido azul que contenía en un recipiente.
-Bebe esto –le indicó acercándole la poción.
-¿Qué es? –preguntó la chica mirando de reojo la infusión de aspecto viscoso.
-Es una poción Reveladora, nos dará un indicio de que es lo que le ocurre a tu cuerpo. Según el color que adquieran tus uñas sabremos que es lo que tienes –le dijo indicándole que bebiera con un movimiento de cabeza- hará efecto en unas doce horas así que deberás volver mañana a primera hora, y si se trata de algo serio podremos iniciar el tratamiento pertinente.
-Claro –dijo Elizabeth con voz queda entregándole el recipiente vacío y levantándose para salir de la habitación.
Cuando recorrían lentamente el pasillo para ir a cenar se encontraron con Harry que corría apresuradamente en dirección contraria a ellos.
-¿Qué pasó? ¿Te encuentras bien? Hermione me dijo que... –la interrogó casi sin aliento.
-Cálmate, no es nada, ya me siento mejor –lo tranquilizó tomándole una mano y besándolo dulcemente en la boca- mejor acompáñanos a cenar.
Al otro día se levantó más temprano de lo normal, ya que luego de ir a la enfermería debía quedarle tiempo para desayunar y luego ir a clases. Se dio cuenta de que la base de sus uñas había adquirido un intenso color rojo, preguntándose que significaría esto y esperando que no se tratara de nada grave, se encaminó por el pasadizo del tercer piso.
Entró a la iluminada habitación dónde Madame Pomfrey acababa de abrir las cortinas dando suaves toques a la puerta advirtió de su presencia.
-Pasa, pasa, toma asiento –le indicó señalándole una silla- acércate, veamos que...
No terminó la frase, en cuanto tomó la mano de la chica para revisarla y vio sus dedos se quedó de piedra y sin darle mayor explicación salió de la sala gritándole que no se moviera del lugar.
Estaba esperando sola en el cuarto, y mientras lo hacía, su respiración y pulso empezaron a aumentar ¿Qué podría tener para que Madame Pomfrey saliera corriendo de esa manera? Antes de que pudiera responder a esa pregunta, la enfermera entró a la habitación seguida por Minerva McGonagall.
-¿Estas segura Poppy, no se tratará de un error?
-Claro que no, profesora, yo misma preparé la poción -respondió la otra mujer a la defensiva.
-Será mejor que la vea –la profesora McGonagall se le acercó e inspeccionó las manos de la chica.
-¿Qué me ocurre?¿Es grave? –interrogó la joven en un leve chillido al darse cuenta de la expresión en la cara de su subdirectora.
-Será mejor que sea usted quien nos lo diga señorita Spenncer –dijo la profesora en un tono que tambaleaba entre la indignación y la compasión- estás embarazada.
No daba créditos a sus oídos, no... ella era demasiado joven... no podía sucederle esto ahora, ¿Por qué?. Lo único que pudo hacer fue llorar, lloró como nunca había llorado mientras que la jefa de la casa Gryffindor intentaba consolarla dándole pequeñas palmaditas en la espalda.
Cuando al fin pudo controlarse la profesora McGonagall fue la primera en hablar.
-Bien, señorita Spenncer, será mejor que me acompañe a mi despacho –le dijo instándola a que la siguiera- Por favor Poppy, te pido discreción- agregó para la enfermera.
Iba apresuradamente intentando seguir el paso de su profesora, que parecía querer llegar lo más rápido posible a su oficina. Cuando estuvieron ambas en el cuarto cuyas paredes parecían forradas en libros y estuvieron sentadas una frente a la otra separadas por el gran escritorio que se encontraba el medio del despacho, la profesora de Transformaciones la miró seriamente y le dijo:
-Nos enfrentamos a una situación muy delicada Spenncer, usted sabe que es una de las mejores estudiantes de su curso, tengo excelentes referencias acerca de su comportamiento, así que necesito saber ¿qué sucede? ¿por qué decidió arriesgar así su futuro? ¿y... si sabe quien es el padre?
Esta última pregunta la saco, por un momento, de su estado de enajenamiento ¿Qué clase de chica creía que era como para no saber quien era el padre del hijo que esperaba?
-Confía en mi, no pretendo juzgarte –le dijo su maestra en un tono que nunca antes le había oído emplear- pero esta es la primera vez que algo así ocurre o por lo menos se sabe, durante todos los años que he pertenecido a Hogwarts y debemos tomar medidas.
-¿Qué clase de medidas? –preguntó. Su voz se escuchaba bastante débil, como si se encontrara muy lejos de sí misma.
-Bueno, lo primero será avisar al padre –explicó- y por supuesto... lo siguiente será avisar a tus propios padres.
La respuesta hizo que la chica sintiera una punzada de dolor en el pecho, ¿Qué diría Harry? ¿Qué diría su madre cuando se enterara? Jamás la había decepcionado, y esto seguramente sería motivo de una gran decepción.
-Estoy esperando –la apremió la profesora.
-¿Qué? –dijo desconcertada, se había perdido en sus propias preocupaciones.
-¡El nombre señorita, el nombre! –exclamó la mujer con impaciencia.
-Ah... este... Harry... Harry Potter –contestó dirigiendo la vista hacia el suelo.
-Por Dios... justo lo que necesitábamos –dijo la profesora sin poder contenerse- Entonces será mejor que lo llamemos –agregó recuperando la compostura.
Así lo hicieron, Harry Potter fue sacado de su clase de Defensa Contra las Artes Oscuras ante la mirada impaciente del profesor Snape, y camino por el pasillo preguntándose que demonios había hecho esta vez.
Entró a la oficina de la subdirectora, para su sorpresa Elizabeth también se encontraba allí, por lo menos eso explicaba por que no se encontraba en la sala de clases. Sin emitir comentario, se sentó, un poco nervioso al lado de su novia, notando en las mejillas de la chica gruesos rastros de lágrimas.
-¿Pasa algo malo profesora?
------------------------------------------------------------------------------------------------
Gracias a todos los q han leido hasta aqui... sé q esta historia es dramática y q debe tener mil faltas...pero lo unico q puedo decir en mi defensa q este fue el primer fic q escribí... y aun debo terminarlo X3
Bueno, hasta el próximo capítulo!
