Año Nuevo III

¿Qué estaba haciendo? ¿Qué pensaba? Seguía en la habitación del mayor, no quería abrir los ojos: si lo hacía se vería forzado a abandonar el lado de su compañero exorcista el cual dormía, sentía como si mirarle fuese un tabú. Una mano fría se posó en su mejilla, abrió los ojos sorprendido, Kanda le observaba con una ligera sonrisa.

-¿Cuánto tiempo piensas estar aquí?

Se levantó de la cama de un salto, hacía un frío aterrador como era de esperarse. Esa habitación estaba casi vacía, si no fuese por ese vitral fragmentado diría que es casi como un calabozo. Tras él ese hombre seguía acostado y le miraba fijamente.

-¿Qué tanto miras Bakanda?

-Tu trasero- comenzó a reír tranquilamente.

Un fuerte sonrojo tiñó su rostro, rápidamente se retiró de esa habitación azotando la puerta. La vi estaba ahí, al pie de la puerta de la habitación del más temido exorcista.

-Moyashi, ¿qué haces a las cuatro de la mañana saliendo del cuarto de Yu-chan?

-¡¿Eh?! Ah – a-uh-eh n-nada yo-yo s-sólo – su voz descendió hasta cesar.

-¡Ya sé lo que has hecho! Le pintaste bigotes ¿verdad?- El albino asintió nervioso – quiero ver quiero ver.

-¡N-no! Es que está a punto de despertarse y arruinarás la sorpresa. De todos modos ¿Qué haces aquí? –Allen le interrogó con la mirada.

-Pues, pues, nada. Yo iba al cuarto de… ¡baño! Yo iba al baño.

Lavi salió disparado a la planta de arriba, algo sospechoso pasaba aunque él mismo le había inventado una excusa absurda para salvar su trasero (y el de Kanda). Claro que era sospechoso salir de su habitación por la madrugada.
Las palabras de Kanda resonaron en su cabeza ''sabes que no te amo ¿verdad?''. Eran las palabras más crueles que le hubiesen dedicado, había sido usado entonces. Lo único que le llenaba se había convertido en basura. '' ¿Por qué no lo dejas?'' pensó. Él sabía la respuesta: porque necesitaba más de él, todo lo que pudiese tener lo aprovecharía.
La puerta tras de él se abrió abruptamente.

-Moyashi ¿sigues aquí? – le miró un inexpresivo Kanda.

-S-sólo quería…bueno, es que…quiero continuar, haré que me ames.- soltó el menor – digo, eh lo siento, olvida lo que dije.

Kanda sonrió sensualmente – muy bien, inténtalo, no me resistiré- Allen abrió los ojos en asombro, sus labios recibieron una cálida y familiar sensación, un beso por parte del mayor. Enseguida el ojiazul se retiró para su entrenamiento matutino. ¿Qué diablos estaba pasando? Tenía millones de razones por las cuales no debía hacer esto. Primero: era pecado, penalizado con la muerte según lo impuesto por la iglesia. Segundo: saldría perdiendo.

-¡Argh! Es muy temprano para tener que salir a una misión – bostezó el joven Bookman.

-No hablas en serio, llevas despierto desde antes de las cuatro- Allen se quejó.

Ambos se encaminaban a la hermosa ciudad de Lleida* a recuperar la inocencia, una misión simple. Se reunirían con Lenalee y Bookman al llegar a Portugal. Caminaban por zonas boscosas, el suelo de grava dejaba las botas de los exorcistas casi blancas, un día templado con cielo despejado iluminando sus cabelleras. Bastante apetecía una carne asada y tal vez un poco de agua de limón. Por fin llegaron a la estación d trenes, se veía bastante aislado. Pero el silencio era digno de disfrutar.

-Allen, ¿qué te traes con Yu-chan?- murmuró Lavi.

-¿A qué te refieres? Con ese bastardo no me traigo nada- oscureció su mirada.

Lavi susurró a la oreja de Allen tal cosa que su compañero palideció. Timcanpy salió de entre las ropas del chico, para hacerle reaccionar mordió una de sus mejillas. Lavi sonreía macabramente y reía por lo bajo. El tren llegó provocando un ruido que brinda escalofríos al cuerpo. Ambos se encaminaron a sus asientos, Allen observó el tren: viejo, roto, frío, verdoso y café.

-No es lo que piensas, ¡solamente lo hicimos una vez!- aseguró el peliblanco

-¡Mi querido niño perdió su virginidad!- gritó dramáticamente el pelirrojo.

Todos los que se encontraban en ese vagón voltearon sus miradas incrédulas hacia el menor. Un solo gorgojo no se escuchó. El rostro del menor enrojeció violentamente y sus ojos comenzaron a humedecerse. -¡¿Podrías callarte?!- gritó enfurecido.

Segundos más tarde una violenta persecución entre ambos exorcistas daba lugar. Fueron botados del vagón en la estación más cercana.

-Bien, ahora tendremos que caminar a la siguiente estación o esperar dos horas al siguiente tren – comentó Lavi.

Ambos nuevamente emprendieron su camino a la siguiente estación.

-Nii-san, si no haces algo, lo comunicaré directamente a los comandante – tras el teléfono una joven y hermosa mujer amenazaba a su hermano mayor.

-Hablaré con ellos en cuanto Allen regrese de su misión- después de un silencio sepulcral la chica colgó.

En lo personal Komui Lee no tenía oposición a las relaciones homosexuales, sabía que nadie salía herido de eso, no dañaba a nadie, pero su deber como supervisor era llamarles la atención a aquellos exorcistas que cometieran actos prohibidos. Su pequeña hermana parecía tomarse muy enserio su deber como elegida por dios. Nada de esto debía llegar a oídos de los comandantes o sufrirían las consecuencias dos de sus mejores exorcistas. Un beso, eso es todo, pudo haber sido accidental, o pudieron haber perdido una apuesta, tal vez las hormonas alborotadas. Dios, tan sólo son niños, no saben lo que hacen.

-Kanda, esta noche quiero comerte…- habló Allen.

El mayor le miraba con una ceja levantada en señal de interrogación, ¿acaso hablaba en serio? El menor se acercó a él, desabrochó los botones de su camisa dejando ver el tatuaje en su pecho, aquel que le permitía regenerarse incluso reponer miembros perdidos.
Desabrochó sus pantalones liberando su miembro, el cual endurecía con rapidez.
Allen lamió la punta trazando círculos, entre su dedo índice y el pulgar subía y bajaba por la cabeza de su miembro, se sentía exquisitamente bien, el ojigris engulló completamente su miembro, aumentaba la velocidad hasta que tocara su garganta repetidas veces. Esa expresión le volvía loco, ojos lagrimosos, mejillas rosadas y sus dulces labios ocupados sobre su erección. Sus caderas no podían evitar moverse para intensificar la sensación, posó sus manos sobre esos cabellos blancos. Pocos segundos después su semilla salió con impulso ensuciando el rostro del menor. –Y esta será mi cena- susurró Allen al tiempo que ingería los residuos de su semen.

Despertó agitado, no era normal en él tener ese tipo de sueños, su cuerpo le pedía a gritos el contacto que hace semanas había tenido con ese brote de judías. Suspiró regresando a los brazos de Morfeo.

-Che.

Bookman escuchaba en silencio las crueles palabras de esa chica proveniente de China, algo le tenía realmente enojada. Por razones como estas se creaban guerras, luchas sin sentido: odio porque sí.
Un claro ejemplo era la joven Lenalee odiando a sus compañeros exorcistas debido a sus actos pecaminosos.
Él no estaba de lado de la iglesia, su aprendiz había hecho cosas de las cuales podría ser colgado, sin embargo, su aprecio por el más joven era mayor a su sentido de ''lealtad''. No había necesidad de entregarle a una organización religiosa culpable de gran hipocresía.

Ambos exorcista esperaban a la llegada de su aprendiz y el destructor del tiempo.

-Joven Lenalee, por favor, cese sus crueles palabras, el señor Allen está por llegar – un buscador interrumpió sus pensamientos.

Lenalee paró sus insultos de inmediato al ver a esos dos chicos plantados frente a ella. Su mirada repulsiva penetraba la mirada del menor del grupo.

-Lenalee, ¿te encuentras bien?- preguntó Allen – te ves cansada.

-Allen- kun, estoy bien- mordió su labio inferior – de aquí nos dirigimos directo al barco.

Durante todo el trayecto sus ojos se dirigían al mar, pensaba en la razón por la cual odiaba tanto esa relación. A ella no le importaba que fuese una relación ''diferente'', Lavi mantuvo una tiempo atrás. La verdadera causa de su enojo era la fuerte atracción que tenía por el samurái. Eran celos que le carcomían por dentro, celos peligrosos.

Al momento de poner un pie sobre la orden, el joven Allen corrió misteriosamente por los pasillos hasta perderse en las sombras de la fría noche. Lavi y Bookman caminaron al despacho de Komui, por último Lenalee lentamente vagó por las habitaciones vacías de la orden.
Tal vez si le decía ahora, si se confesaba a él, si le dijera a Kanda lo que sentía, tal vez, no sería tan tarde, habría una oportunidad de que fuera recíproco. Tomó impulso y corrió por los pasillos hasta encontrarse frente a la habitación del mayor. Respiró profundamente y tocó la puerta suavemente con su puño, nadie contestó y se decidió a abrirla sólo un poco. Sus hermosos ojos púrpuras se inundaron de lágrimas. Esa escena destruyó todas sus esperanzas, ese hombre que tanto admiraba encima de un chico de cabello blancos que resaltaban de entre todo lo demás. Su corazón latía con fuerza, su mente no podía asimilar lo que tenía frente a sus ojos. Cerró la puerta con sigilo, retrocedió unos pasos y con ayuda de su inocencia descendió con rapidez hacia las profundidades de la orden…

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Perdón por la demora, lo que sucede es que tuve un accidente y no hace mucho salí del hospital, pero en ese tiempo me vinieron tantas ideas de qué escribir. No odien a Lenalee, me encanta su personaje pero alguien tenía que hacerlo. Allen está muy Ooc, de hecho todos los personajes están así. Próximo capítulo habrá mucho fluff. Gracias por leerme, a Akira Nala por sus dulces reviews. Gracias gracias!