Sigue sin pertenecerme Brothers Conflict. Seguramente, si me perteneciera, haría que Ema se quedase con Yūsuke (sí, el pelirrojo es mi favorito), pero no es el caso, así que nada. Espero que disfrutéis a tope esta introducción. La historia de verdad comenzará pronto ;).


Prólogo. «Regresa una amiga mía de la infancia.»

El joven Idol japonés había llegado a casa, y se había desplomado en el sofá nada más entrar en el apartamento de Sunrise Residence en el que «vivía» con sus hermanos. Había vuelto de una gran gira mundial, que se le hizo insoportable y que duró todas las vacaciones de verano, y ahora lo único que quería era dormir una buena y larga siesta. Tenía los cambios horarios revueltos en su cabeza, y ya le daba lo mismo que fuera mediodía en Tokio, ya que en Berlín —la última ciudad de su gira y de la que había regresado en avión en clase Business— ni siquiera había amanecido aún. Como era tan famoso, debía tomar vuelos a horas intempestivas para que las fans no lo acosaran, aunque eso sucediese de todas formas.

Una afable y femenina voz llegó a sus oídos, haciéndole abrir los ojos. Ema se dirigía hacia el salón conversando con alguien, al parecer por teléfono, porque ciertas preguntas quedaban sin respuesta en el aire, y ella seguía hablando como si las hubiesen contestado. Fūto sonrió con malicia. No había rastro de sus hermanos en la casa, por lo que podía molestar un poquito a su hermana mayor. Y con «molestar» se refería a tratar de hacerla suya, por supuesto. Aunque seguramente sus intentos serían infructuosos, como siempre.

—Entonces, ¿en serio vas a venir a Tokio? ¿De verdad? —preguntaba incrédula Ema, a punto de saltar de la emoción. La felicidad que empleó en su tono no pasó desapercibida para Fūto, quien no pudo evitar preguntarse con quién narices estaría hablando—. ¡Yûki, no sabes lo feliz que me haces con eso!

«¿Yûki? —repitió en su mente el cantante, desconcertado—. Pero ese es un nombre de hombre…» No pudo evitar que una leve amargura apareciese en el centro de su pecho. ¿Qué chico haría tan feliz a Ema con su sola presencia? Seguramente sólo un amigo no. ¿Eso quería decir que todos los hermanos Asahina habían estado haciendo el tonto con ella, que su corazón ya tenía dueño?

Nah, se negaba a creerlo. Nadie estaba a la altura del gran Fūto. Fuera quien fuese ese individuo, no podría vencerle en la batalla por el amor de Ema. Aunque le sorprendió la familiaridad con la que lo trataba. ¿Nada de «Yûki-kun», «Yûki-san» o «Yûki-chan»? Eso era sospechoso. Ema no trataba a nadie de una manera tan coloquial, excepto a esa especie de rata que casi siempre estaba en su hombro y que siempre les bufaba a los hermanos Asahina, salvo a Louis.

—Entonces nos veremos dentro de un par de semanas, ¡estoy impaciente! Por cierto, por lo que me cuentas, estarás en el curso de mi hermano pequeño —Se quedó callada un momento. Fūto notó que estaba escuchando lo que ese tal Yûki decía al otro lado de la línea—. Eh, sí, se me olvidó contártelo... Mi padre se casó y ahora tengo trece hermanos —Incluso el cantante oyó un grito procedente del teléfono, aunque no pudo distinguir qué era lo que exclamaba. Pero la voz que llegó a sus oídos era mucho más aguda de lo que se esperaba—. ¡¿Q-qué?! ¡No, Yûki, p-por supuesto que no! ¿Cómo se te ocurre pensar esas cosas? ¡El yaoi te hace mal!

«Yaoi»… ¿De qué le sonaba eso a Fūto? Le parecía que era un género de manga y anime. Creía haber escuchado a Azusa y Tsubaki hablar sobre ello, quizás sobre algún guión que iban a interpretar. Pero, ¿por qué se alteraba tanto Ema?

—Bueno, puede que lo que hayas insinuado no fuera yaoi…, pero, aun así, ese género ha vuelto tu mente muy malpensada y obscena... Oh, cierto, ya eras así antes de que te fueras a Europa, tienes razón —Ema rio. El cantante se incorporó de golpe, olvidando sus intenciones de hacerse el dormido para que su hermanastra se acercarse a él. Lo que había dicho ella lo había desconcertado demasiado—. Pero, de todas formas…, en lo que mencionaste antes… emm… sí que te has equivocado. ¡Yûki, no te rías, no me ha vacilado la voz!

Ema empezó a bajar las escaleras hacia el salón. Sus mejillas ardían, o así lo mostraba el intenso rojo que las coloreaba. Fūto no pudo evitar pensar que así estaba tremendamente adorable; cuando Ema se abochornaba le era más difícil hacer uso de su autocontrol. Aunque normalmente no se recataba: era la aparición de alguno de sus hermanos lo que los interrumpía. La castaña llegó a la sala de estar con el ceño levemente fruncido y sin reparar en el cantante. Se despidió precipitadamente de Yûki y colgó el teléfono, murmurando cosas ininteligibles. Luego alzó la mirada y se encontró con el Idol, al que sonrió en seguida:

—Buenos días, Fūto-kun. ¿Cuándo llegaste de la gira?

—Hace un rato. Aunque me parece más interesante saber con quién hablabas, Nee-chan —Se puso en pie y caminó hacia su hermanastra, con los ojos ligeramente entornados y una leve sonrisa; como solía dirigirse a Ema cuando estaban a solas o quería algo de ella—. ¿Me lo dirás, Nee-chan?

—F-Fūto-kun… —murmuró ella cuando el cantante estuvo a una cercanía peligrosa. Sacudió la cabeza y respondió finalmente—: Es una amiga mía de la infancia. Va a regresar a Tokio desde España e ingresará en el instituto Hinode este curso.

—¿Ah? —«¡Amiga! ¡Chica!», pensó satisfecho Fūto—. Pues tiene nombre de chico.

—Es que ella quiere que la digan así porque le gusta el significado de «Yûki», y le importa poco que sea masculino —explicó sonriente la castaña—. En realidad se llama Yumiko.

Fūto se encogió de hombros, dio media vuelta y se dirigió con las manos entrelazadas en la nuca hacia el sofá, alegando que esa era más información de la que había pedido. Podría haber besado a Ema, ya que estaban solos, pero el sueño aún no se había disipado ni un poquito. Se volvió a tumbar en el sofá, pero antes de quedarse dormido, oyó que Ema decía algo más:

—Por cierto, Fūto-kun, Yûki va a estar en tu curso. A ella también le gusta la música. Aunque… humm… No sé si tu género sea el que más le guste —añadió, dubitativa—. ¡Pero aun así espero que os llevéis bien!

Instantes después, oyó cómo la castaña se introducía en la cocina, seguramente para hacer la comida. Y Fūto se quedó dormido, dándole poca importancia a lo que su hermanastra le había dicho por último.