***Todos los personajes de Resident Evil son propiedad de Capcom, esta historia fue escrita con fines de entretenimiento***

CAP.3 Confía en mí.

Piers parpadeó y sonrió al ver que toda su habitación era iluminada por el sol del nuevo día que comenzaba, se sentó en la cama y se pasó las manos por el rostro, todo era tan irreal para él, pensó que pasaría toda su vida en aquel horrible hospital, se levantó, abrió una ventana y se llenó con la brisa fresca de la mañana, de pronto escuchó que tocaban la puerta, se acercó y se encontró con Helena vestida con un pantalón de pijama de franela y una camiseta sin mangas, estaba descalza y aún tenía el cabello revuelto, no era la imagen viva de la sensualidad, en realidad estaba hecha un lío sin embargo la forma en la que aquella camiseta se pegaba a las curvas de sus senos hizo que Piers contuviera el aliento.

- Buenos días.- dijo Helena frotándose los ojos -¿Cómo te sientes?.

- Mejor, ¿Dormiste bien?.

- Cómo nunca.- dijo Helena haciendo un esfuerzo por sonreír y es que apenas pudo pegar el ojo en toda la noche después de la llamada de Leon.

- Si tú lo dices.- dijo Piers- Aunque tus ojos dicen lo contrario.

- ¿Por qué dices eso?.- dijo ella sorprendida.

- Mírate en un espejo y verás.- dijo él esbozando media sonrisa- ¿Ocurre algo?.

Helena tenía que reconocer que el hombre era muy observador, se pasó la mano por el pelo y dijo.

- Voy a preparar el desayuno, ¿Cómo te gustan los huevos?.-preguntó Helena intentando cambiar de tema.

- Revueltos, está bien.

- De acuerdo.- Helena se dio la vuelta y caminó hacia la cocina.

Piers estuvo a punto de preguntarle porque lloraba la noche anterior, la vio desde la ventana de la sala apoyada en el barandal del porche mirando el cielo mientras las lágrimas caían por sus mejillas, a pesar de no conocerla lo suficiente sintió el deseo de salir y consolarla sin embargo se quedó de pie observándola hasta que ella se volvió hacia donde él estaba casi pillándolo por sorpresa, ¿Qué era lo que tanto la atormentaba? pensó Piers, quizá extrañaba a su familia, después de todo estaban solos en un pueblo perdido en medio de la nada, al menos tenía a alguien esperando por ella, se dijo con tristeza, él deseaba en el fondo tener una familia, lo único que sabía era que tenía una hermana llamada Laura y ni siquiera estaba seguro de que fuera real, se sintió impotente de no poder recordar más y también culpable de que Helena tuviera que dejar todo para cuidar de él, a pesar de ya no vivía dentro de ese hospital se sentía un preso de su propia enfermedad, de pronto una punzada de dolor le recordó que no había tomado aún su medicación, entró de nuevo a la habitación y buscó las píldoras que según el médico le ayudarían a recuperar sus recuerdos.

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- Eres un desastre Helena.- dijo ella mirándose en el espejo del baño.

Había pasado una mala noche y todo por la llamada que recibió de Leon, por más que intentó dormir fue imposible, la imagen de él y Ada juntos en un hotel de mala muerte en Moscú fue suficiente para robarle el sueño, sacó su estuche de maquillaje y se aplicó un poco de corrector bajo los ojos intentando disimular las ojeras que comenzaban apenas a notársele, en realidad no se veía tan cansada considerando su rostro hace unos meses después de la muerte de su hermana, se delineó un poco los ojos, se puso brillo labial en los labios, cepilló su cabello y lo ató con una liga, se sintió avergonzada de que Piers se diera cuenta de que estaba mintiendo, cuando le preguntó que le ocurría pudo ver un brillo de compasión en sus ojos que no le gustó en lo absoluto, si algo odiaba Helena era que sintieran lástima por ella y sobre todo que se metieran en su vida privada, después de verse por última vez en el espejo, sonrió satisfecha y salió del baño.

En la cocina Piers miraba la televisión mientras esperaba a Helena, se sentía ligeramente mareado y no podía concentrarse en el programa que ese momento estaba viendo, sabía que era por el efecto de los medicamentos, cuando llegaron a Gold River había olvidado tomar sus píldoras por lo que se sentía más energía y estaba más atento de lo que sucedía a su alrededor.

Helena sirvió el desayuno y mientras comían notó que Piers estaba distraído, por ratos solo jugaba con la comida en el plato y tenía la mirada pérdida, el hombre que estaba frente a ella era muy distinto al que hace vio hace un momento en su habitación, bebió un sorbo a su jugo de naranja entonces él dijo.

- ¿Cómo fue que te hiciste agente del gobierno?

- Al principio trabajé como policía, después me reclutaron en la CIA, pero comencé a tener problemas con mis compañeros y mis superiores.- Helena tomó un bocado de su desayuno.

- ¿Problemas?.- dijo Piers sorprendido- ¿Desobedeciste a alguien?.

- Desobedecí a todos.- ella esbozó una sonrisa maliciosa- No se me da muy bien seguir las reglas.

- No pareces muy conflictiva.

- Lo que sucede es que apenas me conoces, deja que pasen los días y quizá te arrepientas de aceptar el trato que te ofrecí.- dijo Helena con tristeza- La gente siempre termina alejándose de mí, así que no creo que seas la excepción.

Piers notó la tristeza en su mirada, en un gesto por reconfortarla tomó su mano y le dedicó una sonrisa.

- Tal vez las personas no te entienden, te ofreciste a ayudarme sin siquiera conocerme por eso no creo que seas tan mala como piensas, sabes desde el momento en que te vi sabía que podía confiar en ti.- Piers apretó su mano- Además a mí tampoco me va eso de seguir las reglas, puedes preguntarle a cualquiera de las enfermeras del hospital.

- Vaya, creí que a los soldados les gustaba recibir órdenes.- dijo ella en tono de burla.

- Quizá no soy un soldado como el resto.- dijo él feliz de ver que ella estaba sonriendo, de pronto sintió un mareo muy fuerte que lo obligó a levantarse de la mesa y a salir rápidamente de la cocina.

Helena corrió tras él pero al llegar vio que Piers había cerrado la puerta del baño, quizá le había caído mal el desayuno pensó, sin embrago no podía evitar sentirse preocupada, esperó hasta que por fin salió, tenía el rostro pálido y caminaba con dificultad, lo llevó a su habitación, una vez ahí lo ayudó a recostarse y lo arropó, entonces ella dijo.

- Trata de descansar un poco, en cuanto despiertes vamos a ver a un médico.- dijo Helena preocupada- No me gusta cómo te ves.

- Tranquila.- dijo Piers esbozando una sonrisa forzada- Es normal.

- ¿Normal?.

- A veces los medicamentos me causan mareos, aunque casi siempre me provocan sueño.

-¿Estás seguro?.- dijo ella- Ayer no estabas así.

- Es porque olvidé tomarlos.

- No importa.-dijo ella en tono firme- Buscaremos a un doctor en este pueblo.

- ¿Siempre eres tan mandona?.

- Es lo que todos dicen- Helena sonrió- No por algo me enviaron a cuidarte.

- Olvidé que solo estás haciendo tu trabajo.- dijo Piers decepcionado.

- ¿Sucede algo?.- preguntó Helena intrigada.

- No, sabes creo que me hará bien dormir un rato.

- De acuerdo.

Helena salió de la habitación pensando en lo que Piers había dicho momentos antes Olvidé que solo estás haciendo tu trabajo, él tenía razón, ella estaba ahí porque le fue asignada esa misión, no obstante estaba preocupada por él, pero no fueron sus palabras lo que la afectaron si no fue la forma en que las dijo, notó cierto tono de decepción en ellas y era algo que no esperaba, durante el desayuno él la había tomado de la mano e intentó hacerla sentir mejor, tal vez solo quería ser su amigo, después de todo no sabía cuánto tiempo iban a vivir en la misma casa, por un momento pensó que Piers se estaba interesando en ella sin embargo desechó esa idea de inmediato.

- Deja de pensar cosas que no son reales, solo estaba siendo amable contigo.- se dijo a sí misma enfadada.

Bajó las escaleras molesta del rumbo que estaban tomando sus pensamientos, tiró los restos del desayuno, encendió la vieja radio y comenzó a fregar los platos preguntándose cómo pudo pensar semejante tontería.

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Unas horas más tarde Piers despertó oyendo el ruido de los niños que jugaban en la acera de enfrente, ya no se sentía mareado y el dolor de cabeza ya había cedido, aunque era común que la medicación lo hiciera sentirse un poco mal, esta vez los efectos habían sido más fuertes, el reloj en la pared marcaba la 1:30 pm, había pasado toda la mañana durmiendo, se volvió hacia el sillón de la habitación y vio que Helena estaba dormida con un libro abierto en el regazo.

Se levantó de la cama y sin hacer ruido se acercó a ella, Helena dormía plácidamente hecha un ovillo en el sillón, de pronto el libro resbaló y Piers lo atrapó antes de que cayera al suelo evitando que Helena despertara, comenzó a ojearlo y sonrió cuando leyó el título.

- Así que después de todo tienes un lado romántico.- dijo Piers en voz baja cuando vio las primeras páginas de Orgullo y Prejuicio

Piers dejó el libro a un lado del sillón y se acercó un poco más a ella, se preguntaba cuanto tiempo llevaba dormida, le quitó un mechón de la frente y lo acomodó detrás de su oreja, de pronto Helena abrió los ojos lentamente y Piers se quedó inmóvil frente a ella con el rostro a centímetros del suyo, se quedaron por así por un momento hasta que Helena dijo.

- ¿Cómo te sientes?.

- Mejor.- dijo Piers con la cara roja de vergüenza y dio un paso atrás- Parece que me quedé dormido toda la mañana, ¿Llevas mucho tiempo aquí?.

- Bajé un momento a limpiar el desorden de la cocina.- Helena estiró los brazos y bostezó- Me quedé aquí por si necesitabas algo.

- Veo que te tomas tu trabajo muy en serio.- dijo Piers irritado.

- ¿Perdón?.- preguntó Helena sorprendida.

- Lo único que te preocupa es que no me suceda nada para no perder tu empleo.

- ¿Acaso crees que me enviaron para ser tu niñera?.- Helena se levantó de golpe molesta- Soy agente y mi trabajo es custodiarte no ser tu enfermera.

- Entonces no entiendo porque te molestas tanto conmigo, ¿Acaso me tienes lástima?.- dijo él.

- Eso nunca.- dijo Helena con voz firme- Jamás vuelvas a decir eso, si cuido de ti es porque aunque no lo creas me agradas.

- No te creo, apenas me conoces.- dijo Piers con sarcasmo.

- Piensa lo que te dé la gana.- Helena avanzó hacia puerta furiosa.

- ¡Espera!.- Piers intentó detenerla pero Helena se paró frente a él.

- Por un momento creí que sería buena idea que fuéramos amigos, no sé cuánto vayamos a estar viviendo en este pueblo y al menos no quería convivir con un extraño todo el tiempo.- dijo Helena decepcionada- Mejor vístete, tenemos que buscar un doctor para que te revise.

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Helena encontró la dirección del Doctor Montoya en la guía telefónica, después de hablar con su asistente, acordaron una cita para ese mismo día en la tarde y entonces se dirigieron a la clínica del pueblo. Durante el camino, Piers permaneció callado y pensativo, había juzgado mal a Helena y tenía razón de sentirse molesta, ella cuidaba de él porque en el fondo quería que fueran amigos, sin embargo pensaba que solo lo hacía por salvar su empleo, quería disculparse y decirle que había sido un tonto en pensar mal de ella, reunió valor y justo cuando iba a hablar Helena dijo.

- Ya llegamos.- dijo ella en tono serio.

- De acuerdo.

Bajaron del viejo jeep frente a la clínica del pueblo, caminaron hasta llegar al consultorio del Doctor Montoya donde su asistente Polly, una mujer mayor de sonrisa amable los hizo pasar.

El Doctor Montoya estaba sentado en su silla de piel escribiendo algunas anotaciones en su vieja máquina de escribir, había una pared llena de diplomas así como una pequeña vitrina, Piers miró con atención a través del cristal los trofeos que había en ella, pero uno en particular llamó su atención, Luis Montoya era un médico militar retirado que sirvió a su país durante veinticinco años, mientras estuvo en el campo de batalla recibió entrenamiento y había logrado convertirse en un excelente tirador, por ello le habían otorgado una medalla en el ejército.

- Tomen asiento.- dijo el médico acomodándose las gafas.

Helena y Piers se sentaron frente al médico.

- ¿Qué los trae por aquí?.

- Se trata de Dan de mi esposo.- Helena tomó a Piers de la mano.

- Ya veo.- el médico les dedicó una sonrisa- Son la pareja que llegó hace apenas unos días.

- Así es.- dijo Piers sorprendido de la manera en que los rumores corrían en el pueblo.

- Verá doctor, mi esposo sufre de amnesia.- dijo Helena preocupada- Su médico en la ciudad le prescribió una medicación, cada vez que la toma lo hace sentirse cansado y con mareos.

- Me permite.- el médico hizo una seña indicándole a Helena que le mostrara los medicamentos.

Helena le entregó los frascos con las píldoras y el médico las vio a detalle, por la mirada de desaprobación que Luis Montoya hizo, ella supo que algo andaba mal.

- ¿Su esposo padece de crisis psicóticas o depresión?.- preguntó el médico.

- No, en realidad es un hombre muy estable.

- Creo que quien recetó estos medicamentos no quiere que su esposo recupere la memoria.

- ¿Qué está diciendo?.- inquirió Piers sorprendido.

- Hijo, cálmate.- dijo el médico intentando tranquilizarlo- Esta medicación es para personas que padecen esquizofrenia, si un paciente sano toma este tipo de medicamentos provoca jaquecas, mareos y letargo por periodos largos de tiempo.

- ¿Quiere decir que no necesita ninguna de estas píldoras?.- Helena cada vez entendía menos lo que sucedía.

- En mi opinión no señora Miller, pero para estar seguros voy a hacerle un chequeo a su esposo ¿Le parece?.

Helena salió de la consulta y esperó en la sala de espera mientras el médico hacía su trabajo, tomó una revista y buscó algún artículo que le ayudara que quitarse el mal humor que sentía, no entendía porque alguien deseaba que Piers no recuperara la memoria, había mucho ruido en el lugar, las conversaciones de las personas que esperaban su turno, el llanto de un bebé en brazos de su madre y el sonido de la televisión encendida, entre todo ese alboroto Helena escuchó a Polly, la asistente hablar en voz baja por teléfono acerca de que los recién llegados estaban con el Doctor Montoya, quizá no había sido buena idea recurrir a este médico pensó, sobre todo si tenía a una empleada tan chismosa.

Piers se asomó por la puerta y le hizo una seña a Helena para que entrara, ella se puso de pie y entró al consultorio no sin antes fulminar con la mirada a esa terrible asistente.

- ¿Cómo encuentra a mi esposo doctor?.- preguntó Helena.

- Físicamente muy bien.

- ¿Y mentalmente?.

- Señora, este chico está más cuerdo que usted y yo juntos.

Helena suspiró aliviada y miró a Piers que no paraba de sonreír.

- Acerca de los sueños que dices tener.- el médico entrelazo las manos sobre su escritorio- Quizá algunos de ellos en realidad se traten de recuerdos, tal vez pueda ayudarte con eso, por lo pronto quiero que lleves un diario y escribas todos los días sobre las visiones que tengas.

- ¿Cree que eso va a ayudarme?.- dijo Piers incrédulo.

-Vamos a ayudarle a tu mente un poco para que sane más rápido.

- ¿Qué va a suceder con la medicación?.- preguntó Helena.

- Solo voy a recetarle algo en caso de que tenga problemas para dormir.

- Muchas gracias doctor.- Piers estrechó la mano del médico de modo efusivo.

- De nada.- el médico sonrió- Te espero la próxima semana y trae el diario contigo.

- Doctor, necesito pedirle un favor si no le importa.- Helena no quería que nadie en el pueblo se enterará de que Piers tenía problemas de memoria.

- Adelante.

- ¿Podría llevar el expediente de mi esposo de manera confidencial?.- dijo Helena en tono serio- Nos estamos adaptando apenas a vivir en este lugar y no quisiera que la gente del pueblo tratara diferente a Dean solo porque tiene problemas de memoria.

- Esta bien, yo mismo tendré en mi poder ese expediente.

- Muchas gracias doctor.- dijo Helena con una sonrisa.

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Helena aparcó el viejo jeep frente a la casa, la visita al médico resultó mejor de lo pensaba, a pesar de que aún seguía sin entender quien querría hacerle daño a Piers, se sentía más tranquila sabiendo que ahora su salud mejoraría sin problema, durante el camino notó que él iba pensativo y callado, ya no estaba molesta por la discusión que habían tenido esa mañana, Piers había pasado por momentos difíciles y era normal que no confiara en ella, ya hablarían en la cena del asunto, bajaron del coche y vio que una pareja joven estaba en el porche de la casa, la mujer sostenía un recipiente y conversaba con el hombre que estaba junto a ella.

- ¿Quiénes son ellos?.- preguntó Piers en voz baja.

- No tengo idea.- dijo Helena sin dejar de mirar a la pareja.

Se acercaron al porche y entonces la mujer dijo.

- Hola, disculpen que hayamos venido sin avisar.- dijo la mujer sonriente- Soy Martha Rose y él es mi esposo Mike.

- Dean Miller.- Piers extendió la mano- Y ella es mi esposa Sarah.

- Mucho gusto, horneé algunas galletas.- Martha le entregó el recipiente a Helena- Espero les gusten.

- Gracias.- dijo Helena.

- Vivimos en la casa de enfrente, vaya por fin conocemos a los dueños de esta propiedad.- dijo Martha con una sonrisa.

- Esta casa llevaba mucho tiempo desocupada.- dijo Mike.

- ¿Les gu|staría pasar?.- dijo Piers en tono amable.

- Claro.- respondió la pareja al unísono.

Helena no confiaba en sus vecinos, aceptó las galletas solo por amabilidad, ya había pensado en una excusa para hacer que se fueran lo antes posible, sin embargo Piers los había invitado a pasar sin consultárselo y eso la molestó, abrió la puerta de mala gana y fue directamente a la cocina a preparar una jarra de café esperando que los Rose no tardaran mucho tiempo en irse.

Los Rose miraban el interior de la casa con curiosidad, Piers pensó que era buena idea hacerlos pasar para no levantar sospechas, creía que era mejor integrarse como miembros de la comunidad y así dejarían de correr rumores sobre ellos, por la cara que puso Helena sabía que de nuevo tendría problemas, se dio cuenta de que ella era una mujer de carácter fuerte y lejos de asustarlo, se sintió un poco más atraído por su compañera.

Helena volvió de la cocina con el café y las galletas que Martha había llevado, se sentaron en la sala de estar y de inmediato los Rose comenzaron a contar historias sobre la gente que vivía en el pueblo, era increíble como ese par de esposos sabían tanto de cada uno de los habitantes del lugar pensó Piers, se volvió hacia Helena que fingía estar interesada en la plática sin embargo a ratos podía ver que estaba aburrida y cansada de sus nuevos vecinos.

La velada transcurrió de manera tranquila, se despidieron de los Rose y estos les dijeron que cualquier cosa que necesitaran no dudaran en llamarlos.

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A la caída de la tarde, Helena se sentó en el sillón del porche con su ordenador en mano, cada vez entendía menos el misterio que envolvía a Piers, los médicos del hospital no estaban ayudándolo a recordar, solamente lo mantenían dormido para que no hiciera preguntas acerca de su pasado, se llevó la mano a la nuca, tenía un dolor en el cuello y todo por quedarse dormida en el sillón, recordó el instante en que despertó y se encontró con Piers mirándola de cerca, lo miró y de nuevo se perdió en el verde grisáceo de sus ojos justo como sucedió la primera vez se encontraron en el bosque, en ese momento lo único que deseaba era pasar sus dedos por su rostro y comprobar si su piel era tan suave como parecía, era una atracción magnética que jamás experimentó con nadie, ni siquiera con Leon, quizá el pasar mucho tiempo con Piers comenzaba a confundirla pensó, tenía que ser objetiva y pensar que estaba en medio de un trabajo, ahora con el tratamiento del Doctor Montoya las probabilidades de que Piers sanara y dejaran Gold River en menos tiempo eran mayores.

Piers salió al porche con dos tazas de chocolate caliente en las manos, quería disculparse con Helena por la discusión que habían tenido esa mañana, la encontró sentada con las piernas arriba en el sillón concentrada frente a la pantalla del ordenador.

- ¿Sucede algo?.- preguntó Helena quitando la vista de la pantalla.

- No, te traje esto.- Piers le entregó una taza.

- Gracias.- Helena sonrió y dio un sorbo a la bebida- Oye sabe muy bien, ¿A qué viene todo esto?.

- Es mi ofrenda de paz.- Piers se sentó junto a ella- Me porté como un idiota contigo en la mañana, no debí decirte todas esas cosas.

- Olvídalo.- Helena dio de nuevo un sorbo a su taza fascinada de las habilidades culinarias de Piers- Es normal que no confíes en mí, después de todo apenas me conoces.

- Es cierto, aún así quiero disculparme.- dijo él apenado.

- Está bien, pero con una condición.- dijo Helena en tono serio.

- ¿Cuál?.- preguntó Piers intrigado.

- Tienes que seguir preparando más de esto.- Helena bebió más de su taza- No sabía que fueras tan buen cocinero.

- Perdí mis recuerdos pero no mis habilidades.-Piers sonrió- Me alegra que te gustara.

Los últimos rayos de sol terminaron de iluminar el cielo de la tarde con su suave luz ámbar para dar paso a la primera estrella de la noche, la fresca brisa movía las copas de los árboles y el canto de los grillos comenzaba a escucharse en los jardines de las casas.

A pesar de ser solo un pequeño pueblo, Gold River parecía tener un encanto único, pensó Piers, todas las personas se conocían entre sí, y no existían secretos entre ellos, por un momento pensó como sería su verdadero hogar, de pronto una profunda tristeza lo invadió, esperaba que el tratamiento diera resultado y pudiera recordar más cosas acerca de él.

- ¿Qué te pasa?.- preguntó Helena.

- Me preguntaba si mi familia vive en un pueblo como este o en una gran ciudad- dijo Piers con tristeza.

- Solo sigue las indicaciones del doctor y verás que pronto los recordarás.

- ¿Y si jamás logro recordar?.

- Vamos a dejar que tu mente sane, en caso de que no puedas recordarlos, te prometo que yo misma te llevaré a tu casa.

- ¿Estás segura?, podrías perder tu trabajo.

- No importa, soy una mujer de palabra y siempre cumplo mis promesas.

- ¿Por qué te molestas tanto en ayudarme?, es decir, apenas nos conocemos.

- Me creerías si te digo que ni yo misma lo sé.- dijo Helena.

- Sabes, estuve pensando lo que dijiste acerca de ser amigos y tienes razón.- dijo él intentando cambiar de tema.

- Te advierto que tengo muy mal carácter.- dijo Helena en tono de broma.

- No va a ser fácil lidiar conmigo te lo aseguro.- Piers sonrío- Entonces ¿Amigos?.

- Si confías en mí, por supuesto que si.

Piers se apoyó en el sillón y pensó en que tenía que dar su mejor esfuerzo para recuperar su vida, ya no vivía en ese frio hospital y además ahora no estaba solo, volteó por un momento y vio que Helena estaba pensativa mirando hacia el cielo, la relación entre ellos no iba a ser fácil sin embargo se sentía afortunado de haberla conocido, cerró los ojos y suspiró tranquilo sabiendo que ahora podía contar con ella.