Pink Scandal
Capítulo III.
Las últimas cuarenta y ocho horas habían sido de locos. Desde el momento que encendió la televisión, dos noches atrás supo que estaba en problemas. Nunca le había importado el que diría la gente. Esta muy acostumbrada a ser criticada por todos. Pero esto era un asunto a otro nivel.
Terminó de maquillarse y abrió el closet. Observó el lado izquierdo, ahí estaba todo su vestuario de noche. Los últimos dos días no había podido trabajar debido al estúpido escándalo. Sabía que había varios reporteros a los alrededores, así que no podría salir tan libremente. Pero necesitaba el dinero. Aunque su madre le había pedido que se mantuviera sin salir mientras pasaba todo eso, Sakura no era de las personas que se limitaba debido a los rumores y escándalos. No por nada le importaba poco lo que dirían las malas lenguas sobre el hecho de que era bailarina en un antro.
Salió de casa en el auto de su madre. Ella aún no regresaba. Sabía que debió acompañarla pero tenía que trabajar. Ya había sido suficiente de estarse escondiendo.
Apenas divisó el "Red Flower" vio un puñado de reporteros en la entrada. Por suerte había una puerta trasera por la que pudo entrar libremente.
—Debería agradecerte, esta noche el lugar está lleno. ¿No tienes ningún problema con los reporteros?—preguntó Jinki, el dueño del lugar. Ella sólo suspiró.
—¿Entre más gente venga es mejor no?
El hombre la conocía perfectamente. Ella era muy terca y el escándalo en que se había metido no la detendría.
—Sólo haz tu mejor esfuerzo allá afuera—la animó y la dejó prepararse.
La pelirosa se miró en el espejo. Esa noche había optado por el mini vestido rosa. La pequeña falda le tapaba lo indispensable, el corsé estaba adornado con pedrería, el conjunto era hermoso y cómodo para bailar, pero parecía mostrar más de lo que debería con ese escote.
Se acomodó la máscara que apenas le cubría los ojos y subió al escenario, las luces se habían apagado y sólo una apuntaba hacía ella. La música comenzó repentinamente. Apenas se escuchó la primera nota, su cuerpo reaccionó y se dejó llevar. Se olvidó de todo mundo y de quienes la observaban. Decenas de flashes se dispararon. Trató de que todo fuera divertido como siempre. Bailar se había convertido como en respirar para ella. Era feliz con ello, a pesar de que se le considerara por muchos una stripper.
Cuando la música cesó, fue directo a los vestidores, sin embargo apenas bajó las escaleras unas quince personas la interceptaron. Entre reporteros y camarógrafos, cada uno disparaba preguntas, unas más ofensivas que otras. No se podía mover del lugar, y para colmo apenas y podía ver debido a tantos flashes.
—¿Qué se siente ser parte de la familia real y trabajar de stripper?—dijo alguien.
—¿Es cierto que tu prima Karin estuvo involucrada como tu en la prostitución antes de conquistar al príncipe?—preguntó alguien más. "¿Prostitución?" No tenía por qué responder ese tipo de cosas.
—¡A un lado!—gritó pero su voz se ahogó entre las voces de los reporteros.
Alguien la jaló y logró rasgarle la falda. De inmediato sujetó la tela en la zona. La estaban empujando, lastimando y casi arañando. Poco faltaba que le dieran a la cara con uno de los micrófonos.
—¿Desde qué edad tu madre te metió en la prostitución?—alcanzó a escuchar de alguien más.
Eso había sido el colmo. Nadie se metía con su madre. Podían hablar de ella lo que quisieran, pero no dejaría que mencionaran a quien le había dado vida. Su mamá no tenía la culpa del camino que ella había tomado.
Trató de empujar al hombre y a la mujer que estaban más cercanos a ella, pero estos en cambio prácticamente la golpearon con sus cámaras.
Alguien la jaló del cabello y lo único que pudo hacer es tratar de taparse la cabeza. En ese momento otra persona la jaló del brazo. Cuando se giró a ver, habían varios hombres de traje negro a su alrededor disipando a los reporteros. No supo cómo la sacaron de ahí, la llevaron fueras directo a un auto negro. En la puerta la esperaba un tipo de mediana edad, debería estar cerca de los cuarenta. Tenía el pelo gris platinado y la observaba detalladamente.
—No voy a darles ninguna tipo de entrevista—dijo llena de rabia, al mismo momento de que se soltaba del amarre de uno de los hombres.
—Eso está bien. No deberías estar al alcance de ningún reportero—Kakashi abrió la puerta e indicó que la metieran dentro.
A empujones Sakura terminó en el asiento trasero del auto, el cual arrancó tan rápido que hizo que se golpeara contra la ventana.
—Una disculpa, pero habíamos estado buscándote como locos y no podíamos dejarte al alcance de esas hienas—el peligris iba en el asiento delantero y se había girado para hablarle.
Sakura aún no podía creer que todo eso hubiera llegado a tal límite. Sabía que ellos se contactarían con ella en cualquier momento, pero no esperaba que montaran todo eso para evitar que diera una entrevista.
—¿Ustedes son de la realeza, verdad?—Kakashi soltó una carcajada.
—Estás en lo correcto. Nos has tenido buscándote como locos por dos días. Ahora bien, dígame señorita Haruno, ¿qué se siente ser la persona más buscada de todo el país?
—Una mierda—no dudó en contestar.
Miró a la ventana, poco a poco se alejaban de la zona. No sabía a qué lugar la llevaban. ¿Sería su suerte tan desgraciada que tendría que ver frente a frente a su prima?
Cuando regresó a mirar a aquel hombre, lo pilló mirando sus pechos. De inmediato se cruzó de brazos, un gran error pues su busto destacó más.
—Aparte su mirada de mi—sentenció con voz fuerte y molesta—Kakashi se volteó.
—Es curioso cómo te expones y cuando alguien sencillo como yo te admira, te cohíbes—Sakura bufó.
—¿A dónde me llevan?¿Qué pretende hacer Karin? No es como si pudiera tapar todo este escándalo tan fácilmente.
—La señorita hablará con usted personalmente, pero no eso será mañana temprano. Por esta noche la mantendremos fuera de cualquier reportero o fotógrafo.
Por cerca de media hora estuvieron viajando. En el transcurso Sakura llamó a su madre, trató de calmarla y pedirle que la esperara, pues estaría pronto en casa. Cuando el auto se detuvo, la pelirosa se encontró en la entrada principal del Palacio Real. Había visto muchas veces esa imagen en los libros, revistas y la televisión. Generaciones de familias habían ocupado el trono en ese país. Con el tiempo la realeza había perdido poder en las decisiones del país, hasta llegar a la actualidad en que compartían el gobierno del país con un senado, sin embargo seguían representando el orgullo, imagen y tradiciones.
Dos personas la escoltaron por los pasillos interminables de mármol blanco. El lugar era inmenso y era la definición exacta de lujo y elegancia. El lugar era muy al estilo de Karin. Seguramente la arpía de su prima debía sentirse en las nubes estando ahí. Era justo por eso que aquello le daba muy mala espina. Con lo poco que conocía a la pelirroja y a su familia, sabía que no se quedaría con los brazos cruzados. Era de las personas que eran un asco por dentro, pero le gustaba guardar las apariencias.
De pronto al girar en una esquina, divisó a dos personas que salían de lo que parecía ser un salón. Eran dos hombres, ambos altos y bien parecidos. Entre más se acercaba a ellos pudo distinguirlos. El chico de pelo azul debía ser Suigetsu. El muy descarado la observó de pies a cabeza. Tras eso le sonrió pícaro. Lo ignoró y fijó su mirada en el hombre de al lado. Apenas sus ojos se cruzaron, lo evadió de inmediato. Pasó a su lado y lo ignoró por completo.
Cuando llegó a la habitación que al parecer sería su "cárcel" por el momento, apenas se encontró sola se tiró a la cama y repasó mentalmente lo que había pasado. Esos ojos negros los reconocía en cualquier lado. Su mirada en realidad era aún más penetrante al estar cara a cara. El príncipe podía ser la persona de la realeza en que más se fijaba la gente. El tipo sería el futuro rey, además era atractivo, lo que provocaba tener de su lado a todas las féminas del país. ¿Por qué no había disfrutado verlo a detalle? El tipo era muy atractivo, años atrás había fantaseado varias veces con él. Cuando era adolescente al igual que todas sus amigas, había babeado más de una vez al verlo en televisión. Eso había sido hasta que en un punto de su vida, las cosas habían cambiado y dejó de ser inocente y comenzó a luchar contra su realidad. Pero la razón más importante de todas, del por qué había tenido hasta cierto punto miedo de verlo, era que posiblemente era como su prima. Karin no se fijaría en él sólo por el poder, el dinero y la fama. Debía ser igual o peor que ella.
Apenas le dio un vistazo a la sencilla habitación a donde la habían llevado y se quedó profundamente dormida.
…
Parecía una gatita sexy que había cambiado a una leona en el momento en que lo ignoró. Lo que menos pensó Sasuke es que la chica ni siquiera se interesara en verlo. Era el príncipe, ¡el futuro rey! Entonces, ¿por qué no llamaba su atención? Porque ella en él, aunque detestaba la idea, había causado mucho interés. Apenas la vio, sus hormonas se dispararon. Estaba vestida en poca ropa. Karin, o en el peor de los casos, su abuela Mikoto, les daría un ataque de haberla visto caminando con esas ropas por los pasillos del palacio. Sin embargo, todos los hombres que en ese momento estaban ahí presentes, él hubiese jurado que se morían por acostarse con ella. Tenía la palabra "pecado" escrita en la frente. Se preguntaba cuan fácilmente aceptaría acostarse con él si se lo propusiera, y si sería lo suficientemente discreta, al fin de cuentas se largaría del país. Pero seguía habiendo un gran problema: la chica lo había ignorado, él era príncipe y se casaría con su prima.
—¿En qué lugar has dejado el razonamiento Sasuke?—se preguntó antes de cerrar los ojos y caer profundamente dormido.
