Parecía que no me iba a equivocar respecto a pociones, me lo confirmé cuando Rose, en un arranque de demostrarle a su primo que ella dirigía su vida, me preguntó si no me importaba que se sentase con Scorpius mientras yo compartía pupitre con Albus. ¡Claro que no me importaba! Lo que me importaba un poco más era la reacción de mi amigo ante esto, ya que iba a estar con él durante dos horas seguidas. Afortunadamente este optó por ignorarles completamente, y se sentó serio a mi lado esperando que el profesor Zane llegara a clase.
No puedo soportar verles así, desde que llegamos a Hogwarts han estado muy unidos, y a parte de primos siempre han sido mejores amigos uno del otro, y por supuesto míos también. Por no mencionar el hecho de que Albus realmente se debía de haber enfadado conmigo por no haber estado de su parte. Como no quiero que la cosa siga así decido arreglar, o intentarlo, la parte que está en mis manos.
-No me gustaría que durante dos horas me castigases con tu indiferencia, y menos en una clase de pociones.- Le digo intentando bromear.
Me dirige una de sus miradas y me sorprende cuando veo que no me mira de la forma tan dura con la que parecía mirar a nuestra mesa hace unos segundos.
-Aud, no estoy enfadado contigo.
Eso me sorprende aún más.
-Pero en el comedor…- Digo desconcertada, pero no me da tiempo a terminar antes de que me interrumpa.
-Estoy molesto sí, pero no contigo. Ni siquiera con mi prima.
No entiendo nada y mi cara debe de reflejarlo porque se apresura a preguntarme:
-Tú sabes que sólo tengo miedo de que ese idiota le haga daño a Rosie, ¿no?
-Tú sabes que porque Scorpius sea un Malfoy no quiere decir que no tenga sentimientos y que mate todo lo que toque, ¿no? - Le contesto a mi vez, y esta vez sí que frunce el ceño ante mis palabras.
-Lo estás defendiendo sin conocerlo, Audrey.
-Y tú lo estás juzgando sin conocerlo, Albus.
-¡Claro que lo conozco!- Dice exasperado, y ante las miradas de curiosidad de los demás alumnos baja un poco la voz antes de continuar.- No sabes nada de lo que me ha contado mi padre sobre su familia, llena de mortífagos… Su padre, Draco, quiso matar a Dumbledor… Tú no sabes nada.
-¡Te ha contado sobre su familia! -Susurro- ¿Pero qué hay de él?- Esta vez me pongo furiosa y no puedo evitar mirarlo con rabia- ¿No te das cuenta de qué ni siquiera había nacido, igual que todos nosotros, cuando se libró la Segunda Guerra Mágica? ¿Acaso alguno de nosotros merece pagar por los pecados de los de su sangre? - Recojo mis libros de la mesa en un ademán furioso y no le miro cuando hablo.- Y si tan poco sé, supongo que no te importará que me vaya a otro sitio.- Me doy la vuelta dispuesta a abandonar el pupitre pero no me da tiempo a dar un paso cuando me agarra rápidamente de la manga de la túnica.
-¡No!- Esta vez sí levanta la voz y al instante todas las conversaciones de la clase cesan y son varios los que nos miran, incluida Rose, que parece preocupada. Inmediatamente me pongo colorada y me giro hacia Albus, que parece arrepentido. - Lo siento, no debí decir eso. De verdad Audrey, lo siento. Sabes que yo no soy así.- Y en verdad que no lo es. Sus ojos suplicantes hacen que vuelva a posar los libros sobre la desgastada superficie de madera y me vuelva a sentar a su lado justo cuando el profesor Zane hace su entrada en clase. Todos se vuelven a callar pero esta vez por la presencia del profesor, que comienza a explicar que durante la sesión de hoy y de mañana prepararemos la poción Veritaserum, una de las más complicadas. Le intento prestar atención mientras nos da unos consejos que no aparecen en el libro de pociones pero parece que mi mente no quiere, pues siempre acaba volviendo a Rose, Scorpius y los ojos verdes de Albus mirándome suplicante.
-Entiendo que sólo te preocupes por ella.- Acabo susurrándole al final.- Pero al menos dale una oportunidad. Si le hace daño yo misma le petrificaré para que tú le conviertas en sapo sin complicaciones.
Me sonríe y yo le devuelvo la sonrisa.
-Trato hecho.
Cuando el profesor da instrucciones, comenzamos la poción. Rose y Scorpius están muy sonrientes, cosa que no comprendo, pues seguir la poción paso a paso cuesta horrores y no parezco ser la única que lo está pasando mal, a juzgar por las caras de profunda concentración de los demás compañeros, incluida la de Albus.
Mi poción está de un tono plateado oscuro, y según el libro debería de ser claro, pero al ver que la de Albus es más negra que plateada dejo de sentirme tan mal.
-Oye, por cierto,- Me comenta mientras revolvemos tres veces en el sentido contrario a las agujas del reloj la mezcla.- He sido un poco egoísta. ¿Qué tal tus pesadillas?
No me espero la pregunta así que me cuesta seguir concentrada, pero termino el proceso y contesto antes de cortar el siguiente ingrediente.
-Como siempre, supongo. No dejo de ver lo mismo… Ya sabes, de revivir aquel día.
Mi amigo frunce el ceño preocupado y no puedo evitar fijarme en que ha dejado de remover la poción.
-Albus…-Le indico justo cuando él iba a hablar, pero no le da tiempo, ya que con un sonido desagradable el contenido burbujea y se desparrama todo fuera del caldero.
-¡Potter!- Brama la voz del profesor Zane por toda la clase.
Después del desastre de la clase de pociones, nos vamos a comer, y tanto la comida como las siguientes clases, Historia de la Magia y Transformaciones pasan tranquilamente y sin incidentes. Además mis dos amigos vuelven a estar como antes poco a poco, y parece que ambos han establecido una tregua, cosa que me alivia.
Después de las clases a Albus, que es buscador, le toca entrenamiento de Quidditch, y Rose y yo nos abrigamos y decidimos ir al campo para ver como el equipo de Gryffindor, a la capitanía de James, calienta motores. Cuando estábamos cruzando los jardines, nos cruzamos con Hagrid, que carga una enorme carreta con unas más enormes calabazas.
-¡Halloween se acerca!- Dice con entusiasmo acercándose a nosotras, que le sonreímos encantadas de verle. - ¿Os dirigís al campo de Quidditch, verdad?
-¡Así es!- Contesta Rose.
-Tendremos que pasar a visitarte un día de estos.- Le digo, ya que hace bastante que no lo hacemos y Hagrid es un buen amigo.
-¡Parece que fue ayer cuando esos tres rebeldes venían a mi casa a tomar bocadillos de comadreja…!- Rememora, y se saca un pañuelo con el que se limpia una enorme lágrima que empieza a descender por su mejilla.- Bueno, os dejo antes de ponerme más sentimental, que debo de llevar estas calabazas sanas y salvas al castillo.
Nos despedimos y seguimos nuestro camino. Cuando llegamos a las gradas los jugadores ya están en el aire y siguen instrucciones de James, que cuando se trata de Quidditch se lo toma con una seriedad totalmente profesional.
-¿Sabes? Scorpius me ha dicho que desde que llegó a Hogwarts está habituado a que lo traten como si fuera su padre. - Me mira a los ojos.- Como si esperaran que fuese como él.
Le miro sin saber muy bien que decir a la vez que sorprendida por la similitud de eso con lo que me había dicho Albus la noche anterior. Esperan que mientras que uno actúe como un héroe, otro lo haga como un villano. Maldigo en silencio a la gente capaz de pensar así antes de contestarle.
-Sientes algo por él, ¿Verdad?
-Él no es su padre.- Me dice, supongo que con miedo que yo también la juzgue.
-Ya lo sé, Rosie.- Le cojo la mano en un gesto de amistad.- He visto cómo te mira, cómo te sonríe. Él también siente algo por ti.
Me sonríe feliz y más animada.
-Pero no olvides, - Sigo, que si te hace daño, le convierto en sapo. He hecho un trato con tu primo.
Suelta una carcajada y me abraza.
-¡No lo dudo, por eso te quiero, Aud!
El cielo empieza a oscurecer, y cuando termina el entrenamiento, nos vamos los tres al Gran Comedor, dispuestos a tomar una buena cena.
