Capítulo II
Sus pasos resuenan ligeros contra el pavimento, se protege del frío gracias a la bufanda que colgaba segura en su cuello; suspira cansado y lanza una mirada al cielo minado de luceros pálidos destellando en el manto de la noche. Teniendo todavía el maletín que utilizaba para trabajar, sopesa la idea de ir directo a casa y olvidarse del mundo por un par de horas pero un mensaje de texto proveniente de un amigo le recuerda que había prometido encontrarse para aprovechar el tiempo libre, tiempo libre que él realmente no poseía.
Ser el heredero de una de las empresas de telecomunicaciones más conocidas del país como lo era Corporaciones Choi, en ocasiones como esas le parecía un verdadero dolor de cabeza; la vibración proveniente de su teléfono asegurado en el bolsillo interno de su abrigo le alerta una llamada.
—Voy en camino.
—Más te vale —le contesta la voz al otro lado. —Hoy he hecho un montón de papeleo aburrido para poder tener una noche libre, así que mejor te apresuras Choi.
—Sí, sí, lo sé —suspira divertido y sonríe de medio lado. —Ya estoy cerca.
—¡Eso dijiste en los últimos mensajes que envié y aún no llegas!
—Lo siento hyung —relaja los hombros una vez que el conocido bar queda dentro de su campo de visión. —Ya estoy aquí.
—¡Entra ya! —La comunicación se corta y él quiere reír por la actitud inmadura del hombre aunque éste fuese incluso mayor que él.
No están seguros de cuantas horas habían pasado ya pero poco les importaba, ellos habían pasado toda su vida bajo las presiones de ser los modelos perfectos. Sí, el hijo perfecto, alumno perfecto y modelo a seguir; prospecto de hombre perfecto sin importar desde que ángulo se le viese.
Eran esas pequeñas y no tan secretas escapadas donde podía olvidarse de las preocupaciones y el estrés de su vida diaria; era en momentos como esos junto a su hyung que podía relajarse y actuar como si nada hubiese cambiado, como su aún fuese un adolescente el cual no tenía que preocuparse por nada, donde podía reír de tonterías y todo estaría bien.
—Dime Ming —su compañero le contempla de soslayo; su cabello blanquecino caía descuidado por encima de sus ojos pero Minho sabía a la perfección que estaba siendo observado.
—¿Si Jong? —Se termina el vaso de licor que tenía en las manos y prontamente le es servido uno nuevo.
—¿Qué hay de nuevo? ¿Cómo te trata la Corporación Choi? ¿Acaso hay algún no tan pequeño escándalo del que quieras contarme antes de que la prensa se entere? —Ríe de buena manera ante lo sin vergüenza que podía ser el mayor para con su persona pero quizás era el precio que debía por haber mantenido años de amistad con el hombre.
—No hyung —choca el vaso contra el del otro a señal de brindis burlón. —No hay ningún escándalo. Lo único que ha pasado es que se ha dañado una fotocopiadora y todo un piso ha entrado en caos.
—¡Dios mío Choi! ¿Cómo puedes ser así? —Le recrimina el contrario y le ve inflar las mejillas en un puchero. Que intento fallido de aegyo*. —No todo en esta vida es trabajo. ¡Debes salir y divertirte un poco! ¡Debes conocer otras personas! ¡Deberías parecerte un poco más a mí!
—¿Parecerme a ti? —Ríe a carcajadas y esconde el rostro contra un brazo, quizás ya había tomado suficiente. —¿Dices que debo andar detrás de jovencitas y modelos?
—¡Yah! —Por su comentario se gana un golpe en el hombro. —No lo hagas sonar como si fuese algún tipo de viejo pervertido en busca de quinceañeras —se ríe aún más a expensas de su amigo para luego caer en un reconfortante silencio. —Pero lo digo en serio Minho, quizás deberías conocer a alguien. —El tono grave con el que ahora le hablaba el rubio le asienta un sentimiento pesado en el estómago.
Él no tenía ganas ni tiempo de 'conocer a alguien', él estaba demasiado ocupado manejando las nuevas estrategias de marketing de la empresa como para andar detrás de mujeres, que la mayoría estaban interesadas era en su dinero y reputación. —Solo digo que no es mala idea.
—Lo sé hyung, lo sé.
Ya en el camino de regreso a su departamento, agradece la ventisca fría que le acaricia el rostro haciéndole avispar un poco. Las palabras de Jonghyun todavía retumban en su cabeza y no parecían querer dejarle en paz, ¿debería o no en realidad acompañar a su círculo de amigos en esas alocadas noches donde deambulaban sin rumbo entre calles y clubes nocturnos? ¿Debería o no dedicarse a la idea de conocer a alguien?
Tan pronto como el pensamiento se planta en su cerebro, lo descarta, él no era tonto y desde muy temprana edad había aceptado el hecho de obedecer el rumbo de las decisiones tomadas por sus padres.
Sonríe complacido una vez más al pensar en las horas compartidas con su amigo hasta que divisa su complejo departamental en la lejanía. La idea de volver le era un tanto extraña y hasta tensa, ¿por qué? Por una pequeña razón que había decidido omitir al curioso Jong.
Sí, por alguna razón que él mismo desconocía había llevado a ese pequeño perdido hasta su departamento y le había dejado ocupar la habitación de huéspedes.
Frente a la puerta de su departamento contempla la idea de sí hacer obvia su entrada o sí debía mejor ser silencioso. Nunca antes se había preocupado ante su hora de llegada pero ahora, con el pequeño bajo su techo, las cosas parecían un tanto diferentes aunque todas las noches anteriores no hubiese tenido demasiado contacto con el adolescente.
El inicia su rutina muy temprano en la mañana, corría unos cuantos kilómetros y se daba una ducha fría para refrescarse; prefería prepararse café él mismo aunque tuviese que comer siempre entre distintos Cafés' y cafeterías, luego en todo lo que pensaba era su trabajo hasta que todos y cada uno de los papeles estuviese firmado y revisado; así que su hora de llegada era un total variante en su vida, sin incluir noches como esa en las que Jonghyun no le dejaba escapar y quedaban a beber hasta ya entrada la madrugada.
Los encuentros con el joven que habitaba su casa eran contados si tomaba en consideración aquellas veces en las que regresaba para encontrar un plato servido destinado a su cena acompañado de una nota en cuidadosa caligrafía donde se leía 'Bienvenido a Casa', más el único actor de tal hecho estaba escondido tras la cerrada puerta de la habitación de huéspedes y él no puede evitar la punzada de culpabilidad que llega a su pecho así que independientemente de la hora prueba la comida aun sin calentar.
Posa la frente contra la superficie fría de la puerta y sus llaves crean un sonido leve, saluda de forma silenciosa a su nuevo compañero en su mente, más se sorprende al recibir respuesta.
—Bienvenido a casa —petrificado en la entrada, parpadea sorprendido y sus ojos se ven aún más grandes por la impresión lo que arranca una risilla nerviosa y divertida al menor.
Taemin estaba al otro lado de la estancia, en el sillón frente al televisor, el cual encendido iluminaba el espacio y figuras silenciosas se mueven de un lado a otro haciendo que Minho se pregunte, ¿por qué Taemin lo veía aun estando sin volumen? ¿Acaso le había estado esperando?
Con esa idea, lanza una rápida mirada a la cocina y se fija en el nuevo plato puesto para su persona; se acerca con paso lento, deja las llaves en la mesa del comedor y cuelga su abrigo en el perchero junto a la puerta. Sabe que cada uno de sus pasos es seguido por la mirada curiosa del jovencito, el cual aún no se había movido de su lugar.
Abrazado a una de las mullidas almohadas que Minho había dispuesto para uso, traía puesto una de las mudas de ropa que le había cedido, las cuales eran grandes para su diminuta figura aunque fuesen de su hermano menor Minseok. El caer en cuenta de su aspecto le hace volver a sentirse mal, ¿cómo Minho no había reparado en el hecho de que el chico iba a necesitar más de lo que le había ofrecido la primera noche?
Es cierto, él le había dejado muy en claro que tenía a su disposición todos los artículos de primera necesidad, una habitación para el mismo con baño incluido para mayor comodidad pero ahora le era más que obvio que Taemin iba a necesitar otras cosas, tales como ropa y zapatos así como quizás un pequeño mapa de la zona, ¿tendría el pequeño cambio para tomar el autobús, el metro quizás?
Tenía solo momentos de haber regresado y ya se sentía agobiado.
—¿Qué haces despierto a esta hora? —Suspira suave para relajarse y concentra su atención en el cuerpo que parecía debatirse si estaba bien acercársele o no.
—Le estaba esperando —habla despacio escondido detrás de la almohada.
—Deberías estar dormido —arregla las mangas de su camisa hasta los codos y traslada hacia la cocina.
—¡Pero yo quería esperarle señor Choi! —Su lado aniñado se hace presente, quizás fuese la hora, quizás fuese la presencia del mayor después de días de no verse.
—Taemin-ah —le llama con cuidado y sonríe al darse cuenta que el joven le observa con atención. —Por favor, solo llámame Minho—el pequeño está claramente indeciso pero aun así intenta complacerle en tal gesto.
—¿Minho-sshi**? —Prueba el llamarle fijar la idea de expresarse de esa forma de ahora en adelante y no en un aspecto tan formal como el anterior.
—¿Sí?
—Le estaba esperando.
Minho asiente y toma el plato de la mesa, calienta la comida y le siente moverse con precaución, él en verdad debía hacer algo para que el chico se diera cuenta que Minho no iba a lastimarle, aunque no podía culparle ya que el mayor no había hecho nada por intentar conversar con él siquiera, no desde su primer encuentro en la cafetería. Lo más seguro es que Taemin estuviese cuestionando sus intenciones y, de nuevo, no podía culparlo por ello.
Ya que si el empresario pensaba seriamente en ello, Minho no sabía absolutamente nada sobre la vida de Taemin; desconocía su origen, de dónde provenía, cómo era su familia, dónde estaba su familia, por qué se encontraba solo. ¡Por el amor a Dios! Él ni siquiera sabía cuántos años tenía. Ese tipo de realización hacen que se sienta aún peor, ¿es que acaso luego de tantos años había perdido el tacto con la gente?
Tan perdido en sus atormentados pensamientos estaba que le cuesta reconocer la cuidadosa voz que le llama de nuevo.
—¿Minho-sshi?
—¿Si, Taemin-ah?
—Su comida… —parpadea confundido. —Su comida se enfría —parpadea de nuevo en un gesto cómico y despeina su cabello para luego reír por lo bajo sin aire.
—Tienes razón.
Permanecen en silencio mientras Minho come despacio dándose el tiempo a disfrutar la comida la cual ahora que no se encontraba fría y olvidada, tenía mejor sabor o quizás fuese el hecho de que ahora tenía la compañía de quien la había preparado o quizás fuesen ideas suyas.
Taemin le observa curioso a una distancia prudente más su nerviosismo se hacía mayor por lo que agradece estar resguardado tras la almohada. Había una razón por la cual el chico había decidido esperar a que el mayor estuviese en el apartamento; aún le costaba encontrarle en las mañanas y la mayoría de las veces se quedaba dormido antes de que pudiesen encontrarse, pero él no podía seguir viviendo así, no era correcto.
—Taemin-ah.
—Minho-sshi —sus miradas se encuentran en la habitación y él solo puede desviarla con prisa mientras se balancea de un pie al otro. Tal parece que sus pensamientos no estaban del todo desconectados, Minho acomoda los platos dentro del lava vajilla y muy contra la idea de perder horas de descanso y de tener que trabajar otras horas más aunque se trate del fin de semana, se dedica a conocer al pequeño que aún estaba inseguro que hacer consigo mismo.
Avanzada la noche o mejor dicho a prontos instantes de un nuevo amanecer, Minho no tiene corazón de seguir robándole las horas de sueño al más pequeño, así que le envía a su habitación para que pudiese finalmente dormir además, le era más que claro que Taemin luchaba por mantenerse despierto incluso cuando ambos mantenían una conversación amena.
Había sido un tanto extraña e incómoda al principio pero luego de unas tazas de té negro y el sentarse tranquilo sobre el sofá, todavía conservando una distancia considerable, las cosas habían comenzado a fluir con calma.
Minho escuchaba con atención la razón por la que el chico había terminado solo aquella noche en la que se habían encontrado; prestaba aún más atención a sus intereses y con el conocimiento de que Taemin estaba cursando su último año, le ofrece una idea de qué hacer ahora.
El menor recibiría clases a través de tutores especiales en cuanto Minho pudiese ponerse en contacto con algunas personas, lo que no esperó fue la agitada respuesta por parte del chico.
—¡Minho-sshi, por favor! ¡No puede hacer eso! —El pequeño abrazaba con fuerza la almohada angustiado. —¡Es su dinero! ¡No puede gastarlo en mí! —Taemin parecía sufrir de una discusión interna a tal grado que le hace sentir culpable. —He sido yo el que se ha ido de casa. Yo debo encontrar la manera de vivir ahora. —Unas silenciosas lágrimas se negaban tercas a caer por su rostro. —He tenido trabajos de verano, puedo volver a ellos, lo sé; pero por favor no gaste su dinero en mí.
Luego de unos cuantos métodos de persuasión y negociación por parte de Minho y un gran sentido común y de responsabilidad por parte de Taemin, lograron establecer un tipo de acuerdo de convivencia.
Taemin garabateaba con rapidez a papel y lápiz que Minho le había facilitado, tratando de organizar sus ideas; él debía presentarle al mayor algún tipo de oferta a los efectos de permitirle vivir en su departamento, ya que, si bien ninguno de los dos tenía muy, muy en claro cómo o por qué habían terminado en aquella situación; el más joven pensaba detenidamente el aceptar la hospitalidad de Minho, aunque le desagradase la idea de que el hombre tuviese que gastar dinero en él, sin importa todas las veces que el hombre le había hecho saber que no tenía nada de lo que preocuparse. Taemin demuestra ser un jovencito terco y persistente.
Ahora Minho se encontraba en su oficina, ojeando con atención las piezas de papel que se le habían entregado, la letra del menor se hace presente y sonríe a medias ante la redacción; era un intento de sopesar la seriedad del asunto pero a causa del desvelo y cansancio, él podía encontrar uno que otro error al momento de que escritura, nada que no pudiese descifrar. Se sorprenderían al saber que sus secretarias y los tan aclamados asistentes personales cometían errores aún más escandalosos para alguien que había tenido tiempo y preparación, en comparación para con un estudiante el cual debió dejar de lado su vida ante circunstancias inesperadas y dolorosas.
Transcribía con facilidad y rapidez las palabras descritas por el pequeño horas antes y deja un perfecto documento sobre su escritorio el cual rezaba la rutina de convivencia en la que se vería sumergido de ahora en adelante y sabría él hasta por cuánto tiempo.
Echa un vistazo por la ventana y se percata que el cielo comenzaba a aclarar, una miradita al reloj digital que marcaba las cuatro y media de la madrugada; resopla finalmente sintiendo el pesado cansancio sobre los hombros y con paso lento se dirige a su habitación. Queda por momentos parado frente a la puerta del cuarto de huéspedes y sonríe mientras niega leve con la cabeza a nada en particular, su vida acababa de dar un giro bastante particular.
Debido a la hora en la que ambos se habían despedido la noche anterior, Minho se siente honestamente sorprendido de ver a Taemin en la cocina, que si bien no era la hora que él acostumbraba despertar, aún era impresionante verle distraído, ocupado en hacer el desayuno como para percatarse de su persona.
El olor a café recién hecho le deja más despierto y ríe al darse cuenta que el menor preparaba panqueques. Había mezcla por un lado, Taemin luchaba con las mangas del pijama para que este no cayera en la comida, algo de fruta, azúcar y hasta trozos de chocolate y miel.
El sonido de la cafetera les alerta y Minho decide hacerse notar.
—Buenos días Taemin.
—Buenos días Minho-sshi —el atareado chico se gira sobre los talones para verle y le sonríe de tal forma que le hace creer que el día es más brillante, ¿cuándo fue la última vez que él se dio tiempo para disfrutar un fin de semana? —¿Café?
—Si, por favor —queda sentado en la isla de la cocina.
Desayunan en silencio diferente a los anteriores, ya no se trataba de un espacio extraño, era claro que aún debía trabajar en la familiaridad pero Minho creía que al menos ahora el pequeño no estaba asustado de él.
—¿Se irá a trabajar? —Taemin le habla manteniendo la taza cerca de su boca sin ser capaz aún de sostenerle la mirada por mucho tiempo.
—No —contesta simple.
—¿No? —Le observa entre confundido y curioso.
—No. Hoy no —sonríe leve al saber que tiene su atención. —Hoy haremos algo diferente.
—¿Haremos? —Ahora Taemin le mira sorprendido.
—Hoy iremos de compras —comenta sin más para luego dejar los platos en el lava vajillas e ir a camina a su habitación con la intención de tomar una ducha.
Minho había estado diciendo la verdad al hacerle saber que irían de compras, tanto en el sentido literal de buscar cosas necesarias para el departamento. Una gran lista de víveres, entre otras cosas, en conjunto con utensilio de limpieza e incluso una máscara de la que Taemin no estaba muy seguro pero Minho le aseguraba sería útil puesto que así evitaría el aspirar el polvo acumulado.
Luego de dejar a un lado lo netamente necesario, era hora de concentrarse en Taemin; el menor estaba distraído comiendo una paleta luego del almuerzo y él intentaba pensar en lo más necesario para el pequeño. Cambios de ropa: pantalones, camisetas, sweaters, algunas chaquetas y un buen abrigo, en conjunto con unos guantes y un gorro, y quizás una bufanda si encontraba alguna que le gustara, y no podía olvidarse de los zapatos.
Con respecto a los útiles para sus clases particulares lo hablaría luego con el chico cuando estuviese más convencido y dispuesto a aceptar la idea. A punto de hacerse saber sus planes con respecto a las mudas de ropa, recibe una llamada y frunce el entrecejo al darse cuenta de quién le llamaba a esas horas.
—¿Qué sucede hyung?
*Aegyo: Palabra utilizada para denotar un tipo de comportamiento lindo proveniente de alguna persona, independientemente de si se tratase de un niño o adulto.
**Sshi: Terminación utilizada a forma de respeto, es diferente a hyung, puesto que es un poco más generalizada. Así como el 'san' en japonés.
