Tercera entrega
Santísima madre de Dios
Había pasado una semana desde el desafortunado incidente en el lago y Tamaki aún no lograba recuperarlo del todo… ¡Un hombre! ¡¡Un hombre lo había besado y él había correspondido!! ¡Qué dirían sus princesas si se enteraran de aquel desafortunado accidente!
Lo había intentado ignorar, pero era imposible con ciertos hermanitos que de lanzaban bromas malintencionadas y llenas de morbo en cada segundo que podían.
-No sé con qué derecho molestan a Tamaki-sempai si ustedes hacen escenas más vergonzosas y en pleno uso de conciencia –los regañó Haruhi quien se encontraba ordenando el Host Club luego de una ardua tarde de trabajo.
-Lo nuestro es diferente –hablaron los gemelos al mismo tiempo –nuestro amor es completamente fraternal –se abrazaron de modo sugerente –y si nos llegásemos a besar sería siempre como hermanos –Hikaru rozó la mejilla de Kaoru con su boca para enfatizar su postura.
-Vea donde lo vea es incesto para mí…
-De todas formas… y dejando de lado toda esta discusión acláranos algo Tamaki –Kyouya miró inquisitivamente al rubio que estaba congelado en un rincón -¿Para ti es normal que una chica te asalte en tu cuarto?
-Mmm… en otras palabras mi señor… ¿usted es virgen? –tradujo Hikaru.
La verdad es que era la pregunta que se habían hecho todos los miembros del Host Club desde lo ocurrido en la mansión del lago.
-¿Yo? –Tamaki los miró extrañado a todos –claro que sí lo soy… no sería capaz de faltarle el respeto a una señorita de esa forma…
-Ya veo –murmuró Kyouya arreglándose los lentes –o sea lo que ocurrió en el lago fue sólo un acto inconciente del momento –el rubio se encogió de hombros, olvidando su estado de shock, la última semana de pesadillas y las burlas de los gemelos.
-La verdad es que no fui capaz de procesar lo que pasó… Akiko-san no me dio tiempo de pensar las cosas.
-De verdad es lento mi señor… -dijo Kaoru.
-… pero ya que estamos en esto… -continuó Hikaru de forma picaresca mientras ambos gemelos se ponían a cada lado de su compañera de curso.
-Cuéntanos… ¿Tú también eres virgen?
-¡Pero qué tonteras preguntan! –se sonrojó la chica –¡Claro que lo soy… si apenas este año di mi primer beso en el baile del Host Club!
-¿Y Kao-chan y Hika-chan también lo son? –preguntó Honey mientras jugaba con su conejito.
-¡Eso es obvio! –contestaron al mismo tiempo –hace muy poco comenzamos a hablar con otras personas que no fuéramos nosotros… mmm… ¿Y tú Kyouya-sempai?
-Encuentro que esta conversación no nos está llevando a ningún lado –comentó mientras tecleaba en su portátil –pero les contestaré de todos modos… la verdad es que intimar con alguna chica de la alta sociedad es muy poco conveniente ya que la mayoría de las veces eso te lleva a matrimonio y no es bueno pensando en el tiempo que me tomaría organizar una familia mientras estudio.
-Claro… para Kyouya-sempai todo es conveniencia –meditó Haruhi un momento –¿Y tú Mori-sempai?
-Sí.
-Bueno… era de esperarse con la actitud taciturna que siempre llevas –habló por fin Tamaki –¿Y tú Honey-sempai? ¿Eres virgen?
Todos los presentes concordaron en un solo pensamientos. Debe ser idiota para preguntarle tal cosa…
-No Tama-chan… no lo soy –contestó sonriendo de manera encantadora el pequeño rubio, dejando helado a todo el Host Club, especialmente a Mori quien no podía creer lo que oía.
-Cre… creo que oí mal… -tartamudeó Hikaru.
-Sí… creí oír que Honey-sempai decía que no era virgen… -habló igual de nervioso Kaoru.
-Claro que no lo soy –volvió a responder mientras se comía un pastel de chocolate -¿Saben? Tengo una tía que hace muy poco se convirtió en católica y me llevó a una iglesia, era un lugar muy graaaaande y con vidrios de colores –soltó una tierna risita –además habían muchas figuras del tamaño de una persona real y entramos a una sala más pequeña que me dijo que se llamaba capilla y ahí había una figurita de yeso de una mujer muy linda y ella me dijo que era La Virgen María y era la madre de Dios… yo creo que no me parezco a La Virgen… ¿o ustedes creen que sí, que soy virgen? –los miró a todos con sus adorables ojos café.
Nadie habló… el silencio de la sala se extendió de forma pesada entre ellos.
-Eso te ganas por preguntar idioteces –habló por fin Kyouya.
-Sí… -el rubio no supo que más decir.
Después de eso prefirieron no comentar nada más sobre el tema y así mismo olvidar el suceso que los había llevado a él, cerrando el capítulo del lago.
Pantaleón y las visitadoras
-Capitana Haruhi, ¿usted sabe para qué ha sido llamada? –preguntó Suou-sama, general del ejército.
-No, mi General –se cuadró la chica que estaba vestida de militar.
-Su evaluación es ejemplar Capitana Fujioka, hemos quedado impresionados con sus calificaciones y su informe personal –la halagó Ootori-sama, Coronel de la armada japonesa –¿un cigarro? –ofreció después de prender uno.
-No, muchas gracias mi Coronel, no fumo –contestó la chica de largos cabellos castaños y parada marcial.
-Veo que el informe no miente –se alegró el señor Suou –no fuma, no bebe, no ha tenido ningún desacato al reglamento y en un principio apenas una docena de faltas leves.
-Es la mujer que necesitamos para encargarle este trabajo.
-Gracias mi General, mi Coronel, tanto halago me hace sentir importante, aunque encuentro que no los merezco, algún vicio debo tener que no sale en el informe.
-No venga con modestias Haruhi-san… nosotros sabemos de su vida más que usted misma, no necesita decirnos que le falta al informe o que le sobra… quedaría anonadada con todo el tiempo que hemos invertido para investigar a su persona, pero ha valido la pena.
-Tenemos a la persona justa.
-Para qué si se me permite preguntar, señor.
-Pues verá… no creo que esté al tanto, por lo que se lo informaré: tenemos personas de inteligencia infiltradas en colegios, academias e institutos de la clase alta… como puede suponer esta parte de la ciudadanía es la que maneja el país, la que tiene los recursos para invertir en actos terroristas o en guerras por conveniencia y también es la gente que más nos cuesta detener… y tal vez jamás podamos hacerlo, pero por lo menos podemos ir un paso adelante a sus tropas armadas metiéndonos en el núcleo de sus familias, sus hijos, los futuros dueños de toda esta ambición, así con su confianza puesta en nosotros y siendo su mano derecha en un futuro cuando ellos hereden todo, tenemos el control de sus acciones sin que estos lo sepan… claro, suena a largo plazo… o sonaría así si es que no se hiciera desde hace 25 años, por lo que ya está dando resultados, estamos trabajando en conjunto con el FBI, la CIA y la policía japonesa y estadounidense…
-¿Y cuál será mi papel en esta misión, mi General?
-El informe también menciona que administró las oficinas del ejército en Tokio y gracias a usted marchaban como reloj.
-Era mi misión, señor.
-Pues bien, ahora le tocará administrar también. La mayoría del personal que trabaja infiltrada son mujeres que tienen apariencia de adolescente ya que los hombres sufren cambios muy obvios: barba, musculatura más pronunciada y… -Suou-sama tocio un poco antes de continuar –los hombres al verse rodeados de colegialas pueden proceder de manera más pervertida, de hecho los primeros agentes fueron de sexo masculino y tuvieron que dejar el caso por haberse acostado con muchas estudiantes, incluso algunos llegaron a violarlas, aunque su entrenamiento decía que debían hacer lo contrario. El problema que hemos encontrado entre las chicas que enviamos muchos casos de embarazo y a muchas se las ha pillado metidas en algún cuarto del colegio con alumnos y a medio vestir… por supuesto han sido expulsadas. El gran dilema de esta gente es que debe actuar en su vida diaria como un adolescente más, pero evitando realmente involucrarse con los menores de forma amorosa… comprenderá que para alguien que tenía una vida sexual relativamente activa le cuesta abstenerse de la noche a la mañana y es completamente comprensible… ahí entras tú Haruhi-san… su misión será crear un cuerpo de visitadores que satisfaga las necesidades de las mujeres que trabajan para nosotros, las instituciones cooperan bajo riguroso secreto y de la mano con los militares y ya fueron avisadas de este servicio. Los visitantes trabajaran como taller extra programático y se les pasara una sala para que puedan desarrollarse y ahí actuar según sea necesario, trabajará junto a usted el hijo del Coronel; capitán Kyouya Ootori, es joven, pero al igual que usted tiene un impecable currículo militar y mi hijo el teniente Tamaki Suou quien es el segundo mejor después de Kyouya. Mucha suerte con su misión, espero reportes.
-¡¿Qué?! –Haruhi no entendía en que circo se había metido.
Dos
-No puedo creer que terminé así –se lamentaba Haruhi sentada en un bar junto a un chico de cabellos negros y lentes y un rubio de facciones principescas.
-No deberías quejarte tanto –habló el moreno mientras llenaba su shop de cerveza –son ordenes superiores.
-Es que usted no lo entiende capitán Ootori –la fría mirada que lanzó el chico la hizo callar un momento –lo siento… sé que no deben saber que trabajamos para… bueno… que es una misión secreta… aún así yo no sé de este tipo de vida… bohemia… –probó la cerveza e hizo un gesto de asco –ni siquiera me gusta esto…
-De todas formas tienes nuestro apoyo –le sonrió de forma encantadora el rubio.
-Tamaki-san, tú no entiendes, yo sé administrar, pero esto no es lo mío… me siento demasiado desorientada… yo ni siquiera… ni siquiera… -se sonrojó –bueno… eso…
-¿Eso significa que eres virgen? –preguntó el capitán mientras tomaba nota de lo que se hablaba.
-Bueno… se puede decir así… -su rostro resplandecía en vergüenza.
-Como sea… lo primero es lo primero –el rubio tomó de su cerveza –tenemos que conseguir a los chicos que prestarán sus servicios…
-Y también un centro de operaciones que no sean las oficinas de las fuerzas armadas –acotó el de lentes.
-Claro, no queremos involucrar a nuestra respetable institución con un trabajo… así… -suspiró Haruhi.
-Yo me puedo encargar de reclutar a los hombres… tranquila –apoyó una mano de forma teatral en el hombro de la chica -¡Confía en mi instinto! Quizá no puedo encontrar gente tan perfecta como yo, pero sí traeré buenos ejemplares… además ya tenemos a dos reclutas –miró sonriendo a Kyouya.
-Olvídalo… no me metas en tus decisiones…
-¡Oh, vamos! –los ojos del rubio se volvieron vidriosos –tenemos que ayudar a Haruhi… mírala… pobrecita… está tan sola en este mundo… -la chica lo miró incrédula de que un militar pudiera comportarse así –además lo más importante es complacer a las encantadoras princesas que dan vueltas sin encontrar a su príncipe azul.
Una rosa en su mano… ¿de dónde demonios sacó una rosa? -se preguntó Haruhi -¿La habrá sacado de la manga como un mago? Dios… dónde me metí…
-Por favor… Kyouya… Kyouuuuuya… Kyouuuuuuuuuuuuya… Kyouuuuuuuuuuuuuuuu...
-¡Está bien! Pero deja de hacer eso… -suspiró cansado –yo me encargaré de buscar el lugar más propicio, aunque creo que trabajar en secreto dentro de La Academia Ouran sería conveniente por su centralidad, además podríamos ocupar una de las limosinas de la familia Ootori para movilizarnos…
-¿La familia Ootori tiene limosinas? –se extrañó la chica, a lo que Kyouya sólo contestó con una sonrisa irónica.
-Al igual que la familia Suou, la familia Ootori somos descendientes de altos linajes militares, te recomiendo que averigües un poco más sobre tus superiores.
Ricos bastardos.
Tres
-¡Hija mía! ¡Has llegado en un estado deplorable anoche! ¡¡Aún hueles a cigarro y cerveza!! ¡¡Te escuché correr al baño para vomitar por lo menos tres veces anoche!! ¡Sé que es una misión secreta y que no puedes contarme de que se trata, pero no puedo permitir que te comportes de manera tan irresponsable! –lloraba, sobreactuado, un okama al lado de la cama de Haruhi.
-Por favor… papá… -gimió desesperada la chica –no grites que me duele la cabeza… oh por Dios… como odio esto.
Cuatro
-No puedo creer que el SVCIA haya tenido tan buena acogida…
-¿SVCIA? –preguntó Kyouya, sin levantar la vista de su lapto.
-Servicio de Visitadores para Colegios, Institutos y Academias; así titulé la misión.
A una semana de haber comenzado el servicio ya habían visitado a la mitad de los colegios con éxito completo -Estas chicas están locas-.
-¡Haru-chan! –gritaba contento un pequeño rubio de ojos brillantes mientras se le colgaba del cuello de la muchacha.
-Honey-san, buenos días –Haruhi no podía entender como ese joven con apariencia adorable e infantil fuera unos reclutas que satisfacían sexualmente a las agentes encubiertas. ¡Es pederastia!... bueno… casi ya que es mayor de edad… incluso mayor que la mayoría de nuestros reclutas -buenos días Mori-san –saludó también a un muchacho alto, de apariencia salvaje y estoica.
-Buenos días –pronunció simplemente el chico de voz profunda.
-¿Eh? ¿Nuestro señor aún no ha llegado? –se quejó un chico de cabellos colorines y ojos dorados.
-Siempre es lo mismo, tenemos que esperar a que llegue porque se queda coqueteando con alguna agente… -suspiró cansado otro chico que era idéntico al anterior.
-Buenos días Hikaru-san, Kaoru-san –volvió a saludar más por cortesía que porque de verdad quisiera hacerlo. ¿Cómo esta gente loca pueden ser militares? Los más centrados son Kyouya-san y Mori-san, pero aún así deben tener algo mal en la cabeza para seguirle el juego a los demás…. Porque todos los reclutas eran de las Fuerzas Armadas, todos tenían dinero y hacían esto por "diversión". Ricos bastardos.
-¡Oh, vamos, que seria para tus cosas! –se rieron al mismo tiempo mientras se ponían cada uno a un lado de la chica -¿Y qué piensas? ¿Algún día probarás el servicio que prestamos? –le susurraron sugerentemente al oído.
-No hablen incoherencias –se alejó de ellos.
-Fuera de juegos –dijo Kyouya, apagando su computador portátil –sería bueno que la administradora aprobara la mercancía que está ofreciendo.
-¡Eso mismo, eso mismo! –coreaban los gemelos mientras iban encerrando a Haruhi, con ojos llenos de picardía.
-¡¿Qué?! ¡Olvídenlo! ¡No tengo ningún interés en probar nada!
-¡Alto ahí! –Se abrió la puerta mostrando al contraluz una hidalga figura –no toquen a nuestra princesa con sus asquerosas manos.
-¡¿Cómo que asquerosas, señor?!
-¡No tiene derecho a tratarnos así, señor!
-Además –continuó, ignorándolos completamente –si Haruhi va a probar a alguien –dijo pasando una mano por la cintura de la chica y la otra tomando su barbilla –tendría que empezar por mí.
-¡¿Ah?! –le pellizcó la mano que tenía en su espalda y de un empujón lo separó de ella –déjense de tonterías –caminó hacia la puerta –ahora que estamos todos deberíamos dirigirnos a la limosina, tenemos que ir a nuestro siguiente destino: La Academia de Señoritas Lobelia.
Cinco
El sistema era fácil, aunque ciertamente largo y trabajoso para Haruhi. Los chicos tenían una "cita" de media hora con las agentes y luego se iban a un lugar acondicionado para el acto sexual durante una hora y nuevamente se citaban con otra chica por media hora para "recuperarse".
Haruhi era la encargada de ver que se cumpliera el horario acordado, servía té y pasteles para hacer la entrevista más grata y anotaba las agentes que eran atendidas. O sea no paraba en todo el desarrollo del "taller extra programático". Los reclutas atendían un promedio de tres agentes encubiertas por tarde, lo que daba un total de dieciocho personas, que era aproximadamente el número de gente infiltrada por institución.
Aparcaron en el estacionamiento de Lobelia.
Era una magnífica Academia de estilo neogótico, con un exterior hecho en piedra caliza y vitrales de colores.
La directora del colegio los guió casi con reverencia hasta una sala apartada, la cual ya estaba lista y dispuesta para comenzar el taller.
A la hora acordada Haruhi abrió la puerta y entraron las primeras tres clientas.
-Señorita Amakusa Benio, señorita Maihara Chizuru y señorita Tsuwabuki Hinako –la chica leyó los nombres de la lista que había preparado Kyouya.
-Amakusa Benio, presente –habló de forma cantarina una mujer alta, con un bello rostro masculino.
-Maihara Chizuru, presente –cantó con tono medio una chica femenina, de cabellos largos y ojos grandes.
-Tsuwabuki Hinako, presente –terminó de forma lírica una muchachita de facciones dulces e infantiles.
-Muy bien, acomódense mientras voy a buscar a los reclutas.
-No nos interesan ellos –rió de forma juguetona Hinako.
-¿Perdón? –se volteó extrañada Haruhi.
-Ellos no nos interesan… -sonrió Chizuru.
-Pero… pero… -estaba confundida, no esperó jamás que ocurriera esto en el ejercicio de su misión –si no están acá por ellos…
-Los hombres son seres que van involucionando con el tiempo, pobres y simples simios y más si estos son militares –habló, muy teatral, Benio.
-Las mujeres no podemos rebajarnos a su altura… nosotras que somos personas pensantes, delicadas y absolutamente superiores –soltó una sonrisita cómplice la chica de cabellos largos.
-Durante siglos ellos nos han tratado como seres inferiores, por el miedo inaudito que tienen a nuestro increíble intelecto y personalidad –se emocionó la chica que se notaba menor que las otras.
-Bueno… -miró de reojo al SVCIA que observaba todo, sombrados e incrédulos – creo que simios si es una buena definición… pero si no están acá por ellos… ¿entonces?
-Pobre doncella, atrapada en el ejercicio de tal vil misión, teniendo que convivir todos los días con este zoológico –la mujer alta y varonil la abrazó de manera tan rápida que ella no tuvo tiempo de escapar.
-Pero… qué demonios…
-Tan bella, tan dulce… tan femenina… -Chizuru comenzó a acariciarle los largos cabellos.
-Tan suave… una gema en bruto, que nunca brillará al lado de tantos animales… -terminó finalmente Hinako.
-¿Aún no lo entiendes? Escuchamos el rumor de que con la pandilla de buenos para nada venía una belleza… hemos asistido por ti, queremos que tú nos atiendas.
-¡¿QUÉEEEEEE?!
-¡Saquen sus manos de mi princesa! –salió gritando el rubio del lugar en que estaban observando.
-¡¡Dejen a Haruhi tranquila!! –los gemelos corrieron detrás de Tamaki y comenzaron a forcejear por ganar a la muchacha.
-Lo siento señoritas, pero la Capitana Fujioka no está incluida en la atención –apareció Kyouya arrebatándoles con cierta facilidad a la chica y abrazándola de forma posesiva a su cuerpo –además… -la miró con ojos llenos de… ¡¿deseo?! –ella es mi esposa.
-¡¡TÚ QUÉ…!! –se asustó la Capitana.
-¡¡No mientras Kyouya!! –Tamaki comenzó a tironear a la chica para que se la devolvieran.
-¡¡Olvídenlo!! ¡¡Haruhi es nuestra!! –se sumaron los gemelos.
Madre… ¡¡dónde demonios me he metido!!
Seis
-¿Pantaleón y las visitadoras? –preguntó Kyouya a Haruhi, quien estaba sola leyendo en la sala de música.
-Sí –suspiró cansada, cerrando el libro que hace tres minutos había acabado –pero no leeré más literatura latinoamericana.
-¿Y eso por qué?
-Eh… nada importante… -contestó incómoda y se levantó dejando el libro sobre la mesa, dispuesta a salir un momento a tomar aire antes que los demás llegaran al Host Club.
-¿Lo terminaste?
-Sí.
-Me lo podrías prestar –el chico de lentes le sonrió de una manera que jamás le había visto… podía notar ternura, pero habían otros sentimientos que no lograba descifrar -aún debo estar un poco sugestionada por la pesadilla de anoche -pensó nerviosa.
-Claro… -murmuró antes de salir… más bien escapar de la sala.
Como si alguno estuviera interesado en mí. Lo que más la asustaba no era el sueño en sí… sino que no le hubiera desagradado tanto como quería creer que lo había hecho.
