--¿Ésta es tu idea de diversión? --reclamó en menor recostado a lo largo del sofá. --. Esperaba más de ti.
Su mirada seguía a Jason, perdiendolo cuando éste entró en la cocina. Regresó la vista a la pantalla del televisor frente a él, se leía el título de una película en ella con la opción de "reproducir" seleccionada.
El mayor regresó a penas un par de minutos después, con un gran tazón de palomitas en las manos. Damian lo miró atentamente, su poco disimulada sonrisa y su andar alegre le daba curiosidad, ¿tan ansioso estaba de ver esa película? Se sintió secretamente molesto de que escogiera ese día justamente, uno de los pocos en que podía darse el lujo de pasar con él, para realizar aquella actividad tan mundana. Frunció el entrecejo.
--¿Esto es en serio? --cuestionó una vez más mientras el otro apagaba la luz e iniciaba la película antes de acercarse al sofá.
Jason dejó el tazón sobre las piernas de Damian y se apresuró a tomar su rostro entre sus manos. --Cállate, la película está empezando --dejó un casto beso en los labios del moreno, haciéndolo a un lado para acomodarse a su lado en el sofá y aprisionarlo entre sus brazos, ignorando el bajo refunfuñar del menor.
No era lo que Damian esperaba al llegar ahí; sin embargo, esa tarde descubrió que poco importaban la película y su trama, que las caricias cariñosas no eran algo exclusivo de después del sexo, los besos en el cuello no eran sólo para los momentos en que las pasiones estaban altas y que era genuinamente feliz entre los brazos del forajido.
