¡IMPORTANTE!

ESTA ES UNA HISTORIA CON LENGUAJE ADULTO, MALAS PALABRAS, SEXO Y TEMAS ADULTOS, ASI ES LA HISTORIA ORIGINAL Y NO PIENSO CAMBIARLA, SI NO TE GUSTA, NI MODO, CIERRA LA VENTANA Y BUSCA UNA HISTORIA DE RATING T O K.

Disclaimer: La historia pertenece a KiyaRaven y los personajes a Stephenie Meyer.

Capitulo 3. Alice, tarado y Chica Pipí.

EPOV

Después de desayunar, Bella se fue a la cama. El doctor dijo que los analgésicos la pondrían somnolienta, y tenía un millón de calorías que digerir, así que no esperaba verla pronto.

Me fume mi cuarto cigarro mientras caminaba por el cuarto y esperaba a mi querida hermana. Siempre me destrozaba los nervios cuando llegaba y empezaba a meter su increíble pequeña nariz en mi vida personal. Ya tenía la quijada tensa de la agitación. Lo atribuía a la masiva cantidad de nicotina en mi sistema y no al hecho de que mi hermana era una diminuta, malhumorada, rompe bolas que me asustaba un chingo.

Dios, se iba a divertir tanto con esto.

Después de que Bella se fuera a la cama, se me ocurrió que no tenía ropa que usar. No es que hubiera algo malo en eso. Así que llamé a Alice y le pedí que recogiera un par de cosas en su camino hacía acá.

El oído izquierdo todavía me zumbaba por el chillido ultrasónico que ella hizo con solo pensar en jugar con una Barbie de tamaño real.

No, la dulzura inerte de Barbie no le hacía justica a Bella. Sería algo más como Barbie Perra: botas con puntas de acero para romper bolas y pene opcional se venden por separado.

Jesús, esa chica era toda una obra de arte, ¿Y de que putas estaba hablando cuando dijo que le tenía miedo a las Gritonas? Que ridículo. Es decir, solo eran niñas. Granosas, pubertas niñas con brillantes y filosos frenos en los dientes y voces que hacían que se me encogieran las bolas dentro del cuerpo.

Cristo santo. Tengo que sentarme.

Me deje caer en el sillón y encendí otro cigarro mientras escuchaba el candado eléctrico de la puerta abrirse. Alice entro a la habitación, con los brazos llenos de bolsas de tiendas. Estaba tan hiperactiva que jurarías que estaba drogada.

No, Cullen, tú eres el único en esta familia que hace eso. Perdedor.

Hablando de drogarse, que no daría ahora por una pequeña probadita de…

-Deja de pensar en drogas, cabrón- dijo Alice mientras dejaba caer las bolsas y me besaba en la mejilla.

¿Cómo hace eso?

-Buenos días, Alice- musité. –Veo que no te molestas en tocar la puerta en estos días.-

Tome un largo soplo al cigarro. Sabía a mierda, pero se sentía bien.

-¿Por qué me molestaría en tocar, querido hermano, cuando tengo la oportunidad de entrar y encontrarte tirándote a tu más reciente zorra en este elegante pedazo de mierda?-

Se sentó en el sofá y se quito los zapatos a patadas.

-Alice, sabes muy bien que no me he tirado ni zorras ni nada parecido, por casi seis meses. Mi pito esta empezando a creer que se me olvido que existen las vaginas.-

Tome otra gran calada al cigarro y sople el humo en su dirección. Ella arrugó la nariz y lo alejo con la mano.

-Bueno, tu sigues diciendo eso, Edward, pero con tu pasado record estoy segura que será solo cuestión de tiempo antes de que saltes del vagón y regreses a tus caminos de drogas y putas.-

Sonrió dulcemente.

Me saque el cigarro con fuerza y la vi feo.

-Mi herma damas y caballeros, amiga, confidente y una total perra gruñona.-

Ella se rió y puso las piernas debajo de ella.

-Tú sabes que te encanta. Y…- dijo casualmente.-Cuéntame de la chica que tienes secuestrada en tu cuarto, sucio cabrón.-

Me recosté en la silla.

-Te dije por teléfono, Alice, no es lo que tú crees.-

-Entonces, ilumíname.- dijo desesperada.

Me talle los ojos de frustración.

-Es solo una chica que conocí la otra noche. Me ayudo a librarme de algo y necesitaba un lugar donde dormir, así que me imagine que se lo debía. Y eso es todo.-

-Ajá- Alice entornó los ojos y yo gemí internamente a lo que sabía se venía. -¿De que te ayudo a librarte, Edward?-

-No fue nada.-

Sus ojos se entornaron más y me sentí como si me estuvieran interrogando los del servicio secreto.

-Edward…-

-De verdad, nada.-

-Me vas a decir.-

-No, no te voy a decir.-

-¡EDWARD!-

-Me salvó de las Gritonas, ¿bien? ¡Estas feliz!-

Salte de la silla y comencé una monumental rabieta.

Dios, ¿Cómo hace eso?

Alice continuó viéndome. Obviamente no había terminado.

Juro por Dios, debería patentar esa mirada y vendérsela a la NASA. Podías explotar esteroides en el espacio con esa pendejada.

-¿Dónde la conociste?-

-En un callejón.-

-¿Qué estabas haciendo ahí?-

-Escondiéndome de las Gritonas.-

-¿Qué estaba haciendo ella ahí?-

Me detuve.

Alice incrementó la intensidad de su mirada.

Me rompí como porcelana barata.

-Ella estaba… durmiendo.-

Frunció el ceño.

-¿Durmiendo?-

-Ajá.-

-Acostada, ojos cerrados…-

-Con cobija y todo.-

Lo entendió y todo y ahogo un grito.

-¿Ella es una… una persona… de la calle?- susurro teatralmente.

Vi sus ojos vagar por las puertas dobles de la habitación con la misma incredulidad que si le hubiera dicho que un pequeño hombre verde llamado Howard había salido de mi trasero y que ahora estaba en el cuarto tejiendo oro.

-Dios Santo, Edward, ¿es peligrosa?-

Suspiré.

-Solo si la dejas hablar.-

-¿Cuánto tiempo se va a quedar?

-No sé. Tiene una herida muy fea y no quiero que vaya a ningún lado hasta que haya sanado.-

Alice se puso de pie y se acercó a mí.

-Bueno, ¿no eres todo un caballero con armadura brillante?- se dejo caer en mi regazo y me quito el cigarro que estaba a punto de prender de la boca. –Deja de fumar, idiota. Ya no te quedan suficientes neuronas.-

Vio brevemente la puerta del cuarto y luego me vio a mí con intensidad. –Solo asegúrate de mantener tu pito en los pantalones, dulce hermano.- dijo mientras aplastaba el cigarro con sus dedos. –Por que si no, te cortare las bolas. Y le diré a tu terapeuta.-

-Jesús, Alice- gemí. -¿Por qué no te tiras a Jasper y lo superas?-

-¡Edward!- dijo. –No seas tan vulgar. El doctor Hale y yo tenemos una relación basado en mutuo respeto y comprensión.-

-Alice, le pusiste a tu vibrador el nombre de Jasper, ¿Qué tan respetuoso es eso?-

Me sonrió con malicia.

-Es una polla enorme, corazón- sonrió burlona. –Estoy segura que pensaría que le estoy mostrando mucho respeto.-

Se puso de pie, se puso los zapato y tomó su bolso.

-Bien, ahora estoy aburrida. Me voy a la oficina. Tengo que terminar con los detalles para tu presentación en SNL (Saturday Night Live).-

Gemí cuando me besó en la mejilla de nuevo y se dirigió a la puerta.

-Regresare en unas horas. ¿Que tal si tú y la bella durmiente me acompañan a almorzar?-

Me despeine el cabello.

-Bien.-

Whoa, baja tu entusiasmo un poco chico, ¡Alguien perderá un ojo!

-Hay muchas cosas ahí que ella puede usar, incluido ropa interior y accesorios- Estoy seguro que Bella estará emocionadísima. –A las 12:30 ¿esta bien? No lleguen tarde.-

Con eso se salió por la puerta y la cerro suavemente detrás de ella.

Comida.

Con Alice.

Y Bella.

12:30.

En el restaurante.

Que esta pasando el lobby.

Escalofríos.

Pasando a las Gritonas.

BPOV

Cullen estaba oficialmente teniendo un ataque.

Finalmente había logrado meterlo al elevador, pero antes de que se fumara un caja entera de cigarros, buscado cinco veces en el cuarto su celular (que estaba en su bolsillo) y cambiado su playera cuatro veces. (Eventualmente se había decidido por una playera oscura que se adhería perfectamente en los lugares correctos. Lo había aprobado)

Todo había estado un poco raro desde que desperté de mi siesta. Me había quedado en la cama por un rato, disfrutando el lujo de cuatro paredes y un estomago lleno, cuando me di cuenta de lo silencioso que estaba todo.

Demasiado callado.

-¿Cullen?- dije en voz alta cautelosamente. -¿Estas ahí?-

Espere una respuesta. Nada.

-¡Hey, Rock star ven aquí!-

Todavía nada. Use mi mejor voz sexy de gatita.

-Oh, Dios, estoy tan sola en esta cama tan grande.-

Nada nada.

Bien, o se había ido o era gay. Tiempo de descubrir cual de las dos.

Me salí del cuarto para encontrarlo todo catatónico en el piano, viendo las teclas con ojos nublados, con los hombros encogidos y abatido.

-Oh, ahí estas.- dije casualmente.

Se veía muy extraño. Hermoso pero extraño.

-¿Qué haces?- pregunte con cuidado.

Se dio la vuelta hacía mi lentamente y levantó las cejas.

-¿Eh?-

Camine hacía él, estudiando su cara fruncida mientras me acercaba.

-¿Estas bien?-

Él se encogió de hombros y dijo. –Claro.-

Me acerqué al piano y me recosté en el.

-Y ¿Cómo esta tu hermana?-

Me vio con pronta intensidad.

-¿Qué? ¿Oh, Alice? Bien. Um, Swan… ¿de casualidad no tendrás alguna… droga?-

-De hecho si, Cullen, si tengo- dije dulcemente. –Las traje junto con todas mis ganancias de mi maravillosa nueva invención- le enseñe el dedo. –El de el dedo de VETE A LA CHINGADA. Diversión para toda la familia.-

Le rodee los ojos mientras su expresión cayo.

-¿Qué putas, hombre? ¿No se supone que estas fuera de esas cosas?-

Él suspiró.

-Supongo- se enderezó y miró hacia la cocina. –Hey, ¿Crees que esas pequeñas botellas del mini bar cuenten como alcohol? Es que bueno, son tan pequeñas…-

-¡Cullen!- dije en voz alta mientras chasqueaba los dedos frente a su cara. -¿Qué te pasa?-

Se alejo del piano y camino hacia el sillón.

-Bueno, obviamente estoy tratando de emborracharme y tu lo estas evitando como cuando alguien evita que alguien coja, así que ahora voy a fumar hasta el olvido.-

Tomó un cigarro y lo encendió después puso el encendedor de vuelta en la mesa.

Camine hacía él y lo empuje en el reposabrazos del sillón.

-Jesús, eres un bebé.-

Me miró irritado.

-Y tú eres extremadamente insoportable para ser una persona tan pequeña. Empiezo a pensar que tu y mi hermana fueron separadas al nacer.- tomó otra calada de su cigarro y exhalo con fuerza. –Oh, por cierto, vamos a comer con ella en el restaurante del hotel en una hora y media. Trajo ropa para ti.-

Hizo señas hacía la larga pila de bolsas junto el sofá.

-¿Por qué no puedo usar mi propia ropa?- demande.

-Bueno- dijo lentamente. –Primero, esta toda sucia. Segundo, huelen a pipí.-

Lo miré con furia.

-Perdón… huelen a pipí de Charlie.- corrigió a fuerza.

Asentí. –Gracias.-

-Y por último y mas importante. Tire tu ropa.-

Se me abrió la boca.

-¿Tú… tiraste… mí… ropa?-

Tomó una gran calada de su cigarro.

-Sip.-

-¿Por qué hiciste eso?-

Frunció el ceño. -¿No conteste eso con lo que dije de estar toda sucia y oler a pipí?-

-¡Era la única ropa que tenía, pendejo!- le grité.

-¡Es por eso que le dije a Alice que te trajera nueva ropa, chica pipí!- gritó de regreso.

Él NO dijo eso, chingado.

Le entorné los ojos. -¿Cómo me dijiste?- le pregunté con los dientes apretados.

Se hundió en su asiento y me vio feo. –Ya me escuchaste… chica pipí.-

Me le lance encima y termine en su regazo, tomé con fuerza su cabeza y la metí en mi cuello. – ¡PASE LA ULTIMA HORA LAVANDO ESA PENDEJADA DE MI, IDIOTA! ¿TE PARECE QUE HUELO A PIPI AHORA, TARADO DESESPERANTE?-

Deje de respirar cuando sentí su nariz pegarse a mi garganta. Ahogue un grito y solté su cabeza de la sorpresa.

¿Qué coño estas haciendo? ¿Por qué estas en su regazo? ¿Por qué estas jadeando? ¿Por qué? ¿Por qué? Por el amor a todo lo santo ¿POR QUE?

Aún podía sentir su nariz rozar mi garganta, su aliento cálido hacía que mi temblara y mi piel se quemara.

Él no se movió. En vez de eso inhalo, con fuerza, subiendo su nariz hasta mi oreja. Me aleje, avergonzada y un poco excitada.

Dios, ¡Di algo! ¡Lo que sea!

-¿Y bueno?- dije con voz ruda. –Te hice una pregunta.-

¿Que putas fue eso? No están en ¡Quien quiere ser millonario! ¡Idiota!

Me miró a la cara. Sus ojos oscuros y con una ligera sonrisa en los labios.

-No- dijo suavemente. –No hueles como a chica pipí. Mi error.-

¡Jesús, María y José!

El corazón me exploto en el pecho, latiendo con fuerza.

Me aleje de él y me baje de su regazo, moviendome sobre las bolsas y picándolas con mi pie.

-Nueva ropa ¿eh?- dije sin aliento, ignorando la molestia entre mis piernas. –Supongo que eso sería un cambio agradable.-

Lo mire. Él me miro con intensidad por un momento antes de pasar su mano por su cabello. Exhalo ruidosamente y se saco el cigarro.

-Estoy seguro que te gustaran. Mi hermana tiene talento para la moda.-

Se inclino sobre la mesa y encendió otro cigarro, y me di cuenta que sus manos temblaban un poco.

-¿Por qué la comida te tiene tan nervioso?- pregunté con cuidado. –Es que bueno, se que no he estado en un restaurante en mucho tiempo, pero intentare no ponerte en ridículo.-

El me vio enojado. -¿Qué? ¿Crees que estaba nervioso por ti? Dios, no, Swan. Bueno, el desayuno fue un poco perturbador, pero no. No es por ti por lo que estoy preocupado.-

Me senté en el sillón para estar frente a él. -¿Entonces que es?-

Le dio una calada a su cigarro y pretendió quitar algo de sus jeans. –No es nada. Solo estoy siendo una nenita.-

Me recosté y puse las piernas debajo de mí. –Son las Gritonas ¿no?- el no levantó la vista. Tomé su silencio como un si. -¿Por qué te asustan tanto?-

Me fije mientras el pensaba su respuesta. Podía darme cuenta que estaba luchando por encontrar la respuesta correcta y yo estaba de verdad fascinada.

El miró por la ventana y frunció el ceño. –Eso es lo que intento averiguar- dijo en voz baja. –Mi terapeuta piensa que es una forma de agorafobia, pero no lo es- me miró. –No lo sé. Es decir, se que gritan por que les gusto… o al menos les gusta lo que hago…-

-O como te ves.- ofrecí.

Se encogió de hombros. –Pero cada vez que escucho los gritos, en todo lo que puedo pensar es en que esperan algo de mí. Esperan que les de algo, y no se que es. Es decir, la única razón por la que tengo todo lo que tengo es por esas dulces, dedicadas chicas que compran mis discos y descargan mis canciones, y se que debería estar agradecido, pero… ellas esperan que sea algo que no soy.-

Vio hacía otro lado pero no antes de que pudiera ver la vergüenza en sus ojos.

-Dios, escúchame. La estrella de rock lloriqueando por sus problemas con la chica que vive en las calles. De verdad soy un tarado.-

Sonreí con tristeza. –Si lo eres, pero todos tienen problemas. Supongo que es por eso por lo que has estado en rehabilitación tantas veces.-

Tomó otro cigarro y lo rodo entre sus dedos.

-Nunca tome en serio la rehabilitación. Siempre supe que era un gran cliché, estar en la industria musical y tener un problema con las drogas, pero parecía que era la única cosa que encajaba con la imagen que todos esperaban de mí… y después de un rato, fue la única cosa que quito los ataques de pánico.- me dio una sonrisa torcida. –Automedicación.-

Me apreté la bata y subí las rodillas a mi pecho. -¿Y que fue lo que cambio?- pregunté en voz baja. -¿Cómo fue que el último viaje a rehabilitación funcionó?-

Encendió otro cigarro y exhalo. –Al fin me di cuenta que lo que estaba haciendo era débil. Estaba usando las drogas y el sexo para manejar mis traumas. Me imagine que tenía que empezar a controlar mi vida, en vez de ser el animal que todos esperaban que fuera.-

-Mmmm- dije pensativa. –Y ¿Cómo vas a manejar a las gritonas hoy? No creo que correr a un callejón y acosar al indigente sea una opción dentro de este hotel.-

Sonrió seco. –No, supongo que no.-

Me incline –De acuerdo… ¿Qué tal esto? Seré tu guardaespaldas. En el momento en que todo sea mucho para ti, solo asientas con la cabeza y yo corro hacia ti, te pongo en mis brazos y te cargo fuera de ahí mientras Whitney Houston berrea al fondo.-

El se rió y mi corazón se encogió un poco a lo hermoso que se veía. –Esta bien, Swan, es un trato.- miró su reloj. –Ahora, mejor te arreglas. Tenemos que estar abajo en diez minutos, y a mi hermana no le gusta esperar.-

-¿Estas bien?- pregunte, notando que la sombra de la duda seguía en sus ojos.

-Sip- dijo confiado. –Solo necesito otro cigarro. Y encontrar mi teléfono. Y cambiar mi playera.-

Y así fue como diez largos minutos después, estaba moviéndome incomoda en los jeans mas pequeños del mundo, sentí que me violaban y finalmente en el elevador para dirigirnos al lobby.

Podía darme cuenta que Cullen intentaba no derrumbarse. Estaba viendo el suelo y respirando lentamente, obviamente intentando calmarse. Quería confortarlo de alguna manera, haciéndolo sentir mejor, pero apenas conocía al hombre.

Me decidí por hacer un fuerte sonido de pedo.

-¡Dios santo, Cullen, eso fue asqueroso! ¿Qué has estado comiendo?- exclame en voz alta.

El me vio perplejo por varios segundos antes de doblarse de la risa. Me le uní y de pronto, las cosas no parecían tan malas.

Antes de que me diera cuenta el elevador se detuvo.

Los dos dejamos de reír cuando las puertas se abrieron, y los gritos comenzaron.

En el próximo capitulo, ¿Sobrevivirá Bella el almuerzo con Alice? ¿Y como cooperara Edward con las Gritonas?

Gracias por cada uno de sus comentarios! En serio, me motivan a seguir traduciendo y me chiflo toda cuando dicen que traduzco muy bien, ustedes son la neta del planeta.

Saludos Cass!

Aprieten review y digan hola.