Capítulo 3

Era un maravilloso lunes por la mañana. Elegantemente vestido, peinado y perfumado, salió para encontrarse con ellos, con sus pobres amigos que no habían pasado tan buena noche como él. Yaten, pero sobre todo un muy golpeado Taiki, estaban agotados de la noche que habían pasado.

Al verlos, es decir, al ver a Taiki, se sintió mal de inmediato por lo que les había hecho. Era por eso que a Darien no le gustaba tomar decisiones cuando estaba enojado, generalmente después se sentía mal con el afectado pero sobre todo con él mismo.

Acercándose hacia donde estaban les sonrió y les dio los buenos días. Dijo que él ya debía salir para la empresa porque tenía un largo y agotador día de trabajo pero que no se preocuparan por él. Les dijo con una gran sonrisa en el rostro (lo cual les causaba mucha curiosidad, sobre todo a Yaten) que se iba a trabajar y que descansaran. Que lo más seguro era que se quedara en la mansión esa noche. Les dijo y no podía ocultar la alegría, por más que intentaba disimularlo no le salía, que esa noche no regresaría al rancho.

— Hmmm, ¿y eso jefe? ¿No que a usted no le gusta quedarse allá porque le trae muchos recuerdos de ella, de Serena?

— Oye, sí Yaten, ahora que lo dices tienes toda la razón. — Exclamó Taiki levantando una ceja y mirando a Darien con desconfianza— ¿Y eso señor? ¿Por qué se va a quedar en la ciudad, y más en esa mansión, si usted la odia?

— Bueno, pues, como les dije, hoy tengo demasiado trabajo y no creo que haya terminado para las siete.

Respondió Darien pero que va, es como dice un muy viejo pero conocido refrán: "A otro perro con ese hueso" Sonreía con tanto gusto que nadie le podía creer eso. Los muchachos sabían que había, que tenía que haber algo más detrás de su misteriosa quedada en la ciudad.

— Aja… ¿seguro señor? Porque si lo que le da pereza es manejar desde la ciudad hasta el rancho, Taiki y yo podríamos pasar por usted a la hora que nos diga y…

— No, no, no Yaten, no es por eso, me voy a quedar porque me toca. El gran sabio a estado jodiendome mucho con eso y bueno, ni se imaginan lo que es lidiar con él, con Diamante, con el bobo de Zafiro, con, mi hermana, y sobre todo y más que nada con la gerente financiera de la empresa.

— ¿Con Eudial? Uy jefe, ¿y cuál es el problema que tiene con esa cosita rica?

Dijo Yaten y no lo pudo evitar, se empezó a reír sin parar al igual que lo hicieron Darien y Taiki.

— Que gracioso eh Yaten, muy gracioso; como que la trasnochada te volvió comediante. Pues el problema es que me toca estarle llevando la corriente a todas sus insinuaciones porque si no lo hago, pues no me maquilla los balances y bueno, eso sí que sería un problema.

— Ay jefe, ay señor… — Suspiró Taiki con resignación e hizo lo de siempre, sacar un cigarrillo y encenderlo con su extraño encendedor. Luego le dijo después de haberle dado la primera bocanada al cigarrillo…— Ya quisiera yo tener los problemas que tiene usted, ya quisiera…

Darien, y también Yaten desde luego, se sintieron mal por él al verlo así, tan abatido, tan deprimido, tan frágil. De lejos se le veía lo mucho que estaba sufriendo por la ruptura con Amy y eso no era lo peor. Lo peor era que no podían ayudarlo de ninguna manera. Taiki estaba jodido.

Con la fresca brisa de la mañana, viendo el sol en todo su esplendor y escuchando el dulce sonido de los pajaritos cantar, subió a una de sus camionetas después de haberse despedido de sus amigos y emprendió camino hacia la ciudad. Darien encendió el estéreo y manejando a una buena velocidad, a 80 kilómetros por hora, recordaba la conversación que había tenido la noche anterior con Serena. Sonreía de gusto y completamente enamorado al recordar con que cariño le habló por el teléfono pero, aunque se sentía feliz por haber hablado con ella y haber conseguido que aceptara salir con él esa noche, se sentía mal por Yaten y por Taiki. Le pesaba un poco el hecho de sentirse tan feliz cuando ellos, estaban en una pesadilla constante.

— "…está bien pero veámonos después del trabajo y sin ningún tipo de seguridad"

— Pero Serena, mi bello y seductor ángel malvado, yo no puedo hacer eso. El gran sabio me tiene…

— Entonces no Darien, entonces no. Yo no quiero que…

— Está bien, será como tú quieras entonces. ¿A qué hora y en dónde? Tú solo dime y yo estaré ahí, esperando impacientemente por ti…

— Ay Darien, mi amor, sigues siendo tan encantador y tan caballeroso como siempre. Muy bien, anota. Veámonos en…

— Serena… No sabes ni te haces a una idea de la falta que me haces, de lo mucho que te he extrañado.

Más pronto de lo que pensó estuvo en la ciudad. Como había tomado la precaución de tomar una ruta más despejada, había llegado con suficiente tiempo para darse un gusto que llevaba aplazando desde hacía mucho rato. Decidió que, ¿Cuál era la prisa por llegar al trabajo? Después de todo ahora era: "El señor del antifaz" Odiaba el nuevo título que el gran sabio le había dado pero, no podía ocultar que si le gustaba más ser el presidente de una prestigiosa compañía que lavaba dinero de la organización de los Black, que uno de los capos de la mafia más buscados de todo el país. Su nuevo cargo no era nada fácil de manejar pero lo prefería porque si sabía mover bien sus cartas, podría estar con ella. Con la mujer que amaba.

Darien estacionó su reluciente camioneta negra de espejos blindados y bajó para entrar. Hacia tanto que quería comer y tomar algo decente que sonreía como un niño en una dulcería. Realmente estaba contento de estar ahí.

Y cuando entró lo primero que hizo fue ir al mostrador a preguntar por ella. Por la amable, bella y delicada dueña.

— Muy buenos días y bienvenido señor. Dígame, ¿qué desea llevar?

— Buenos días y oye, ¿de casualidad no estará por aquí Lita?

— Sí, sí señor pero está en la cocina. ¿La necesitaba para algo urgente?

— Bueno… urgente no. Solo me gustaría saludarla y…

En ese preciso momento salió Lita de la cocina. Sosteniendo un bol en la mano y sin dejar de batir, sonrió y dijo mientras se acercaba al mostrador en donde estaba Darien ya sonriendo…

— Pero miren nada más a quién tenemos aquí muchachas. Pero si es el señor Shields en persona. Hola Endimión. ¿Y eso? ¿Qué te trae a mi humilde restaurante?

— Hola Lita. — Sonrió con amabilidad— Sé que he sido un ingrato de lo peor y te pido de antemano una disculpa. He estado tan ocupado que, no había tenido tiempo de venir para poder comer algo decente pero mira, hoy me levante más temprano y aquí estoy. Dispuesto a comerme todo tu restaurante.

— ¡Esa voz me agrada!

Empezaron a reír por igual mientras Lita le pasaba el bol a una de sus ayudantes y se limpiaba las manos en el delantal para salir.

Lita se veía como de costumbre, pensó Darien mientras ella salía del mostrador y se dirigía con él a una de las mesas, hermosa y radiante. Abrazándola mientras no lo sabía pero los observaban a una distancia prudente pero cercana, le encantaba su olor y el poder saludarla. Darien se sentó frente a ella después de saludarla y le preguntó por su vida. Le dijo, luego de que Lita llamara a una de sus meseras y pidiera lo que sabía Darien acostumbraba a comer cada que iba a su restaurante, una taza de café negro claro con dos de azúcar y dos croissants, que necesitaba que le hiciera un gran favor. Uno de vida o muerte; cosa que asustó a Lita de inmediato por supuesto.

— Y, ¿de qué se trata? ¿Es algo relacionado con tu trabajo o…?

— No, es incluso mucho más delicado Lita.

— Ay Endimión por Dios, habla. Ya me estas preocupando.

— Necesito que me ayudes a decidir cuál es mejor, si el pastel de chocolate o el de fresas con crema; es que no sé cuál elegir, estoy en un gran dilema.

Lita golpeó a Darien con algo de exagerada fuerza en su hombro izquierdo mientras él no paraba de reír; y claro, a ella le pasaba igual mientras regresaba el color a sus mejillas y a toda su cara. Lita, que sabía quién era Darien en verdad porque Serena se lo había contado, se preocupó cuando él le dijo eso con tanta seriedad. Por un momento pensó que se trataba de algo muy delicado debido al oscuro pasado de ese elegante caballero que tenía frente a ella y que no paraba de reírse.

Afortunadamente para Darien, Lita lo había golpeado en el hombro izquierdo y no en el derecho; de haberlo golpeado ahí habría lastimado la herida que le habían hecho la noche anterior.

— Pues a mí no me da risa, Endimión. No me parece para nada divertido.

— Oh vamos Lita, — Y no paraba de reír ese monumento de hombre— no es para tanto. Pero, ¿entonces al fin qué? ¿Si me vas a aconsejar o no?

— Pues eso depende.

Esa vez quien parecía muy seria era ella. Como seria lo sería que se había puesto que Darien dejó de reírse cuando la vio observarlo así, con tanta seriedad.

— ¿Depende de qué, Lita?

— Para quién es. Dime algo, ¿el pastel que quieres comprar es para alguno de tus trabajadores o es para, Serena?

— Lita…

— Porque si es para Serena, es fácil, el de fresas con crema. Ahora que si es para alguien más…

— Es complicado, ¿de acuerdo?

— ¿Qué es complicado? Yo conozco a Serena desde hace mucho tiempo y…

Lita estaba a punto de decirle a Darien que no le veía lo complicado por ninguna parte. Él, amaba a Serena y Serena, lo amaba a él, punto. Estaba a punto de decirle que desde que hubiera amor valía la pena cualquier sacrificio y cualquier esfuerzo hasta que un par de hombres, (en especial uno de ellos) que tenían prohibida la entrada a su restaurante, cruzaron la puerta. Lita era de ese tipo de personas que no era capaz de ocultar nada, su rostro lo decía todo. En cuanto vio a Seiya y a Andrew entrar al restaurante, palideció. Al principio se puso como un papel cuando lo vio pero luego, cuando ellos fueron directamente a la vitrina y su mirada se encontró brevemente con la de Andrew cuando él le pasó por un lado, se ruborizó; se puso tan roja como la sangre que estaba en sus mejillas. Tratando de componerse y de disimular lo mucho que verlo de nuevo la inquietaba, volvió a prestarle atención a Darien que había vuelto a reír; pues era evidente que Lita era la menos indicada para darle un consejo. Por lo que veía y le parecía, estaba más pérdida que él, muy enamorada…

— ¿Qué te pasa, Lita? Si lo que quieres es ir con él y saludarlos, ¿Por qué no mejor vas y…?

— Es complicado Endimión, ¿de acuerdo?

— ¡Aja, lo sabía! — Río y golpeó la mesa con ambas manos. Lo que llamó la atención de algunos cuantos.

— Shu, shu, cállate Endimión.

Aquel gesto de genuino gusto que había tenido Darien, había llamado la atención de muchos de los comensales que se encontraban en el restaurante degustando las delicias que Lita día a día preparaba con tanto amor y esfuerzo. Pero si había llamado la atención de ellos, que estaban muy concentrados en sus conversaciones y en sus cosas, mucho más llamó la atención de Seiya de Andrew; que también tenían a Darien entre ceja y ceja gracias a la investigación que había abierto Haruka contra él.

Darien vio, con susto, cuando Andrew le susurró algo a Seiya pero luego se tranquilizó porque Seiya sonrió, recibió el cambio por lo que habían comprado, y acto seguido empezaron a caminar para salir del establecimiento. Darien se relajó, y mucho, cuando los vio abrir la puerta y entrar al auto patrulla pero en cuanto vio a Lita, su bello rostro de finas y delicadas facciones se ensombreció. Vio en los ojos de Lita lo mismo que veía en los de Yaten y en los de Taiki todos los días, dolor, una profunda tristeza, muchísimo sufrimiento.

Sintiéndose mal por ella, puso una mano sobre una de las suyas y le preguntó con cautela, con cariño….

— ¿Estas bien Lita?

— ¿La verdad? No, no me siento nada bien. — Se levantó de la mesa y cuando le esquivó la mirada a Darien, no pudo evitarlo. Dos traiciones lagrimas se le escaparon. — Me dio mucho gusto verte Endimión pero bueno, ya debo regresar a la cocina. Con tu permiso. Quedas en tu casa.

Darien se había dado cuenta de que Lita había derramado aquellas lágrimas y también sabía de sobra la razón. Sabía que la causa de su tristeza, de su dolor y de aquellas lágrimas que se le habían escapado, era Andrew. Como hombre pensó en ir con Andrew, sacarlo del auto y darle un gran puño en la cara por hacer llorar a una de las amigas de la mujer él que amaba pero más que eso, a una amiga suya también. Darien iba tanto con Serena al restaurante de Lita que con los meses, con el tiempo y después de muchas amistosas platicas, se volvieron amigos. Le dolía que Lita sufriera por culpa de la "traición" (Andrew continuaba diciendo que no era infidelidad porque cuando había estado con Reika ya él y ella no eran nada) de Andrew pero también era consciente de algo. Cuando vio como él la miraba desde el auto patrulla antes de que lo encendiera y se fuera, vio lo mismo que había visto en sus mismos ojos los primeros días lejos de Serena, una gran tristeza. Se daba cuenta (y también se lo decían los muchos morados que tenía en la cara) de que no la estaba pasando nada bien. Tal parecía que Andrew era como Taiki. Lo único que quería era que algún día lo terminaran matando a golpes.

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Eran las siete de la noche y Darien estaba más nervioso que una novia en el día de su boda. Se sentía emocionado, feliz de poder estar con Serena y no veía la santa de hora de terminar para poder ir con ella. Lo que el pobre, atractivo, y, caliente, de Darien no sabía, era con la sorpresa que se iba a encontrar al salir del edificio.

Cuando los vio en la entrada y sonriéndole, le provocó matarlos; con todo y lo mucho que los apreciaba.

— ¿Neflyte, Malachite? ¿Pero qué hacen ustedes acá?

Neflyte y Malachite (que se veían bastante bien con las ropas que se habían comprado esa día más temprano, cuando se cansaron de esperar a Darien y salieron de compras) rieron de ver y escuchar a Darien regañarlos. Recostados sobre la camioneta blanca mientras Darien no dejaba de preguntarles qué rayos hacían ahí, se miraron el uno al otro y volvieron a sonreír. Con un gesto Neflyte le dijo a Malachite que le respondiera él. Que asumiera él el regaño.

— Sencillo, órdenes del gran sabio, señor Shields.

— ¿Cómo así que el gran sabio? ¿Es que estuvo por el rancho o qué?

— ¿Qué come que adivina, ah patrón? — Se empezó a reír con mucho gusto Neflyte— Así es.

— El gran sabio estuvo hoy por el rancho con su hermana, con la señorita Saturn, y nos preguntó por usted. Cuando le dijimos que no sabíamos y fueron y le preguntaron a Yaten y a Taiki, pues bueno, ya se imaginará lo que pasó después.

— Antes que nada Malachite, no le digas así a mi hermana; aun no puedo creer que el gran sabio se haya atrevido a meterla en esto. Se llama Hotaru, no Saturn, y me gustaría que cuando te refieras a ella, y lo mismo va para ti Neflyte, la llames por su nombre. No voy a descansar hasta conseguir sacarla de…

— Lo siento señor pero pues, ¿yo cómo hago ah? Cuando ella se nos presentó lo hizo con ese nombre y…

— No te preocupes que no es tu culpa pero bueno, bueno, no estábamos hablando de eso. — Se acercó más hacia donde ellos estaban— ¿Ustedes que hacen acá y mejor, desde que horas están aquí afuera esperándome?

— Nosotros lo hemos estado escoltando desde esta mañana señor.

— ¡¿Cómo Neflyte?!

— Uy sí, desde que salió de ese restaurante en donde trabaja esa mujer tan linda; la que se parece tanto a mi Júpiter y dice usted que es la que hace esos postres que nos llevaba a cada rato. ¿Cómo es que dice que se llama patrón?

— ¿Hablas de Lita?

— ¡Eso, eso! — Sonrió con mucho gusto Neflyte pero mucho más, Malachite y Darien— Lita. Es que hasta el nombre es bonito carajo, es preciosa.

— Pues realmente me parece el colmo con ustedes dos. ¿Tan desocupados estaban que se la pasaron vigilándome todo el día? Pero bueno, ya se pueden ir. Hoy me voy a quedar en la ciudad y…

— Y lo sentimos mucho jefe pero, no se puede. — Dijo Malachite esa vez muy serio— Tenemos órdenes del gran sabio y de Sat, digo, de su hermana, Hotaru, de no dejarlo solo en ningún momento. Les preocupó su repentino interés de quedarse en la mansión esta noche cuando usted, ha dicho muchas veces que detesta estar ahí.

— Pero es que, ¡¿a ellos qué les importa o en qué les afecta ah?!

Uyuyui, se enojó Darien.

— ¡Si me quiero quedar aquí o en la Conchinchina, pues me quedo y ya! Ah no, a mí no me van a venir a chingar hoy. No, no, no, no, yo necesito que ustedes se vayan y me dejen solo.

— Con todo respeto pero, ¿va a ser verdad lo que nos dijeron Yaten y Taiki entonces?

— ¿Y qué fue lo que ese par te dijeron Malachite?

— Que usted va a verse con ella hoy, con la señorita Serena señor. Yo sé que nosotros no somos nadie para decirle qué tiene o qué no tiene que hacer pero….

— Malachite, no se trata de eso. — Lo miró y le puso ambas manos sobre los hombros— No digas que ustedes no son nadie para mí porque eso no es verdad. Lo que pasa es que muy simple, yo la amo. Yo estoy enamorado de Serena y…

— Pues sí pero, ¿y el gran sabio y los endemoniados de sus hijos qué, ah? Acuérdese el problema que hubo con ellos la otra vez y fue precisamente por eso, por su relación con esa muchacha, que...

— Sí me acuerdo. Sé que ustedes tienen razón pero bueno, yo me tengo que ir y no puedo perder más tiempo con ustedes aquí.

Dijo y empezó a abrir su elegante saco para sacar, por lo que parecía, su billetera.

— ¿Cómo vamos a arreglar?

— Uy jefe… no me tiente. —Dijo Neflyte riendo.

— Señor…

— ¿Qué, Malachite? — Dijo mientras abría la billetera— Así es como arreglamos las cosas nosotros, con plata. ¿Entonces qué? ¿Cuánto me va a tocar darles para que se vayan y me dejen en paz, ah?

Neflyte se soltó a reír como si le hubieran contado el mejor de los chistes y Malachite, se negó rotundamente. Dijo que las cosas con los Black estaban muy complicadas como para complicarlas más de lo que ya de por si estaban y le aconsejó que no se viera con Serena, que regresara al rancho con ellos y que dejara las cosas como estaban pero no contaba con que Darien, era un hombre muy astuto; generalmente se salía con la suya. La oferta que le hizo era tan buena que no la pudo rechazar.

Malachite aceptó encantado cuando Darien le dio una de sus tarjetas de crédito (diciéndole que podía gastar lo que quisiera) y, además de eso, le entregó las llaves de una cabaña que había comprado recientemente. De inmediato pensó en ir por su bailarina preferida, por Venus, para pasar algunos buenos días en aquel agradable lugar con ella. Vacaciones adelantadas con todo pago, pensó mientras no podía ocultar una maliciosa sonrisa al pensar en todo lo que con esa bella mujer de peligrosas curvas iba a hacer.

Malachite estaba muy contento y, ¿qué ironía? Neflyte, que parecía muy relajado al inicio, estaba muy renuente a aceptar el dinero de Darien. Nada de lo que Darien le decía lo convencía de aceptar.

— Oh vamos Neflyte, ¿qué más quieres que te ofrezca pues? Te pasas.

— No Malachite, es que pensándolo bien tienes razón. ¿Que tal y…?

— Nada, no va a pasar nada Neflyte y bueno, necesito que te apresures y me digas qué es lo que quieres porque Serena ya me debe estar esperando. Me tengo que ir y…

— Señor, Darien, háganos caso y evítese un problema. ¿Usted se imagina donde el gran sabio se dé cuenta de que usted se está viendo con esa muchacha? ¿Por qué mejor no….?

— Diez mil pesos pues Neflyte y, además de eso, te presento a Lita. ¿Cómo la ves eh?

Fue de risa la cara que hizo el pobre bobo de Neflyte cuando Darien le dijo eso. Aunque intentaba ocultarlo (sin ningún éxito claro) se le notaba la emoción a kilómetros. Darien sabía muy bien cómo manipular a las personas; era muy bueno para detectar los puntos débiles, y, claro, siempre que podía sacaba ventaja de ello.

Yendo con él y pasándole un brazo por el hombro, lo siguió manipulando. Malachite no hacía más que reírse de ver las caras de confusión que hacia Neflyte y claro, le divertía mucho ver todo lo que Darien era capaz de hacer tan solo por estar con Serena. Le parecía increíble que fuera capaz de llegar a tanto solo por eso. Por una simple calentura, pensaba él equivocadamente.

— Ay Neflyte, Lita no solo sabe cocinar, hasta donde sé es una maravilla; hace de todo un poco…

— ¿Si?

— Oh sí, sí, así es. — Sonreía Darien con maldad— Lita, como esa mujer, ya no hay Neflyte; a excepción de Serena claro está. Y, ¿sabes qué más?

Neflyte hizo un gesto con la cabeza indicándole que prosiguiera. Le interesaba escuchar más.

— No hace mucho terminó con el novio; bueno, no el novio, ¿era el novio? En fin… nunca supe al fin si ese detective era o no su novio pero...

— Momento, momento, momento, ¿el novio es un detective?

— Te digo que terminó con él hace como, ¿dos meses? Lo mandó por un tubo porque le puso el cuerno con una de las secretarias que trabaja en la estación con él y…

— Listo, — se hizo frente a él y le estiró la mano para estrecharla. Darien, como casi siempre, lo había logrado. Lo había convencido por completo. —así quedamos entonces. No me de plata que yo no necesito plata jefe pero, señor, presénteme a esa belleza porque nada me gustaría más que salir con la ex de un detective.

— Neflyte… cuidado con meterte en problemas, ¿oíste?

— Sí, sí, si Malachite, como digas pero no, desde ya me gusta la idea. ¡Es que es más que ideal! ¿Bien linda que esta y además de eso, ex de un detective? ¡Perfecta!

— Bueno… ahora si me voy. Necesito que se encarguen de que nadie me moleste, ¿de acuerdo? Ni crean que voy a arruinarme, sobre todo contigo Malachite…

Río Malachite ante su comentario.

—…a cuenta de nada. Quiero privacidad, que nadie me moleste hasta mañana.

— Delo por hecho patrón. Aquí el temerario de Nef y yo nos encargamos de todo. Vaya tranquilo y, señor, que le vaya bien.

— Gracias Malachite. — Dijo mientras guardaba la billetera en el saco, sacaba su celular y se dirigía al parqueadero— Nos vemos.

El pobre Darien se había gastado una pequeña fortuna en menos de media hora pero, no importaba; Darien tenía dinero hasta para eso, hasta para regalar. Subiendo a su auto y encendiéndolo, se puso el auricular para hablar con ella. Para comunicarse con Serena que seguramente llevaba mucho rato esperándolo; pensaba él mientras aguardaba a que ella le contestara.

Y a la segunda vez de llamarla….

— Hola Serena, hasta que por fin contestas.

— Hola mi amor y, no me regañes Darien que bien sabes lo olvidadiza que soy. No reconocía el número y no quería contestar por eso. Porque no quería que nadie fuera a interrumpir nuestra cita de hoy... Que hablando de eso…estas como algo tarde. ¿No te parece, mi amor?

— Tienes toda la razón y no sabes cómo lo siento, mi tierno y delicado ángel de ojos celestes. — Le dijo Darien con cariño mientras esperaba a que el semáforo cambiara y la escuchaba reír— Lo siento muchísimo pero me estaba deshaciendo de mis vigilantes. Cuando salí de Moon, Malachite y Neflyte estaban esperándome y…

— Ah, ok, no hay problema; por cierto, no estoy en la cafetería en la que habíamos quedado de vernos.

— ¿Y entonces? ¿En dónde estás?

Me canse de esperarte y, no lo pude resistir. — La escuchó reír y el ruido de una pequeña cuchara golpear un vaso, lo hizo reír porque ya se imaginaba dónde estaba y qué estaba haciendo— Por tu culpa tuve que entrar a esta heladería y ordenar este enorme helado. Debí haberme ido pero… hey, ¿y tú cómo de qué tanto te ríes eh? ¿Crees acaso que romper mi dieta es algo de risa Darien?

— No, no, no, en lo absoluto. — Se seguía riendo mientras cada vez estaba más cerca de ella, de llegar a la heladería en donde estaba esperándolo— Antes, bendito sea Dios que no puedes resistirte a las cosas dulces y mucho menos a un helado. ¡Bendito!

— Ja, ja, ja, eso es tan divertido…. Tan gracioso mi amor… Ya en serio Darien, ¿si vas a venir o no?

— No tardaré, estoy muy cerca.

Darien colgó y a los cinco minutos, llegó con ella. Estacionando el auto brevemente y casi que corriendo para verla, se detuvo en la puerta porque no pudo, su belleza, la forma en la que iba vestida y más, la forma en la que le sonreía, era única, maravillosa… Aquel vestido blanco playero y con delicado escote en los hombros, la hacía ver como lo que él se la pasaba diciéndole, como un bello ángel que había caído del cielo solo para eso, para alegrar y llenar de vida su miserable existencia.

Volviendo en sí mismo poco a poco, recobrándose de lo impactante que había sido volver a verla después de tantos días, después de tantas horas lejos de ella, se acercó hasta la mesa en donde estaba sentada y le escuchó decir acompañado de una radiante y sincera sonrisa mientras se levantaba…

— Que bueno que por fin llegas, Darien. Me alegra mucho verte de nuevo.

A Serena no le gustaban ese tipo de escenas en público pero, no pudo hacer nada cuando Darien en un rápido movimiento la tomó por la cintura, la acercó hacia él y la besó. A ella no le gustaba besar a Darien como lo estaba besando en ese momento, en público, pero se relajó porque le pasaba como a él. Había sufrido muchísimo por su ausencia, por no poder estar cerca de él, y se dejó llevar. Dejó que sus bellos labios se mezclaran con los suyos que en ese momento, tenían un sabor muy especial. A Serena los labios de Darien le sabían a lo de siempre, a limpieza con algo mezclado de su delicioso perfume varonil pero para Darien, los delicados labios de Serena sabían mucho más que a helado de vainilla con galleta. Sus labios le sabían a gloria, a miel de rosas, a amor….

La primera en detenerse fue Serena. Con el rostro y los labios muy hinchados, tomó algo de aire y le dijo mientras le pasaba como a él, no podía parar de sonreír…

— ¿Quieres que nos quedemos aquí o mejor nos vamos para….?

— ¿Ya pagaste la cuenta?

Serena negó con la cabeza.

— Ven, vamos a pagar la cuenta y vámonos. Te quiero para mí y solo para mí.

— Darien… — Dijo Serena entre risas mientras él se hacía a su lado y entrelazaba su mano con la suya.

— No sabes cuánto deseé escucharte llamarme por mi nombre pero como lo haces ahora. Con dulzura, con ternura, con amor…

Sin poder dejar de mirarse el uno al otro, pagaron la cuenta y salieron del lugar. Con las manos entrelazadas y más enamorados que nunca, se veían tan o más enamorados que Romeo y Julieta. (Supuestamente, el amor de ese par siempre me pareció raro, más como terminaron) Cualquiera que los viera juntos y así, así como se sonreían el uno al otro, con esas miradas que se daban que solo reflejaban amor, pensaría que no eran tan románticos. Darien y Serena, se habían extrañado demasiado y en muchos sentidos, en muchos…

En el auto y después de haberle dado un pequeño beso, le preguntó con voz ronca y algo agitada…

— ¿A dónde te gustaría que fuéramos Serena? ¿Quieres que vayamos a mi casa o…?

— No, no vayamos a tu casa. Vamos a un lugar en donde no puedan encontrarte tan fácilmente. Vámonos para un motel.