Capítulo nº 2 señores y señoras aqui lo tienen.
que lo disfruten
Ahora que lo pienso bien, quizás dramaticé un poco la situación. Debo admitir que a primera vista, vaya que daban miedo. Tal vez, las presentaciones fueron demasiado formales para mi gusto. Sólo un saludo de mi parte, otro de la mujer, una mirada del chico y nada del hombre. Realmente, no sabía que pensar. Tenía miedo y odiaba eso. Con lo cual saqué conclusiones erradas. Pero eso podía suceder dadas las circunstancias. No venía con muy buenas experiencias.
Realmente me habían impresionado.
Marco Vulturis más que una estatua parecía un titán. Serio. Rígido. Apenas si me miró cuando me presente. Lidia Vulturis era también bastante frígida pero aunque sea me había dirigido una sonrisita para darme animo. Por lo menos, alguien me tenía simpatía. En cuanto al chico, no sabía que pensar. Al darse vuelta descubrí que no tenía nada de malo. Era un niño bastante apuesto. Serio y moreno, el real reflejo de su padre. Sin embargo tenía los ojos de su madre, de un gris plateado. Tenía toda la impresión de ser uno de esos críos malcriados y prejuiciosos hasta la coronilla. Sostenía el mentón en alto mirando hacía abajo orgulloso de poder hacerlo. Lo que me faltaba, que un pendejo insoportable me hiciera la vida imposible.
Mantuvieron esa actitud distante hasta llegar al aeropuerto.
Si antes me habían impresionado por su porte, en ese momento quedé impactada, asombrada, shockeada y me quedo corta para explicar lo que sentí.
¡Tenían un avión privado!
Quedé boquiabierta de la sorpresa. Ya tenía bastante asimilado el hecho de no saber que esperar. Pero nunca me hubiera imaginado esa magnitud de las cosas.
Fue la primera vez que noté que se relajaran ante mi presencia. Los tres se rieron de mi expresión y me dedicaron tres miradas llenas de comprensión y cariño.
Me acuerdo como si fuera ayer. El comienzo de mi felicidad, de mi nueva vida.
El viajar en avión hacía mi pasado me hace rememorar el momento en el que escapé de él. Al subir al jet, entendí que esa dureza en las facciones de los Vulturis era pura fachada. Terminaron siendo un pan de dios. En ese instante, me sentí en familia. Fue la primera vez que experimenté por mano propia la felicidad y la tranquilidad de estar en casa.
Claro que "casa" quedaba un poquito lejos. Resultó que vivían en Argentina, aunque Marco y su familia eran de Italia. Estuvieron todo el viaje hasta el país y hasta la casa, una vez allá, asegurándome que todo iba a salir bien, que la convivencia no iba a hacer difícil.
Con el paso del tiempo, se convirtieron en mi familia. Permanecieron a mi lado en todo. Y, por ello, mi amor y gratitud hacía ellos y hacía toda su familia creció hasta la luna. Me adoptaron como su hija y hermana. No había diferencias. Al fin, había conseguido lo que más quería en el mundo. Un papá, una mamá y un hermano verdadero.
Rápidamente aprendí español hasta el punto de tomarlo como mi lengua materna. Por supuesto que gracias a la fuerza y persistencia de mi hermano, logré deshacerme de mi acento estadounidense.
Nahuel, fue todo un caso. Fue el que más me sorprendió. Era el niño más dulce y bondadoso que jamás hubiera conocido. Nunca se apartó de mi lado. Creo que ayudo el hecho que yo estaba sola, igual que él. Y con toda la razón del mundo. Éramos dos pequeños fenómenos en un mundo de pluralidad cultural. Ambos teníamos problemas completamente diferentes, pero el sentimiento de incomprensión era el mismo, y compartirlo nos hacía sentir feliz. Enseguida decidimos que a pesar de las obvias dificultades de comunicación seríamos amigos. Desde el primer momento, aceptamos nuestras rarezas. Eso fue la principal razón para que nos volviéramos casi como hermanos mellizos. Inseparables.
Gracias al programa y a mis padres, tuvimos la posibilidad de recorrer el mundo. En vacaciones, viajábamos a un destino diferente cada año. Al comienzo, nos acompañaban nuestros papás, pero al crecer y luego del nacimiento de nuestra hermana, a los dos años de mi arribo, viajamos solos. Para una pequeña mocosa nerd de trece años, la cual nunca se había separado de su familia, eso era todo un progreso.
Así fue como crecimos alrededor del mundo. Nahu, salvándome de mi torpeza y yo tratando de evitar esa situación.
Jamás desee cambiarme de familia. Simplemente no lo podía concebir. Era como abandonarlos. No podría hacer eso. En esos 8 años me había convertido en una Vulturis más.
Hasta este momento en el cual me dirigía nuevamente a Forks.
Pero, claro que para no volverme loca, lo tomaba como unas simples vacaciones… al infierno. Realmente no tenía ganas de ver a mi familia biológica.
Antes de inscribirme en el programa pensaba que los amaba, por eso les aceptaba todos sus maltratos. Eran mi única familia, suponía que lo hacían por alguna razón hasta, incluso, que yo era la culpable por el solo hecho de nacer. Sin embargo, al conocer a los Vulturis toda lo que para mi significaba familia cambio. Entendí que lo que ellos me habían hecho era pura maldad. Pronto comenzó a sentir desprecio, odio y lástima, porque tenían que ser unas despreciables criaturas para hacerle algo así a otro ser humano.
Nunca más volví a sentir ese amor. Despreciaba a cada uno de ellos. Ya no eran nada para mí. Sólo un grupo de gente que alguna vez había formado parte de mi vida. Por eso, no entendía como había podido aceptar esa invitación.
Volviendo al momento actual de mí tortura.
Estaba ansiosa. Muy ansiosa. Apenas si podía quedarme quieta en mi asiento. Sentía que el cinturón me apresaba. Estaba muy ajustado, no me permitía escapar del destino cruel. Necesitaba irme. ¡Cómo diera lugar! Parar el avión, bajarme y salir corriendo de esta pesadilla. No, no es una buena idea, probablemente me caiga y haga el ridículo.
Después de todo, mis padres me habían obligado a esto. Nunca quise participar de esta farsa. Ellos fueron los únicos que consideraron bueno para mi salud mental el viaje a Forks, para que pudiera enfrentar mi pasado y seguir adelante. Además, podía aprovechar la oportunidad de vivir sola en un departamento por un período de tiempo prolongado. Esta última parte del trato me había gustado. Me hubiera encantado si no fuera en el Estado de Washington, donde se encontraban mis tormentos del pasado.
Pero no. Se me hizo imposible negarme, cuando el hombre terapia (mi psicólogo) consideró oportuno darle la razón a mis padres. Otra persona para odiar. ¡Genial!
Pues, así fue como terminé volando hacía el infierno.
Todos los Vulturis se habían complotado para crear mi autodestrucción.
No lo podía entender.
Después de interminables horas, el avión comenzó su descenso sobre California. Estaba pensando seriamente quedarme allí. No tomar el trasbordo a Seattle. Era una opción más que tentadora.
No. No se lo podía hacer a mi familia. Ellos habían puesto toda su confianza en mí. Lo tengo que lograr. Yo soy una chica valiente, sé que puedo.
El avión que me llevó a Seattle salió dos horas después del desembarco en California. El viaje pareció durar una eternidad, y, al mismo tiempo, nos acercábamos tan rápido a nuestro destino que me aterraba.
- Estamos a punto de aterrizar en el Aeropuerto de la ciudad de Seattle. – anunció la azafata por el altavoz.
- Nooo – sollocé en mi interior.
- Por favor, tomen sus lugares y abróchense los cinturones de seguridad.
Quería hundirme en el cómodo asiento de primera y no bajar nunca. Nadaba en mis penas. No quería. Si era necesario un berrinche lo iba a hacer. No importaba el ridículo que haría o mi familia. NO ME IMPORTABA NADA. Yo no iba a ir a esa boda. Este cuerpecito se volvía a su casa en el fin del mundo.
- Señorita, es hora de bajar – exclamó la azafata acercándose a mí. Ahora era el momento para mostrar ese carácter autoritario que había desarrollado junto a los Vulturis. – ya han bajado todos los pasajeros.
- Oh… sí, claro. En seguida bajo, solo déjeme recoger mis cosas. - ¡Por dios, Bella! ¿Dónde se quedó tu coraje, tu determinación?
¡Diablos! Sabía que me había olvidado algo en casa.
Comencé a juntar mis artículos personales tan rápido como me permitía mi torpeza. Me levanté como pude. Estaba a punto de comenzar a caminar, cuando mi estúpido pie se metió debajo del asiento sin que yo me diera cuenta. Ignorando mi situación, traté de continuar mi marcha. Pero no pude. Trastabillé y sentí, como si fuera en cámara lenta, como iba cayendo despatarrada al piso mientras que calculaba el lugar de mi caída. Por suerte los pasillos del área de primera eran amplios. Aunque no tan grandes para caer de forma tan poco decorosa. Iba a ser doloroso.
Cerré los ojos y extendí los brazos frente a mí. Ya estaba acostumbrada. Era mejor si no veía la caída, tendría pesadillas luego si lo hacía.
Justo cuando podía prever el golpe, unos fuertes brazos rodearon mi cintura dándome vuelta aprisionándome contra un duro pecho.
Abrí los ojos. Los volví a cerrar.
Me tenía que haber dado un buen golpe, porque estaba soñando. Era imposible que en esta vida pudiera estar en los brazos de un ángel. Quizás había muerto del golpe y la vergüenza.
Abrí primero el ojo derecho y luego el izquierdo. Si era un sueño, prefería la alucinación a la realidad. Ahí estaba, a pocos centímetros de mi cara. El hombre perfecto. El príncipe azul de mis tontos sueños de niña.
- Es un sueño – Espera, ¿¡Lo dije en voz alta! Oh no…
Sentí mi cara arder como un demonio. No podía creer que haya dicho eso en voz alta.
Él me miró con una sonrisa torcida en su perfecto rostro. Parecía un dios griego y de todas las mitologías juntas. El cabello cobrizo, la mandíbula cuadrada, piel blanca inmaculada, una boca carnosa perfecta y esos ojos. Me hipnotizaron. Eran tan verdes que pensé que eran de cristal.
Mi corazón comenzó a latir a mil por hora, parecía querer salirse de mi pecho y capturar ese sueño.
No podía creer que por mi torpeza estuviera en los brazos del hombre perfecto. Sí, era una situación embarazosa pero, por dios, que esta vez no me importaba. No podía quitar mis ojos de su cara.
- ¿Estás bien? – No, creo que se me fueron todas las neuronas. Pero no interesa mientras me tengas en tus brazos.
Le tendría que contestar ¿no?
- ¿Mmm…? - Pero que me había preguntado.
- Es necesario que bajen, señores – dijo otra vez la impaciente azafata golpeando el piso con su pie. Me iría al infierno por odiar a tanta gente, pero esta se lo había ganado. Mira que interrumpir justo en ese instante.
- Claro. – dijo él con su musical voz que escondía esa hermosa sonrisa. Me ayudó a pararme.
- Si, es mejor que baje – dije, torpe de mí ¿eso era lo mejor que podía decir?
Agarre mis cosas y salí corriendo de ahí. Estúpida, quizás era tu única oportunidad con él. Tenía unas ganas de llorar bastante irracionales. No sabía porque, pero sentía un angustia que ya había vivido antes. Impedí que mi mente fuera hacia esa dirección. Pero no podía quitar de mis pensamientos, esa electricidad que recorrió todo mi cuerpo cuando me tuvo en sus brazos. Era una tonta lo sabía, pero ya no había más que hacerle.
Lo peor, es que en mi apuro por salir de ahí, ni me di cuenta de lo que eso significaba.
Había bajado del avión. Estaba con mis dos piecitos en Seattle. Ya no había vuelta atrás. Debería enfrentar mi pasado, y tratar que para ese momento, mis padres ya me hubieran enviado mi coraje y mi actitud Vulturis por correo. Por lo menos, un poquito por mail.
Busqué mi equipaje y tomé un taxi. Me llevó a la dirección que me había dado mi padre. Pagué el viaje y me paré justo frente a la puerta del edificio. Era vistoso. Para nada llamativo. Muy sorprendente debido a cómo eran de ostentosos en mi familia. Linda zona. Tranquila. Podría vivir allí un tiempo. No sería para tanto. Mientras que no me cruzara con cierta gente.
Subí las escaleras, ya que no había ascensor. Me quedé con la boca abierto. El departamento era hermoso. Estaba decorado de una manera que reflejaba tanto mi personalidad y lo que me gustaba que me asombro. Mi familia no perdía detalle. Era genial.
Fui corriendo hasta la habitación y me tiré con todas mis fuerzas sobre la cama.
- ¡Esto es vida! – dije riendo.
Mi estómago rugió. Cierto, necesitaba comer. Desde California que no probaba bocado. Fui a la cocina. Conociendo a mis padres, habría pilas de comida allí. En efecto, así era.
Sobre la mesa había una gran caja con un gran moño. Tomé primero la tarjeta y leí.
Para que quites el aliento a todos allí, hermosa. Aunque sólo con tu presencia lograrás tu cometido.
¡Deslumbra!
Te amamos con el alma
Tu familia.
Sonreí. Sí que eran atentos. Amaba esas cosas de ellos. Te hacía sentir tan querida.
Quité el moño y levanté la tapa. Dentro se encontraba uno de los vestidos más hermosos que jamás vi en mi vida. Era precioso y extremadamente costoso. De algún diseñador hiper-archi famoso. Nunca me importó la moda, pero siempre me había gustado la ropa bonita. Y ese vestido era una hermosa pieza de alta costura.
La boda sería al día siguiente, estaba nerviosa y atemorizada. Pero aparecer con ese vestido y con una apariencia que ellos no imaginaban iba a ser divertido. Porque ya no era la pequeña mocosa nerd de hacía ocho años. Ahora era una mujer. Una persona tímida aún, pero segura de su carácter y fortaleza. Y eso justamente era lo que les iba a mostrar. Iba a mostrarles uno de los lemas de los Vulturis.
"Pase lo que pase, siempre la frente en alto"
Y para eso, tenía que llamar a mi mamá. Ella sabría cómo hacerlo.
¿Que les parecio?
comenten, comenten que adoro leer sus opiniones.
muchisimas gracias a todas aquellas personas que dejaron sus reviews y que agregaron la historia a sus favoritas y/o alerts.
No saben lo mucho que me impulsa a seguir escribiendola, cada vez con más impaciencia.
asi que... GRACIAS.
A partir de ahora va a comenzar la accion, pequeñuelos.
¿Cuál será la reacción de todos al ver a la nueva Bella? ¿Cómo lo llevará ella?
todo esto y mucho más en el prox chapter.
ahh.. les paso un chisme del capítulo: será como un Bonus Track, un Edward POV.
veremos como sale eso.
nos estaremos leyendo.
XOXO
xQx-abi-sara-xx
