Capítulo 3.
Quizás las palabras de Heimdall sonaran a amenazas. Y quizás hacía bien en no fiarse de Loki, pero este, contra todo pronóstico, cumplió su promesa.
Realizaba pequeñas visitas de cortesía, la mayoría de las veces solo observaba, se aseguraba de que estuviera bien, de que su pequeño universo de paz no se viera perturbado por nada ni nadie.
Ni si quiera él.
Lara no había conocido la felicidad hasta que le conoció a él, el excoronel Hak. "Un monstruo como tú no se merece ser feliz."
Aquella noche no tuvo una de aquellas vívidas pesadillas que no le dejaban descansar, de hecho, recordó en forma de sueño cómo fueron los primeros meses junto a él. Le conoció poco después de volver de Asgard, era un excoronel que, viéndose en la encrucijada moral entre arrestar a una mujer a la que acusaban de "bruja" o abandonar su posición y protegerla. Tenía una extraña habilidad para saber cuándo había que dejarla sola. Tenía la ligera sospecha del porqué de aquel carácter enfadado, arisco y desconfiado, no porque Lara se lo contara abiertamente. De hecho, cada vez que él intentaba preguntarle, la mujer le cambiaba de tema tan rápido como podía.
¿Qué cómo lo sospechaba? Porque Lara resultaba ser un libro abierto, al menos a ojos de Hak. Pasaron meses hasta que Lara fue capaz de permitirle darle un beso o acariciarla, y él nunca trató de presionarla. Fue entonces cuando la Deidad conoció el respeto de parte de un mortal.
Al final...tuvo que pasar. Fue la primera vez que hacía el amor, propiamente dicho, la primera vez que se entregaba alguien a alguien a quien realmente deseaba. Recordó la conversación que tuvieron al acabar, cómo temblaba a su lado, asustada, con los sentimientos a flor de piel.
— Lo siento, Hak... Es que estaba muy nerviosa y...
El hombre, acostado a su lado, se acercó hasta acariciar su hombro con cariño y ternura.
— No, no, no. Se lo difícil que era para ti —Le sujetó de una mano y pasó su otro brazo por los hombros de la mujer para arrullarla en su pecho—. Lo que has hecho es muy importante... Has demostrado que eres fuerte. Has sido capaz de superarte, has sido muy valiente.
Tenía los nervios tan a flor de piel, estaba tan sensible que sus palabras hicieron que se le escapara un pequeño sollozo. Intentó esconder el rostro en su pecho, no quería estropear el momento, pero fue entonces que le tomó del mentón hasta que sus ojos hicieron contacto.
— No, pero no llores... —Apenas pudo verle sonreír con esa ternura que solo le mostraba a ella, lejos de esa faceta de hombre serio y testarudo. Besó sus pómulos para secar esas lágrimas y terminó con sus labios en la frente por unos segundos—. Te estoy felicitando.
—Ya, ya lo sé, pero es que he pasado mucho miedo... —Terminó de secarme las mejillas ella misma, con la voz temblorosa, al igual que sus manos. Apenas le salía un hilito de voz.
Se cubrió los ojos con la mano y sintió sus fuertes brazos la apretaban contra su pecho y cómo dejaba un beso en su pelo.
— Tenía miedo de que no pudiera quitarme esas imágenes de la cabeza y entrar en pánico.
— Sentir miedo después de todo lo que has vivido es normal.
— Pero tú has dicho que he sido muy valiente, y eso no es verdad... -Volvió a mirarle a los ojos, sentía aquel nudo en la garganta producto del llanto que, al fin, pudo controlar.
— Por supuesto que lo has sido —Susurró con una voz ronca—. Escúchame bien... —Se acomodó en la cama hasta tumbarse de lado, frente a ella—. Ser valiente no es no tener miedo... Ser valiente es tener miedo y superarlo. Y eso es lo que has hecho tú, hoy. Ahora -Su sonrisa amable hizo que se calmara y que acabara por devolvérsela de forma sincera—. Y por eso estoy muy orgulloso de ti.
Esas palabras fueron como un bálsamo para esa herida tan profunda que habían dejado en el alma de la Diosa. Saber que él no le despreciaba por lo que hubiese podido pasar fue lo suficiente para que pudiera seguir adelante.
Lo que le despertó de tan dulce sueño no fue ni la luz que empezaba a colarse por la cortina ni tampoco el sonido de los pájaros anunciando la mañana, si no los pequeños tironcitos de pelo que le daba una criatura de apenas un año que se había despertado antes que sus padres.
— Hm… —Dio un pequeño bostezo conforme se aclaraba la vista con una mano y se incorporó un poco—. Te gusta madrugar, pequeñín…
Le tomó en brazos con cuidado de no despertar a Hak, quién estaba rendido después de trabajar el día anterior hasta las tantas. Tras desayunar y dejarle una nota en la mesa, sacó al pequeño al exterior de la casa, le gustaba aprovechar esos ratos de paz y tranquilidad con él. Eran los pocos momentos del día que realmente podía disfrutar, principalmente porque apenas había gente procedente del pueblo que le lanzara esas miradas desconfiadas.
Le dejó sentado en el suelo y tomó sus manitas para incorporarle.
— Venga, vamos, que ayer lo hiciste muy bien.
Le ayudó a dar aquellos pequeños pasos hasta que pudo mantenerse en pie él solo pese a tambalearse un poco.
— ¡Ese es mi chico!
— ¿Jugando a las casitas?
No era la voz de Hak, tampoco de ninguno de los aldeanos. Era una a la que ya se había familiarizado. Giró un poco el rostro y esbozó una tenue sonrisa.
— ¿Quieres hacer de niñera, Loki? —Tomó al pequeño en brazos, notando sus pequeños bracitos aferrarse a su madre con fuerza.
— Mejor te lo dejo a ti, los piojos no me gustan mucho —Aun así, acarició la cabeza del susodicho—. Me habría pasado antes por aquí, pero estuve bastante ocupado.
La mueca de incredulidad y burla que mostró la mujer hizo que el contrario se tensara ligeramente, Lara solía ir siempre un paso por delante de él. Le desconcertaba.
— Es curioso, porque últimamente me ha parecido ver a alguien…parecido a ti por el lugar.
Sabía perfectamente que era él y que, tal vez, esa falsa apariencia de tenerlo todo bajo control y más que previsto, solo era eso, una fachada.
— ¿Estás insinuando que tengo un rostro común?
— Oh, no, dios me libre de blasfemar de esa manera —Echó a andar tras liberar una carcajada, los pasos ajenos le hicieron asegurarse de que le seguía y así lo hizo hasta ponerse a su altura—. Siempre que vienes por aquí es porque tienes algún problema que no te deja tranquilo, ¿qué ocurre esta vez? —Pasó la mirada de Zeal, su pequeño, hasta Loki, quién le miraba sin responder a su pregunta. Lara entrecerró los ojos y ensanchó los labios a modo de sonrisa. — ¿Qué miras?
— ¿Sabes? No quiero parecer arrogante, pero tengo cierta facilidad para calar a la gente —Las manos del dios fueron hasta su propia espalda, alzándose de hombros—. Y sin embargo tú no dejas de sorprenderme.
— ¿Para bien o para mal?
— ¿Tú qué crees?
— Bueno… Supongo que eso beneficia a mi negocio, ¿no? Pero no desvíes mi pregunta —Pararon frente a su taberna, sacó las llaves de dentro de la chaqueta y abrió la puerta—. ¿Qué te trae por aquí? —Sus pasos le guiaron hasta la barra, lugar en el que dejó sentado a Zeal—. Sujétale para que no se caiga, es sencillo hasta para ti.
Las manos del hijo del Odín agarraron al niño como si de un animal desconocido se tratara, lo acercó hasta su lado y, volvió a fijar su vista en ella, aunque no por mucho tiempo.
— Necesitaba… Alejarme de allí.
Quizás fuese porque se veía reflejada en esa tristeza, en ese dolor que el Dios ocultaba de todo el mundo, incluso de su hermano. Su buena relación con ambos hermanos le hacía observadora de esa relación que cada uno vivía de forma tan distinta, y poco a poco empezaba a entender por qué se alejaban de esa manera.
— ¿Por qué? Tienes una madre encantadora, sé que tu hermano y tú sois muy distintos, pero te adora… Al igual que tu padre —Sus brazos descansaron en la madera y se inclinó ligeramente hacia delante—. Y siempre que tienes algún conflicto vienes aquí en lugar de enfrentarlo.
— Si fuese así, ¿por qué siempre estoy a la sombra de mi hermano? —Logró hacerle frente, mirarle a la cara y defender su postura—. ¿Por qué mi padre no me trata de la misma manera? Lara, hago todo lo posible por estar a la altura, pero… Odín jamás estará tan orgulloso de mí como lo está de Thor.
— Creo que te estás equivocando…
— Es igual, Lara... Ten, debería marcharme. —Acercó la criatura de vuelta a su madre.
— Loki, escúchame. —Tras agarrar al niño, atravesó la barra con intenciones de acercarse a él.
— Tienes visita.
Y tan pronto cómo vino, se fue dejando tras de sí aquel túnel brillante que acabó desapareciendo junto al Dios. Soltó un suspiro de pesadez, siempre le dejaba con la palabra en la boca, pero desde allí era imposible ayudarle.
Ni si quiera era capaz de expresarle a ella la soledad que sentía. Tan solo pedía un poco de reconocimiento por parte de sus progenitores, deshacerse de ese sentimiento de abandono. Si era capaz de manipular a su entorno a su gusto, ¿por qué no podía organizar su vida?
Se sentía patético solo de ver cómo acudía a Frigga o a Lara para desahogarse, cómo era incapaz de manejar sus propios sentimientos sin alejarse cada vez más de su hermano o de su padre.
Pero era aún más patético usar aquello como excusa para ver a Lara. O aún más patético sentir aquel sentimiento y preferir quedarse en aquel segundo plano. Contaba con que poco a poco se desprendería de ese escalofrío que le producía tan solo escuchar su nombre de los labios de la mujer.
Tras varios días, mientras reposaba en su alcoba, recibió una llamada de atención de Heimdall tanto a Thor como a él. En un principio se alertó por miedo a que se tratara de un ataque sorpresa a Asgard, pero… No. No se trataba de eso.
— Está a punto de ocurrir una tragedia, tenéis que frenarlo de inmediato.
"No sé por qué decidí integrarme con los humanos y tener una vida normal. Simplemente me gusta. Creo que porque vivir con Hak y Zeal me hace sentir más humana.
Despertarme por las mañanas y verlos a los dos conmigo. Tener un lugar al que volver, una razón para vivir.
No se si alguien que ha hecho tanto mal se merece tanta dicha. Tan solo sé que son mi familia, que son lo único que tengo.
Cosas tan simples como despertarme cada día a la misma hora, cómo mi hijo se esfuerza tanto por mantenerse de pie y se deja caer en mis brazos cuando intenta caminar, llegar a casa y ver al mismo hombre cariñoso de siempre.
Y al día siguiente, él se levanta como cualquier otro día, se lo mucho que se esfuerza por nosotros. Y aún así sigue siendo cariñoso y me muestra esa sonrisa que tanto me gusta. Cada día abre la puerta y se marcha a trabajar, se encuentra un mundo imperfecto y un poco cruel.
Quizás Loki tenga razón y mi vida sea demasiado simple. Pero me gusta como es."
El olor a humo y la ceniza impregnaba el ambiente de aquel pacífico pueblo dónde nunca ocurría nada. Una mujer de un hermoso cabello rojo corría, se tropezaba y se volvía a levantar, gritaba por un nombre. Las gotas de sudor se deslizaban por aquel perfecto y perfilado rostro hasta precipitarse al suelo.
— ¡Ya estoy llegando, Hak!
El brillo del bifrost no destacaba mucho del de las propias llamas. El aturdimiento, la adrenalina y el no saber a qué se iban a enfrentar hicieron que aquella imagen se les clavase en la retina. Para siempre.
Lara estaba frente a ellos, de espaldas. Quizás fue mejor así. Su cuerpo no respondía, como si todas las fuerzas se le hubiesen ido al correr hasta allí. El olor de su propia casa arder con su familia dentro le revolvió el estómago y el nudo en la garganta le impedía gritar y mucho menos respirar.
Al grito de "¡ahí está la bruja!", y armados con antorchas, guadañas y demás objetos con los que atacarla, corrieron hacia la pelirroja.
Ni si quiera en ese entonces fue capaz de reaccionar, realmente no le importaba que fuera a pasar con ella, ¿qué importaba si habían destrozado todo lo que tenía? Quizás fuera mejor así. Debía haber sido ella quién hubiese estado dentro de aquella casa. No ellos. No se lo merecían.
El sonido de un martillo golpeando aquellos cuerpos y el tirón que recibió en el brazo le sacaron del shock. ¿Cuánto tiempo llevaban Loki y Thor allí?
Veía los labios del primero moverse, le estaba hablando, pero no escuchaba nada. Volvió la mirada hacia su casa, o lo que quedaba de ella, y gritó. Un grito que salió de lo más profundo de su ser, desgarrador, quizás así se fuese una pequeña parte de ese dolor sordo en sus entrañas.
Quiso abalanzarse a por esos humanos, despedazarlos ella misma, pero la fuerza de aquellas dos deidades le hizo forcejear e intentar zafarse.
No quería irse de allí, si lo hacía tendría que enfrentarse a la crueldad de vivir sin ellos. Tendría que vivir.
Sí, el mundo era demasiado imperfecto y cruel.
