Y con esto termino la edición y el fic, una disculpa por todo el tiempo que deje esto a la deriva y valiéndome pito, pero no tenía tiempo… y bueno. Eso es todo. La edición bendita. Y bueno, a mi forma de ver, esté es el mejor capítulo de los tres. Espero poder editar el otro que tenía por aquí, pero ahora ando trabajando en otros proyectos y con fics de Tekken por si les importa. (Ok mi cochina publicidad)

Gracias de nuevo ^_^

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En el camino se encontraron con un par de demonios que en instantes Vergil despachó sin esfuerzo. Lady se sentía inútil al no poder ayudar. El camino era cada vez más largo e interminable. Descansaban por ratos y seguían la marcha. No hablaban mucho después de lo que sucedió, era en vano decir algo cuando cada una de las cosas fueron demostradas. Lady estaba extraña, como si lo que viviera fuera un sueño o una pesadilla en su defecto. Llegaron a la entrada de una cueva, donde dormía una de las criaturas del inframundo más peligrosas. Pero era necesario pasar esa cueva y su guardián.

Vergil explicó su plan a Lady, no entendía atendía, creía que era conveniente otro camino. Obviamente Vergil no escuchó y Lady… era muy testaruda. Después de una pelea de media hora, ambos combinaron sus planes. Ingresaron con cautela.

El sitio estaba oscuro, Lady se guiaba por la mano y la voz de Vergil que tenía la habilidad de un felino al observarle detalladamente en la oscuridad. Tropezó dos veces sin quererlo, Vergil se incomodó y la regañó más de tres veces por el mismo error. Lady no sabia si reír o pelear, era divertido a su manera. Siempre quería que las cosas resultaran como quería. Se preguntó si su padre soportó tanto esa egolatría.

— Más adelante debe estar la criatura dormida, dicen, qué sólo despertara el día del juicio final en la tierra—explicó Vergil— así que, de aquí en adelante procura tener mas cuidado.

De la cueva comenzó a emanar un olor pestilente. Picaba la nariz y los charcos de algo que no era agua la incomodaron y no soportó las ganas de vomitar. Vergil con una mueca de descontento volvió a expresar su molestia. A buena hora se le ocurrió traer a una mujer y encima en estado. Un ligero viento o un ronquido lo mantuvieron alerta, pegó su oreja a las paredes mohosas y putrefactas, atino que la criatura dormía y estaba cerca. Se adelantó unos pasos en lo que Lady se recuperaba. Había llegado a un acantilado, donde abajo dormía la bestia. El camino era angosto. Atravesar la cueva requeriría de equilibrio y mucha paciencia, porque era larga. Regresó donde su mujer. Y explicó.

— ¿Podrás…?— preguntó él.

— Como preguntas esas cosas, ya estoy aquí… claro que podré, después de todo parece que será mi última aventura…

Vergil sintió un poco de pena. No había otro remedio para cambiar el destino. Lady sin duda era interesante de cierta manera, pero le faltaba más madurez. La vio arreglarse un poco el cabello, sacudió su falda y lo miró, sonrió natural y siguió. El pasillo era pequeño y rodear el acantilado le daba vértigo.

— Se ve mal, ¿verdad?

Lady no dijo nada, tomo instintivamente del brazo a Vergil y caminaron por el sendero.

— Mi madre me decía que cuando tuviera miedo, sólo cantara o recordara algo que me gustara mucho, yo solía nombrar todas las frutas y animales que concia—decía Lady, avanzando con cuidado. Vergil apretaba su mano de una manera agresiva, pero ella no se quejó— ¿te molesta si lo hago ahora?

— ¿Tienes miedo?

— Si, creo que es la primera vez, supongo que no por mí…—Lady reconoció.

— Por mi no hay problema…

Lady empezó a contar las frutas empezando por la A, arándano, banana… etc. Por un momento Vergil tropezó, y varias piedras cayeron al barranco. Esperaba no despertar a la bestia. Se pegaban contra la pared. Rió, Lady olvidó el nombre de un animal con H.

— Hipopótamo—dijo Vergil

— Hipogrifo

— Ese no es una animal

— Sí, es mitológico

— Pues no los invoques, aquí hay bastantes—rieron después

La salida o entrada se divisaba a kilómetros. El olor desaparecía poco a poco. Y un grupo de golondrinas salieron del hueco negro los asustaron, volaron sobre ellos, alrededor de toda la cueva para salir por un orificio en lo que era el techo de la cueva. Lady tembló al verlas volar, se tambaleó por un momento, quedó con un pie en el aire y Vergil la atrajo. Lady se sonrojó y no pudo evitar darle un beso en la mejilla.

— ¿Cómo quieres que se llame?— preguntó ella al sentirse segura. Vergil no contestó, no era ni el momento ni el lugar. Pero a ella no pareció importarle su silencio y siguió— Si es niña, me gustaría llamarla como mi madre, si es niño… no sé, nunca pensé en ser madre. Aun que, es algo extraño…

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Trish se cansó de caminar tanto. Había pasado medio día, pero como en el infierno el tiempo es relativo, no sabían donde estaban o que hacían.

— Ese trabajo lo tenias que hacer tú—le gritó a Dante que husmeaba en un pasillo— vamos… esa premonición tuya me dejo muy extrañada. ¿Crees que tu hermano sea capas de eso?

— Y más…

— Entonces no haces esto por ayudarlos, ahora lo haces por…

— Tú crees que le conviene tener otro heredero. Si propuse traer a Lady a donde quería fue por algo. Ustedes las mujeres son necias y tercas, siempre hacen su voluntad, se dejan llevar por sus impulsos por eso les pasa lo que les pasa. Yo creía todo de ti o de Lucia pero nunca de Lady y menos con mi hermano.

— Ahora lo veo… estás celoso

— Mis calzones con los celos, de que habría de estarlo— la miró fijamente. Trish agachó la mirada y se arrepintió. Dante la tomó de la cintura. Apartó un par de cabellos de su rostro y la besó.

Minutos mas tarde continuaron la búsqueda.

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El obstáculo fue superado sin ningún problema. Cuando Lady tocó a tierra firme se dejo caer, cansada, esperaba que el estrés desapareciera. Miró el cielo con su la luna, la noche que les alcanzaba. Odiaba el infierno, impredecible en su espacio.

— ¿Falta mucho?

— Un poco, respondió serio, observó a su alrededor, descansaron un momento y después siguieron la marcha.

— Ciento como si, te conociera de muchos años atrás— dijo Lady enredando su brazo izquierdo con el derecho de Vergil. Él se mantenía frío y distante, no demostró lo nervioso que estaba cuando ella lo tocó y más cuando se comportaba de esa manera; cariñosa.

Desconocía sobre ese tema, pues jamás tuvo una, aunque pretendientes no faltaban, unas demonio, otras humanas, sin embargo, tenía mejores cosas que hacer. Lady al contrario no parecía exigir nada. Lo único que buscaba era tranquilidad y si para conseguirla había que atravesar el infierno lo haría. Le había dicho que quería que su hijo creciera y tuviera lo que ella no. No quería que sufriera como ella o Dante o peor aun, su padre. Lady no dejaba de hablar, hablaba de su vida y cosas comunes, hasta las travesuras y los secretos escondidos en un cajón que nadie conocía, pero que se los podría regalar a Vergil si quería, o de los planetas que compró en las rebajas de una tienda y las cuerdas de su voz, y esas primaveras que guarda debajo de su almohada con los sueños que consiguió en un viaje al a nunca jamás. Lady y los peluches que compró su madre y un conejo que atesoraba y que perdió. Lo mala que era en historia y ciencias naturales, odiaba la biología, pero cuando veía animales heridos, quería estudiar veterinaria. De las veces que lloró cuando hacía frío y cada mes se desvelaba viendo películas de acción y en secreto algunas de amor. O cuando estaba muy deprimida se atarragaba de helado y pay de manzana, mandaba al diablo a los clientes y los sueños de casarse de blanco.

Vergil no dijo nada, escuchó sin mostrar atención, pero cada cosa se le grababa en la cabeza y sonreía de vez en cuando con lo de los colores pastel en la ropa interior. Y se preguntó por qué Akrham nunca le contó sobre su única hija. Estaba mal, por que él no tenía mucho que contar o mejor dicho, no quería. No habría manera, era imposible creer…

Se cansó de hablar y se durmió en el hombro de Vergil mientras descansaban. Su respiración lo adormilaba, pero tenía que estar alerta. El aroma de Lady lo cautivó y se quedo dormido a su lado, sentados detrás de una gran montaña que llevaba a muchos lados pero ninguno que les interesará.

O los sueños se mezclaron entre sí, o algo coordinó sus pensamientos. Despertaron al mismo tiempo por el llanto de un bebe. Se miraron confundidos y Lady contó su sueño. Vergil no respondió, estaba aterrado. La misma casa, el viento y el atardecer. La luna devora a los habitantes y una niña diminuta sale de las manos de Vergil y cae al suelo, desesperado intenta encontrarla en medio de la gente que corre. Y Lady muestra sus manos vacías y llora, mientras sus ojos toman la forma de la luna y esta empieza a comer a la gente, y el llanto de un bebe los despierta.

— Sueños, siempre son reflejo de nuestras emociones… ¿puede que sea niña?

— Puede no nacer— dijo, con el mismo hermetismo con el que miraba la vida.

Lady se ofendió, se apartó por un momento, miró su rostro que no decía nada.

— ¿Por qué dices eso?

— Fue un decir

— ¡Pues no digas eso!— gritó furiosa, apretó los puños conteniéndose de no golpearlo. Amaba a ese hijo suyo y a veces no entendía las palabras de Vergil. Era siempre tan distante y a veces lo desconocía, como esta vez.

Vergil cambió su postura y la ignoró. Aquel comentario no lo hizo adrede pero sabía que seria lo mejor.

Al mundo no viene la gente a sufrir, pensó Vergil. Las cosas son distintas, es duro vivir teniendo todo. La muerte siempre fue tan reflexiva y la salida más efectiva. La muerte era algo que Vergil anhelaba y envidiaba a los humanos. Envidiaba a Lady que moriría vieja, casada con hijos, pero no a su lado. Si ese crió nacía, independientemente de las cosas que sucedieran, no tendría una vida normal. Huiría, se escondería como lo hizo él y su hermano. Esperaría una tarde para ser mayor de edad y huir de casa para buscar lo que llamaría su destino. Esa no era la vida que quería para nadie y menos para un hijo suyo. Pensando un poco en Lady, sin duda estaba seguro que sería una excelente madre, un tanto chiflada, pero era buena. Ahora estaba llorando por que aseguraba que él no quería nada de esto. Odio su mitad humana, qué era eso que sentía que lo llevo a abrazar a Lady y confortarla en sus brazos, con palabras alentadoras y de ¿amor? Él también podía sentir amor. Tanto que las paredes del infierno se derretirían con escuchar el ritmo de su corazón, con la temperatura de su cuerpo, listo para otro de esos encuentros que lo dejaban agotado y su mente en blanco. Acarició su piel, desabotonó despacio la blusa, acarició sus pechos, los lamió despacio, ella no se quejó. No la desnudo, metió su mano bajo de la licra negra y la pantaleta, la penetró con sus dedos. No dejo de mirar sus gestos, el palpitar en su pecho, la forma en como movía su cuerpo. Ese vaivén pausado. Ella lo miró desconcertada y lo besó, lamió sus labios y las mejillas y una de sus manos alcanzó su miembro.

No hicieron el amor, sólo eran juegos que iniciaba esa parte humana y decadente que quería matar Vergil. Sentía tan miserable aquellas emociones, el ser humano era tan complejo. Y la lucha interna continuaba, rompiendo sus defensas y lo poco de cordura que su madre le heredó. Pronto, rápido, tenía que acabar con la farsa y la melancolía innecesaria de una vida que no necesitaba, o más bien le aterraba.

Contar cuentos, fabulas, anhelos, desesperadamente encontrar una manera de sobrevivir, con amor, con dolor. ¿Eso era la vida humana?

¡No quería que ese hijo naciera!

La ayudó a levantarse y la llevó a toda a prisa al lugar que les esperaba. Corrieron tan rápido que despertaron a los demonios aledaños, provocando una pelea a sangre fría. Vergil los destruía con furia, desquitó su rabia. Lady tenía más fuerzas y le ayudó un poco, lo que enfureció a Vergil. Al final de destruirlos y correr a un lugar más seguro, le gritó.

— ¡Te dije que te quedaras a salvo y no lucharas!

— No soy de la clase espectadora, soy una guerrera, ¿Qué no vez?

— ¡Haz lo que te digo y cállate!— le sentenció de un grito que juraría que afuera en la tierra se escuchó. Lady volvió a llorar, una rabia interna la consumió, no soportó más y se le fue encima.

Dio dos golpes en el rostro y le escupió a la cara.

— Me importa un carajo si eres el padre de mi hijo… sigues siendo ese… ese de siempre

— No pensaste eso hace un par de minutos. Eres humana y eso no lo podré cambiar— Lady le dio un puñetazo, Vergil detuvo su muñeca y la acorralo en una pared rasposa, haciendo que se lastimara la espalda— no vuelvas a tocarme

— Déjame… me duele

— Te duele… es poco, no sabes lo que es el dolor

— ¿A que me trajiste? Creí que querías ayudarme

— Esto no es por ti, zorra— Lady se enfureció más y lo pateó en el abdomen, mandándolo lejos de ella.

Lady se quejaba del dolor en la espalda y Vergil del estómago, pues la chica le sacó el aire.

— De verdad no te entiendo y lo peor es que en realidad me enamore de ti— dijo temblando sus labios, acorralándose ella misma, abrazando a Kalinna— tengo tanto miedo ahora…

— Levántate que nos hace falta un tramo

— No, ya no confió en ti

— Muy bien, así funciona el sistema emocional de los humanos, creen a ciegas, se desilusionan y continúan confiando estupidamente

Lady lo miró, estaba frente a ella, tendiéndole la mano, pero no se movió. Al contrario, le apuntó con la bazuca.

— Ya sé que si te disparó no te pasa nada… pero puede que mi orgullo quede limpio— Vergil se desesperó y la levanto tirando de su brazo libre.

— Es el infierno, perdona—le dijo abrazándola con la misma calidez que hacia hace rato atrás. Lady lloró en su hombro y una vez más creyó.

Camino al anfiteatro como lo llamaba Vergil, Lady no habló se sentía mal de la pelea que habían tenido y pensaba en una vida de amor y odio. Se estaba cansando y algo en su interior le decía que buscara un lugar mejor; huir de Vergil.

— ¡Eres un idiota!— gritó de pronto, Vergil siguió caminando— Idiota, idiota, serás mucho más que Dante, serás el mejor en el infierno, pero eres un idiota… y te amo estúpido…— se detuvo en el camino, llorando de nuevo— no quiero sentir nada por ti, no eres de fiar, lo sé, que puedo esperar de alguien que estuvo emparentado con mi padre… ¡Quisiera odiarte! Tanto que reviente con el odio y ser maldita por la eternidad por odiarte, tanto, tanto hasta que en mi muerte tu nombre sea un conjuro de mala suerte, odio, necesito eso para huir y salvar mi vida— su llanto era copioso, las cascadas en sus mejillas no paraban, no sabia que mas decir— vas a matarme, algo que no conozco me lo dice… aquí adentro, en mi corazón y dentro de mi… quieres matarnos— Vergil se detuvo en seco, miró por encima de su hombro a una Lady furiosa. Sus ojos parecían cambiar de tono, la odio también por desearla, odio su cuerpo por llamarla y a su corazón por no admitir que la amaba.

Durante el trayecto, ninguna palabra dijeron. Pero Lady hablaba sola o eso pensó Vergil, en realidad hablaba con su hijo. Y eso lo conmovió a tal extremo que quería darse cien tiros en la cabeza y las orejas para no oírla.

— …Iremos al parque de diversiones, después compraremos muchos dulces, te llevaré al mismo jardín donde me llevaba mi madre, comeremos todos los domingos en ese lugar. ¡Ah!, te enseñare a leer antes de que entres a la escuela. ¿Qué color será tu preferido? No importa, hay tantos que no sabrás cual elegir… Iremos al mar, sí, el mar es un reflejo del cielo, así que los podrás visitar a los dos al mismo tiempo.

— Quieres callarte— el infierno volvía loca a Lady.

— No

— Lo pedí de buena manera

— No quiero, deja de darme ordenes Vergil

— …Llegamos

Lady se calló, miró una enorme puerta de metal con símbolos góticos y muchas frases en lenguas desconocidas. Buscó el brazo de Vergil, estaba un poco contrariada.

— Vas a esperarme aquí— le indicó y venía otra pelea, pues Lady no quería— más adentro es peligroso, regresare, lo sabes…

— No es por eso, pero… este lugar— miró a su alrededor, tenía la similitud de un pantano solitario y un panteón nocturno. Sobre el suelo había restos de cadáveres y huesos, el aroma una vez más no era confortable— ¿Dónde me quedo?

Vergil le indicó un rincón bajo un árbol que misteriosamente era blanco y curiosamente en vez de hojas, caía nieve— hace un poco de frío, pero estarás segura, a los demonios no les gusta— Lady resignada, se marchó, sin antes protestar.

Vergil desapareció, la soledad y el frío del lugar impacientaron a Lady. Si no estuviera en el estado en que estaba, no temería nada. Abrazó a Kalinna y espero…

Sentada bajo el árbol, se hizo un ovillo y esperó. No sabía lo que haría exactamente, se arrepentía a cada minuto por confiar en él, pero no tenia otra alternativa. Tampoco confinaba en Dante.

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— Linda luna de miel se les ocurrió tener… Viaje redondo al infierno por un precio módico, su vida… llame a Dante reservaciones gratis, ja— dijo Dante caminando después de haber matado a varios demonios, dejando un rastro de sangre y restos por todos lados.

Trish estaba al pendiente, buscaba con desesperación a Lady, hubiera gritado de no ser por la intuición de Dante e ir en la misma dirección por donde pasaron. Pero lo hicieron con mayor velocidad. El instinto de Trish nunca fallaba.

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Soñar siempre era confortable, perderse en las ideas surrealistas. Vivir, siempre, respirar cada partícula contaminada y llena de vida. Deseaba con todas sus fuerzas que su hija, por que estaba segura, lo sabia, seria una hermosa niña, con los ojos característicos de su madre y el cabello platinado de su padre; que viviera, que corriera por la tierra, que se posara en las nubes y bailara en el cielo. Abrazó su abdomen inconscientemente, la nieve caía del árbol, cubriéndola sin darse cuenta. Hasta que quedó inconsciente. La nieve era suave, como la confortable colcha de casa. Y pensó en su madre, la añoraba, quería preguntarle. Algún día esperaba verla de nuevo, tal vez en la mirada de su hija.

No escuchó los pasos, ni la frialdad con que rebanaron su vientre y sus ojos quedaran abiertos cuando Vergil la llamó.

Yamato sangraba, pintaba la nieve, un pedazo se convertía en ataúd de hielo o cristal. Lady miraba a un extremo donde entraba la luz y se miraba el cielo, creía que un ángel bajaba. Sus manos entrelazas sobre su pecho y su vientre con una cavidad profunda, donde se podía observar un punto perdido, un punto que comenzaba a tener forma humana. Vergil miró serio y sin sentido. Vio la puerta de dónde salió, luces luminosas lo llamaban. Sabía que no podría pasar algo así. Lady se quedaría soñando y nunca sabría que paso, dudaría si era real. Su sangre corría a largas distancias, podría alimentar a la mayoría en este sitio. Pero no, ella se quedaría enterrada hasta la eternidad y más allá. Vergil construyó un hermoso féretro y un retiro digno. La nieve nunca dejaría de caer y el árbol nunca moriría, nadie se acercaría a molestarla. Y quien lo hiciera, cortaría su cabeza, ella era importante, especial, lo fue, la quiso tanto, tanto para matarla. Para que no fuese parte del dolor de su madre, del suyo mismo y del que posiblemente el idiota de Dante, que cargaría con la pobre Trish. Su hija lo miraría todas las noches desde su cuna, se imaginaria su voz y el recorrido a la escuela. Hay mismo, la visitaría todas las veces que quisiera y el día que muriera, terminaría en esa misma fosa de cristal, abrazándolas, resurgiendo en otra vida, en otra época, con otros nombres, los tres juntos, una familia. Donde mirarían el azul del cielo que se mezclaba en aquel orificio donde pasaba el sol una vez al mes, donde caía sin querer una gota de lluvia, de lo que dependía el árbol para vida tener. Tomó a Kalinna y la sepultó a un lado bajo la nieve. Por si un día la quería observar y recordar sus hazañas.

— Ella no tendría que estar en el infierno— le dijo una voz— ella tendría que ir con su madre, al cielo, no aquí contigo, eres egoísta— Vergil sonrió irónico.

— Ella fue mi mujer, la tradición es que una mujer siempre tiene que ser sepultada cerca de su esposo, ella se quedara aquí, por que yo jamás podré ir al cielo, como ira una día Dante a ver a mi madre…

La nieve caía sobre el cristal y un par de gotas convertidas en estalactitas adornaron los ojos de Lady.

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Fue muy tarde cuando Dante llegó una semana después con Trish, la puerta estaba cerrada y no parecía haber algún indicio de algo. El árbol blanco resaltaba el sitio, tan hermoso, ahora crecían buganvilias. Trish se admiró de la belleza y curiosa se acerco. Dante le advirtió un par de cosas que una vez no atendió.

Un gritó ahogado la derribo. Tragó saliva y un llanto siniestro despertó al infierno.

La caja de cristal conservaba su belleza, sus ojos, a su hija y al tiempo con ese recuerdo amargo de la confianza.

Dante odio más Vergil, más que Lady. Intentó romper el cristal, pero era imposible. Arriba la lapida rezaba: "Mary Sparda, por que el tiempo no desaparezca tus ojos y el sueño que guardas en tus entrañas"

Dante desapareció en busca de Vergil. Trish seguía intentando abrir el cristal, pero era imposible. Vio los ojos abiertos de Lady, con un semblante feliz, asustado.

— ¡Lady!

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El tiempo corrió aprisa como siempre. Y la vida siguió más dura. El tiempo no descompuso su rostro y mantuvo con seguridad a su hija. En el infierno, la tumba de Mary Sparda era conocida, pero nadie se atrevía a pararse cerca, estaba maldito por Vergil. Ya no importó, por qué una noche de otoño, cuando las lunas son intensas en el mar. Vergil murió. Antes contó a su hermano lo que sucedió ese día. Estaba arrepentido. El tiempo le reflejó su delito y su conciencia reclamó paz. Así que, él mismo, sin durarlo, regresó al infierno. A mirar a su querida Mary como las veces que tenía tiempo y quería verla. Se dejo caer a un costado, la abrazó como se lo había prometido aquella vez y esperó a que el efecto del árbol y la nieve lo durmiera. Cerró sus ojos y los de Lady. Ya no había nada que ver, rodeó su vientre, cubrió con una mano a su hija, no tenía nada que esperar. Tal vez si podría morir o aparentar hacerlo, quizá durante el mismo sueño, el construiría su propia tumba.

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Al fin terminé, edite y eso. Cualquier cosa será bienvenida ^^ Gracias por el tiempo.

Bye