Para quienes sigan el manga pero no el anime, les recomiendo que antes de leer este one-shot, vean el capitulo 17 de la temporada 1, ya que aqui narro algunos acontecimientos que ocurrieron en él desde la perspectiva de Grell ;)
Cuando llegamos a las puertas de aquel sitio, apretados en aquella carreta conducida por aquel viejo Undertaker, Sebas-chan, ese mocoso y yo corrimos a escondernos en los arbustos en cuanto aquel hombre que custodiaba la entrada estaba distraído, pero nos descubrió poco después. Afortunadamente, pudimos entrar a pesar de que se suponía que hacerlo era difícil. Apenas lo hicimos, seguí a mi querido Sebas-chan todo el camino, con una sonrisa en todo momento, al saber que me encontraba con él y que podría serle de utilidad en esta misión… si tenía suerte, tal vez me recompensaría con un beso después.
En cuanto pudimos entrar al templo, Sebas-chan y el conde Phantomhive se distrajeron con un símbolo en una de las paredes de aquel viejo edificio, en tanto que yo me enfoqué en un trío de mocosos que llegaron corriendo hacia nosotros. No puedo negarlo, eran adorables, pero en ese momento mi mente estaba enfocada en otras cosas… si entienden de qué hablo.
Grell (con una mano en la cintura): Pero si son lindos, aunque los mocosos no son de mi tipo
En eso, los tres se acercaron a mí, al parecer habían escuchado lo que les dije. Uno de ellos, que traía anteojos, se sintió con la confianza suficiente como para hablarme, sin antes siquiera presentarse ni nada.
Niño 1: Buenas noches impuro, está muy sucio por todas partes
Ese pequeño enano… ¿acaso había dicho lo que creo que dijo?
Grell (enojado): ¿¡Qué!?
Uno de sus amigos, que venía con él, pareció no entender mi reacción, y simplemente se me quedó mirando mientras me hacía una pregunta.
Niño 2: ¿Qué le sucede, impuro? ¿Se siente mal?
No pude más, y simplemente le di un golpe en la cabeza, no iba a permitir que un mocoso me insultara así, y menos delante de mi querido Sebas-chan, ¿acaso no sabía con quién trataba o qué?
Grell: ¡Mocoso! ¡¿A quién le llamas impuro?!
Niño 2: ¡¿Eh?! ¡El impuro me tocó!
En eso los otros dos niños se asustaron y comenzaron a correr junto con él, y por supuesto que yo salí tras ellos para darles una buena lección. No me gustaba tener que recolectar almas tan jóvenes, pero si volvían a hacerme enojar los haría lamentarlo.
Mientras corría, de pronto una monja se apareció delante de mí, mientras que aquellos niños finalmente lograron escaparse. Me olvidé de ellos en cuanto la vi, deteniéndome en el acto cuando ella me sonrió. Nunca una mujer había logrado hacerme reaccionar así, al menos no desde Madam Red, supongo que simplemente me sorprendió.
Monja: Una vez que llegamos a cierta edad, todos nos llaman impuros
Entonces ella se volteó hasta donde estaban Sebas-chan y el conde y los miró fijamente, sin nunca perder aquella sonrisa dulce. Yo me quedé sin aliento por un momento, con un raro presentimiento, simplemente no me gustaba ver a una mujer tan cerca de mi Sebas-chan, no me importaba si era una monja.
Habló por un momento de algo acerca de que nuestros cuerpos serían purificados y no sé qué otras tonterías, realmente apenas le presté atención, todo en lo que podía pensar era en ese sentimiento de desconfianza que me invadió no bien aquella mujer puso sus ojos sobre mi amado demonio. Me encontré luego rogando porque él la ignorara y nos fuéramos a otro sitio, y justo cuando el conde intentó tomar la palabra, vi que Sebas-chan lo detuvo. Su sonrisa normalmente hace que me derrita cada vez que la veo, pero esta vez fue diferente… se la estaba dedicando a ella, ¿qué diablos…?
Sebastian: ¿Impuro? Que charla más rara –va hacia ella-. ¿Alguien tan hermosa como usted, por qué podría ser impura?
Bueno, no es como si él me hubiese dedicado ninguna sonrisa sincera antes, pero ver cómo no dejaba de sonreír al momento en que se le acercaba a ella me hizo hervir la sangre, ¿dónde estaba mi guadaña cuando más la necesitaba?
Sebastian (frente a la monja): No sé mucho sobre esta organización, ¿podría darnos más detalles?
Monja (sonrojada): -evita mirarlo- Si… pero, ¿por qué están aquí?
Oh, cómo deseaba hacer pedazos a esa mujer, actuando así delante de mi Sebas-chan, pero cualquiera podía darse cuenta de que estaba comenzando a excitarse por su cercanía… aunque supongo que en ese aspecto no puedo culparla.
De la nada, Sebas-chan estrelló su mano en la puerta detrás de aquella… por el momento no lo diré, pero supongo que ya saben qué palabra quería usar. Como sea, ella se sobresaltó un momento, y entonces los dos se miraron fijamente. Creo que casi me dio un infarto cuando lo vi a él acercándose de esa forma a la monja, podría jurar que estaba a punto de besarla, y de hecho yo estaba a punto de hacer que su horrible cara besara el suelo de la furia que sentía, pero se salvó, ya que justo en ese momento Sebas-chan le murmuró algo y entonces se alejó, soplando un insecto pegado a su guante. Eso me alivió por un instante… hasta que volvió a mirarla.
Sebastian: ¿Me lo dirá, cierto?
Esa sonrisa, esa condenada y hermosa sonrisa que nunca se apartó de su guapo rostro. En ese momento tanto la monja como yo temblábamos al escucharlo hablar con ese tono tan profundo y sensual en su voz, pero desgraciadamente solo la estaba mirando a ella, y la muy tonta no lograba decir nada, aunque una vez más no podía culparla, quizá yo me hubiese sentido igual.
Lo próximo fue que él la llevó tranquilamente hacia lo que parecía un establo afuera del templo, no muy lejos de éste, seguido por el conde. Yo estaba tan enfurecido que no me di cuenta hasta después de que los tres se hubiesen ido, y me apresuré en seguirlos, esperando poder evitar que esa mosca muerta le pusiera una mano encima a mi Sebas-chan, no me importaba tener que matarla, él es solo mío.
Tristemente llegué muy tarde, el conde estaba solo, de brazos cruzados afuera del establo, mientras esperaba a que lo que fuera que estuviese pasando allí adentro terminara. Quise preguntarle qué era exactamente lo que Sebas-chan y aquella mujer estaban haciendo, aunque sabiendo perfectamente qué era, pero albergaba una diminuta esperanza de que no fuera lo que yo temía, esperanza que se fue al suelo en cuanto fui capaz de sentir cómo la tierra temblaba bajo mis pies, producto de lo que pasaba tras aquellas paredes de piedra. Yo no pude sino ahogarme con mi propia rabia, mientras temblaba y no podía hacer nada más que escuchar, todo mientras ella gozaba al momento en que mi Sebas-chan la hacía suya. ¿Para qué diablos quería a esa aburrida humana? Yo estaba justo ahí, ¿por qué él no se daba cuenta?
Ciel: -mira de reojo al establo- Así que también puede utilizar ese método
Yo no pude más, y ese comentario no hizo más que hacerme explotar.
Grell: ¡Escribiré el nombre de esa mujer en mi lista de muertos!
Y sin más saqué mi lista, mientras aquel mocoso parecía mirarme con indiferencia. Escribí un montón de insultos y demás cosas, ya que luego recordé que en ese momento ni siquiera sabía el nombre de aquella mujer, pero no me importó y solo anoté lo que fuera que pasara por mi mente, mientras lágrimas de rabia e impotencia me recorrían el rostro.
Finalmente el temblor cesó tras algunos minutos más, el conde y yo nos volteamos y vimos a Sebas-chan salir por la amplia puerta de madera, con su ropa tan pulcra como siempre y arreglándose el cabello. Estaba enojado, eso era seguro, pero al verlo de pronto sentí cómo toda esa rabia se alejaba de mí, siendo reemplazada por un deseo abrumador de correr a abrazarlo, esperando porque esa mujer no lo hubiese arañado ni hubiese abusado demasiado de él, a pesar de que era ella la que al día siguiente seguramente estaría luchando por volver a caminar erguida. Se lo merecía totalmente.
Otros minutos más tarde, los tres entramos al establo, la luz había vuelto y pude ver a la monja sentada sobre un fardo de paja, vestida pero sin su hábito, mientras peinaba su cabello con ambas manos, a la vez que mostraba una expresión de inocencia, inocencia que por supuesto ya no tenía. La rabia regresó a mí en cuanto la vi en ese estado, haciendo un esfuerzo descomunal por no matarla ahí mismo, en tanto no dejaba de hablar con el conde y con mi Sebas-chan. Realmente no la estaba oyendo, solo la miraba con furia.
Cuando finalmente salimos de allí, el conde se adelantó, al parecer pensando en lo que esa mujer acababa de decirle, mientras Sebas-chan lo seguía unos pasos más atrás, estando yo al final, todavía enojado y gruñendo para mis adentros, aunque alguna de esas quejas pudieron hacerse audibles, pues pude ver cómo en cierto momento Sebas-chan se volteó hacia mí, para luego detenerse, sin dejar de mirarme con expresión seria pero a la vez algo suave. Yo hice de cuenta que no lo había visto, y continué caminando, hasta que finalmente pasé junto a él.
Sebastian: Grell…
Cuando le di la espalda, su voz me hizo detenerme también, quedando ahora los dos solos, pues el conde no estaba por ningún lado.
Grell (sin mirarlo): ¿Qué?
Sebastian: ¿Qué te pasa? No me digas que estás celoso
Había algo en su voz que me hizo pensar que quizá estaba sonriendo, lo que me hizo creer que seguramente estaba burlándose de mí, como tantas otras veces lo había hecho. Quise mirarlo a la cara, pero sabía que dejaría de estar molesto si lo hacía, así que me quedé donde estaba.
Grell: -se cruza de brazos- ¿Qué importa?
Sebastian: -suspira- Algo debe andar mal si no quieres decírmelo, usualmente siempre dices lo que piensas, ¿es por lo de hace rato, verdad?
Yo me sonrojé, mientras hacía un puchero, una expresión muy infantil e impropia de una dama como yo, por eso agradecía que Sebas-chan no pudiera verme, aunque realmente esforzándome por no confrontarlo en ese momento, me bastaba con mirar esos hermosos ojos rojos una vez para olvidar todo mi enojo y volcarme solo a él, ignorando todo lo demás. Finalmente, me digné a hablar, debía aprovechar que por ahora su atención estaba en mí y no en su amo… o en aquella mujer.
Grell: Si
Sebastian: ¿Entiendes que tenía que hacerlo para ayudar a mi amo?
Grell: Si
Sebastian: ¿Entonces dejarás de actuar así y me mirarás a la cara? No es posible mantener una conversación de esta forma
Grell: -hace una pausa- No
Sebastian: -suspira y se le acerca- Tonto. Lo que pasó allá adentro solo fue trabajo, nada más que eso, no tengo ningún interés en pequeñeces como esas
No entendía por qué me daba explicaciones, cuando lo normal en él era ignorarme y golpearme cuando lo molestaba demasiado, pero por alguna razón no quise quejarme, y fue entonces que la sentí, su mano en mi cabeza, en algo que parecía una caricia suave y lenta, muy diferente a los duros golpes que casi siempre me propinaba. Una vez más no me quejé, simplemente disfruté de su toque.
Sebastian: Realmente no lo disfruté para nada, los humanos simplemente no son capaces de seguir el ritmo de un demonio –se aleja y se va caminando-. Quizá intentarlo con otro tipo de ser sea lo que haga falta para hacer la experiencia más agradable
Si su toque me hizo estremecer, lo último que dijo me dejó temblando de la emoción. ¿"Otro tipo de ser"? ¿Eso quería decir que yo quizá…?
Sebastian: -se detiene y lo mira- Date prisa, Bocchan debe estarnos esperando
Y sin más continuó su camino hacia donde estaba su amo. Yo salí de mi trance y entonces lo seguí muy de cerca, internamente gritando al no dejar de pensar en sus palabras, a la vez que imaginaba cómo y cuándo podría darse aquella "experiencia" entre nosotros dos.
Conforme nos acercamos, vi de reojo a uno de esos llamados niños del coro, quien me sonrió cuando vio que lo estaba mirando. Le sonreí de vuelta, mientras una idea me llegó a la mente.
Cuando Sebas-chan estaba muy distraído hablando con su amo como para darse cuenta de nada más, rápidamente y sin hacer ruido me alejé de ellos, buscando a ese niño, a quien encontré no lejos de donde estábamos. Dándole un certero golpe en la cabeza, esperando dejarlo inconsciente, hábilmente le quité su traje, el cual era demasiado pequeño para mí… muy para mi fortuna.
Sin perder más tiempo, y ya habiendo conseguido lo que quería, volví con Sebas-chan, esperando darle una sorpresa, aunque ciertamente prefiriendo que el conde no estuviese allí, quizá de ese modo las cosas hubiesen sido diferentes.
Grell: Si se trata del coro del cielo, entonces yo también puedo entrar –da una vuelta-. ¿Cómo luzco? ¿Me queda bien?
Esperaba que Sebas-chan se sintiera atraído por mí al verme con ese ajustado traje, el cual dejaba poco a la imaginación, pero la expresión de su amo, sumado al llanto del niño en su ropa interior, arruinaron todo el ambiente. ¿En qué momento ese mocoso se apareció por cierto?
Hablando de mocosos, el conde al parecer intentó decirme algo, pero de pronto una suave melodía lo interrumpió. Sebas-chan se puso en estado de alerta, ya que al parecer presintió algo, poniendo una expresión muy dura en su rostro, y sin decir nada más, nos dirigimos hacia el templo de nuevo, aunque yo me sentía decepcionado al ver que mi pequeño truco no funcionó, y en eso decidí volver a ponerme mi ropa de siempre.
Una vez vestido, salí de mi escondite en un área oscura de aquel amplio pasillo, dejando mis lentes para el final, los cuales terminaba de ajustar al momento en que comencé a caminar para encontrarme nuevamente con Sebas-chan… no dándome cuenta que estaba parado justo delante de mí, no hasta que pude ver con claridad de nuevo.
Grell: -se sobresalta- ¿Se-Sebas-chan? –da un paso hacia atrás- Me asustaste
Sebastian: Que extraño, hace un momento parecías muy interesado en llamar mi atención
Grell: -sonríe- Pues claro, pensaba en cuando finalmente tuviésemos nuestra primera experiencia juntos, supongo que me emocioné
Sebas-chan no dijo nada por unos momentos, mirándome fijo con esos hermosos ojos que me enloquecían, no pudiendo apartar mi mirada de la suya, ni siquiera cuando vi lo que parecían ser sus manos acercándose a mí, en un toque que me hizo estremecer de nuevo. Ese hombre podía lograr una infinidad de reacciones en mí sin necesidad de ningún esfuerzo.
Sebastian (atándole la corbata): Debemos vernos presentables al escuchar la ceremonia de purificación del maestro
Era de esperarse, siempre enfocado en su trabajo como mayordomo.
Decidí correr un riesgo, y cuando apartó sus manos de nuevo, lo detuve sujetando suavemente una de sus muñecas, al parecer tomándolo por sorpresa, cosa que me hizo sonreír todavía más.
Grell: ¿Por qué no nos saltamos esa parte y vamos a otro lado para estar solos? Sin que tu amo se dé cuenta por supuesto
Juraría que por un momento Sebas-chan pareció pensarlo, hasta creí ver un sonrojo muy leve en sus mejillas, pero éste se disipó muy rápido, y lentamente me hizo soltarlo, sin destrozar enteramente mis esperanzas, todo debido a esa corta vacilación que tuvo, tan impropia de él.
Sebastian (sin mirarlo): -se aleja un poco- No debemos olvidar por qué estamos aquí, así que por favor sígueme de vuelta al templo
Sintiéndome con suerte y aprovechando que no me estaba viendo, lo sujeté ahora del cuello de su camisa y lo acerqué a mí, robándole un beso. Mis ojos estaban cerrados, mientras me enfocaba solo en la sensación de sus labios contra los míos, la cual no quería que se acabara, pero que debí cortar para que así Sebas-chan no estuviese demasiado molesto por ese gesto tan atrevido. Me separé de él, alejándome unos cuantos centímetros, algo triste al no ver ninguna reacción de su parte… y de hecho fue por esa misma razón que me llevé una gran sorpresa cuando él colocó sus manos a los lados de mi cabeza, para hacerme regresar donde estaba antes. El segundo beso fue más largo y apasionado que el primero, dejándome casi sin aire y ardiendo por completo por dentro, hasta podría jurar que hubo un juego de lenguas de por medio.
Superada la sorpresa del principio, llevé mis manos a su cuello, apresándolo entre ellas para así no dejarlo ir, a la vez que él llevó las suyas hacia mi cintura y me colocó contra la pared, con la misma intención, mientras ambos nos sumergíamos completamente en aquel fogoso beso, del cual no quería salir jamás.
Cuando Sebas-chan finalmente me soltó, colocó su frente contra la mía, mostrando una expresión que parecía casi de sorpresa por lo que acababa de hacer, en tanto que yo no podría haber estado más feliz.
Poco después, ya en el templo, el conde nos estaba esperando sentado en la última banca del fondo, mirándonos con expresión de molestia, debido a que estuvo ahí solo todo ese tiempo, expresión que luego se mezcló con algo de sorpresa al verme llegar tomado del brazo de Sebas-chan, sin que él hiciera ningún intento por alejarme ni soltarse de mí.
Cuando ambos nos sentamos a su derecha, aquel mocoso nos miró de forma algo acusadora.
Ciel: Sebastian…
Sebastian (con un dedo sobre sus labios): -lo mira- La ceremonia ya va a empezar Bocchan
Al ver su expresión, tuve que contener una risa de burla, mientras sujetaba a Sebas-chan con aún más firmeza, cosa a la que él respondió acercándose un poco más hacia mí, pero nunca cambiando su expresión seria ni dejando de mirar hacia adelante, a lo que yo solo pude responder con una sonrisa.
Conforme la ceremonia avanzaba, en un cierto momento no pude evitar colocar mi cabeza en su hombro, gesto que él simplemente aceptó sin más, dejando que pudiera estar cerca de él.
Ahí era donde quería permanecer desde ese momento.
Cerca de mi Sebas-chan.
