Sentada en un sofa, se encuentra Andrea con una sonrisa sutil y con la mirada tranquila. Les invita con un movimiento de su mano a tomar asiento y luego les sonrié un poco más.

-Buenas noches a todos. Agradezco que esten aquí conmigo, compartiendo un nuevo capitulo de esta historia. Espero que sea de su agrado el presente capitulo del fic.- saluda con tranquilidad mientras juega con el borde de su blusa y les mira levemente nerviosa. Junto a ella se encuentra un sillón vacío, al cual mira cada tanto.

-Lamento mucho la demora en la actualización, pero como había advertido estaba algo ocupada con la universidad y con mi inminente matrimonio.- continuó explicando, mientras su sonrisa se ensanchaba y su mirada se tornaba soñadora. -Fue un sueño hehco realidad. La boda fue algo apresurada y casi sin testigos, ya que me casé luego de salir de la universidad el martes, con el uniforme puesto y con la bata encima. Salí corriendo y nos casamos ante el primer notario que encontramos. Solo tuvimos de testigos a dos secretarias y a mi mejor amiga, que em acompañó ese día.- explicó mientras aparecía una gota en su rostro y sonreía nerviosamente, pero sin perder el brillo de felicidad en su mirada.

-Pero les puedo decir, que fue el mejor día de mi vida. Aunque tuve que hacer un caso clinico esa misma noche, ya que era para el dia siguiente. Y nuestra Luna de miel se tuvo que posponer hasta el fin de semana, ya que mi adorado esposo tuvo que salir de viaje a encontrarse con su familia.- dijo Andrea para luego suspirar levemente.

En ese momento, una imponente figura, la cual se encuentra impecablemente vestida de negro, entra a la habitación. Con paso calmado y andar elegante, se acerca a donde se encuentra Andrea. Al llegar a donde ella, se agacha levemente y deposita un beso en su frente, para luego tomar una de sus manos y también besarla. Andrea sonrié dulcemente y lo invita a sentarse a su lado.

-Buenas noches, y disculpen la demora.- saludó Sirius con una sonrisa tranquila, sin despegar los ojos de su ahora esposa. -¿Que hacias amor?- preguntó el animago con una sonrisa, que derritió a la joven.

-Contandoles de nuestro matrimonio.- respondió Andrea con suavidad, haciendo que una sonrisa llena de picardía apareciera en el rostro de Sirius.

-¿Y ya le dijiste que descubriste en esta semana que eres alergica al Latex?- preguntó, mientra su boca se curvaba en una sonrisa descarada.

-Sirius.- chilló Andrea, completamente avergonzada, mientras se cubría el rostro por la verguenza. Sirius soltó una carcajada y se giró para ver a los invitados.

-Bueno, como mi queria esposa no se encuentra capaz de pronuncair palabra, he de hacer su trabajo esta vez. HP y Co pertenecen a J. K Rowling, exceptuando obviamente a mi, que soy de esta hermosa mujer que esta a mi lado, y que ahora es Andrea Black. Saludos a todos los que nos dejaron un review y, Atenea, por supuesto que te prestamos a mi ahijado, pero solo por 24 Horas, que lo necesitamos para una reunión familiar que se llevara a cabo mañana a las 7.30 de la noche. Así que no me lo canses mucho. Ahh por cierto, las canciones son "Rock you like a Hurricane" de The Scorpions, "Friday, I'm In Love" de The Cure, y por último "tratame suavemente" de Soda Stereo.- dijo Sirius guiñando un ojo, y luego sonriendo tranquilamente.

Nos leemos pronto, Andrea Black n.n


Capitulo 3

Escapando


Inhala. Exhala. Nuevamente inhala y luego recuerda exhalar. Mierda, esto no funciona. Mejor intentemos con otra cosa.

Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña, como veía que resistía fue a buscar otro elefante. Dos elefantes se balanceaban sobre la tela de una araña, como veían que resistía fueron a buscar otro elefante.

Se preguntaran como hemos llegado a este estado deplorable. Créanme que también me lo estoy preguntando. Aunque tal vez tenga algo que ver con un desalmuerzo terminado abruptamente, un mutismo por parte del joven que venció y un intento desesperado por parte de Hermione de comprender la tan compleja y extraña mente de su mejor amigo. Si, puede ser que eso nos encamine un poco.

Aunque más bien, también podría deberse a que la joven que se encontraba cansada de esperar explicación alguna por su mejor amigo, decidió ignorarlo también y encerrarse en una de las habitaciones de huéspedes del apartamento, encender la radio que allí había y ensordecer cualquier ruido proveniente del exterior.

Ahora comprenden un poco mejor todo.

Luego de una hora golpeando la maldita puerta, que no se abría ni con hechizos y de lograr que su voz se tornara unos cuantos tonos más graves, casi llegando al mutismo obligatorio o a ser el doble permanente de Darth Vader, la puerta seguía estoicamente cerrada.

Maldita sea la hora en que Hermione aprendió tan buenos y efectivos hechizos. Se dejó caer en el pasillo y se sentó frente a la puerta escuchando la voz de Hermione corear la canción.

But have you heard about that way,

To make you feel I should soon make you pay

And to make you toe the line, line

I Sever the ties

Oh well i never

Sever the ties

And fuck forever

If you don't mind

Oh I'm stuck forever

In your mind, your mind, your mind

En mi mente. Maldita sea la estupida canción y el inútil que la canta. ¿Por qué rayos tenía que sonar esa canción? Y también ¿Por qué Hermione cantarla con tantas ganas?


Estupido Harry. Como siempre tan obstinado. Ni siquiera me explicó que rayos le pasaba. Luego de que regresó en si, después de su contacto con el más allá y su nueva experiencia cerca de la muerte no ha abierto la boca.

Idiota. Yo preocupándome por él, mientras se negaba a contestarme algo. Y lo peor de todo era su mirada, que me transmitía rabia, decepción e ira.

Me cansé de preguntarle que lo tenía de tan mal humor, y aún así no conseguí que pronunciara palabra alguna. Intenté salir del apartamento, pero recordé demasiado tarde que tenía prohibido poner un pie fuera de este hasta las 2.30 de la tarde y apenas era la 1.30. Aunque eso fue hace media hora, y ya solo necesito aguantar otros treinta minutos más y seré libre de salir de aquí. Maldita sea Ginny y aquella apuesta perdida.

Bueno, pero no pensemos más en eso, sino en que si él no quiere hablar conmigo, yo tampoco debo soportar su cara de puño y su entrecejo fruncido. Así que ahora me encuentro encerrada en la que es mi habitación cuando me vengo a quedar en este lugar, con el radio encendido a todo volumen y más de treinta hechizos en la puerta.

Ahora, veremos quien es el que no quiere hablar con quien.

The wolf is hungry

He runs the show

He's licking his lips

He's ready to win

On the hunt tonight

For love at first sting

Here I am, rock you like a hurricane

Here I am, rock you like a hurricane

Here I am, rock you like a hurricane

Here I am, rock you like a hurricane

Esa canción es genial. Dios, que bien tocan The Scorpions. Lastima que cuando me quise dar cuenta de que sonaba, ya se estaba terminando. Ahora es esperar la siguiente canción. Al menos ahora estoy más calmada que antes. Siempre he creído que los libros y la música son los únicos que logran relajarme tanto. Y ahora eso es perfectamente demostrable.

Esos acordes. Si, esa era una de las que deseaba escuchar.


I don't care if Monday's blue

Tuesday's grey and Wednesday too

Thursday I don't care about you

It's Friday, I'm in love


Monday you can fall apart

Tuesday, Wednesday break my heart

Oh, Thursday doesn't even start

It's Friday I'm in love

Nunca creí enloquecer tanto por una canción. Pero siento que si no callo ese radio, me volveré irremediablemente loco. Llevo 45 minutos sentado fuera de la habitación donde esta terca mujer se ha encerrado, escuchando estoicamente todas las canciones que suenan. Algunas acompañadas por la voz de ella, que es muy bonita, y otras simplemente entonadas por el cantante. Maldita sea la hora en que ese Daniel se apareció en la vida de ella, y por ende en la mía. Ahora descubro cosas que antes no me había detenido a ver.

Pero me cansé de esto y de ese ruido. Esa maldita canción se debe callar. Y seré yo quien la calle. Prepárate puerta, que ahora mismo te abriré.


Se encontraba sentada en el suelo, con la espalda apoyada al borde de la cama y con los brazos rodeando sus piernas. Había decidido cambiar de emisora en la mitad de la canción. Por alguna razón, en vez de alegrarla como al principio, los acordes la fueron sumergiendo en una intranquilidad y depresión que la obligó a cambiar de estación de radio. Ignorando los gritos de Harry y su persistencia de que le abriera la puerta, continuó en la misma posición que antes.

Ahora se encontraba escuchando una emisora de música internacional. Observó su reloj nuevamente y notó que eran las 2.25 p.m., pronto lograría escapar de ese lugar solamente necesitaba distraer a Potter y todo estaría bien. Unos cuantos minutos de libertad y lograría calmarse lo suficiente como para pasar un par de horas más en su compañía.

Rogaba sólo por unos veinte minutos de libertad y aceptaría todo el interrogatorio de su amigo. De pronto, levantó su rostro y sonrió complacida consigo misma. Sacó su celular del bolsillo y comenzó a buscar un contacto. Al encontrarlo se dispuso a llamar, esperando impaciente a que le contestaran. Al escuchar el tranquilo Aló, su sonrisa se ensanchó.

-Hola Serpiente.- saludó con fingida tranquilidad. -Necesito un favor tuyo.- añadió antes que la persona al otro lado de la línea lograra decir algo.


Alguien me ha dicho que la soledad

Se esconde tras tus ojos,

Y que tu blusa atora sentimientos, que respiras

Tienes que comprender

Que no puse tus miedos

Donde están guardados,

Y que no podré quitártelos

Si al hacerlo me desgarras.

No quiero soñar

Mil veces las mismas cosas

Ni contemplarlas sabiamente

Quiero que me trates suavemente.

Te comportas de acuerdo

Con lo que te dicta cada momento

Y esta inconstancia, no es algo heroico

Es más bien algo enfermo.

No quiero soñar

Mil veces las mismas cosas

Ni contemplarlas sabiamente

Quiero que me trates suavemente.


No quiero soñar

Mil veces las mismas cosas

Ni contemplarlas sabiamente

Quiero que me trates suavemente

Quiero que me trates suavemente

Quiero que me trates suavemente

Suavemente, suavemente

Suavemente.

Suspiró desanimado. Se había detenido justo antes de derribar la puerta al sentir como la joven cambiaba de emisora. Gritó una vez más, esperando que ella le abriera, pero al parecer, no lo escuchaba. Se volvió a sentar frente a la puerta y decidió esperar un poco más. Se permitió escuchar lo que sonaba en la radio, dándose el lujo de notar que ahora la canción estaba en español. Nunca había escuchado esa canción, aunque la voz se le hacía algo conocida. Sonaba como a aquel grupo argentino del que una vez había escuchado hablar. ¿Cómo era que se llamaba? Bueno, ahora eso no interesaba en lo más mínimo. Esa canción había logrado remover muchos recuerdos y los cimientos de sus pensamientos. Sintió como el latir de su corazón se tornaba pesado y casi creyó escucharse a si mismo cantar el coro de esa canción. La voz de la castaña retumbaba en sus oídos, melódicamente y cargada de nostalgia. Su pulso disminuyó mucho durante esos minutos y sintió como el aire se tornaba denso.

Se sintió compenetrado con la letra y su implícita tristeza. Con el dolor que expresaba y con esa pizca de esperanza que la llenaba. Con esa rendición ante algo más fuerte que uno, y la sumisa petición de que no lo lastimen más.

¿Así se sentía Hermione? ¿Así le dolía el corazón a ella? ¿Acaso Daniel la hacia dudar de si misma y de su relación? O tal vez, ¿Ella le pedía que la tratara suavemente? Es que la emoción con la que la joven la cantaba no podía ser fingida. Uno no podía fingir las emociones en esa magnitud.

Le dolía la cabeza con sólo pensarlo. Le fastidiaba la idea de que ella pudiera estar tan enamorada de ese idiota, como para pedirle que le permita llegar a él. Aunque tal vez el podría demostrarle que ese imbecil no la merecía. A pesar de jamás haberlo visto en su vida, él sabía a ciencia cierta que no era digno de ella. Nadie lo era.


Secó la lágrima que recorría su rostro, y sonrió amargamente. Se sentía un poco más liberada luego de dejar salir todo a través de aquella canción. Su corazón se lo decía. Ahora nada más debía esperar a que esa serpiente cumpliera su parte y le ayudara. Miró su reloj y sonrió. El tiempo había pasado ahora solo faltaban… tres, dos, uno.

El sonido del timbre de la puerta llenó toda la casa. Se permitió sonreír tristemente mientras se colocaba de pie. Era el momento de actuar.

Sabía que estaba comportándose como una cobarde, pero no se sentía con las fuerzas como para luchar en ese momento. No en ese preciso instante. Regresaría más luego, cuando su mente y su corazón se hayan calmado lo suficiente como para resistir cualquier prueba que aquel moreno de ojos verdes le pusiera.

Ahora, lo único importante era, escapar.