Aún permanece en mis mejillas la incandescencia de sus palabras, el enrojecimiento de mi piel queda palpablemente en mis mofletes, haciendo que tenga que quitarme del cuello el fonendoscopio.
Salgo de la sala, y Naya me mira a través de los cristales de la habitación de un paciente, al que está tomándole la tensión. Vuelve la vista hacia la otra enfermera, y deja al paciente al cuidado de ésta. Viene corriendo hacia mí, con sus informes en la mano, igual que antes.
-No ha pasado nada, Nay.-Le digo mirando al frente.-Además, ¿cómo puedes dejar a un paciente así para que te cuente algo?-Digo.
-Tía, qué mal piensas de mí.-Me espeta parándome.
-Rivera…
-Vale, vale. Venía por eso, pero luego me lo cuentas, Di.-Me dice.
-Al final la enfermera le va a cortar la circulación al señor si no vas rápido.-Le digo comenzando a andar de nuevo, riendo.
-Vale, ¡pero luego me lo cuentas!-Dice echando a correr hacia la habitación. Suspiro y sigo con el paso ligero hacia la habitación 409, donde tengo otro paciente que atender. Dirijo mi mirada hacia los informes del paciente, esta tarde tiene una operación de hígado, bien. Levanto la cabeza de los informes y abro la puerta de la habitación. Su mirada se vuelve hacia mí, que está inclinado sobre el paciente.
-Oh, vaya… ¿Conoce a la doctora Dianna, señor Johnson?-Dice Chord irguiéndose de nuevo para mirarme, y sosteniendo sus informes bajo su brazo derecho.-Tiene unos ojos preciosos, ¿verdad?-Añade. El señor asiente, y de él sale una sonrisa que no sé si tiene algo de sarna, o picaresca, pero que a su vez tiene un ápice de ternura.
-Gracias, Dr. Chord.-Digo acercándome a la camilla del paciente, y me siento observada bajo su atenta mirada. Le hago varias preguntas al señor, que responde a ellas con cierta dificultad al hablar, así que termina contestándome señalando con el pulgar arriba, y el pulgar abajo.
Chord sale detrás de mí de la habitación, y cierra la puerta detrás de nosotros.
-Escucha, porque seas cirujano no te da derecho a tratarme así, a burlarte de mí. ¿Cuánto llevas aquí? ¿Dos horas?-Le digo pegándolo contra la pared, donde nadie puede vernos. Me quedo a pocos centímetros de él, y sonríe levemente sin dejar de mirarme a los ojos.
-Pues no me he burlado de ti… Simplemente te veo, y sonrío.-Dice sonriendo aún más.
-¿Por qué, Chord? ¿Te hace gracia mi cara?-Le pregunto. Se queda en silencio, mirándome a los ojos desde arriba, disminuyendo su sonrisa. El flequillo rubio que le cae sobre su frente se mueve un poco, sin llegar a tapar esos preciosos ojos verdes que siguen mirándome atentamente, como si no quisiera perderse nada de lo que hago.
-Sonrío, no río.-Dice bajando el tono de su voz.-No sé cómo expresar que me encantan tus ojos, así que, sonrío.-Ahora me quedo yo en silencio, porque mis mejillas comienzan a enrojecer de nuevo y él no se mueve de allí, está contra la pared, y yo amenazándole a pocos centímetros de él. Aparta un mechón de mi pelo y lo pone detrás de mi oreja delicadamente, acercándose a ella, rozando su fina barba con mi cara haciendo que me estremezca aún más.-Cada vez que nos veamos, tendrá que taparse los ojos, doctora.
