Hola! Si, me tarde mas de lo que prometí pero no fue mi culpa, me quede sin internet esta semana *llora gaymente*
En este cap. no quise usar a un personaje inventado para representar a Astaroth (di referencias de ese personaje en el capitulo anterior) Así que utilice a un personaje de la primera temporada que aunque no fue muy relevante en esta, yo lo ame por ser tan sensual(? xD jajaja. Ya verán de quien se trata ^^
Este capitulo va para: SoyUnDinosaurio, DulceMaiden, Guest, Mangetsu Youkai, Samikun15 y gemini in tauro por sus lindos reviews! Muchas gracias!
Espero les guste como transcurre este fic ^^
Sin mas que decir, les lejo leer.
Mas notas al final! :)
Aclaración: Kuroshitsuji y sus sexys personajes no me pertenece (para gran desgracia mia :c ), son propiedad de la gran Yana Toboso, mujer que quiere ver arder el mundo c: No hago esto con fines de lucro, sino para satisfacer mis enfermizas ganas de Yaoi c:
AOKI TSUKI MICHITE
CAPÍTULO 3
Reconocía todo a mí alrededor con una felicidad nostálgica. Se trataba de mi hogar, la mansión Phantomhive. En la pared aún estaba el gran cuadro donde se encontraba retratada mi familia, por lo que era lógico pensar que lo que veía era un recuerdo del pasado, de antes del incendio, o simplemente mi imaginación...
En el salón principal se veía una luz diferente a las de alrededor, por lo que con curiosidad me fui acercando, comenzando a escuchar algunos murmullos, voces que me hacían avanzar automáticamente a aquella habitación, que parecía irradiar un calor abrazadoramente cálido.
Debido a que la puerta se encontraba semi-abierta, solo fue cuestión de empujarla un poco para poder ver a las personas que adentro disfrutaban de la mutua compañía. Era mi familia. Mi padre, mi madre, yo, y mi perro Sebastian.
Mi pequeño yo estaba jugando felizmente en el suelo con algunos juguetes mientras mis padres me observaban con una sonrisa desde el sofá, cuando de un momento a otro comenzó a toser con fuerza, escupiendo algo de sangre…
-¡Ciel! –grito mi madre levantándose del sofá, siendo detenida por mi padre.
-Aun no es tiempo, él está bien, solo es algo pasajero –musito levantándose y acercándose a mi yo de solo 5 años.
Agachándose a su altura, limpio su boca con delicadeza, con ayuda de un pañuelo, sonriendo para que no se preocupara por lo que había sucedido. Cuando termino cerró un momento los ojos, antes de abrirlos y depositar un sutil beso en su cabeza, al tiempo que sus ojos se tornaban color rosa brillante, como los de…un demonio.
-Te amamos hijo. Por favor logra quedarte con nosotros, no nos dejes.
-Ustedes fuero quienes me dejaron… -susurre adentrándome más en la estancia, añorando que ellos pudieran escucharme, pero era inútil -¿Por qué se fueron? ¿Por qué me dejaron solo?
Llevándome una mano al rostro, cubrí mis ojos, sintiendo un gran nudo en la garganta que me impedía decir nada más.
-Ciel… -escuche decir a mi padre, sonando muy cerca de mí.
Alarmado mire enfrente, topándome con la mirada de mi progenitor fija en mí; su rostro reflejaba nostalgia y arrepentimiento, a pesar de la sonrisa que me dedicaba.
Estaba por responder a su llamado para pedir respuestas, pero todo a mí alrededor desapareció tan rápidamente, dejándome sumido en la oscuridad.
-Hijo…
O-o-o-o-o-o-o-o-o-o
Con lentitud fui abriendo poco a poco los ojos, topándome con el dosel de la cama en la que me encontraba. Ladeando la cabeza a ambos lados analice la habitación de oscuros colores, sintiéndome inusualmente cómodo en ella, quizá por la tenue y agradable iluminación que había.
-¿Por qué…? –susurre limpiándome las lágrimas secas sobre mis mejillas, mientras los recuerdos llegaban a mí de forma pausada y sumamente clara. ¿Había sido un sueño? ¿O un recuerdo? No lo sabía, pero por ahora lo mejor era dejarlo de lado, solo por un rato…pues aun no asimilaba del todo lo que había sucedido tan solo hace unas horas, en lo que me había convertido. ¿Cómo era posible? ¿Qué tenía que ver mi padre en todo esto? ¿Qué debía hacer ahora?
Estaba confundido, adolorido mental y físicamente.
-Despertaste –dijo una voz bastante conocida.
-Si… -respondí sentándome al borde de la cama, mirando mis pies desnudos antes de levantar la mirada para observar al demonio que entraba desde lo que parecía ser un baño, vestido con una camisa azul marino, pantalones, zapatos, y saco largo color negro. Su cabello se veía húmedo, por lo que era obvio que acababa de tomar una ducha.
-Apenas tomes un baño iremos a ver a Undertaker–murmuro ignorándome y caminando hacia uno de los roperos, observando por un rato su contenido antes de finalmente sacar un conjunto de ropa, que por su tamaño parecía ser para mí.
¿Por qué hacia este tipo de cosas? Él ya no era mi mayordomo, aunque bien no me pensaba quejar, pues reconocía que yo solo no podría lograr vestirme.
Soltando un suspiro me levante de la cama, pero de inmediato me vi de rodillas en el suelo, sorprendido de mi propia debilidad, y de lo rápido que esta desaparecía.
Con algo de enojo comencé a levantarme, algo nervioso al sentir las manos de Sebastian a mis costados, ayudándome a sentarme de nueva cuenta en la cama, sin decir palabra alguna.
-Esto no parece ser algo bueno –comente observando mis manos, consciente de que lo que esperaba escuchar podía no gustarme -¿Qué me está pasando? ¿Aamón te lo dijo?
-Sí.
Tenía miedo de la respuesta, pero más de la indiferencia del de ojos rojos. ¿Por qué no me veía a la cara? ¿Tanto le molestaba lo que era ahora?
-Dímelo –pedí dando un suspiro, estrujándome el corazón.
-El proceso de conversión que estas experimentando es algo difícil de lograr con éxito. –Musito enfocándose en acomodar la ropa sobre la cama, usando una voz demasiado fría y que me helaba la piel –No hay muchas probabilidades de que sobrevivas.
-Supongo entonces que no es muy común la existencia de un semi-demonio –suspire observando mis manos con algo de frustración.
-No, no lo es. Pero ese no es el problema.
-¿Cuál es? –inquirí con curiosidad, mientras me levantaba de nueva cuenta, pues toda debilidad había desaparecido.
-Aun tienes el sello del contrato, y eso me ata a ti, por lo que debo encontrar tu sello, el de tu padre, para poder librarme del vínculo que nos une.
-Ya veo –apenas pude decir, adentrándome en el baño y comenzando a quitarme la ropa, sin evitar sentir algo de decepción al escuchar las palabras cargadas de reproche de mi antiguo mayordomo.
-Hace un rato charle con Aamón –dijo a mis espaldas apenas me adentre en la impecable bañera repleta de agua caliente y suave espuma.
Cerrando los ojos espere pacientemente las palabras del mayor, que parecían ser importantes.
-Existe la posibilidad de que si encontramos el sello de tu padre a tiempo, la energía que este te dé te ayude a sobrevivir, a completar el cambio, aunque aún así las posibilidades son pocas.
¿Sobrevivir? ¿Para qué? No me quedaba nada. Mi venganza se había llevado acabo. En el mundo humano no había nada para mí ahora, y tampoco aquí. Mi vida ya no tenía un objetivo que seguir, no tenía nada a que aferrarme, ni siquiera a Sebastian, pues él lo que quería era librarse de mí…aunque bien, si eso es lo que él quería hacer lo antes posible, le ayudaría a lograrlo, después de todo era lo menos que podía hacer para pagarle de algún modo lo que había hecho por mí, ya que no tenía otra cosa que ofrecerle.
-Busquémoslo entonces –sentencie comenzando a limpiar mi cuerpo.
Sin decir nada, el pelinegro salió del cuarto azotando la puerta, haciéndome dar un respingo. No lo culpaba, era entendible su enojo.
-Lo siento –susurre bajando la mirada.
O-o-o-o-o-o-o-o SEBASTIAN o-o-o-o-o-o-o-O
No entendía su actitud, primero parecía que no le había importado saber sobre su probable muerte, pero apenas le había comentado sobre la diminuta posibilidad de vida que tenía gracias al sello de su padre, se veía más que resuelto a encontrarlo. ¿Estaba jugando conmigo acaso? ¿Se estaba burlando de la situación en la que me había dejado?
No siempre había logrado entender lo que ese niño pensaba, y mucho menos ahora. No era capaz de seguir el hilo de sus pensamientos y eso me molestaba.
¿Qué es lo que quería de mí? ¿No le bastaba con haberme usado para conseguir su venganza sin darme nada a cambio?
Sosteniéndome el puente de la nariz con dos dedos trate de calmarme, sopesando las cosas con más tranquilidad. Solo debíamos encontrar el sello y todo habría terminado. Si Ciel vivía o no, eso quedaba en segundo plano, mi objetivo era solo deshacerme del vínculo.
-¿Pasa algo? –lo escuche preguntar detrás de mí.
-No, nada –masculle dándome la vuelta, observando con lentitud al ser ante mis ojos. La bata de baño que tenía puesta le quedaba grande, por lo que esta caía levemente por sus hombros, mostrando su pálida y húmeda piel, tan tersa a la vista y el tacto, tal como había comprobado muchas veces en el pasado, aunque ahora que era mitad demonio quizá su textura había cambiado un poco…
-¿Esa ropa me queda? –pregunto atrayendo mi atención a su rostro, que delinee con parsimonia, fijándome en sus aniñados rasgos, cejas delgadas, ojos grandes y profundos enmarcados por unas largas y espesas pestañas, y una boca pequeña de rosados y llamativos labios. Por su cuello caían algunas gotas de agua que completaban aquel sensual cuadro que me llamaba a acercarme a ese pequeño cuerpo y… – ¿Sebastian?
-Eh, si –respondí dándome la vuelta, consiente de mi agitado estado, tratando de calmarme.
-Bien…
Sin decir más, el azulino se sentó al borde de la cama y tomo su ropa interior, poniéndosela antes de quitarse la bata, esperando mi ayuda para ponerse todo lo demás.
Tomando un hondo suspiro comencé a vestir al semi-demonio, notando los curiosos ojos con los que miraba mi cara, como si buscara algo en ella.
Ignorando aquella penetrante mirada trate de mantenerme tan firme como me era posible, pero incapaz de entender lo que me sucedía; si bien desde hace tiempo me sentía atraído hacia el cuerpo frente a mí, ahora sentía un deseo más grande. No ayudaba mucho el hecho de que a cada rose de mi piel con la suya mi hipótesis se comprobaba, confirmando lo extremadamente suave que era…
¿Qué estupidez estoy pensando?
Manteniendo la quijada tensa me apresure a vestir al menor con unos pantalones cortos, medias, botas con un poco de tacón, camisa, chaleco y saco. Todo era color negro con algunos detalles en gris.
-El parche –comento pasándose una mano por el cabello, manteniendo la vista fija en el suelo.
Sacando de uno de mis bolsillos aquel objeto, me agache a la altura del menor, colocándole el parche lo más rápido posible, evitando cualquier tipo de contacto visual.
-Vámonos –farfulle apenas termine, saliendo por la puerta seguido por él.
Una vez llegamos al recibidor no encontramos con Aamón, que sin decir nada nos escolto hasta la puerta, abriéndola para nosotros.
-Gracias por todo –murmuro el menor, deteniéndose un momento al lado del demonio.
-No hay de qué. Les deseo suerte –respondió antes de que Ciel saliera, impidiendo con una mano que yo hiciera lo mismo.
-¿Vas a sermonearme otra vez?
-Voy a advertirte algo –Respondió entrecerrando los ojos –Piensa antes de actuar, o podrías hacer algo de lo que terminaras arrepintiéndote.
-¿Qué es lo que viste? –inquirí frunciendo el ceño, a pesar de saber que no me lo diría, pues según él, no estaba bien cambiar el curso de las cosas.
-El futuro no está escrito Sebastian, lo que yo veo solo son probabilidades…
-Probabilidades que siempre se cumplen –interrumpí.
-Solo… –mascullo irritado, haciendo un ademan para que me fuera.
Soltando un suspiro salí de la gran mansión, buscando a Ciel con la mirada a través de la niebla.
-Cuídalo, y cuídate. –dijo Aamón antes de cerrar la puerta.
No pude evitar entrar en pánico cuando a la par de aquellas palabras sentí –gracias al vínculo- el nerviosismo de mi antiguo contratista, usando eso mismo para poder encontrarlo de inmediato, afilando la mirada al ver con quien estaba.
-Ciel –lo llame, mirando con desprecio a Astaroth, que observaba con burla al menor.
-Tiempo sin verte Atratriel –rio fijando su atención en mí.
-Sebastian –enfatice jalando al menor de un brazo, colocándolo al resguardo de mi propio cuerpo.
-"Sebastian" –repitió con una sonrisa –En ese caso tú llámame Drossel Keinz por favor.
Haciendo una mueca me limite a asentir.
-Bien pues. ¿Qué haces aquí?
-Oh, solo venia de visita; aunque me sorprende encontrarme contigo aquí. Es una desagradable sorpresa a decir verdad. ¿Qué hay de ti?
-Lo mismo.
-No sé por qué creo que mientes, pero no importa, ya me enterare de eso más tarde. Además, la última vez dejamos algo pendiente ¿o no? –murmuro mostrándome sus ahora puntiagudos dientes.
-Estas en lo cierto, pero justo en estos momentos estoy corto de tiempo, así que me temo que debo retirarme –respondí dando una paso atrás, sin soltar el brazo del azulino que tal como me esperaba se mantenía atento a la charla, tratando de entender lo que sucedía.
-¿Estas rechazando un inminente enfrentamiento? –pregunto afilando la mirada, cambiando el color de sus ojos.
-Créeme que lo que más quiero es partirte la cara y borrarte esa estúpida sonrisa, pero como dije, ahora no tengo tiempo –farfulle liberando mis alas, antes de volverme con rapidez, rodeando a Ciel con ellas y desapareciendo del lugar.
O-o-o-o-o-o-o-o-o CIEL o-o-o-o-o-o-o-o-o-O
Tras salir de la lujosa mansión, camine un poco para darle tiempo a Sebastian, que se había quedado parado en el marco de la puerta hablando con Aamón.
No me había alejado mucho cuando una suave risa llamo mi atención hacia cierto lugar del bosque, donde sentado en una gruesa rama se encontraba un hombre vestido con un traje muy llamativo, que consistía en unos pantalones marrones con zapatos negros, camisa blanca, y saco azul marino con bordes rojos a juego con el moño carmesí en su cuello y el sombrero que cubría sus ojos y parte de su cabello color naranja-rojizo. En una de las mejillas tenia pintada una flor color azul pálido
-¿Quién eres? –pregunte sin demostrar miedo, pues su apariencia no me lo infundía, aunque podía sentir "algo" que me decía que aquel sujeto era peligroso, demasiado.
-Mi nombre es Drossel Keinz, antiguamente conocido como Astaroth –respondió con una sonrisa burlona, bajando del árbol y parándose frente a mí -¿y tú quién eres? Por lo que veo no eres de por acá, y tienes un olor peculiar, mesclado con uno que me resulta asquerosamente familiar.
Vagamente me sonaba conocido su último nombre…como si alguien lo hubiera mencionado, quizá mientras estaba inconsciente. Con algo de desconfianza mire más atentamente a aquel sujeto, notando que debido a la diferencia de altura al fin podía ver sus ojos, que tenían un llamativo color violeta, enmarcados por sombras rosas y azules.
Por sus nada amables palabras no me sentía con la confianza para responder a la pregunta, pero él lo había hecho con la mía, así que…
-Soy…
-Ciel –interrumpió la voz de Sebastian, que jalándome de un brazo me coloco detrás de él, de la misma forma a cuando lo hacía para protegerme de algún peligro. ¿Podía suponer entonces que aquel tipo era una amenaza?
Con la intervención de Sebastian las cosas se habían puesto repentinamente tensas, y el ambiente pesado.
Desde hace un buen rato que era claro que no necesitaba preguntar nada como para saber con certeza que entre Sebastian y aquel sujeto -parecido a un muñeco- no existían solo algunas diferencias. Ellos se odiaban.
-¿Estas rechazando un inminente enfrentamiento? –pregunto el de cabello naranja tras la excusa de Sebastian para retirarnos.
-Créeme que lo que más quiero es partirte la cara y borrarte esa estúpida sonrisa, pero como dije, ahora no tengo tiempo –mascullo mi demonio en respuesta, al tiempo que unas hermosas alas azabaches aparecían en su espalda y se giraba para rodearme con ellas, justo cuando el piso bajo mis pies desaparecía, haciéndome creer que caería, pero no fue así, pues el de ojos rojos me sujeto fuertemente de la cintura, pegándome a su cuerpo, al que me abrace sin dudar.
-Nos veremos muy pronto –escuche decir a Astaroth, al mismo tiempo que un objeto largo y afilado atravesaba una de las alas, siendo detenida por la mano libre de Sebastian antes de que terminara incrustada en medio de mis ojos.
-¡Sebastian! –exclame al ver la sangre que corría por aquel objeto a través de la herida.
-Calla, estoy bien –murmuro apenas volvimos a estar con los pies en el suelo, soltando el agarre entorno a mí, y apartando las alas, revelando el lugar en el que nos encontrábamos: un callejón oscuro que daba justo a la calle donde estaba la funeraria de Undertaker.
-Pero está sangrando –hice notar dando un paso enfrente, sintiendo la necesidad de hacer algo.
-Dije que estoy bien –levanto la voz, empujándome de un hombro, haciéndome chocar contra la pared fuertemente.
Mordiéndome la lengua me abstuve de soltar algún impropio, pues era consciente de las personas que pasaban por la calle, y no quería llamar la atención mientras las alas del demonio estuvieran presentes.
Ignorando mi presencia, el pelinegro tomo aquella flecha color plata y la jalo, sacándola de su ala con expresión de molestia.
-No tardara en sanar –murmuro cuando las alas desaparecieron de su espalda, dejando algunas plumas caer al suelo.
Sabiendo que cualquier cosa que dijera al respecto provocaría más enfado al mayor me mantuve callado y quieto, con los brazos cruzados, hasta que mi antiguo mayordomo me hizo una señal con la mano para que lo siguiera.
-Mantén la cabeza abajo y no llames la atención –dijo antes de salir del callejón conmigo pisándole los talones, con dirección a la funeraria.
-¿Quién era aquel sujeto? –Pregunte en voz baja mirando el empedrado de la calle –Astaroth, Drossel, o como se llame.
-No tengo por qué responder a esa pregunta –farfullo de forma cortante.
-Tsk, claro –exclame rodando los ojos, al tiempo que nos deteníamos frente a la funeraria.
Adelantándome al demonio di un paso enfrente y toque la puerta tres veces, esperando que aquel hombre de apariencia tétrica abriera, pero no paso tal cosa.
Con más fuerza volví a toca, volviéndome hacia Sebastian después de 30 segundos de esperar contestación.
Con expresión irritada el demonio volteo a ambos lados de la calle, antes de regresar la vista enfrente, cambiando el color de sus ojos por unos momentos.
-No esta –siseo dando un golpe sordo a la puerta, haciendo que esta se abriera de golpe –Esperemos adentro.
Suspirando asentí con resignación, entrando al oscuro establecimiento, mirando a todos lados sin ver nada en realidad.
-¿Crees que tarde mucho? –pregunte al escuchar cerrarse la puerta.
-No lo sé –contesto acercándose a uno de los estantes y sacando algunas velas, colocándolas en diferentes lugares y encendiéndolas en el proceso, de modo que pronto la funeraria se vio iluminada por la débil luz. Igual hubiera sido mejor abrir las cortinas, pero no podíamos arriesgarnos a ello.
Deshaciéndome del saco tome asiento arriba de uno de los féretros, observando cada una de las acciones del mayor, que parecía buscar algo entre todas las cosas del lugar, rindiéndose casi de inmediato.
-Sebastian –llame su atención apenas se recargo contra una de las paredes.
-¿Qué? –pregunto fijando sus ojos en mí.
-Necesito respuestas.
-Por eso estamos aquí ¿no? –respondió levantando una ceja.
- Si, pero algunas cosas solo me las puedes decir tu –insistí, sin planes de ceder.
Frunciendo los labios, el demonio pareció debatirse internamente.
-Si así dejas de molestar, entonces adelante –dijo tras unos segundos.
Casi inconscientemente emboce una sonrisa triunfante.
-¿Por qué Aamón sabe…cosas? –comencé con la pregunta que creía más sencilla.
-Él puede ver el pasado y el futuro –explico caminando hacia mí, sentándose a un lado con los brazos cruzados –pero rara vez da a conocer esa información a alguien más, pues cree que no es correcto afectar los acontecimientos que se acercan. Aunque, igual sostiene que si bien puede ver el pasado con claridad, no es lo mismo con el futuro, dice que lo que ve solo son probabilidades, pues el futuro no está escrito, las personas cambian muy seguido y eso lo afecta.
-No estás de acuerdo con él –no era una pregunta.
-En lo absoluto. –contesto con sequedad, indicando con un ademan que pasara a la siguiente pregunta.
-¿Tu verdadero nombre es Atratriel?
-Sí.
-Pero que no él es un…
-Un ángel caído. Eso es lo que somos todos lo demonios –aclaro cerrando los ojos.
Demonios que alguna vez fueron ángeles, seres de luz. No sabía mucho del tema, pero en la biblioteca de mi mansión había algunos libros que en una que otra ocasión había ojeado.
-La leyenda decía que fuiste desterrado por no estar de acuerdo con Dios ni con Luzbel. ¿Igual es cierto?
-No me gusta seguir los ideales de nadie. Hago lo que quiero y ya.
-Pero entonces, si fuiste desterrado del cielo, porque no del ¿infierno?
-El infierno es para el castigo de las almas, el lugar en el que radican los demonios es otro, que no tiene un nombre en sí –aclaro con una ligera sonrisa –Ahora bien, si, yo vivo en aquel lugar sin nombre, y aunque no soy bienvenido por todos ahí y algunos quieren deshacerse de mí, no lo hacen porque no pueden, mi poder es similar al de Lucifer, mi hermano, quien aunque no tiene mucha relación conmigo por mi nula lealtad a él, lo ve como algo sin importancia.
No pude evitar mirar sorprendido al pelinegro a mi lado, incapaz de creer que de verdad fuera hermano del demonio que todo el mundo conocía de alguno u otro modo.
-Entonces…Drossel, o bien, Astaroth, ¿Por qué quiere matarte?
-Él es un demonio de primera jerarquía, al igual que Lucifer, y desde hace varios siglos ha intentado ganarle para tomar su lugar, pero siempre fracasa. Hace un tiempo mi hermano dio a conocer que su sucesor debía ser yo, y por ello Drossel quiere matarme –se encogió de hombros –Aunque eso no tiene lógica, pues deje en claro que no quiero ni pienso tomar dicho puesto.
-Entonces me parece realista creer que solo quiere tu cabeza porque no puede tener la de él–comente meneando la cabeza –Es patético.
-Lo es –bufo frunciendo el ceño -¿Eso todo lo que querías saber?
-Por ahora creo que sí –murmure satisfecho, dedicándole una sutil sonrisa al pelinegro, que girándose hacia mi levanto una mano con dirección a mi rostro, pero deteniéndose a medio camino.
-¿Para algo? –pregunte tocando mi propia cara, buscando alguna anomalía o mancha.
-No era nada –dijo tomando mi mano, y manteniéndola frente a sus ojos, observándola. A pesar de los guantes me era posible sentir el frio que su piel transmitía y me resultaba de algún modo tranquilizante.
De alguna forma, a pesar del trato de Sebastian, a veces sentía que tras aquella voz seria y fría había algo más, oculto a mis ojos. ¿Qué es lo que se esforzaba en esconder de mí? ¿Y por qué? Podía ser posible que…
-Ya llego –exclamo soltando mi mano y levantándose repentinamente, mirando hacia la entrada.
Sintiendo el rostro ligeramente caliente me baje del féretro y observe con atención la puerta que se abría con lentitud, y de la que entro con rostro sonriente aquel sujeto de enigmática personalidad al cual quería moler a golpes.
-Es de mala educación entrar a un lugar ajeno sin permiso~ -canto ingresando a la estancia, cerrando la puerta a sus espaldas de forma descuidada.
-Undertaker –masculle irritado, al ver como -ignorando nuestra presencia- pasaba de largo para abrir otra puerta y perderse detrás de ella, siendo el ruido de algunas cosas lo que indicaban que buscaba algo.
Después de algunos segundos salió el de cabello gris, con una charola con probetas llenas de té en las manos y bajo su brazo una urna repleta de galletas en forma de hueso de perro, que coloco sobre un ataúd antes de volverse hacia mí.
-¿En qué puedo ayudarle conde? No me equivoque al pensar que lo vería tan pronto –dijo embozando una gran sonrisa, sacando de un momento a otro su gran oz antes de lanzase contra mí.
FIN DEL CAPÍTULO 3
¿Que les pareció? ¿Les gusto? ¿No les gusto? ¿merezco review y una galleta? *hace ojitos de gato*
Bueno, en el próximo capitulo las cosas se pondrán algo tensas y puede que nuestro lindo shota la pase un poco mal :c (no se por que hago esto si lo amo tanto *llora* ) ¿Adivinan por que lo pasara mal?
Que estén bien!
Besos!
~Mizuki Nozomi~
