LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN.

¡Bueeenas, peques!

Actualizo muy prontito hoy porque ya tenía pensado esta parte de la historia ^^

Enjoy!

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Naruto es el infiltrado.

Tuvo que contenerse para dar un grito en medio de aquél Polígono. Ese torpe, estúpido e inexperto policía no podía ser el cómplice de Ónix. A no ser, que esa estupidez forme parte de su papel para despistar.

Lo observaba desde lejos, Naruto seguía dentro del terreno de la nave 137; ella estaba fuera de las rejas que lo rodeaba todo, incluida la nave en sí, con un cigarro encendido. Veía como parecía haberse relajado totalmente tras asegurarse, una vez más, que no había nada ni nadie dentro de esa nave. Lo normal sería que el nerviosismo le entrara ahora.

Los chicos de laboratorio poco a poco, comenzaron a llegar, lo que distrajo la atención de Sakura.

-Buenos días, Sakura. ¿No ha habido suerte? – Sai, el jefe de Laboratorio, se había parado enfrente de ella, con esa sonrisa cínica y falsa que siempre solía mostrar.

Ella no se molestó en devolvérsela y, mientras observaba como los demás compañeros iban ajustándose sus equipos y entrando a la nave, le contestó.

-Buenos días, Sai. No, no ha habido suerte. – Le confirmó. Chasqueó la lengua, furiosa.

-Bueno, tal vez esta vez sí que consigamos algo. Se habrá largado de aquí con mucha prisa. Sería imposible que no se hubiera dejado nada. – Comentó Sai, mirando hacia la enorme nave de puerta metálica y grisácea.

-Lo dudo, Sai. Si fuera olvidadizo o descuidado, ya estaría entre rejas. Se ha visto en situaciones peores, te lo aseguro. – Pronunció Sakura, conteniendo la ira.

Sai volvió a mostrarle esa sonrisa falsa y se despidió con un gesto. Se adentró en la nave, perdiéndose de la mirada de Sakura, dispuesto a hacer su trabajo que, de nuevo, no daría sus frutos.

Sakura volvió en sí cuando Sai se hubo metido totalmente en la nave. Empezó a buscar a Naruto por todos lados, ahora que ella tenía ciertas sospechas sobre él, no podía perderlo de vista.

¿Dónde demonios está?, pensaba una y otra vez mientras miraba y caminaba en todas direcciones. Tsk, maldito traidor.

Se paró en seco al volver una de las esquinas del enredado polígono de Las Cruces y encontrárselo demasiado cerca. Vio como Naruto miró varias veces en todas direcciones, como asegurándose que no había nadie por allí. Sakura fue lo suficientemente rápida para esconderse detrás de la esquina por la que había venido antes de que éste lo viera. Así, el rubio, confiado, sacó su teléfono móvil; uno que Sakura nunca le había visto, por cierto, e hizo una llamada.

Hablaba muy bajito, con frases cortas y precisas. Todo rastro de nerviosismo y torpeza había desaparecido; lo que hizo que Sakura reforzara su teoría de que ese chico solo se había estado marcando un papel con ella.

La pelirrosa se exasperó. Desde su posición, no conseguía oír nada, solo murmullos y susurros del rubio. Se asomó por la esquina, confiando en que Naruto no estuviera pendiente de esa esquina. Tuvo suerte, Naruto le había dado la espalda y miraba hacia el final de la calle, dónde se veían algunos de los compañeros de Laboratorio trabajando.

Avanzó unos pasos, sigilosa. Se llevó una mano a su arma, si Naruto estaba hablando con quién ella pensaba y la descubría ahí, no tendría dónde esconderse y tampoco sabía qué locura podría hacerle. Y una cosa tenía asegurada: ella se adelantaría. Apretó el arma con fuerza, estaba nerviosa; era la primera vez que sospechaba que había un infiltrado en el departamento, aunque éste no fuera más que un recién llegado. Tenía miedo, nunca se había enfrentado a un compañero y no sabía cómo podía acabar aquello.

-Están todos los de Laboratorio aquí… Ya, ya sé que lo has sacado todo pero… Ya, ya, pero ha sido todo demasiado rápido. ¿Estás seguro de que no encontrarán nada?... –Hizo una pausa, escuchando lo que la otra persona le decía. Sakura ya había oído bastante, sabía perfectamente con quién estaba hablando; así que, de nuevo sin hacer el más mínimo ruido, retrocedió, dispuesta a hacer como si acabara de llegar y no hubiera escuchado nada. - Ya, vale. Sí, hablamos luego. Adiós. – Finalizó el infiltrado, para después colgar.

Tsk, maldito hijo de puta.

Sakura dio un par de pasos una vez había colgado Naruto, haciéndose la distraída y armando el suficiente jaleo como para que el rubio se diera la vuelta y la viera. Así lo hizo. Se tensó al momento, esperaba no haberse descubierto.

-Ah, Naruto, estás aquí. – Comenzó la pelirrosa como si tal cosa.

-Sí, estaba… - No sabía muy bien como terminar la frase. – Inspeccionando el terreno, – dijo de pronto, demasiado rápido y atropelladamente como para que estuviera diciendo la verdad – como no tengo mucha experiencia… - Finalizó con una media sonrisa forzada.

Sakura hizo un amago de sonrisa y lo dejó pasar, aunque lo único de lo que tenía ganas era de desenfundar su arma y hacerle hablar de una vez. Capullo.

-Ya. Bueno, si no estás ocupado, he pensado que podemos volver ya al departamento. Hay que hacer un informe de todo esto y, además, supongo que informarías a Laboratorio del chivatazo a mi despacho, ¿no? – Éste asintió. – Bien, pues iremos a ver cómo va la cosa.

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Sakura llevaba cinco días observando a Naruto de cerca. Era disimulada pero no lo perdía de vista ni un instante. Al no tener pruebas ni poder demostrar absolutamente nada sobre el nuevo, no comentó a nadie lo que había oído ni lo que sospechaba. Quién sabe la que se podría armar si hiciera una acusación tan grave a un compañero que encima era de un departamento con más peso que el suyo propio.

En esos días, también habían llegado los resultados de Laboratorio, tanto de la llamada telefónica como de la nave. Lo que ya se esperaba: nada. Absolutamente nada. Era increíble lo rápido y astuto que podía ser ese cabrón.

Suspiró profundamente y se estiró sobre su viejo sillón del despacho. Necesito unas vacaciones. Recién ahora se daba cuenta de que Ino tenía razón cuando le daba todas aquellas charlas que ella tanto odiaba. Sintió un fuerte dolor de cabeza. Suspiró de nuevo. Al menos, cinco minutos de relax. Pero tampoco fue posible, Ino y Naruto entraron en su despacho con una delicadeza nula. Eso le cabreó, últimamente estaba muy irritable.

-… Genial, podríamos hacer eso, aunque habría que buscarle una pareja a nuestra Sakura. – Comentaba Ino con una sonrisa de oreja a oreja mientras dejaba un café delante de Sakura y se sentaba en una de las sillas, ignorándola completamente.

Naruto la seguía con una amplia sonrisa y la imitó, sentándose en la otra silla. Traía las gafas de vista puestas, un café en una mano y unos papeles en la otra. También la ignoró.

-Sería lo suyo, aunque… - Dejó la frase incompleta pero hizo un gesto señalando a Sakura.

Ino ladeó un poco la cabeza y un instante después, entendió perfectamente lo que quería decir.

-¡Qué va, hombre! Sakura no tendrá ningún problema en que le busquemos una cita para esa noche, ¿verdad? – Preguntó mirando a la pelirrosa. Parecía más una amenaza divertida que una pregunta. Ésta se limitó a enarcar una ceja a modo de respuesta.

-¿Qué noche? – Preguntó sin demasiado interés.

-Hemos pensado en ir a cenar y a bailar una noche de éstas. Yo iré con Shika y Naruto con Hinata, ¿me ha dicho que la conoces, no? – Preguntó de nuevo, dirigiéndose a Sakura. Ésta asintió.

-Era mi amiga en la facultad, aunque hace ya mucho que no sé nada de ella.- Algo normal si ha acabado con unos delincuentes, pensó con furia.

Recordó el momento en el que Naruto le comentó que tenía novia y que era Hinata Hyuuga. Sakura consiguió disimular su sorpresa, aunque con poco éxito. ¿Hinata también estará enterada de los chanchullos de Naruto con Ónix? Es más, ¿tendría ella algo que ver?

Sakura volvió al presente y observó a Naruto, sin escuchar nada de la banal conversación que mantenía con Ino.

Ese chico, en el fondo, le inspiraba ternura. No parecía del tipo de gente que se metía en esa clase de asuntos tan turbios. Aunque lo era; estaba metido hasta el cuello. Y ella haría que hablara. Ya lo creo que sí. Le había tomado cierto cariño en el tiempo que había estado en comisaría y, a pesar de que había algo de él que no le encajaba desde un principio, lo dejó pasar. Hasta que la evidencia era demasiado fuerte para ser ignorada.

Apretó con fuerza la taza de café, furiosa. Ojala Naruto nunca hubiera llegado tan lejos. Ella no quería delatarlo, le tenía cariño de verdad, pero era su trabajo. Concretamente, era el caso que la traía de cabeza desde hacía ya casi tres meses.

Suspiró y se pasó una mano por la frente y el pelo, tratando de aclararse. Siguió siendo ignorada por ambos, que estaban charlando tranquilamente.

De pronto, Naruto interrumpió su conversación y la miró directamente.

-Por cierto, Sakura, - la llamó mientras le extendía un sobre grande y marrón que traía junto a los otros papeles – han llegado los resultados del Laboratorio de mi departamento. ¿Lo adivinas? – Le preguntó a Sakura con una sonrisa inocente y burlesca al mismo tiempo.

-¿Nada? – Preguntó ésta de un mal humor notable.

-Nada. – le confirmó sin borrar esa extraña sonrisa.

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Ese mismo día, por la tarde, Sakura recibió un nuevo sobre que Ino se había encargado de dejar encima de su mesa. Estaba a nombre de Naruto Uzumaki y no tenía nada más que identificara de quién provenía.

Se quedó unos minutos mirándolo fijamente, mientras ella estaba sentada en su sillón. SE planteó mil veces abrirlo y ver de quién era. Se le ocurrieron mil formas de abrirlo y de volver a cerrarlo sin que nadie lo notara pero, ¿y si Naruto no es tan torpe e inocente y la descubre? Era demasiado arriesgado. Si Naruto la descubría, huiría con la ayuda de Ónix y volvería a estar en el punto de partida. No, estaba más cerca que nunca de descubrirlo todo, solo tenía que esperar a que Naruto cometiera un error más. Además, no creo que Ónix fuera tan idiota de mandarle este sobre a mi despacho, cuando puede quedar con él en cualquier parte o simplemente llamarlo por teléfono.

Finalmente, desistió y se levantó bruscamente para buscar a Naruto. Se lo daría y acabaría con esta historia.

Por el camino, se encontró con Ino, que volvía a su mesa despreocupada.

-Ino, ¿has visto a Naruto?

La rubia ladeó un poco la cabeza en su dirección y arrugó el ceño, extrañada.

-¿Naruto? – Le preguntó. Sakura asintió. – Se acaba de ir. – Sakura se quedó pálida. Mierda, le he dado demasiada ventaja. – Me dijo que tú le habías dado permiso porque tenía algo importante que hacer hoy. – Sakura cambió su expresión por una de furia y terminó por arrugar el sobre que le había llegado a Naruto.

Ha esperado a que me distrajera para largarse. No es tan imbécil como pensaba.

-¿Pasa algo, Sakura? – Insistió, al ver la expresión de su amiga.

-Nada, pero yo también tengo algo que hacer. Te dejo esto para que se lo des tú a Naruto. Nos vemos mañana, ¿vale? – Se despidió atropelladamente mientras tiraba el sobre encima de la mesa de Ino y se ponía la chaqueta, dirigiéndose a la puerta.

-Va-vale… Adiós. – Se despidió la rubia pero Sakura no llegó a oírla. O al menos, fingió no oírla.

Nada más llegar a la puerta, vio como Naruto arrancaba su coche, se dirigió al suyo todo lo rápido que pudo y arrancó.

Salió del aparcamiento a una velocidad normal, sin perder de vista el viejo coche de "su compañero", tratando de no llamar la atención. Lo siguió a una distancia prudencial, dejando varios coches entre ellos. Esa lección la tenía muy bien aprendida. Además, hoy tenía que ser aún más discreta, ya que el sujeto la conocía a ella y también a su coche.

Lo siguió durante unos minutos, estaba tensa y se le notaba en todo el cuerpo. Pero lo que más sentía era rabia, Naruto había estado a punto de jugársela de nuevo. El rubio conducía sorprendentemente tranquilo, sin ninguna prisa; lo que descolocó un poco a Haruno. Tras un tiempo conduciendo por las calles más transitadas de Tokio, se desvió hasta una calle un poco más tranquila y aparcó. Ella hizo lo propio uno instantes después.

Observó el panorama que había. Estaba anocheciendo, casi no se veía nada ya. Era una calle poco ruidosa y transitada, al contrario que el centro de Tokio, por dónde habían venido. Parecía una zona residencial normal y corriente, con casitas pequeñas, acogedoras y todas iguales, como copias. Vio como Naruto se bajaba del coche y se dirigía hacia una de las pequeñas casitas. Sakura sentía que se le saldría el corazón por la boca de lo desbocado que estaba. Aunque toda esta adrenalina se disipó cuando observó quién esperaba a Naruto en la puerta de aquella casita. Hinata.

Maldita sea. Echó la cabeza hacia delante hasta darse un golpe con el volante en la frente. Tal vez, este idiota solo se olvidó de decirme que saldría antes pero no va a ver a Ónix.

Se encendió un cigarro, tratando de relajarse pero no le dio lugar a terminar de fumar cuando vio con sorpresa, como Naruto, con expresión seria y sombría, se montaba en el coche y arrancaba de nuevo. Dejó pasar unos instantes para que la situación no fuera demasiado obvia y lo imitó.

Esta vez, la llevó a un lugar más interesante: una zona de casas viejas y casi en ruinas a las afueras de la ciudad. Era un barrio marginal, dónde solo vivían drogadictos y delincuentes de poca monta, Sakura se la conocía demasiado bien. Algo más animada, observó como Naruto se metió en una de los viejos y pequeños apartamentos. Aunque no parecía haber nadie más allí dentro, algo le decía que ese era su momento.

Se acercó a la casa y la rodeó, buscando una ventana o un recoveco por el que meterse. Al final, encontró una ventana con la puerta rota. Se metió por ella y vio como el interior de la casa era igualmente viejo y bastante sucio. Con todo lo que ha robado, ya podría buscarse otro sitio menos repugnante, pensó Sakura con asco.

Sintió la voz de Naruto, todo en la casa estaba oscuro excepto la especie de salón dónde se encontraba el rubio. Avanzó despacio, escuchando:

-Estoy aquí, Ónix, ¿dónde estás tú? – Hizo una pausa. - ¡¿Qué no puedes venir?! ¡Podrías habérmelo dicho antes! ¡Sabes que estoy muy expuesto con Haruno y podría sospechar en cualquier momento! – Sakura sonrió irónicamente tras la puerta. Si tú supieras…

De pronto, Sakura se dio cuenta de algo, esa casa no era una guarida cualquiera. Y esa habitación no era como las demás. Estaba llena de armas por todas partes. SE acercó a una de las paredes, sorprendida por la gran cantidad que había. Se puso una pareja de guantes que siempre llevaba en el bolsillo y acarició una con suavidad.

De pronto, sintió una ira casi incontenible. Naruto se había estado burlando de ella todo ese tiempo. No solo Ónix la había estado eludiendo como si tal cosa sino que ese perro lo había estado ayudando desde dentro. Apretó la mandíbula y cogió el arma de fuego, descolgándola de la pared. Una idea cruzó su mente: Puede que hoy no vea a Ónix, pero Naruto hablará sí o sí.

-¡Muy bien! – Exclamó Naruto, claramente enfadado. – Pues, nos vemos mañana. – Dijo ya más calmado.

Colgó el teléfono y lo guardó en el bolsillo, dispuesto a marcharse.

Ahora o nunca.

Sakura salió de la habitación y vio a Naruto de espaldas a ella, cerca de la puerta de salida.

-¿Tienes mucha prisa? – Le preguntó en un tono afilado e irónico, mientras el apuntaba con una de las armas de Ónix.

Naruto tragó saliva con fuerza y, tras unos instantes de divagación, se dio la vuelta y enfrentó a Sakura. Joder.

SE miraban fijamente, Naruto con miedo, Sakura con rabia.

-Bien, Naruto, vamos a hacer las cosas sencillas: deja tu arma en el suelo, siéntate ahí y cuéntamelo todo.

Naruto tragó saliva de nuevo e hizo lo que le pidió pero no habló, se limitó a mirarla fijamente, con una mezcla de sentimientos en la mirada que Sakura no supo descifrar. Sakura colocó una silla enfrente de él, dejando una vieja mesa de madera entre medio de ellos dónde descansó el arma, aunque sin dejar de sujetarla.

-¿Vienes sola? – Sakura sonrió ligeramente. No había ido allí para mantener una conversación cordial. – Vete, Ónix podría llegar en cualquier momento.

Sakura dejó escapar una carcajada irónica. Supongo que tenía que intentarlo.

-¿En serio? – Le preguntó la pelirrosa con sarcasmo. – Vaya, me había parecido escuchar que Ónix no podía venir hoy.

Naruto aguantó la respiración, sentía como si esas palabras le hubieran sacado el aire de un puñetazo. Lo sabe todo.

-En serio, Naruto, me has sorprendido: Has actuado con una torpeza indigna de un cómplice de alguien como Ónix. – De nuevo, Naruto sintió esa horrible sensación de que lo dejaba sin aire. – Dime: ¿Ónix te compró una vez que sabía que trabajarías conmigo o él te llevó hasta mí?

Sakura estaba impaciente y Naruto seguía sin contestar. Pensó que tendría que utilizar métodos menos ortodoxos con su compañero. Sonrió macabramente y quitó el seguro a la pistola, haciendo que Naruto se tensara.

-No dispararás. – Comenzó Naruto. – Si lo haces, te descubrirán.

Sakura volvió a dejar escapar una carcajada macabra para después volver a mirarlo sin borrar esa siniestra sonrisa.

-¿En serio? Fíjate bien en la situación, Naruto. – Calló unos instantes mientras Naruto la observaba. Disfrutó un poco viendo como al rubio se le desencajaba el rostro al comprender lo que quería decir. – Estamos en uno de los escondites, almacenes, o como lo llaméis de Ónix. Yo llego guantes, con lo que no he dejado huellas y sujeto en mi mano una de las armas de ese cabronazo. Dime, ¿qué puede relacionar a una respetable Inspectora de Tokio con el asesinato de su pobre y torpe ayudante? – Se hizo el silencio. Se podía escuchar como naruto chasqueaba los dientes fuertemente. Maldita sea. – Dime, Naruto, - habló Sakura mientras se echaba en el respaldo de la vieja silla - ¿qué prefieres que ponga en el informe sobre tu muerte: qué eras una asquerosa rata que trabajaba para ese Ónix o qué tú solito descubriste uno de sus escondites y él te mató? – Le preguntó con malicia. – Pero, venga, dímelo; tienes suerte, ¿sabes? No todo el mundo puede escoger lo que se dirá de él después de morir. – Sonrió ampliamente de nuevo, provocando un escalofrío que recorrió la espina dorsal de Naruto.

-Está bien. – Se rindió. Cogió aire antes de hablar. – Ónix y yo planeamos todo esto. Yo no trabajo con él pero es amigo mío. – Sakura enarcó una ceja.

-Para no trabajar con él, le has hecho mucho trabajo sucio. – Apuntilló. – Sigue.

-El detective que tenía que venir como tu ayudante murió la noche de antes de mi llegada al departamento.

-¿Cómo qué murió? ¿Lo matasteis? – Preguntó arrugando el ceño y apretó el arma con fiereza. Naruto se asustó y miró fijamente el arma de la pelirrosa, como si ésta se fuera a disparar sola.

-No, no. – Se apresuró a contestar. – Fue asesinado pero no por nosotros. Ese detective que te iban a mandar estaba metido hasta el cuello en asuntos de narcotráfico, Sakura. Era un corrupto; solo fue un ajuste de cuentas. – Sakura lo miraba fijamente a los ojos, al igual que Naruto a ella. Su experiencia le decía que estaba diciendo la verdad. No había nada que denotara que estaba mintiendo pero aún así…

-¿Cómo estás tan seguro? – Esa pregunta descolocó a Naruto, que no terminó de entenderla. – Puede que Ónix lo matara y te contara esa historia de corrupción y drogas y a ti, ¿no? – Naruto se apresuró a negar varias veces con la cabeza, levantando las manos.

-No, él no haría eso. Es mi amigo. – Dijo con determinación. – Nunca me metería en un lío tan grave. – Sakura enarcó una ceja y desvió la mirada a su derecha, con una vaga sonrisa sarcástica en sus labios. Esto ya es muy grave. Pero no dijo nada. Prefirió dejar que se siguiera explicando. – Ónix se enteró de ese asesinato cuando estaba justamente por este barrio marginal, los autores viven aquí; - aclaró – y, entonces, me llamó y lo organizamos todo. Se deshizo del cuerpo y me hice pasar por él.

Eso sorprendió en cierta manera a Sakura. Una cosa era que Ónix hubiera comprado a cualquier chupatintas de una comisaría cualquiera y otra muy distinta era ese metódico plan en tan solo una noche. ¿Cómo pudieron engañar a todos?

-No fue fácil, - siguió Naruto – pero como tú bien sabes, Ónix es muy astuto e inteligente. – Sakura chasqueó la lengua, oír hablar de ese delincuente hacía que se enfureciera más aún.

-¿Hinata lo sabe? – Preguntó la pelirrosa de pronto. No sabía por qué su vieja amiga se le vino a le mente en esos momentos. Naruto asintió tímidamente y, por primera vez desde que empezaron esa "conversación", parecía realmente avergonzado. No fue capaz de mirarla mientras le contestaba. Se imaginó que la historia de Hinata y él sería una llena de sentimentalismos en la que ella había acabado allí por error.

Sakura dio por buena la explicación de Naruto pero aún había una cuestión más importante: Ónix.

-¿Quién es Ónix, Naruto? – La expresión de éste cambió completamente. Se puso pálido y se le desencajó el rostro. Sakura se imaginó cuál sería su respuesta.

-No te lo puedo decir, Sakura. – Tsk. Mierda.

Golpeó la mesa con furia con su mano libre y volvió a hacerle la misma pregunta pero con más dureza.

-Lo siento. – Dijo Naruto, negando con la cabeza.

La pelirrosa sabía que naruto no hablaría, estaba demasiado vinculado a ese Ónix y, a pesar de esa confesión, no tenía pruebas para detenerlo, pues nada estaba grabado. Y Naruto no confesaría, está claro.

Se sintió inútil y disparó a un lado de Naruto, ante la atónita mirada de éste, a modo de advertencia. Pero nada. Naruto no cedía y ella, por más que quisiera la verdad, no estaba dispuesta a hacerle daño.

Suspiró y se levantó de un salto. Demasiadas emociones por hoy. Dejó el arma en el suelo y se dirigió a la puerta, no sin antes dirigirse a Naruto una vez más:

-No te quiero volver a ver nunca más; si pisas el departamento, te arrepentirás. – Le amenazó con una voz gélida, parecía de ultratumba. – Mañana a primera hora quiero tu carta de dimisión en mi despacho. Envíala y pon cualquier excusa pero no vuelvas. – Hizo una pequeña pausa. – Y dile a ese Ónix que se mantenga alerta porque le terminaré dando caza.

SE largó dando un sonoro portazo que hizo que Naruto diera un respingo en su silla. Cuando se vio solo, comprendió que era el final de su aventura, se llevó las manos a la cara y respiró con normalidad; hasta ahora parecía haber aguantado la respiración.

Cogió su teléfono móvil y lo llamó:

-Ónix, ha estado aquí. Lo sabe todo.

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Una exhausta Sakura cruzaba la puerta de su céntrico apartamento en Tokio. Se quitó su chaqueta de cuero negro y la depositó en el perchero de la entrada. Fue directa a servirse un vaso de whisky. Hoy lo necesito. Pero algo andaba mal. La botella de whisky estaba en la encimera de la cocina, concretamente en la barra americana que separaba la cocina de la sala de estar. Se paró en seco. Yo no dejé eso ahí.

-Bienvenida a casa, princesa.

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¡Aquí lo dejo, peques!

Como pueden ver, este cap me salió muy largo o.o No creo que los otros me salgan así pero haré una excepción con este.

Actualizo rápido, no sé cuando volveré a hacerlo pero como este fic era el que llevaba más atrasadillo… Jejeje Bueno, muuuuchas gracias a todos por los apoyos. Espero que os guste ^.^

Reviews:

-Melisa: Hahahahaha Sí, lo he puesto un poco así al pobre aunque su papel será crucial en esta historia :3 Espero que te guste, mil gracias! ^^

-JanetUchiha: Ay, muchas gracias, encanto. Espero que te guste este también y te deje intrigadilla. Un beso!

-Tsukichan: Muuuchas gracias, aquí tienes la conti (muy pronto esta vez -.-) Un beso!

-InesUchiha: Sí, es un poco torpe en este fic pero todo a su tiempo hahahah Actualizo a la nada como puedes ver, no sé si será así siempre -.- Un beso, disfruta!

Bueno, chicas, creo que voy a seguir actualizando. Sinceramente, la idea que yo tenía para este fic llegaba hasta aquí porque, como dije en el primer capítulo, esto era de prueba. Veo que está gustando a algunas personas y eso y por lo tanto, voy a seguir. A ver qué se me ocurre hahahaha ^^

¡Dejen sus opiniones!

Mil gracias, cuídense.

~NekooUchiha~