-Sora ¡¿Qué te pasó?!-me preguntó mi amigo Riku muy asombrado, yo, estaba tirado con medio cuerpo sobre la mesa y la cabeza en el teclado.
-Es raro, ¿verdad?-esa parecía la voz de Tidus, pero no me importó demasiado-hoy llego temprano, y tan pronto llego se tiró ahí y no se movió.
Riku puso su mano sobre mi hombro, y me dijo al oído:
-¿Acaso tuviste problemas en la cama?-casi impulsado por un resorte me levante y di mi cabeza contra su frente, a mí no me dolió, o no sé, solo quería justificarme.
-No! ¡Por supuesto que no, Riku!-dije nerviosísimo- ¿Cómo se te ocurre eso si Kairi ni se quedó ayer? –y como un idiota me puse a reír. Esta serie de escusas, obviamente falsas, no engañarían a Riku; me di cuenta cuando termine de hablar y vi su cara.
-Si no es Kairi ¿quién es?-la expresión de mi amigo me hizo acordar a la de cierta persona, sentí como mi estómago se revolvía nuevamente.
-¡Por eso te digo que no es…!
-Sora-Naminè, mi asistente y amiga, me interrumpió-te buscan.
-¡Que pase!-grite con alegría pensando que me había librado de las preguntas de Riku.
-¡So~~ra!-un nudo se hizo en mi garganta, comencé a transpirar frio y a temblar.
-Q-¿Qué haces aquí, Ventus?-mi voz sonó en un diminuto hilo de voz.
-Así que tú eres el amante de Sora ¿Eh?-dijo Riku examinándolo.
-¿Sora desde cuando eres pedo?-rio Tidus a carcajadas.
-¡Pero les estoy diciendo que no!-grite avergonzado.
-Es verdad.
-¿Ven?-susurre ilusionado de que el niño me diera algún tipo de ayuda.
-Sora no es de persona, el anoche fue…-se sonrojó y se llevó la mano a la boca en forma seductora-anoche fue muy amable conmigo.
-¡VENTUS!
-Llamare a la policía-dijo Naminè sacando su celular.
-¡Si haces eso te despido!-le grite a Naminè, todos en la oficina nos miraba.
-Sora-te olvidaste la billetera, dijo el niño tirándola sobre la mesa.
-Nos vemos-pegó media vuelta y se fue, me quede unos minutos mirando su espalda mientras se alejaba. Las correas frontales de su mochila sostenían un skeight blanca y negra, realmente genial.
-Ven-le llamé.
-¿Qué pasa?-dio vuelta la mitad superior de su cuerpo.
-¿Y esa skeight?-él se puso nervioso, pero no dijo nada. Lo mire con más atención, tenía puesto unos pantalones pescador verdes, una camisa de jean fina sobre una remera a cuadros. Se veía muy bien con esa ropa, pero ¿de dónde la sacó? Yo no tenía esa ropa en mi casa –Ventus ¿de dónde sacaste esa ropa?
En un movimiento de velocidad extrema, desprendió la skeight, la tiró al piso y comenzó a andar lo más rápido que pudo. Cuando lo vi salir, miré dentro de mi billetera y noté algo; la ausencia de una pequeña tarjetita plateada.
-¡Ventus-salí corriendo de mi cubículo detrás suyo-devuélveme la tarjeta!
Salí del edificio detrás de él. No me di cuenta que podía ser despedido. Atravesé 2 calles llevándome a la gente puesta mientras lo seguía, tan solo nos llevábamos escasos metros de distancia, por suerte llegamos hasta el rio y se vio acorralado.
-¡Devuélvemela!-el me la entregó en mano con cara de perrito regañado y también me dio su skeight, o más bien la que compró con mi dinero.
-Úsala para volver al trabajo-lo había olvidado, si no regresaba me iban a despedir la tomé y me fui de allí casi volando. Cuando llegue ya no había más nada en mi cubículo, solo estaba Naminè, sentada.
-Lo siento, Sora.
-Naminè ¿Qué ocurre?
-Fuiste despedido,-esas palabras punzaron mi pecho como navajas-me pidieron que limpiara tu cubículo y pusiera tus cosas en esta caja-dijo levantándola del piso y poniéndola sobre la mesa-y a mí, me despidieron junto contigo.
No tenía nada que decir, tomé la caja, puse el skeight ahí y retiré de la oficina. Fui caminando a casa, no me importó que mi departamento estuviera a veinte calles de ese lugar, de ahora en más tendría que ahorrar. A la décima calle comenzó a diluviar, una hora después llegue a mi casa. Ventus me estaba esperando.
-¿Qué sucedió, Sora?-dijo con dulzura-¿Te cause algún problema?-la gota que llenó el vaso.
Lo tomé de la camisa hasta suspenderlo sobre el aire y lo estampe contra la pared.
-¡Por tu culpa me despidieron pendejo de mierda! ¡Y no solo a mí, sino también a Naminè!-estaba tan enojado, pero cuando lo vi bien, note las lágrimas en sus ojos y lo solté.
-Sora…-di media vuelta y me fui par mi habitación, no quería volver a verlo-¡Prometo que voy a recuperar tu empleo!-se fue corriendo, tomo la skeight y cerró la puerta de un golpe.
Después de eso, estuve viendo la tele dos horas hasta que se hizo hora de cenar. Me puse a cocinar, solo tenía media docena de huevo y queso. Comeríamos omelette, haría el suyo cuando llegara y… no entendía porque me estaba preocupado por la persona que había hecho que me corrieran del trabajo. Pasaron cuatro horas más y se hizo media noche. Ya iba a salir a buscarlo, pero cuando salí, él estaba parado frente a mi puerta, empapado.
-Mañana, -susurró con la voz quebradiza y la cabeza gacha-puedes volver a tu trabajo-cuando termino de decir esto me abrazó.
De su cuerpo, pude sentir un olor nauseabundo; que ni siquiera la lluvia le había sacado, un olor que solo un adulto debería tener impregnado, no, ni siquiera eso. El pobre sollozaba en mi pecho y podía sentir sus tibias lágrimas.
-Ven…-susurré correspondiendo su abrazo-lo siento.
