-Ya te dije que no necesito una niñera, gracias... - ha estado molesta con Lauren antes, pero nunca ha tenido la oportunidad de confrontarla. La mayor parte de las veces termina llorando sola en su habitación. Debe admitir que disfruta de frenarse en seco, esquivar su brazo y armar un berrinche.

-Hazme el favor de cerrar la boca y subir al taxi – nunca había visto a la mayor así. Prácticamente le sale humo por las orejas. Montó un bonito espectáculo en el club, gritándole al resto de las chicas que eran unas inconscientes. Normani le cantó las cuarenta y por un momento la tensión se podía cortar con un cuchillo. Desde que salieron de la disco, Camila revisa constantemente su celular en busca de rastros del episodio en los medios. Por ahora, nada, pero aún así tiene un mal presentimiento. No se le escapa que Lauren intenta mirar la pantalla.

Abre la puerta del taxi y le señala el interior de la cabina de pasajeros. Camila bufa y prácticamente le muestra los dientes, pero no puede evitar pensar que es linda la forma en la que le sostiene la puerta y apoya la mano en su hombro, aunque sea sólo por unos instantes.

-¿Ya vas a decirme que hacías completamente alcoholizada en un club para mayores de 21? – la mayor vuelve a romper el silencio. Camila ha estado todo el rato con el celular. -¡Diablos, Camila, tú no eres así!

Hace un tiempo que no la llama "Camz".

-En primer lugar, no estaba "completamente alcoholizada". Tomé un par de tragos. Igual que cuando salía contigo, o con las chicas, a cualquier fiesta de la disquera...

-¡Pero esto no era una fiesta de la disquera! ¡Era un club! ¡Tienes dieciséis años!

-Y tú diecisiete. Y vas a clubes todo el tiempo, la mayoría de las veces sin la banda.

-Es distinto... voy con Luis.

-¿Distinto por qué? – todavía no puede creer que se haya atrevido a mencionarlo. No cara a cara - ¿Porque aunque las chicas salgamos en grupo estamos solas? Yo no necesito a un chico para que me cuide...

-No pareció eso hoy...

Nuevamente se hace un silencio incomodo. Camila no tenía intenciones de responder, pero Lauren se moría de ganas de seguir preguntando. No obstante, siempre respetaban los turnos. La mayor no hablaría hasta que la menor propusiera un nuevo tema o retomara el anterior. Era una partida de ajedrez con reloj. Camila tenía la ventaja, y sólo tenía que dejar que el tiempo corriera para ganar.

-Por aquí está bien... - le sorprendió escuchar nuevamente la voz de su compañera.

Tardó unos segundos en asimilar que ya estaban en la acera del hotel. Lauren podía ser la primera en iniciar una guerra de almohadas y aún así cuando se ponía en modo adulto Camila no podía evitar creerle. Cómo daba las indicaciones, cómo extendía el dinero e incluso el "no se preocupe, quédese con el cambio" o la forma de desear las buenas noches gritaban adultez. En los papeles se llevaban sólo un año, pero en los hechos...

Todavía tenía la palabra, pero no sabía si quería usarla. Tampoco sabía si iba a perdonarse pasar lo que les quedaba de tiempo en silencio. ¿Tenía que responder lo de Austin? ¿Serviría ponerla celosa? Parecía celosa... pero era ridículo, teniendo en cuenta que estaba saliendo con ese Ken y que había pasado mucho tiempo desde la última vez que se habían enrrollado.

-Trata de tomar agua, ¿sí? – le dijo, mientras esperaban el ascensor – así no te sentirás tan mal en la mañana...

Ya no estaba enojada. Lo sabía porque no podía sostenerle la mirada. No sin pensar en lo hermosa que es y en lo felices que habían sido.

-Deja de pretender que te importa una mierda cómo me siento.

La puerta del ascensor se abrió de par en par, con un sonoro "clink". Camila se posicionó en una de las esquinas y apoyó sus codos sobre la baranda. Ni siquiera se molestó en marcar el piso por cortesía. Se limitó a mirar un punto fijo los cinco pisos en subida.

Ahí está, la señal. No es algo de lo que hayan hablado. Es sólo algo que Lauren hace. En determinado momento humedece su labio inferior y le da un pequeño mordisco. Son segundos. Camila ni siquiera sabe si lo hace conscientemente. Sólo sabe que ocurre cada vez que van a besarse. Al principio lo hacía únicamente cuando estaban solas... últimamente es una conducta que se repite. Como ese día durante el ensayo. O en la cena. O hace instantes, en el club.

En el taxi hacen un esfuerzo para no ponerse las manos encima. El chofer las reconoció al instante –gracias a Dios no se propasaron– y hasta les pidió un autógrafo para su hijita. Menuda primicia. A medida que avanzan por la recepción, Camila siente cómo la temperatura va subiendo. Lauren no para de rozarla de forma casual, y el sólo contacto con la yema de sus dedos o con el dorso de su palma o la caída de su vestido la está matando. Saber que es uno de los pocos hoteles en los cuales comparten suite con Normani, también.

Las puertas del ascensor se cierran. Quedó al lado de los botones, pero no marcó ninguno. Ni siquiera sabe en qué piso están. Lauren se le acerca. Sólo tiene que estirar el brazo, pero no para hasta no haber entrelazado sus piernas. Sus bocas están a milímetros. Se inclina todavía más. Camila sabe que es una trampa, la conoce demasiado. No cae. Lauren le sonríe y marca uno de los botones. El más alto.

-Estoy casi segura de que no estamos en el piso 20, Lo...

Lauren entierra la boca en su cuello. Una mano en la cintura (y bajando...) y la otra en su nuca. Camila se ha olvidado cómo respirar. No necesita hacerlo cuando siente la lengua de la mayor subiendo hacia el lóbulo de su oreja.

-Pequeña sabelotodo...

Vuelve a morder. Camila quiere besarla, pero sabe que no será tan fácil. La mayor se despega por unos segundos, la tienta, amaga con juntar sus bocas pero en el último instante cambia de dirección y se dirige hacia el otro costado de su cuerpo. Es una provocadora.

Dos pueden jugar ese juego. Camila entierra su boca en un conveniente hueco que se forma entre la clavícula derecha y el esternón. Es una guerra que no le importaría perder. Cuando están por llegar a destino, Lauren vuelve a marcar, esta vez casi sin mirar. No tiene idea de a qué piso van, pero su estómago siente que bajan. Finalmente sus bocas se encuentran. Lauren no puede saberlo – o se empeña en negarlo– pero se ha enamorado de la pequeña sonrisa que esboza Camila cada vez que se besan.

Sus miradas se encuentran unos segundos, como pidiendo permiso. La menor le responde pegándose todavía más, rodeándola con ambos brazos y con una ligera mordida del lado izquierdo de su cuello que se profundiza cuando siente los dedos de Lauren subiendo por su muslo.

-Camz, como sigas así las revistas van a decir que estoy saliendo con Drácula...

-Que digan lo que quieran, no soy celosa... -pero toma nota, y reemplaza la succión por besos suaves.

Siente la yema del dedo índice de Lauren recorriendo su sexo. Por un instante olvida que están en un ascensor. Está mareada. Cuando la toca así, desesperadamente lento, no entiende si tiene frío o calor. Solo sabe que de a ratos quiere que no pare nunca, y de a ratos siente que va a morir si no para pero sería una muerte feliz.

La mayor la busca. La besa. La mira. Siempre la mira cuando la toca. A veces, cuando la descubre mirándola así en público, no puede evitar sentirse desnuda.

La yema de su dedo índice describe círculos en su centro. Al principio es un movimiento lento, pero constante. Luego aumenta la intensidad. No pueden estar más pegadas. Camila vuelve a esconderse en el cuello de Lauren, y luego se detiene más puntualmente en el lóbulo de su oreja. Succiona. Muerde. Gime. Acaba diciendo su nombre, casi en un susurro.

El ascensor marca el piso 5.

Las puertas se abren de par en par, con un ruido metálico que saca a Camila de sus pensamientos. Ninguna de las dos ha dicho nada en todo el viaje, así que el recuerdo ha sido muy vivido (muchísimo más que en el club).

Se aferra a la estúpida idea de que no debe mirarla. Si consigue salir de allí y meterse en su habitación, todo será mejor. Como si Lauren fuera una especie de medusa que la convertirá en piedra al menor contacto. Ya ha pasado por esto y sabe que ignorarla no sólo no soluciona nada, sino que la mayoría de las veces lo hace peor.

Las puertas del ascensor se cierran, pero ninguna de las dos se mueve. El ascensor tampoco. Levanta la mirada para encontrarse con Lauren como nunca la había visto antes, llorando en silencio. Probablemente estaba conteniéndose desde su respuesta. Se notaba que estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no hacer ruido.

-¿Estás bien? ¿Te peleaste con Luis o algo? – definitivamente ya no sabía cómo hacer esto. Para empezar, porque siempre era Lauren la que la consolaba a ella (aunque se hubiera ausentado bastante de su trabajo últimamente) pero... ¿Nombrar a Luis por segunda vez en la noche? ¿Preguntarle por su relación? Un tanto masoquista, hasta para ella.

La respuesta fue un sollozo casi inaudible. Sus miradas se cruzaron. El rojo llanto le quedaba mejor que cualquier maquillaje. Lauren desvió la vista, y trató de limpiarse con la manga de su abrigo. El resultado fue un caos de delineador. Fue instintivo. Soltó una risita – casi como antes– acortó la distancia entre las dos y, con ayuda de sus pulgares, eliminó los restos de rimel. Cuando se percató de que literalmente tenía el rostro de su compañera entre sus manos y de que eso era lo más cerca que habían estado en meses, retrocedió torpemente. Lauren le detuvo, antes de romper en llanto nuevamente.

-Lo siento mucho- era surrealista. La mayor la abrazaba con todas sus fuerzas mientras seguía deshaciéndose en disculpas, aunque no terminaba de quedar claro por qué – No puedo seguir así...

Balbuceaba más cosas, pero se perdían entre sus lágrimas. Se hundió en sus brazos, se escondió en algún lugar entre su cuello y su hombro y la abrazó con desesperación. Por primera vez desde que se conocían, Camila se sintió la mayor.

-Lo, tienes que decirme qué pasa... - sus intentos por tranquilizarla eran vanos. Optó por permanecer en silencio, pero abrazándola aún más fuerte.

Y entonces fue cuando lo sintió.

Su olor. No es el olor del perfume de Lauren, ni el de su shampoo, ni el de ninguno de sus cosméticos. Es una combinación arbitraria de todos ellos y la forma en la que reaccionan con su piel, y para Camila es el olor de la felicidad. Alguna vez leyó, cuando todavía cursaba Biología en el Instituto, que el sentido del olfato es el único que está probadamente relacionado con el sistema límbico, que se encarga del control de las emociones. Por eso está tan asociado a los recuerdos. Ese olor le recuerda tantas cosas en tan poco tiempo que se siente mareada, y tiene que aferrarse aún más su compañera para no caer.

La forma en la que Lauren mordió su labio inferior durante el primer beso. Sus pestañas rozándose. El pequeño círculo amarillo que se formaba alrededor de su iris. Sus dedos, deshaciéndose de su sujetador. Subiendo y bajando por su espalda. La succión en la piel de su cuello. Esa vez que se ducharon juntas. Sus piernas entrelazadas. La forma en la que la tomaba de la mano, y la acariciaba con su dedo pulgar. Las películas en la cama los días libres. Cómo la arropaba cuando se quedaba dormida. Sus abrazos. Las listas de reproducción. Lauren cantando en susurros. Mirarla dormir. Fingir dormir y atraparla mirándola. Amarla. Ser consciente de que estaba enamorada de ella con cada partecita de su ser.

Se apartó unos centímetros. Lauren la miró como si fuera a morirse si daba un paso a más. Era su imagen especular de los últimos tiempos. Le tomó la mano para tranquilizarla. No pensaba irse a ningún lado. Con su mano libre marcó un piso del ascensor al azar, y le dedicó una pequeña sonrisa.

-¿Vas a decirme qué te pasa? Tenemos todos los pisos del mundo...

Lauren volvió a abrazarla. No parecía tener ninguna intención de hablar. Camila estaba verdaderamente impaciente. A esta altura del partido, ya se había imaginado que la mayor estaba embarazada, que era adicta a la heroína o que tenía algún cáncer terminal. Ese abrazo se sentía más como una tregua que como la paz definitiva.

-Te extraño. Todos los días yo...

No pudo (o no supo) continuar. La menor la miraba incrédula. Por supuesto que no iba a gritarle, pero no pudo evitar alzar una ceja.

-No te das una idea las veces que fantasee con este momento... y de lo ridículo que suena.

No quiso ser tan cruda. Pero así era ella ahora.

-Te extraño – volvió a repetir, como ida. Parecía mentira que fuera la jovencita que podía dar entrevistas de dos horas sin huecos incómodos. – Ya sé que hice todo mal, pero...

Quizás no había sido lo suficientemente cruda, después de todo.

-¿Me extrañas? Me dejaste de hablar. Y de un día para otro te apareciste con un novio para la graduación. Quizás no éramos nada en el plano amoroso... – esa última parte dolió. Era la primera vez que discutían esos asuntos en voz alta. Su voz se quebró, pero de algún lugar sacó fuerzas para continuar la oración – pero pensé que éramos amigas.

El ascensor se detuvo nuevamente. Esta vez fue Lauren la que marcó un nuevo piso.

Pese a los nuevos términos de la conversación, todavía seguían abrazadas.

-Hice absolutamente todo mal. Estaba asustada. Vi un video de Camren y yo... nunca me había dado cuenta de lo obvias que éramos. Y si te deje de hablar fue porque era imposible estar cerca y no querer...

-No lo digas.

No era la mejor explicación, pero era mejor que el silencio.

-Camz, yo...

Su apodo. El tiro de gracia.

-Yo también estaba aterrada. La diferencia es que yo estaba sola. Si no hubiera sido por las chicas yo... - No pudo continuar la oración. Era la primera conversación real que tenían en meses. – No teníamos que continuar si no querías. Yo sólo... realmente necesité a mi amiga.

Lauren la abrazó.

No fue un abrazo cargado de tensión sexual como los de antes, y aún así Camila sintió como su corazón daba un vuelvo.

-Por favor, no vuelvas a dejarme nunca...

Lauren la abrazó todavía más fuerte.

Las puertas del ascensor se abrieron de par en par por tercera vez en lo que iba de la noche. Y esta vez no estaban solas.

-Ejem...- carraspeó Normani - ¿Interrumpimos?

Antes de que pudieran responder, Dinah se abalanza sobre ellas al grito de "¡Por fin! Por favor díganme que ya somos amigas de nuevo" y es seguida por Ally, que da saltitos de la emoción. Normani completa el abrazo aunque sólo por unos instantes, antes de agarrar a las otras dos prácticamente de las orejas y llevárselas a la suite para darles algo de privacidad.

-¡DEJAME EN PAZ! ¡SOY LA CAPITANA DE ESTE SHIP! – Dinah lanzaba manotazos al aire. La morena no requería mayores esfuerzos para contenerla.

-Pensar que me acusaban a mí de ser una alcohólica... - comenta Camila, y se percata de que aún tiene a Lauren tomada de la cintura.

-Así que... estábamos yendo a obligar a nuestro pequeño monstruo polines a darse una ducha y a ver una película en nuestra habitación, ¿Quieren venir? – Ally previene cualquier choque entre Normani y Lauren por el episodio del club.

Se miran unos instantes. Pasar un rato como grupo, todas juntas, después de tanto tiempo suena realmente tentador.

-Por supuesto, pero Dinah tiene prohibido elegir la película. – Camila responde por las dos – si vuelvo a ver The Notebook una vez más...

El ascensor vuelve a moverse, provocando que Dinah casi vomite sobre los zapatos de Normani. Ally ríe a carcajadas con la escena. Cuando llegan al quinto piso, Normani y Ally se turnan para taparle la boca a la polinesa, que a esta altura de la noche ya está interpretando el repertorio completo de Beyonce con coreografía y todo.

Las otras dos salen justo detrás, riéndose a carcajadas de la escena. Habían olvidado lo que era sentirse así.

"Por cierto... bonito vestido" le dice la mayor justo cuando las puertas del ascensor se cierran tras ellas. Le dedica una sonrisa como las de antes y se une a las demás, al grito de "¡Hey! ¡Veamos Pitch Perfect antes de que la saquen de Netflix!".

Camila no puede evitar sonreír.