EL AUTOR DICE: Bueno, volví, esta vez más rápido. En fin, creo que este capítulo me quedó una porquería. Traté de hacerlo divertido al principio y gracioso al final pero fallé en ambos casos. De todas maneras no viene mal una buena crítica constructiva. El siguiente capítulo será mejor, lo juro y también me tardaré menos.
Muchas gracias a:
SaQhra
Seyram Asakura
Mitsuki Asakura
NEHEZ-UCHIHA
Hpcs2 - Suprema Onmyoji Isah (gracias por los spoilers)
mhayoa
anna-sama
Katsumi Kurosawa
Silber D. Wolf
hao-yandrak
anna-sama
Karina Natsumi
Y a todos los que marcaron a este fic como favoritos.
Por favor no se olviden de dejar un review (ni idea de porqué le dicen así).
CAPITULO 3
Decisiones y consecuencias.
"En mi casa mando yo, pero mi mujer toma las decisiones" (Woody Allen, judío gringo que hace buenas películas)
X.X.X.X.X.X.X.X.X.X.X
La oscuridad era total y absoluta. Anna pudo distinguir la figura de Yoh en la penumbra. Su prometido levantó la cara para mirarla a los ojos. Y la luz volvió a sus vidas, la oscuridad se fue y todo se volvió más brillante, lleno de color y de viveza. Pero la oscuridad volvió inevitablemente (y ambos sabían que eso pasaría). Todo quedo sumido en el negro de la impenetrable y eterno de la noche. Anna se asomó a la ventana.
- ¡HORO HORO, DEJA DE JUGAR CON EL INTERRUPTOR DE LA ELECTRICIDAD! ¡MALDITO AINU DEL DEMONIO!
- Je je je je. Es para enojar al chinito.
- ¡Maldición, no me puedo bañar sin que Hoto me moleste! ¡Anna, dile algo!
Yoh se asomó a la ventana también.
- Horo Horo, ya basta. Manta ponle un candado en la caja de fusibles, por favor.
*clank*
Y la luz volvió.
Anna suspiró frustrada. Se sentó al borde de la ventana mirando a su prometido.
- Bien... Hablemos.
- Sí.- dijo Yoh sonriente, acercándose.
Anna se levantó y le soltó una bofetada.
- ¡Eso es por ser un maldito insensible que hace sufrir a su pobre prometida!
- ¡¿Pobre prometida?! ¡Trataste a Tamao como si fuera una..
Una bofetada extra no le dejó terminar.
- ¡Eso es por estar coqueteando con ella!
- ¡¿Coqueteando con ella ?! ¡¿Cómo se te ocurre?! ¡Sólo porque te sientes insegura no quiere decir que estoy coqueteando con ella!
Otra bofetada surcó la cara de Yoh.
- ¿Insegura? ¡¿Crees que me siento amenazada por esa triste mocosa?!
- Pues... desde que llegó a la pubertad le crecieron los ¡Auch! ¡Deja de abofetearme!
Anna se puso frente a frente a su prometido.
- ¿Me vas a comparar con esa niñita?
Yoh tragó saliva.
- Yoh...
Luego agarró al muchacho de la camisa y de un jalón le plantó un largo y apasionado beso. Apenas Yoh asimilaba y empezaba a disfrutar el beso, Anna lo empujó con tan buena puntería que cayó encima del futón.
Yoh no se movió, simplemente sonrió y esperó a que Anna se situara a horcajadas encima suyo.
- Yoh Asakura ¿Quieres ver que tan madura puede ser tu prometida?
- Síiiiiiiiiii?
Anna se inclinó para besarlo mientras Yoh la sujetaba de la cintura. Luego la sacerdotisa se irguió. Le dirigió una mirada ardiente antes de emperzar a deslizar los tirantes de su vestido a un lado. Primero el derecho, luego el izquierdo (más lento, para que Yoh lo sufriera más). El vestido cedio a su peso detenido solamente por las curvas bien puestas de la sacerdotisa.
Yoh acarició lentamente la cintura de la sacerdotisa, para luego sostener delicadamente entre sus dedos la tela del vestido de Anna, jalándolo lentamente hacia abajo (también para sufrirlo más). El vestido cedía. Anna le dio una sonrisa entre maliciosa y coqueta. Yoh estaba a punto de presenciar en toda su gloria la desnudez de Anna.
Y luego:
*Clank*
Las luces se apagaron.
- ¡Suficiente, ven aquí y enfréntame como los hombres!
- Oye chinito, baja esa lanza que le vas a picar el ojo a alguien.
- ¡Te voy a dar tu merecido!
Se escuchan algunos forcejeos y golpes más. Y luego un estallido cristalino de algo rompiéndose.
- ¡Qué bien, rompiste el jarrón caro! ¡¿Qué no sabes que lo sacaron para la visita de los viejos?!
- ¡Fue tu culpa!
- ¡No me eches el jarrón roto a mí, chinito!
Anna gruñó. Se acomodó el vestido rapidamente y se apartó de Yoh.
- Annita ¿no vas a...
- No. Ya no estoy de humor.
X.X.X.X.X.X.X.X.X.X.X.X.X
Ren y Horo Horo estaban mirándose fijamente. Sus ojos sacaban chispas pero no por mucho, Yoh agarró sus cabezas y las estrelló la una con la otra.
- ¡A veces de verdad que me sacan de quicio! ¡En serio!
- Hey, tranquilo - le reclamó Manta- ¿no fue bien la conversación?
- Qué conversación.
- Pues... La que conversación que Anna y tú iban a tener para ver qué hacían con el compromiso doble.
Yoh se dio un golpe en la frente.
- ¡Sabía que me había olvidado de algo!
X.X.X.X.X.X.X.X.X.X.X
Anna entró en la sala. Estaba furiosa pero toda la rabia se le pasó al encontrarse a Tamao. Fue un momento incómodo para ambas, ella no podría simplemente dar la vuelta y salir ya que sería un acto ridículo e infantil (algo que su orgullo no podría permitirle pasar). Así que empezó a hacer su intención original, arregló la bandeja con el juego de té fino, para el día siguiente cuando llegaran los abuelos. Lo hizo, cuidadosamente, limpiando, desempolvando, colocando los platillos necesarios. Apenas a un metro de distancia a su lado derecho se encontraba Tamao, recogiendo los platos que habían utilizado para la cena. Las dos se ignoraban, Tamao por miedo, Anna por orgullo. Ambas se enfocaban en lo que hacían con total concentración para que sus miradas no se crucen ni haya nada que pueda decir que la una existía junto a la otra.
Pilika las observaba sentada en la mesa.
Fue una taza la que destruyó el frágil equilibrio. Ren y Horo Horo habían salido a pelear al patio bajo advertencia de Yoh. En un desafuero de poder espiritual, Ren hizo temblar la tierra lo que ocasionó que una vieja taza cayera en el mesón de mármol y rodara directo al suelo, cayendo aparatosamente. Ambas chicas quedaron estáticas, la taza había caído justo en medio de ambas así que cualquiera de las dos podía levantarla. Pero hacerlo significaba que tendrían que mirarse o peor aún, dirigirse la palabra.
- ¡Ah! ¡Mierda! ¡¿Por qué no simplemente se agarran a cuchillazos?! ¡La que no se muera se casa con Yoh!
Anna y Tamao voltearon a ver a Pilika quien las miraba iracunda.
- ¡¡No puedo creer que se pongan así como un par de locas en celo!! ¡¡Y nada menos que por Yoh!! ¡¡Ese bruto desconsiderado que le vale una verga la vida!!
"¿Peleadas?" se preguntó mentalmente Anna.
"¡¿Que le vale una QUÉ?" pensó abochornada Tamao.
- ¡Pues bien! -chilló Pilika -¡Si quisiera ver un par de locas peleándose como gatas en celo mejor me voy a ver a mi hermano y a Ren! ¡ADIOS!
Y salió de la sala dándose un portaso lo cual es un mérito muy grande si se considera que era una puerta corrediza. Anna y Tamao sólo pudieron mirar asombradas a la puerta sin entender nada de lo que había pasado. Luego, ambas se percataron que estaban solas y la situación se volvió más incómoda de lo que era.
Pero Tamao, tan recatada como siempre, levantó la taza caída, la acomodó en su sitio agilmente, al igual que toda la losa que ya estaba lista, y con toda la educación que pudo reunir trató de pobre muchacha no pudo imaginar jamás que al mismo tiempo Yoh se dirigía a la cocina buscando a Anna.
*Clank*
Horo Horo, en un acto extra de estupidez, había seguido jugando con la electricidad de la pensión, apagando las luces en el momento preciso en que Tamao movía la puerta corrediza hacia un lado sin notar que Yoh estaba justo frente a ella. En la oscuridad ambos avanzaron y chocaron, por la sorpresa Tamao soltó una exhalación. Yoh dio un paso al frente.
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Yoh había estado confundido. El peso de la rabia de Anna, el compromiso futuro, el nombramiento del Shaman King, todo era demasiado para que el pobre muchacho quede tranquilo. Pero lo que más le molestaba era la fragilidad de su relación con Anna, había costado mucho acercarse a ella, había costado más besarla e introducirla a los actos pasionales, y ahora todo su amor por ella podían simplemente irse a la basura por una ley estúpida, impuesta hace más de mil años, que los separaría a ambos para siempre.
Él no estaba dispuesto a dejar que eso pase. Había parado la pelea entre Horo Horo y Ren pero luego decidió continuar lo que había quedad pendiente con Anna. Entró a la pensión mientras Ren y Horo Horo se hacían amagues de ataques en el patio. En la entrada se encontro con la ainu.
- Pilika ¿Dónde está Anna?
- En la sala.
- ¿Y Tamao?
- ¡A estas alturas debe estar en su cuarto, lloriqueando! - respondió irritada.
Yoh sonrió, algo de privacidad le vendría bien.
- ¿Y Anna está...
-
¡¡¡Por qué no te ocupas de tu prometida en vez de estar aquí
haciéndote el detective conmigo!!!
A Yoh esas palabras le calaron hondo. Pensó en Anna otra vez. Esa sacerdotisa lo traía loco, pero no bastaba unas cuantas palabras para calmar su deseo por ella. La quería, pero en ese momento el sentimiento era algo más desesperado, todavía podía sentir la provocación que la sacerdotisa había hecho en su cuarto.
Mientras caminaba hacia la sala Yoh traía el sabor del rechazo en su alma y en sus pantalones, y se acrecentaba cada vez más y más (el sabor del rechazo, por supuesto).
El muchacho se quedó en frente de la puerta corrediza decidido a entrar, besar a su prometida y hacerle el amor, en el suelo si fuese necesario. Apoyó la mano en el agarrador de la puerta y la jaló hacia un lado.
Unos momentos antes Ren le había advertido a Horo Horo que si apagaba la electricidad de la pensión una sola vez más iba a descargar todo la furia de los Tao sobre él. Así que Horo Horo se dio media vuelta, caminó hasta la caja de fusibles y apagó la luz.
Yoh y Tamao abrieron la puerta al mismo tiempo justo cuando las luces se habían apagado. Quedaron dos segundos inmóviles mientras sus ojos se trataban de acostumbrar a lo oscuro. La profetisa que iba en plan de huída avanzó y chocó contra Yoh.
Tamao soltó una gemido ahogado por la sorpresa.
En el futuro, Yoh podría jurar que lo que escuchó fue el suave sonido que Anna hacía en los momentos románticos. Dio un paso al frente y la tomó por la cintura. Apegó la muchacha a su cuerpo y en su oído le susurró una proposición indecente.
Hubiera sido el momento romántico perfecto de no ser que esa era Tamao y no Anna. Sin embargo Yoh se sentía en el cielo, se había olvidado que ligera era Anna entre sus brazos.
Tamao por su parte estaba paralizada. Podía distinguir aquel aroma donde sea, pero en ese momento no pudo hacer nada. Yoh la había tomado por la cintura salvajemente y apretujado contra su pecho desnudo. Tamao tuvo una cascada de sensaciones entremezcladas hasta que acercó su cara. Pudo sentir el aliento cálido haciéndole cosquillas en la oreja cuando Yoh le susurró:
- Quiero hacerte cosquillitas con mi lengua en lugares indecentes.
De pronto, Yoh palpó algo distinto a la altura de la cintura de su prometida.
"Esto son pantalones" pensó alarmado el muchacho "Anna no usa pantalones....¡¡¡ANNA NO USA PANTALONEEEEEEEEEES!!!"
*Clank*
Y las luces volvieron.
En la sala se encontraba Anna, pálida, con una cara casi sorprendida pero con un gesto estoico y duro que siempre la había caracterizado, propio de las personas que tuvieron una vida dura pero no dieron paso a ninguna queja; del lado opuesto estaba Tamao, sonrojada, ojos bien abiertos, puños a medio cerrar y el miedo lleno de inocencia tan caractarístico de ella, se encontraba casi suspendida en el aire por los fuertes brazos del chico de sus sueños. También estaba Yoh. Tenía cara de que se lo llevaba el carajo.
Anna, simplemente dejó la taza en la mesa y tan altiva como siempre, se dispuso a marcharse. Nunca se la había visto tan digna y orgullosa.
- ¡Anna! - exclamó Yoh. Soltó a Tamao quien se dio un costalazo contra el suelo y fue tras su prometida.
Anna se dirigió dignamente a la salida para pasar por encima de Tamao y por un lado de Yoh. Pero Yoh la detuvo agarrándola del brazo.
- Espera - le dijo.
La sacerdotisa se dio la vuelta inmediatamente para soltarle una bofetada a su prometido pero Yoh le agarró el brazo a la altura de su muñeca antes de que pudiera hacerle algo.
Con ambos brazos atrapados, Anna estuvo a punto de darle un rodillazo en las partes nobles de Yoh, pero él adivinó su movimiento y la arrinconó contra la pared. Se apegó tanto a ella que Anna no podía hacer nada.
La profetisa estaba con sus brazos inmovilizados y atrapada entre Yoh y la pared.
- Suéltame - exclamó Anna tratando de librarse de Yoh.
Ella no quiso admitirlo en ese momento pero estaba extasiada, Yoh era casi siempre tan tranquilo y pasivo que era raro imaginárselo de otra forma; pero en ese momento se lo veía tan decidido, especialmente con esa mirada tan varonil que tenía sobre Anna. La sacerdotisa sintió su corazón correr más rápido.
Yoh juntó su cuerpo con el de ella sin perder el contacto de sus ojos.
- No. Tú y yo tenemos que hablar.
El joven iba a decir algo pero no pudo. Una presencia ajena a la escena lo calló. A su lado, en el pasillo que daba a la sala estaba Pilika observando todo.
Pues bien, esto es lo que Pilika observó y lo analizó todo rápidamente: En la sala estaba Yoh Asakura, un hombre irresponsable y vividor, junto con Anna y Tamao, dos chicas estupidamente enamoradas de él. Tamao yacía en el suelo, adolorida tratando de levantarse. Anna estaba con la espalda contra la pared forcejeando para que su prometido la soltara, pero Yoh no la soltaba, sino que la forzaba para que se quede quieta con la ventaja de que él era más alto y fuerte que la pobre e indefensa (relativamente) sacerdotisa.
Yoh no podría explicar lo que pasó después, sólo tuvo conciencia luego de unos instantes que tenía a una ainu encima golpeándolo salvajemente y gritandole cosas que el no entendía.
Fue un caos total, luego estaba Ren agarrando a Pilika y alejandola de Yoh, pero la ainu con una mano se las ingenió para estrujar la entrepierna del chino y pudo soltarse de su agarrre para lanzarse otra vez sobre el muchacho.
Y luego Horo Horo gritando, las súplicas de Manta, los insultos de Pilika, el lamento de Ren en el suelo, Anna mirando estupefacta y Tamao adolorida que había podido levantarse. Chocolove estaba comprando un candado, pero esa es otra historia.
Horo Horo pudo contener a Pilika y alejarla de Yoh mientras también le reclamaba algo en ese idioma incomprensible que Manta supuso que era ainu.
Luego el ainu llevó a su hermana a otra habitación donde estuvieron gritándose en su idioma por unos instantes cortos.
Luego todo silenció.
Horo Horo salió con la nariz sangrando por un buen derechazo de su hermana. Suspiró.
- Yoh... Por si acaso... Tú no estabas golpeando a Anna y a Tamao ¿verdad?
Todos parpadearon (Ren, seguía retorciéndose en el suelo).
- ¡Qué! ¡No! ¡No! ¡Fue una accidente! ¡Me choqué con Tamao y Anna estaba enojada conmigo por eso la agarré para poder hablarle!
- ¿Ves? - le reclamó a su hermana- ¡No le estaba pegando!
Hubiera sido un momento justo para que Anna se retirara furiosa a su habitación pero Yoh ya le había agarrado la mano.
- Suéltame - le dijo fuerte y claro.
- No... Tenemos que hablar.
- No hay nada de qué hablar.
De un jalón se soltó del agarre de Yoh y se dirigió hacia las escaleras.
- ¡Te amo!
La rubia quedó paralizada y todos los presentes quedaron sorprendidos. Yo se acercó a ella y la abrazó por la espalda.
- ¡Te amo! ¡Te amo! ¡No me importa si no soy el rey shaman! ¡Pero no quiero perderte!.... ¡Quiero que lo sepas, quiero que todos aquí lo sepan!... ¡Tú eres más importante que cualquier cosa!
Todo quedó paralizado por la confesión de Yoh. Nunca antes alguien había pensado que el shaman dijera sus sentimientos tan abiertamente y con tanta determinación, para muchos ese fue el momento más emotivo que habían presenciado dentro de Funbari Inn. A Anna se llenaron los ojos de lágrimas.
- Yoh... yo también te...
- ¡¡Oigan chicos, ya compré el candado!! -exclamó Chocolove desde la puerta.
Todos voltearon para verlo con cara de fastidio.
- Tamao - dijo Yoh luego de un suspiro - tenemos que hablar.
- Sí - respondió la muchacha sintiendo que caía en un abismo.
Luego de una conversación bastante larga entre los prometidos, Tamao pudo entrar y acomodarse en el cuarto de Yoh. No había donde sentarse y el suelo de la habitación no era propicio para ello. Los tres sentían que esa conversación debía hacerse con más respeto de la que había, como si fuera un acto muy importante.
- Tamao, siéntate - le dijo Yoh.
Anna estaba seria y de brazos cruzados, notó al instante que Tamao trataba de no ver a la cara a ninguno de los dos.
- Tamao - comenzó Yoh - Tú has sido mi amiga practicamente desde que tengo memoria... Y ha llegado el momento en que debo tomar una decisión sumamente importante que quizás cambie mi vida para siempre. Estoy casi seguro que mis abuelos querrán que yo sea shaman king a toda costa y me nombrarán una segunda prometida, y lo más probable es que seas tú.... Anna y yo hemos decidido que seguiremos con nuestro compromiso pero.... No aceptaremos ninguna otra prometida... Lo que quiero pedirte es que estés conmigo, en el caso que mis abuelos te pidan que seas mi segunda prometida, tú debes negarte también, sin importar lo que te digan o con qué te amenacen, no debes aceptar ser mi prometida.
A diferencia de lo que Anna esperaba, Tamao escuchó la petición de Yoh con mucha calma.
Sin embargo la profetisa estaba devastada por dentro. Sentía como el abismo en el que caía se volvía infinito. Con todo la poca esperanza que le quedaba juntó el valor suficiente valor para decir:
- No.
Yoh no entendió bien.
- ¿Qué?
- No puedo negarme a la petición de sus abuelos, joven Yoh. Si ellos quieren que sea su segunda prometida yo tendré que aceptar.
Yoh se quedó callado por un momento sin saber qué decir.
- Por qué - pregunto Anna sin demostrar ningún signo de emoción.
- Cuando la familia Asakura me aceptó en su casa me entrenó como shaman. Cuando concluyó mi entrenamiento y me nombraron como profetisa de la famila hice una promesa que siempre obedecería las decisiones de la familia.
Tanto Anna como Yoh supieron al instante a qué se refería Tamao. Anna al ser nombrada sacerdotisa en Ozore tuvo que prometer ser la esposa de Yoh. Yoh por su parte tuvo que prometer que seguría transmitiendo la herencia de los Asakura tanto como pudiera.
- Esta es una decisión que un Asakura está tomando, también tendrías que aceptarla.
- El joven Yoh no es el jefe de la familia todavía
Yoh borró la media sonrisa que tenía hace unos momento y miró a Tamao de una forma que nunca antes lo había hecho.
- Tamao, nos conocimos desde que éramos unos niños. Tú sabes que no es correcto que decidan nuestras vidas.
- Joven Yoh, usted nunca se había quejado de las decisiones de su familia hasta ahora.
Yoh no respondió, simplemente la miró por un rato largo. Parecía sumamente molesto. No podía creerlo, él había intercedido por Tamao cuando Anna se había enojado con ella, y ahora salía con esto.
- ¿Esa es tu última palabra?! - preguntó secamente Yoh.
Tamao lo miro sorprendida, sus ojos estaban lleno de lágrimas pero no dijo nada.
- Bueno... entonces no hay nada más de qué hablar.
La profetisa dio una inclinación ceremoniosa y salió de la habitación.
Anna abrazó a Yoh por la espalda en señal de apoyo. Yoh sólo suspiró.
Aquella noche Yoh durmió poco y mal. No podía creerlo. Siempre había recibido el apoyo de sus amigos en practicamente todo y nunca esperó que sea Tamao la que lo pusiera en ese predicamento. Si sus abuelos decidían que Tamao fuera una segunda prometida entonces habría una discusión fuerte y no aquellas en las que él callaba mientras su familia terminaba decidiendo lo que había que hacer, sino una verdadera limpieza de todas las imposiciones y todas las tristezas de toda una vida, donde la única conclusión posible podría ser perder a su familia, perder a Anna o perder su título de Shaman King.
Y entre todo ello, perder la amistad de Tamao irremediablemente. Yoh se revolvía en su cama, herir a amigos, alejar a su familia, entristecer a su prometida, el títluo de Rey Shaman lo alejaba de su sueño de una vida tranquila.
Anna no se revolvía pero tampoco dormía. Sabía lo que significaba para Yoh que un amigo no le de apoyo en algo tan importante. "Es su culpa. Si ama tanto a Yoh como dice debería apoyar en algo así. Eso era lo que debía pasar" pensaba una y otra vez "Él me quiere, yo soy su prometida". Pero no estaba tranquila, la mirada eternamente triste de Tamao la acosaba continuamente y ella no podía sacarla de su cabeza. Se sentia culpable. Yoh rechazando a la profetisa, era algo que ella había deseado desde que inició esta tontería del matrimonio doble, pero cuando finalmente pasó pudo ver por unos instantes en los ojos de Tamao que tan cruel podía ser aquel deseo. "¿Y qué más podía hacer Yoh? Nos queremos, y estamos comprometidos, no es justo, esto no es nuestra culpa". Y sabía que estaba en lo correcto, pero la mirada triste de Tamao no se iba.
La profetisa despertó en la mañana,tenía la sensación que podía respirar mejor. En la noche anterior había llorado en la oscuridad de su cuarto hasta quedar dormida. Pensó en Yoh y la opresión en la garganta volvió. Nunca lo había visto enojado, no con ella. Se levantó. Tenía que preparar el desayuno y colocar el juego de té caro para las visitas.
Más tarde en la mañana los abuelos llegaron a la pensión.
(Lo continuaré)
En este capítulo Yoh decide que no aceptará un matrimonio doble ¿Podrá Yoh mantener esta decisión? ¿O quizás Tamao pueda hacerlo cambiar de opinión?
En este capítulo también quise poner a Anna cómo más sentimental respecto a Tamao que a pesar que quiere a Yoh tampoco quiere lastimar a Tamao.
Ya tengo más o menos decidido cómo será toda la historia, y será un poco larga XD. Espero que ustedes sigan apoyándome y leyendo este fic tan loco.
MUCHAS GRACIAS A TODOS LOS QUE ME LEEN
El siguiente capítulo será: Una buena razón para casarse con dos mujeres.
