Sasuke se quedó mirando el espejo. El vapor de la ducha llenaba el pequeño cuarto de baño pero permaneció inmóvil en vez de dar un paso bajo el chorro de agua. Unas manchas de sangre le estropeaban una mejilla y la frente.

Él bajó la mirada a sus manos, agarradas al borde del lavabo. Tenía un nudillo hinchado por la fuerza de un puñetazo. Danz? estaba vivo pero necesitaba atención médica. Una parte de él se arrepentía de no haber matado al hijo de puta. La otra parte estaba sorprendida por haber sido capaz de contenerse. La puerta se abrió a su espalda y volvió la cabeza para mirar a la mujer.

"Quería ver cómo estabas." susurró.

No veía horror en su mirada, sólo tristeza y preocupación.

"Estoy bien, Karin."

Ella vaciló antes de entrar en el cuarto de baño y cerrar la puerta detrás de ella.

"Lo enviaron al médico. Vivirá. Hiciste lo que tenías que hacer. El equipo especial reunirá un equipo y pondrá el lugar bajo vigilancia. Quieren más datos, antes de rescatar a la hembra Regalo. La persona que la tiene puede poseer más en otro sitio y quieren localizarlas y entrar de una vez en caso de que la hayan cambiado de lugar, si todavía está viva."

Él se apartó del lavabo, quitándose la camisa ensangrentada.

"Gracias. Me voy a duchar y luego volveré al servicio."

Ella no se fue.

"¿Quieres ayuda?"

La oferta le aturdió y se giró para mirarla.

"Puedo ducharme solo."

"¿Quieres compañía? Sé que tuvo que ser duro para ti, pero él se negó a hablar. A veces la violencia es el único recurso."

"¿Cómo lo sabes?"

Lamentó las palabras tan pronto como salieron de sus labios. No era culpa suya que el interrogatorio hubiera ido de esa manera. El humano se había negado a dar a la ubicación de la hembra regalo hasta que estuvo medio muerto por la paliza.

"Lo siento. Eso estuvo fuera de lugar."

"Eres amable, Sasuke. Intentas ocultarlo, pero sé que no disfrutaste haciendo daño al humano. No podías salir de esa habitación lo suficientemente rápido, una vez que dijo lo que necesitábamos saber. Tienes una fuerza interior para obligarlo a hablar que yo no poseo. Probablemente salvaste una vida. Esa hembra Regalo puede ser recuperada gracias a ti."

"Espero que sí."

Ella bajó la mirada a su cuerpo.

"Podría hacer que olvidaras lo que acaba de suceder."

"Me podrías distraer por un rato, pero no lo olvidaré jamás."

Ella le miró a los ojos.

"Eres demasiado duro contigo mismo."

Él se mantuvo en silencio, no estaba dispuesto a decirle que se lo merecía.

"Lo eres." insistió. "No sé mucho sobre tus antecedentes porque no hablas de ello, pero me doy cuenta de que fue más duro de lo que la mayoría de nosotros soportamos. ¿Quieres hablar? No repetiré nada de lo que me digas. Deberías abrirte a alguien. Es una parte importante del proceso de curación."

"Algunas heridas son demasiado profundas." dijo con voz áspera.

"El que no lo intentes tampoco ayuda." Ella se acercó más. "Deja que te calme. Estoy ofreciéndote amistad y consuelo."

"Aprecio eso, pero el sexo no es el camino."

Su barbilla se elevó.

"Está bien. No necesitas sexo, pero deberías hablar conmigo."

"¿Qué quieres saber?" algo de cólera se agitó en su interior pero la enterró. Sus intenciones eran buenas. La aceptaba y confiaba en ella. "Fui entrenado para matar y la violencia de la que fuiste testigo fue sólo el comienzo de lo que me enseñaron. Me hizo frío por dentro. Me niego a permitir que nadie se acerque demasiado."

"Entonces, sabes cuál es el problema. Cambia. Ahora somos libres, cualquier cosa es posible si lo queremos."

"No quiero depender de otros o atención excesiva de nada. Disfruto siendo insensible."

"Te preocupas por las Especies."

"Lo hago pero hay una línea que no voy a cruzar." Señaló el azulejo en el suelo entre ellos. "Ahí está. Tengo que ducharme y volver al deber. Agradezco tu oferta, pero me niego. No te lo tomes personalmente. No es así."

"¿No soy de tu agrado? Todo el mundo tiene una preferencia. ¿Te gustan las hembras Regalo? ¿Quizás una de las primates? Estás a menudo cerca de los humanos. Son más pequeñas y más suaves que la mayoría de las Especies hembras. Puedo hablar con algunas para saber si están interesadas en compartir sexo."

"No es una cuestión de tamaño o fuerza, Karin. Es cualquier mujer."

Sus ojos se agrandaron.

"¿Prefieres a los hombres?" tragó saliva. "No conozco a ninguno que se sienta atraído sexualmente por otro. Pero a lo mejor uno de los empleados humanos sí."

"Maldita sea."

Él se pasó los dedos por el pelo, olvidando que estaban ensangrentadas. Tenía que cortárselo. Casi le llegaba a los hombros, más de lo que le gustaba y era sólo otro recordatorio del pasado del que quería alejarse.

"Eso tampoco. Eres la segunda persona que me lo pregunta. Me atraen las hembras. Es sólo que... "

"¿Qué? Termina lo que ibas a decir. No voy a juzgarte."

Dejó caer la mano a un lado y suspiró.

"No quiero volver a sentir tanto de nuevo y las mujeres son una debilidad. Confié en alguien que no debía una vez y la gente que me importaba pagó el precio. Algo dentro de mí murió y no me aflige su pérdida. Me gusta estar solo y en control. Soy libre y esa es mi elección."

Ella lo aceptó con un movimiento de cabeza.

"¿Nunca te sientes solo? ¿No necesitas abrazar a alguien o ser tocado? "

"No. Eso es sólo un recuerdo del pasado. Estoy completamente a gusto cuando estoy solo."

Ella lo miró fijamente.

"Siento mucho por todo lo que te hicieron, Sasuke. Sólo ten en cuenta que nos preocupamos por ti y si alguna vez cambias de opinión, todo lo que tienes que hacer es decirlo. Estaremos allí."

"Gracias. Eso significa mucho."

Ella se dio la vuelta, pero se detuvo en la puerta para echar un vistazo por encima del hombro.

"Nadie te culparía si terminases el turno temprano y te fueras a casa. Eso fue intenso para todo el mundo."

"Soy diferente." le recordó. "Dame quince minutos y volveré con el uniforme puesto."

"Eres terco." Sin embargo sonrió. "Tienes mi respeto."

La vio salir y se quitó el resto de la ropa. Lo último que quería era irse a casa y escuchar el silencio. Reviviría cada momento dentro de esa sala de interrogatorios. Danz? era un verdadero hijo de puta que se merecía todo lo que le había hecho, pero había disfrutado infligiendo dolor a ese pedazo de mierda y eso no le gustó nada.

Se enjabonó la piel y se lavó el pelo. Sólo le tomó diez minutos vestirse y volver a Seguridad. Miró a su alrededor pero nadie parecía sorprendido o incómodo por su llegada. Karin era la única que sonreía, desde su asiento en frente de un banco de monitores que proporcionaban transmisiones en vivo de todo el Homeland.

"¿Qué está pasando?"

"No mucho." respondió Kiba. "Hemos dejado entrar dos camiones dentro para entregar suministros de alimentos. Shikamaru finalizó una reunión con un reportero para un artículo sobre nosotros y tiene otra en unos quince minutos."

"Pobre bastardo." murmuró Sasuke.

Asintió Kiba con simpatía.

"Me alegro de no ser el que tiene que responder a todas sus preguntas. El equipo especial fue a reunirse en la sede. ¿Quieres saber lo que tenemos hasta ahora?" Señaló a dos hombres en el otro extremo de la habitación con su atención fija en sus equipos. "Están rastreando toda la información que puedan recopilar sobre el nombre de Danz? que dio."

No quería involucrarse. Había obtenido la ubicación de la hembra Regalo. No era su trabajo ir tras ella. Le gustaba permanecer dentro de las tierras del ONE.

"¿Qué más está pasando?"

"No mucho." Kiba acercó un dispositivo electrónico portátil, desplazándolo mientras leía. "Oh. El nuevo instructor debe llegar pronto."

"¿Qué instructor?" Él frunció el ceño.

"Uno forense." La emoción se reflejaba en la voz de Kiba. "Minato contrató a alguien para venir a enseñarnos los procedimientos policiales de reunir pruebas. Será divertido."

Sasuke arqueó una ceja.

"¿Divertido?"

"¿No ves esos shows en la televisión? Estaremos resolviendo crímenes antes de que te des cuenta. Tengo muchas ganas de aprender a tomar huellas digitales."

"¿Qué crímenes? Esto es el Homeland. Es del mundo exterior del que necesitamos preocuparnos y el equipo especial se ocupa de ellos."

Parte de la alegría desapareció del rostro de Kiba.

"Minato preguntó qué nos gustaría aprender y votamos por un instructor de ciencias forenses."

El arrepentimiento apuñaló a Sasuke. No había tenido intención de desinflar el buen humor del otro macho.

"No veo mucha televisión, pero estoy seguro de que es muy interesante si obtuvo el voto de la mayoría. Me aseguraré de comprobarlo. Podría aprender algo nuevo y estoy seguro de que encontraremos útiles estas habilidades."

Kiba sonrió.

"Es fascinante."

"Te tomo la palabra. ¿Dónde se quedará esta instructora? ¿Están los alojamientos humanos ya preparados?

¿La verificación de antecedentes ya se ha realizado?"

"Fue en el último minuto, pero estoy seguro de que lo tenemos bajo control."

"Vuelve a comprobarlo."

"Está bien." Kiba se dio más prisa.

La puerta se abrió y entró Anko. Le sonrió mientras se acercaba a él.

"Buen trabajo, sexy. He oído que rompiste a ese hijo de puta y le hiciste chillar como el cerdo que es." Se detuvo, levantando una palma sobre su cabeza.

Él la miró con el ceño fruncido.

"Choca esos cinco. Ponla justo aquí."

Sasuke se negó a dar una palmada.

"Aguafiestas." murmuró, dejando caer su brazo. "Reportándome para el deber. Sé que llego una hora antes, pero me aburría. ¿Ha pasado algo?"

"Cosas típicas. Entregas, periodistas y una nueva instructora."

"Impresionante." sonrió ella. "¿La forense? No puedo esperar. Hice una lista de preguntas que le quiero hacer, empezando por qué se tarda tanto en llegar los resultados de toxicología tras una autopsia. ¿Sabías que puede tomar semanas?"

"No."

"¿Está ya aquí? Podría hurgar en su cerebro."

"Vendrá en cualquier momento."

"Genial. Me voy a trabajar a la entrada." Se alejó unos pocos metros antes de girar, con una sonrisa en su rostro. "No me gusta usar el casco, pero no quiero que los seres humanos se enamoren de mí. No podrían manejar todo esto." le guiñó un ojo antes de desaparecer en una de las habitaciones.

Las comisuras de sus labios se levantaron pero se resistieron a reír abiertamente. Anko siempre le divertía, diciendo esas cosas escandalosas. Conseguía que todos se sintieran a gusto, un raro don. El suyo era infundir miedo en los demás. Esas observaciones sombrías oscurecían su estado de ánimo, mientras cruzaba la habitación, observando los monitores.

...