Hola chicos, disculpen que actualice tan tarde :c no había terminado el capítulo. Pero no se preocupen, no me he olvidado de este fic jaja. Muchas gracias a los que dejaron review :3 en serio aprecio mucho que les esté gustando la historia y que se tomen el tiempo de comentar y decirme qué les pareció. ¡Hasta pronto!

RECUERDOS

Capítulo tres: Bocadillos de zarzamora.

Al anochecer Orihime pensó si sería prudente ir a visitar a Ulquiorra. No había salido en todo el día y había empezado a preocuparse.

¿Qué fue lo que pasó?

Decidió llamar a Urahara, en caso de que algo saliera mal.

-¿Inoue-san? ¿Qué ocurre?

-Es Ulquiorra. Hoy en la tarde tuvo una especie de colapso. Pensé que tal vez se debía al gigai, pero no estoy segura. ¿Crees que podrías venir?

-Por supuesto, Yoruichi-san y yo vamos para allá.

-Gracias –colgó.

Subió al cuarto y tocó la puerta quedamente.

-¿Qué quieres?

-Yo…sólo quería ver cómo estabas. Te traje un poco de comida, debes estar hambriento.

-Déjame solo.

Orihime suspiró. Se estaba comportando como un niño pequeño. Abrió suavemente la puerta y entró a la habitación. Todo estaba en penumbra y Ulquiorra estaba de pie junto a la ventana. No llevaba camisa y la luz de la luna iluminaba su pálido y delgado torso. Orihime enrojeció y dejó la bandeja con comida encima de la cómoda.

-Urahara-san viene en camino. Estoy segura de que lo que pasó en la tarde fue culpa del gigai. Si está defectuoso lo mejor será que te saquen de él. Podría hacerte daño.

-No es el estúpido gigai, mujer.

-¿Entonces qué pasó?

-Deja de hacer preguntas.

-Pero me preocupo por ti.

Ulquiorra soltó un bufido que sorprendió a Orihime.

-No te preocupas por mí. Nadie lo hace. Únicamente me tienes lástima porque crees que estoy indefenso. Ya te lo dije, esto es sólo un recipiente, aún conservo mi poder.

Orihime se acercó a Ulquiorra.

-Deja de decir esas cosas. Crees que a nadie le importas porque a ti no te importa nadie. Lo que pasó en Hueco Mundo ya no importa. Aizen fue derrotado, no tienes por qué odiar a los shinigamis. No hay rencores por parte de ellos.

-¿No hay rencores? Uno de ellos quería experimentar conmigo en su laboratorio y el otro quería cortarme en pedazos. ¿Cómo le llamas a eso?

-Bueno, estoy segura que el capitán Kenpachi y el capitán Kurotsuchi son una excepción.

-Todos los shinigamis son iguales. Y todos los humanos son iguales. Déjame en paz.

Orihime lo tomó del brazo para verlo a la cara, pero Ulquiorra la acorraló contra la pared y puso una mano en su cuello.

-Si vuelves a tocarme, lo lamentarás –sentenció a fría voz.

-No te tengo miedo.

Ulquiorra apretó su mano alrededor del cuello de Inoue.

-Deberías. Soy peligroso. Si en el pasado no te puse una mano encima fue porque seguía las órdenes de Aizen. ¿Qué crees que haría contigo en mi libre albedrío?

Orihime no podía respirar. Trató de zafarse pero fue en vano. Ulquiorra sintió una espada en su espalda y se tensó.

-Suéltala. Ahora.

Ulquiorra soltó a Orihime, que tosió mientras trataba de recuperar el aliento de rodillas.

-Ura…hara-san –gimió.

-¿Estás bien, Inoue? –Yoruichi la ayudó a levantarse y la sentó en la cama.

-¿Qué fue lo que pasó?

Orihime vio que Urahara no había bajado su zanpakutou y se apresuró a intervenir.

-Estoy bien, estoy bien. Es sólo…Ulquiorra estaba…lo de la tarde…él colapsó y…

-Tranquila –la calmó Yoruichi.

-Por favor, no le hagan daño. Fue un impulso, no me hizo nada.

Yoruichi le lanzó la playera a Ulquiorra para que se la pusiera.

-Andando, Espada, vamos a la tienda.

-¿Por qué?

-Vamos a analizar el gigai en busca de fallas.

-Es inútil, no hay nada malo con el gigai.

-Lo lamento, no sabía que eras un experto en gigais –Urahara presionó con más fuerza en la espalda de Ulquiorra y una gota de sangre brotó de la herida.

-Urahara-san…

-Bien. De todas formas no quiero estar cerca de ella –sentenció Ulquiorra viendo a Orihime de reojo.

¿Qué significa eso?, pensó Orihime.

Urahara y Yoruichi escoltaron a Ulquiorra hasta la puerta de la entrada.

-Informaré sobre esto al Seireitei. Lo lamento, Inoue-san. No tenía idea de que se comportaría así. Si te hubiera hecho algo…

-Pero no lo hizo. Urahara-san, sé que es tonto pedir algo como esto, pero por favor no sean muy duros con él. Todas estas nuevas experiencias fueron demasiado para soportar. Puedo cuidarme sola, por favor denle otra oportunidad. No digas nada sobre lo que ocurrió. Estoy segura que fue sólo un impulso del momento.

-¿Qué pasará si decide matarte y no estamos cerca?

-Tengo mis poderes.

-Lo sé, pero ¿qué harías si te agarra desprevenida? Podrías estar durmiendo. Eres muy joven, no quiero cargar con tu muerte en mi conciencia.

-Confía en mí. No volverá a ocurrir, te lo aseguro.

Orihime lo veía esperanzada. Urahara pensó que no podía negarle algo después de todo lo que había hecho por ellos, pero aun así lo que le pedía era muy arriesgado. El episodio de hace un momento podía volver a repetirse. ¿Qué garantías había? Finalmente suspiró derrotado.

-De acuerdo. No le diré a nadie lo que pasó. Vendremos mañana para traerlo de regreso. El proceso del gigai podría durar un rato.

Orihime tomó un suéter y cerró la puerta.

-No es necesario. Voy con ustedes.

.

.

La luz del alba comenzaba a brillar en el horizonte. Orihime estaba recargada en una de las ventanas de la tienda, esperando noticias de adentro. Tenía grandes ojeras ya que no había dormido apropiadamente. A medianoche Yoruichi le había dicho que se fuera a casa, pero se negó.

Finalmente, Jinta y Ururu le prepararon un futón, pero aun así se rehusó a conciliar el sueño. No podía dormir hasta saber qué había pasado con Ulquiorra. Ururu le dejó una taza con chocolate caliente y se sentó con ella a esperar.

-Gracias, Ururu-chan –Orihime sonrió cansada.

-¿No tienes que ir a la escuela? Ya son las siete.

-Tengo clases a las ocho, pero debido a lo que pasó, he decidido faltar hoy.

-No creo que sea buena idea. Nosotros cuidaremos del Arrancar, deberías volver a casa y luego ir a clases.

-Volveré cuando sepa que todo está bien –sentenció Orihime.

Urahara salió de la habitación con una sonrisa en el rostro.

-Al parecer todo está bien. No hay ningún problema con el gigai.

-Me alegro mucho. Entonces, ¿qué fue lo que sucedió?

-Me temo que eso está más allá de mi conocimiento. Como dijiste, tal vez se deba a tantas nuevas emociones que está experimentando. De todas formas le apliqué algunos calmantes, por lo que tardará un poco más en despertar. Deberías irte a casa, Inoue-san. Nosotros cuidaremos de Ulquiorra en tu ausencia.

-¿No puede volver conmigo?

-Te prometo que lo llevaremos a casa cuando despierte. Cuando regreses de la escuela lo encontrarás ahí.

-De acuerdo. Entonces mejor me voy. Gracias por todo, Urahara-san, Ururu-chan.

Se despidió y volvió a casa. Le temblaban las piernas y le dolía la cabeza por no haber dormido nada, pero se recordó que tenía obligaciones. Al llegar se dio una ducha rápido y se fue a la escuela.

.

.

-Te ves horrible, Orihime –exclamó Tatsuki sentándose a su lado.

Orihime tenía la cabeza en la mesa y los ojos cerrados.

-No tienes que decirlo, Tatsuki-chan.

-¿Qué pasó? ¿Problemas de insomnio?

-Algo así.

-¿O tal vez te desvelaste jugando videojuegos otra vez?

-No, esta vez no.

Ichigo entró al salón y se sentó en la otra orilla, con el rostro girado hacia la ventana.

-¿Cómo lo está llevando Ichigo? –preguntó Tatsuki al ver al pelinaranja absorto en sus pensamientos. Ciertamente lo notaba más distante.

-No lo sé. No hemos hablado –admitió Orihime tristemente.

-Ya han pasado tres semanas desde aquel día.

-Supongo que le tomará algo de tiempo asimilarlo.

-Eso creo –respondió Tatsuki.

Orihime no pudo concentrarse en toda la mañana. Sus pensamientos iban de Ulquiorra a Kurosaki y viceversa. ¿Qué pasaría si Ichigo se enterara de que Ulquiorra estaba en el mundo humano? Estaba segura que todavía no era tiempo de decírselo. Incluso estaba segura que no le correspondía a ella darle la noticia, ¿o sí? ¿Qué pensarían Uryuu y Sado?

Al término de sus clases se apresuró a regresar a casa. Tatsuki iba a acompañarla ya que el dojo quedaba de camino pero Orihime prácticamente salió corriendo sin esperarla.

-Supongo que tenía prisa por llegar a casa.

-¿Está bien? –preguntó Uryuu viéndola alejarse por la calle.

-No lo sé. Iré a su casa más tarde para asegurarme. ¿Vienes?

-De acuerdo.

.

.

-Es una espléndida noche, ¿no lo crees?

-Lo es. Pero no tan espléndida como tú.

Inori se sonrojó y desvió la mirada hacia el otro lado.

-Esta mañana me llegó una carta del juez. La fecha fue fijada para vísperas de Navidad –anuncié.

-¿Es en serio? Me sorprende que hayamos conseguido lugar en esa temporada.

-Un hombre como yo no tiene problema alguno en conseguir lo que quiere. Ya deberías saberlo.

-Tuviste algunos problemas conmigo, ¿ya lo olvidaste?

No lo había olvidado. Desde el primer momento en que la vi supe que era la mujer indicada. Era gentil, inteligente y muy hermosa, no podía pedir nada más.

-Y es precisamente por lo que no me pude dar por vencido. No estaba dispuesto a renunciar a ti.

-Eso sin mencionar que no eres muy bueno cortejando –se burló.

-Lamentablemente tu hermano no me permitía desarrollarme como yo quería. Si hubiéramos estado solos, las cosas hubieran sido mucho más rápidas.

Inori sonrió divertida.

-No me imagino qué clase de cosas habría hecho, señor Cifer.

La miré profundamente y al final compuse una sonrisa de lado.

-¿Qué está insinuando, señorita Inori? No olvide que soy un caballero.

En ese momento llegamos a la mansión de Kenji. El cochero nos abrió la puerta y nos ayudó a bajar del carruaje. Le tendí el brazo a Inori y juntos entramos a la mansión, donde dos mayordomos nos recibieron gustosos y tomaron nuestros abrigos y sombreros.

La puerta de la habitación se abrió y Orihime entró. Ulquiorra abrió los ojos pesadamente y la miró en silencio mientras se sentaba en la orilla de la cama. Usaba su uniforme escolar y llevaba su cabello suelto. Las dos horquillas azules brillaban en el mismo lugar de siempre. Bajó la mirada hasta su cuello y se dio cuenta de que no estaba usando el collar.

-¿Estás mejor? –la voz de Orihime lo sacó de sus pensamientos.

-Ya te dije que no era el gigai.

-No puedes culparme por preocuparme por ti.

-Déjalo ya, mujer –se giró en la cama de espaldas a ella.

Orihime sintió la necesidad de acariciar su cabello, pero se detuvo a medio camino. No quería incomodarlo, no después de lo ocurrido la noche anterior.

-Voy a preparar la comida. Baja cuando quieras –anunció antes de retirarse.

.

.

Ulquiorra tampoco probó bocado ese día. Se sentía abrumado y el dolor de cabeza se había intensificado. No entendía los retazos de sueños que había tenido, era como si estuviera observando todo a través de una ventana borrosa. Quería gritarle a Orihime, de algún modo desquitarse con ella, pero no podía. No cuando se portaba de forma tan amable con él. Si le gritara o le dijera todo lo que quería decirle, sería mucho más sencillo, pero únicamente se limitaba a ser paciente y darle su espacio.

Parecía que todos la estimaban. Recordó las amenazas de Urahara y Yoruichi cuando despertó en la tienda. Le habían dejado muy en claro lo que pasaría si le tocaba un solo cabello.

Por la tarde escuchó que llegó visita. Supuso que se trataba de los compañeros de clase de Orihime. Permaneció encerrado hasta que los vio alejarse por la ventana. Se puso la playera encima y bajó las escaleras. Orihime estaba limpiando la cocina mientras tarareaba una canción. Ulquiorra se quedó parado al pie de la escalera y observó a su alrededor.

Un aroma extrañamente familiar inundó sus fosas nasales, pero no sabía lo que era. Se acercó a la cocina y vio que Orihime sacaba un molde del horno. Cuando lo vio le sonrió como si nada de lo anterior hubiera pasado. Estaba de buen humor.

-¿Ya te sientes mejor?

Ulquiorra asintió en silencio y tomó asiento frente a ella.

-Me alegro. Tatsuki-chan, Sado-kun e Ishida-kun vinieron en la tarde. Siempre me levanta el ánimo ver a mis amigos.

-¿Qué es eso? –preguntó señalando la tarta.

-Es tarta de zarzamora. Me gusta prepararla cuando estoy feliz. No me queda tan bien como la de Yuzu-chan, pero creo que no está tan mal. ¿Quieres probar?

Sin esperar respuesta le sirvió una rebanada y la puso frente a él. Ulquiorra observó el plato con desconfianza. Se quedó ensimismado siguiendo el contorno de la tarta, el intenso color morado y las zarzamoras que lo decoraban...

-Vamos, mi hermano debe estar en el salón principal –exclamó Inori jalándome del brazo entre el gentío.

La orquesta tocaba en una esquina del salón. Algunas parejas bailaban al compás de la música y otros tantos conversaban animosamente junto a los bocadillos. Kenji estaba en medio de un círculo de personas, sin duda haciendo gala de su buen humor. Vio a Inori entrar en la habitación agarrada de mi brazo y vino hacia nosotros.

-Inori –Kenji besó la mano de su hermana.

-¿Qué formalidades son éstas? No nos hemos visto en tres meses y ¿es así como me recibes? –Inori se lanzó a los brazos de Kenji en un caluroso abrazo.

Cuando se separaron, Kenji y yo estrechamos nuestras manos en un cordial saludo.

-¿Qué tal fue el viaje? –le pregunté mientras caminábamos hacia uno de los sillones para sentarnos a conversar.

-¡Ah, simplemente maravilloso! Debo decir que al principio mis expectativas eran casi nulas, pero quedé muy sorprendido cuando arribamos al puerto de Nueva York. La gente de ahí es maravillosa, y los paisajes asombrosos. Sin duda fue un viaje provechoso.

-Me alegra que te haya ido bien –dijo Inori sonriendo.

-Y a mí me alegra que te alegre, querida hermana. Les traje algunos obsequios de allá, pero me temo que el barco de mercancía aún no ha llegado. Si mis cálculos son correctos, en el transcurso de la semana les haré llegar sus regalos.

-Debes visitarnos, Kenji. Tenemos excelentes noticias –exclamó Inori.

-¿Y qué noticias son esas?

-La fecha ya fue fijada. Será en vísperas de Navidad –respondí.

-¡En vísperas de Navidad! Faltan sólo algunos meses, qué escándalo. Con lo ocupados que están todos en esas fechas dudo mucho que las cosas vayan de acuerdo al plan.

-No tienes nada de qué preocuparte. Ya he iniciado los preparativos.

-Bueno, ciertamente aún hay tiempo, pero una boda no es algo que deba tomarse a la ligera –exclamó Kenji, dudoso.

-Todo saldrá de acuerdo al plan, Kenji –lo tranquilizó Inori-. Ahora se buen anfitrión y tráenos unos de esos bocadillos de zarzamora.

Orihime sacudió el hombro de Ulquiorra y le dio unas palmadas en las mejillas.

-¿Te sientes bien? De repente te quedaste ensimismado –exclamó preocupada.

Ulquiorra se dio cuenta de que estaba sentado en la cocina y Orihime estaba frente a él. El olor de la tarta lo trajo de vuelta. Se le revolvió el estómago y salió corriendo al baño. Trató de vomitar, pero sólo tuvo arcadas. Se sentó en el piso junto a la taza justo en el momento en que Orihime llegó corriendo.

-¿Qué es esta sensación? –preguntó.

-Creo que tú estomago aún no se acostumbra a comidas y olores fuertes.

Le llevó un vaso con agua y luego lo ayudó a levantarse. Sus piernas se tambaleaban y tuvo que apoyarse en Orihime para no perder el equilibrio. Se sentía muy mal. Maldijo a todos los que pasaron por su mente, sin saber muy bien el motivo. Por primera vez se sintió vulnerable. Si el olor de una tarta podía ponerlo en ese estado, no tenía idea de cómo se las arreglaría en una situación más complicada. De algún modo se tranquilizó un poco ya que Orihime estaba a su lado.

-Lamento mucho que te sientas así. ¿Quieres volver a acostarte?

Ulquiorra negó con la cabeza. Ambos se sentaron en la sala, uno junto al otro. Orihime movía nerviosa las manos, sin saber muy bien qué decir. Lo ocurrido en la habitación ahora parecía muy lejano. No le guardaba rencores a Ulquiorra por querer ahorcarla dos veces, entendía muy bien que necesitaba tiempo para él mismo y para ajustarse. Subió los pies al sillón y abrazó sus piernas.

Ulquiorra estaba muy tenso y la veía de reojo. No había estado así de cerca de ella, sus brazos rozándose de vez en cuando y su cálido tacto contra su blanca piel.

-Si quieres podemos ver una película, te ayudará a distraerte.

Sin esperar respuesta se levantó y puso una película al azar. Era una comedia romántica, pero a Ulquiorra no le importó. La verdad le daba igual lo que pusiera, aunque se quedó un poco asombrado por el funcionamiento de la caja negra. La imágenes aparecían y se quitaban al momento, lo mismo con el sonido. Por un momento quiso levantarse e inspeccionarla, pero no quería verse demasiado tonto. Volteó a ver a Orihime, que estaba sonrojada y se reía de vez en cuando debido a alguna frase que decían o una situación cómica. Para Ulquiorra, su mayor entretención era observar sus reacciones. No sabía que podía ir de un momento emotivo a una carcajada en cuestión de segundos. Los humanos eran en verdad interesantes, o al menos aquella mujer lo era.

Como si de repente todo estuviera en cámara lenta, observó la forma de sus labios y sus blancos dientes con cada sonrisa que componía Orihime. Su largo cabello anaranjado caía en cascada por uno de sus hombros; los mechones rebeldes en sus mejillas brillaban con la luz de la lámpara; sus grandes ojos estaban enfocados en la pantalla y se entrecerraban cuando estaba concentrada; todo en ella era asombroso, desde la suavidad de su piel hasta lo glorioso de su imagen.

El olor a zarzamora era ahora muy tenue, trató de recordar el momento en blanco cuando estaban sentados en la cocina, pero únicamente sintió una punzada en la cabeza. No sabía lo que significaba todo aquello, que se quedara ensimismado de repente o que se desmayara de la nada. Ya habían revisado el gigai y no estaba defectuoso. La única explicación era que nunca había pasado tiempo en el mundo humano en un recipiente. Tal vez incluso se debiera a que sus poderes estaban suprimidos.

A pesar de todo, no podía dejar de pensar que había algo que no estaba viendo claramente. Aquella mujer se relacionaba con todo, estaba seguro, pero no podía saber la razón.

Lentamente se inclinó hacia Orihime y aspiró su aroma, olía a fresas. En un impulso la tomó de la barbilla suavemente y la obligó a mirarlo a la cara. Orihime se sorprendió y se sonrojó cuando notó el contacto tan cercano.

-¿U-Ulquiorra…? ¿Qué…?

Ulquiorra cerró los ojos y se acercó a sus labios, dispuesto a eliminar la distancia que los separaba. No sabía por qué estaba haciendo aquello, pero sabía que lo anhelaba. Si no lo hacía, se volvería loco.

Estaban a sólo unos milímetros. Orihime cerró los ojos y esperó que sucediera, pero en ese momento sonó el timbre. Se separó bruscamente y corrió a abrir la puerta todavía con la respiración agitada.

-¿Kuro…saki-kun?

Continuará…

TuT ¡Me odio internamente por interrumpirlos! Dejen sus reviews, chicos. Hasta pronto :3