II – Asesino.
─Felicitaciones, hijo, felicitaciones. Estoy muy orgulloso de ti ─Lucius Malfoy palmeó la espalda de Draco nuevamente. La sonrisa hacía que las ya marcadas arrugas alrededor de sus ojos se notaran aún más. Estaba convencido de que el triunfo de su primogénito haría que la opinión que el Señor Tenebroso tenía de la familia se elevara aún más.
─La sangre sucia amiga de Potter. Bien hecho, Draco ─Bellatrix Lestrange lamentaba no haber podido acabar ella misma con "la mocosa", pero se alegraba de que al menos la vida de esa alimaña hubiese terminado a manos de un miembro de su familia. No había podido matarla, se dijo, pero el Lord le había concedido el honor de enviar el cadáver de la pobre desgraciada a la Orden del Fénix. Bellatrix había reído y disfrutado mucho mientras metía el cuerpo en una gran caja, la envolvía con papel verde y la decoraba con un gran moño plateado. Puso especial esmero a la hora de escribir la tarjeta: "Para la Orden del Fénix, con mucho amor."
Draco Malfoy agradeció las felicitaciones con una sonrisa entre complacida y arrogante. El efecto del licor se había desvanecido hacía horas; ahora inundaba sus células la alegría y el orgullo de haber cumplido con su deber. Alzó con entusiasmo su copa y se unió al brindis "¡Por el Señor de las Tinieblas y el nuevo reinado!". Como era su costumbre desde siempre, golpeó la mesa con la copa antes de volver a tomar los cubiertos. Los banquetes de la Mansión Malfoy siempre eran excelentes. Sonrió con maldad mientras imaginaba a los elfos domésticos, ahora sin una estúpida defensora que intentase reclamar sus derechos, preparando la cena, limpiando todas las habitaciones y colocando calentadores en su cama.
Al terminar la cena y meterse en su amplia cama en su más que amplia habitación, comprobó que, en efecto, hacía un calentador entre las sábanas. No le disgustaba en absoluto el frío, pero después de una larga jornada, sobretodo la que incluía su primer asesinato, encontraba agradable el calor. Le ayudaba a dormirse. En sólo cinco minutos su respiración se había vuelto regular y profunda. Estaba en el reino de los sueños.
─Asesino.
La voz que lo llamaba no sonaba enojada o temerosa. Tenía un leve tono de desafío que a Draco le desagradó incluso más que el adjetivo.
─Asesino ─Volvió a decir.
Draco estaba de pie, solo en la oscuridad. Miró a izquierda y derecha, pero no pudo descubrir la procedencia de la voz. Pasaron algunos minutos, durante los cuales la oscuridad siguió susurrando una y otra vez: "Asesino, asesino, asesino".
─¡Cobarde! ¿Quién eres? ¡Muéstrate!
Lo que antes era oscuridad se transformó en una intensa luz verde que cegó los ojos del joven rubio. Justo frente a sí, Draco vio cómo aparecía una figura humana. Alcanzó a distinguir sus facciones antes de que la brillante luz verde se extinguiese.
Hermione Jane Granger sonrió dulcemente. Su suave voz volvió a repetir la palabra.
─Asesino.
