¡Bienvenidos al Himalaya!
Descargo de responsabilidad: Ni KHR ni sus personajes me pertenecen.
Advertencias: OOC y destrucción del canon.
Siendo honesto consigo mismo se sentía un poco como un masoquista recordando las palabras que el día anterior había pensando, Osven de verdad no quería conocer a su familia biológica, sentía como la ansiedad entraba a su cuerpo cada vez que recordaba el pensar en que lo habían abandonado; incluso si ahora usaba el asunto para bromear. Su infancia no fue divertida en esos años de pre adolescente.
Miró por la ventana del motel en el que se quedó para pasar todo el día: no hizo nada durante todo ese tiempo y solo se insoló entre las cuatro paredes de ese cuarto. Observó a la lejanía una bandada de pájaros sobrevolar lo que parecía el techo de una escuela, y decidió ir a echar un vistazo y no quedarse como un zángano como lo hacía normalmente en fiestas de adultos. Dejando toda pereza de lado se levantó casi de un salto y se metió a la ducha sin antes haber preparado la ropa para cambiarse, así que dejó un desastre cuando salió del baño y tuvo que caminar por toda la habitación buscando su maleta y el lugar perfecto para mojarlo (A pesar de que casi todo estaba húmedo).
Eligió una camiseta negra de manga larga, un playera azul marino con un estampado de un gato con traje de astronauta con un agujero de gusano detrás y del otro lado de la playera estaba otro agujero de gusano, tomó los pantalones que salió más fácil y se lo puso; era de color gris oscuro y los mismos zapatos del día anterior. Su cabello corto se había ondulado gracias al aguay se veía más claro gracias al sol de la mañana.
Tomó su llave y su celular, para salir del edificio luego de firmar su salida. Apenas puso un pie en la calle pudo ver los jóvenes estudiantes con sus uniformes, casi parecía un desfile, todos iban a la misma dirección, tal parecía que había una secundaria en esa parte de la ciudad/pueblo. Decidió seguirles el paso por el gusto de pasar el tiempo con nostalgia de cuando aun estudiaba, captó la mirada de unas cuantas jóvenes que se sonrojaban cuando Osven las miraba y sonreía por jugar al seductor de turno, cuando estaba en Chile solo atraía otakus y chicas que querían llamar la atención saliendo con el extranjero de turno, decidió que disfrutaría de eso por un rato. También alcanzó a ver la mirada expectante de un joven de corto cabello negro y la piel bronceada, se veía mayor que Osven, así que decidió caminar lo más lejos posible de él, el castaño prefería alejarse de situaciones raras e incomodas.
Ojalá tuviese un cigarro.
Se quedó mirando como ya todos entraban al gran edificio, esa escuela parecía bien cuidada, lo único raro eran los chicos en un uniforme distinto al resto; si Osven tuviera que darles un titulo los llamaría delincuentes juveniles, pero se estaban demasiado ordenados para ser eso y tener el mismo estilo de peinado le ponía los pelos de punta. Ya casi eran las ocho en punto y todos los estudiantes llegaban corriendo, parecían asustados de llegar tarde a clase, aunque el la opinión del cocinero se miraban más aterrados y esa fue otra señal de alerta para el adolescente que ya pensaba en retirarse del recinto para evitar morir por algún tipo de banda de delincuentes de poca monta, aunque si fuese una chica linda no le molestaría mucho, a decir verdad esa idea le encantaba. Osven Carrizo Fuentes no alcanzó a dar un paso cuando fue interceptado por un chico que chocó contra él. Lo único que llegó a avistar fue una esponjosa mata de cabello rubio gritando "Lo lamento mucho" dándose a la fuga dentro de la secundaria Nami, Osven lo dejó pasar y dio un paso adelante para irse hasta que sintió algo chocar contra su cabeza y lanzarlo al suelo estrepitosamente , los instintos del no-chileno fue el de usar todas su habilidades de imbécil para iniciar una pelea pero al ver que lo que sea que le golpeó no estaba solo se levantó con la poca dignidad que tenía y se hizo el "loco", cuando por tercera vez (Osven suspiró de una forma muy ruidosa) por un chico de cabello rubio, que casi parecía blanco, estaba cerca de pensar que era teñido hasta que le miró las cejas y las pestañas: esa cosa era natural.
— Son las ocho en punto, no llevas uniforme y no haz entrado, prepárate para ser disciplinado — el tipo de cabello natural se puso en posición de ataque y sin preguntar nada se abalanzó al más joven listo para destruir todos sus huesos.
— ¡Oye, espera, yo ni voy a la escuela! —Con una expresión espantada el castaño puso ambas manos delante de él para intentar evitar una masacre — ¡Acabo de llegar ayer, no me mates! —de la nada recordó todo su japonés para sobrevivir a esa situación ¿¡Qué rayos pasaba con ese niño!?
—Uh — el tipo se detuvo y se dio la vuelta par largarse.
— ¿¡Cómo que "uh!? ¡Casi me matas del susto, hombre! — con toda la adrenalina de su cuerpo comenzó a grítale al desconocido chico de cabellos claros — ¡Cuando uno se equivoca tiene que disculparse! —.
Hibari Alaude estaba, siendo sincero, algo sorprendido de que ese niño le gritará, habría jurado que estaba congelado del miedo (Como casi todos los que tuvieron el horrible privilegio de enfrentarse a él), con una sonrisa ladina se volteó para darle cara al valiente muchacho.
— Nunca había visto una oveja con las agallas de hablar —
— Si vas a usar animales para referirte a mi, llámame carnero, soy macho — Osven se replanteó lo que acababa de decir — Eh, digo, lo que sea pero intenta preguntar antes de hacer cosas así, podrías terminar haciendo algo que te arrepientas por eso — el extranjero adoptó un estado comprensivo, quizá el tipo había sido criado de otra forma, uno nunca sabía.
— ¿Me estás amenazando? Corderillo — Hibari estaba entretenido con la situación.
— ¡No! Te lo digo por experiencia, una vez no le pregunté a mamá Rosa si había papel higiénico en el baño y me pasé 7 horas sentado en el inodoro— el castaño habló en una forma tan deprimente que su alma parecía llorar al recordarlo.
Hibari por el otro lado soltó carcajadas de asombró, el castaño obviamente no encontraba raro que el rubio se riera pero todos los no-delincuentes estaban asustados ante el comportamiento de su presidente.
—Mi nombre es Hibari Alaude, corderillo, si buscas entrar a una secundaria más te vale ingresar a la Secundaria Nami, sino, te cazaré para que entres — Osven no se le pasó por un segundo el pensamiento de que eso de verdad podía pasar, tomando lo dicho por el estudiante como una broma de su, posible, primer amigo en Japón, así que extendió su mano para saludar al chico de una forma más formal.
— Fuentes Carrizo Osven, mi nombre preferido, será un gusto ser amigo contigo, Alaude — el cocinero regaló una de sus más brillantes sonrisas al sentir su mano ser estrechada con gusto por el rubio presidente del comité disciplinario, siendo observados bajo una atenta mirada negra.
Después de haberse despedido de Hibari, el extranjero fue a relajarse por la zona comercial de Namimori, sacó unas cuantas fotos con su celular a unos mochis que había comprado y grabó algunas palomas en las fuentes de agua, no tenía mucho que hacer para ser verdad así que se dedicó a mirar todas las tiendas que encontraba abiertas a esa hora, ya habiendo ocupado casi cinco horas de su tiempo caminando entró a un restaurante de sushi para recuperar fuerzas. Pasó cerca de una hora hablando con el dueño sobre tipos de cuchillas a la hora de cortar carne y pescado, ambos tenían la misma opinión con respecto al pescado pero con la carne no congeniaron mucho, el castaño prefería los cuchillos pequeños y el hombre mayor prefería cuchillos grandes, al final se fue con luego de pagar lo comido y bebido.
Cuando salía del local volvió a cruzarse con el mismo tipo de antes, para ambos chicos el tiempo parecía volverse más lento mientras dos pares de ojos no dejaban de mirarse interesados en lo que el otro escondía o buscaba, ninguno apartaba la mirada del otro a pesar de que continuaban caminando en sus propias direcciones, el resultado fue Osven chocando con una pared y el de cabello negro con una mesa; ambos avergonzados ignoraron al otro y el castaño se fue con las piernas temblando.
Pensaba en tomar una caminata amena de vuelta al motel pero el ladrido de un perro lo alertó, giró su cabeza buscando la fuente del ladrido y entró en pánico al ver un chico huyendo en tres canés furiosos y decidió acompañar al chico en su sufrimiento.
Los gritos de ambos chicos se mezclaban mientras huían aterrados de los animales, justo en ese momento ambos eran camaradas gracias a la fobia a los perros, ninguno se rendía al cansancio de la carrera aunque Osven ya llevaba corriendo casi siete cuadras y el desconocido de cabellos rubios quien sabe cuantas más, lo mejor que pudo hacer el castaño fue tomar su celular y poner la única canción que tenía guardada: Running in the nineties. Gracias a eso los gritos de terror se volvieron poco a poco en risas, ambos adolescente parecían estar teniendo el mejor y el peor momento de sus cortas vidas, solo por subirle el morbo a la situación ambos se pusieron a cantar horriblemente desafinados, pero la ironía de la situación les brindaba más energía para correr mientras sentían sus músculos quemarse.
Ya con trece cuadras recorridas los perros ya estaban casi al borde del colapso y ahí fue cuando el castaño se dio cuenta de lo que colgaba de la espalda de su compañero de carrera: un pedazo de carne, sonriendo como imbécil cortó el hilo que lo unía al uniforme escolar de rubio y dejó caer el alimento pero ninguno dejó de correr hasta alejarse otras cinco cuadras de los animales.
Ambos cayeron al suelo casi instantáneamente intentando recuperar recuperar el aliento, los adolescentes estaban casi hiperventilando, después de pasados diez minutos se miraron a los ojos y estallaron en risas histéricas, ignorantes de como la gente les miraba. Ya calmadas las risas ambos se levantaron del suelo y chocaron sus manos uniéndolas en un apretón de apoyo por estar juntos durante algo que puedo haber acabado en tragedia ¿A que loco se le ocurría hacer eso? Lo perros pudieron haber mordido al chico, o peor, eso fue lo que pensó Osven.
—Muchas gracias, no creo que lo haya logrado solo — el rubio sonreía tan alegre que el castaño sentía la necesidad de cubrirse los ojos — Reborn es un desalmado, sabe que le tengo terror a los perros pero aun así hace esto —.
—Ese tipo debe ser horrible, uno tiene que aprender a superar sus fobias solo — ambos se habían acercado a una maquina dispensadora — Una jauría me atacó cuando tenía ocho y apenas me puedo acercar a perros pequeños —
—Un perro pequeño me mordió cuando tenía cinco: en la mano y en mi pierna, no me molestan los perros grandes, pero eran muchos y entré en pánico — pagó por su gaseosa y tomó ambas latas dándole la otra al de ojos marrones. Ambos caminaron a una banca que se encontraba bajo la sombra de un árbol.
Tomaron un largo sorbo y se quedaron callados durante un tiempo.
— ¿Y como te llamas? Yo soy Sawada Ieyasu, pero puedes llamarme Josuke —
— ¿Por qué Josuke? — Osven tenía curiosidad sobre eso, no juntaba la idea del nombre y el apodo.
—Suena genial — respondió inocente — ¿Y como te llamas? —
—Ah, disculpa. Te diré mi nombre real, como compañero cinofobico — el más joven tomó su bebida de un solo trago— Me llamo Sawada Tsunayoshi, parece que compartimos apellido, eso es genial, supongo.
Los ojos de Josuke se ponían llorosos a cada segundo que pasaba y Osven entraba en pánico inminente, el rubio bajó su mirada y unos cuando sollozos se le escapaban hasta que poco a poco se convertía en llanto; lo único que se le ocurrió al más alto fue consolarlo un abrazo de lo más incomodo, sintió las manos del rubio afirmarse de su espalda como si fuera lo único que podía sostenerlo y cuando su abraso se volvió verdadero el cocinero comprendió y recordó a su hermano, aquel que había llorado junto a él cuando tuvo que partir a otro continente, la única persona con la cual jugaba. Podía sentir como lagrimas se escapaban de sus ojos de igual forma que al rubio.
—Hermano, siento el haberme ido —
Al escuchar al castaño llamarlo ni-chan Ieyasu sintió como un gran peso se iba de su cuerpo, todo el estrés con años de acumulación se largaba.
—Siento el haberte dejado ir, hermanito —
Ambos chicos compartían aquel momento, que se sentía fugas pero eterno al mismo tiempo, como los años de separación y tristeza se reconfortaban en pocos minutos y las penas se ahogaban en risas y llantos de felicidad, como rubio y castaño de juntaba y rostros casi iguales volvían a verse alegres de la compañía del otro.
— Esperé años para volverte a ver, tengo tanto que contarte — Josuke (Ieyasu) se separó del abrazo con las mejillas rojas y una sonrisa que parecía nunca más volver a desaparecer de su cara, maravillado con la vista.
— No negaré el haberme olvidado de tu rostro, pero ahora me doy cuenta cuanto lo añoré — Osven se encontraba igual que su hermano, con las mejillas rojas y ojos desbordantes de felicidad, su sonrisa igual de grande que la del de ojos azules.
— ¿Vamos a casa? — preguntó el más bajo, esperando la una afirmación de su hermano menor.
— Estaré mañana, prepara algo para mamá quiero sorprenderla — Osven quería algo especial para volver a casa, ahora con sus ánimos al máximo, pero al ver la desilusión de su hermano pensó otra cosa — ven conmigo a mi hostal esta noche, podemos comer cosas raras y hablar de lo que quieras —
—Me encantaría, hermanito—
Excusas típicas y eso, nos vemos.
