¿Secuestro?
– Amy, deberías calmarte – Sugirió el zorro de dos colas, viendo como su amiga caminaba de un lado a otro, preocupada. Entendía muy bien como se sentía, pues cuando parecía que todo iba a volver a la normalidad, Sonic volvió a caer inconsciente.
Ya había pasado una semana desde aquello.
– No puedo Tails. Me preocupa el estado de Sonic – Dijo con un tono apagado. Su mirada reflejaba tristeza.
– Te entiendo, pero estar así no ayudara en nada.
– Pero… – La eriza calló con la mirada baja. Levanto la vista levemente a su derecha y observó tristemente la puerta blanca de la habitación. Temía por su querido erizo. Él siempre lograba salir casi ileso de sus misiones, pero aquella vez no había sido su día de suerte. Cerro sus ojos e intento calmarse dando un largo suspiro. Dirigió su mirada a su joven amigo, quien aun le veía preocupado – Tienes razón… pero… y si… – Cerró nuevamente sus ojos y sacudió su cabeza negativamente, lo menos que debía hacer en ese momento era pensar en lo peor.
– No te preocupes Amy, él pronto despertara y todo volverá a ser normal – Le animó, o eso fue lo que trato de hacer.
– Eso espero Tails, eso espero – Susurró tristemente, pues algo en su interior le daba una mala señal.
El timbre de la puerta captó la atención del joven zorro. Dejó su desarmador en la caja de herramientas que se encontraba a su derecha y después salió de su taller para luego dirigirse a la sala de su hogar. En menos de un minuto el timbre sonó por segunda vez. Tails ya imaginaba de quien podía tratarse.
– Hola – Saludó a su rojo amigo al abrir la puerta.
– Hasta que abres – gruño Knuckles, cruzándose de brazos.
– Eso te pasa por no tener paciencia – Se defendió.
– Sí, lo que digas – Musitó, entrando a la morada, escuchando poco después como se cerraba la puerta tras sus espaldas. – Y… ¿Cómo va todo? – Preguntó, esperando escuchar buenas noticias.
– No muy bien – Respondió Tails, bajando la mirada.
– Ya veo… - Susurró, decepcionado – Ya han pasado dos semanas – Recordó.
– Lo sé. Lo más probable es que aun tarde más. Lo que me preocupa es Amy, ella jamás se despega de la puerta – Dijo, caminando escaleras arriba, siendo seguido por el echidna.
Una vez arriba, observaron en el pequeño pasillo a la eriza rosada, sentada en una silla frente a la puerta donde yacía el erizo inconsciente. Su mirada parecía apagada, como si estuviera en un trance, o en un viaje del cual tardaría en regresar. Se podía notar fácilmente unas ojeras debajo de sus ojos, dando a entender que no había dormido hace días.
– Debe ser duro para ella – Lamentó Knuckles – De todos nosotros, ella debe ser la que peor se la ha de pasar – Dijo, sin dejar de observarla.
– Lo sé. Por más que le pido se niega a moverse de ahí, ni para comer ni para dormir. Cream ha intentado ayudarme a convencerla, pero aun así insiste en quedarse ahí.
– ¿Has intentado a la fuerza? – Preguntó Knuckles
– No, y ni me gustaría verte intentarlo. No quiero que comience una pelea – Dijo el joven zorro, frunciendo levemente el ceño.
– Era una broma – Dijo Knuckles, riendo por lo bajo.
Amy escuchaba atentamente a todo lo que ellos decían. Tenían razón. Por más que le costara debía aceptar que lo que estaba haciendo era exagerado y no le ayudaba en nada, solamente se hacía más daño a sí misma. Hace siete días que no dormía y hace tres días que no comía, solamente había estado tomando agua, favor que le hacia Tails al traerle un vaso de agua cada hora. No quería separarse de esa puerta, quería estar cerca de su apreciado erizo azul, darle lo que necesitara para cuando despertara, como si fuera su enfermera personal a tiempo completo. Temía perderlo, con tan solo pensarlo era un horrible dolor en su pecho. Tenía que ser positiva en todo momento, pensar que todo saldría bien, que pronto todo regresaría a la normalidad, pero el dedicarle tanto tiempo al erizo hizo que se olvidara de ella. No le molestaba para nada, aunque su cuerpo le decía lo contrario. Si seguía así, su salud podría empeorar.
Escuchó unos pasos alejarse. Giró levemente su cabeza para ver como se alejaban el equidna y el zorro. Bajó la mirada y suspiró. Si quería cuidar a aquel erizo azul, primero debería cuidarse a sí misma.
Se levantó lentamente y caminó hacia la puerta que tenía enfrente. Giró la perilla y empujó un poco la puerta, lo suficiente para poder asomarse y ver al erizo azul. Este seguía inconsciente sobre la cama. Amy intentó controlarse, no quería volver a llorar, pues cada vez que lo veía en ese estado, sentía un incontrolable deseo de llorar. Recordó lo que Cream y Tails le decían para calmarla: Sonic pronto despertara. Como deseaba que ese "pronto" fuera en los siguientes segundos o minutos.
– Sonic, por favor, despierta – Susurró tristemente.
Esperó un par de segundos, esperando a que aquel erizo se levantara o moviera de aquella cama. Sonrió tontamente, claro que no se levantaría, aun necesitaba reposo. Cerró la puerta y contempló su mano sobre la perilla durante unos segundos. Lo que debía de hacer ahora era comer algo y descansar. Caminó y bajó las escaleras a paso lento hasta llegar a la sala. Observó el reloj que colgaba en la pared. Marcaba las 11:49 am. No se había dado cuenta de que era de mañana. Siguió mirando a su alrededor, le resulto extraño no ver a Tails o a Knuckles. Se dirigió al taller del zorro, esperando encontrarlo ahí.
– ¿Tails? – Llamó a su amigo, sin recibir respuesta alguna.
La eriza rosa notó que no había nadie en casa. No quería dejar a Sonic solo así que decidió esperar en la sala.
Un sonido parecido a un gruñido se escucho en la sala. La eriza se quejó un poco al entender que era su estomago el que le pedía a gritos algo que digerir. Se dirigió a la cocina. Buscó en el refrigerador y en las alacenas algo que poder comer, sin tener éxito alguno. Regresó a la sala y se sentó en el sofá. Decidió cerrar momentáneamente los ojos. Estaba agotada y quería descansar por lo menos unos minutos.
– ¿Amy? – Le llamó, tratando de despertarla
La eriza rosa abrió sus ojos lentamente. Una mancha amarillenta frente a ella fue lo primero que observo. Cerró los ojos y volvió a abrirlos, haciendo que su vista mejorara un poco.
– Tails… Pensé que no estabas – Musitó, dando un largo bostezo.
– Bueno, acabo de llegar. Fui a comprar unas cosas – Le informó, apuntando las bolsas que había dejado arriba de la mesa – Lo que me impresiona es encontrarte dormida aquí abajo.
– Oh… Te estaba esperando.
– ¿Esperando? ¿Para qué? – Pregunto confundido.
Amy suspiró.
– Escuché lo que le dijiste a Knuckles – Dijo con la mirada baja – Tienen razón, al negarme a comer y dormir solamente me hacía daño. Lamento haber sido tan terca.
– No te preocupes Amy. Entiendo cómo te has de sentir.
– Gracias Tails – Agradeció – Sera mejor que vaya a casa.
– Pero Amy, ¡No estás en condiciones! – Exclamó Tails, preocupado por su amiga.
– Aun así. Tengo unas cuantas cosas que hacer. Volveré más al rato.
– Pero… te vez muy mal, déjame llevarte.
– Estaré bien, lo prometo.
Tails insistió nuevamente. Amy suspiro pesadamente y aceptó. Ambos se dirigieron a la avioneta del zorro. Poco después ambos ya se encontraban en el aire, volando hacia la casa de la eriza rosa.
Quince minutos después llegaron a su destino. Amy bajo de la nave y luego se despidió de su joven amigo, agradeciéndole por haberla traído a su hogar. Después de la corta despedida, la eriza rosa entro a su hogar. Camino a paso lento a su baño. Eso era lo que necesitaba: Una ducha con agua caliente. Abrió la perilla del agua y esperó a que se calentara. Se observó al espejo, tenía un aspecto terrible. Las ojeras se le notaban bastante, su fleco era todo un desastre al igual que sus púas, sus ojos no tenían el brillo que comúnmente poseía, ahora tenía una mirada… sombría…
El vapor de agua atrajo su atención. Dirigió su mirada por última vez al espejo. Suspiró amargamente. Pensó que había sido buena suerte el que Sonic no hubiese despertado en las condiciones en las que ella se encontraba, en caso contrario, le hubiera dado el susto de su vida. Rió ante tal pensamiento. Una vez dejándose de contemperarse en el espejo, se quitó su ropa y zapatos con cierta pereza, se quitó la diadema, colocándolo en un pequeño esquinero, al igual que sus guantes y brazaletes y después entró a la ducha. Levantó la cara hasta que el agua golpeara levemente su rostro. Quería que el agua se llevara todos sus problemas, todos sus pensamientos negativos, para volver a ser la Amy que todos conocen: La chica divertida y encantadora que todos conocían…
Media hora después salió de la ducha envuelta en una toalla blanca. Caminó a su habitación, pero antes de llegar, el timbre de su teléfono llamo su atención. Corrió escaleras abajo para lograr contestar la llamada.
– ¿Hola? – Musitó al tener el aparato en su oreja.
– ¡Amy! – Exclamo Tails, con un tono alarmante, cosa que le preocupo a la eriza.
– ¿Qué sucede? – Pregunto angustiada. Sabía que, por la voz de su amigo, no era nada bueno.
– ¡Es Sonic! – Gritó. Amy cerró fuertemente los ojos, deseando que no fuese nada malo, pero lo siguiente la había dejado helada – ¡A desaparecido!
Finalmente he actualizado!
Lo siento, es que ya saben como cuesta eso de la inspiracion u.ú
pero bueno xD aqui esta ^^
R&R Please!
Sayonara!
