Y lo prometido...

disfrútenlo =)

Besos a todas!


Regreso

Nuestra última semana en Isla Esme fue absolutamente romántica, como si nos estuviésemos despidiendo de aquel lugar que albergaba la más sobrecogedora de nuestras vivencias. El lugar en donde ella y yo habíamos comenzado a crear nuestros recuerdos.

De regreso ya en los Estados Unidos, nuestra primera parada fue Florida. Renée celebraría en grande su cumpleaños, raro en ella, e insistió que estuviésemos allí. Incluso mi familia estaba invitada y ya habían confirmado sus asistencias. Llegamos hasta Atlanta en un vuelo directo desde Río de Janeiro, desde ahí tomamos otro vuelo hasta Florida, donde Phill nos estaba esperando en el aeropuerto.

La pareja de Renée era un tipo que andaba por la vida exultante, y decía que la alegría había llegado hasta él en el momento que conoció a mi suegra. Ellos eran felices.

-¡Vaya par de tórtolos!- dijo en cuanto nos vio. Luego se dirigió a Bella -¿A caso eres tú? ¿Bella? ¡Pero mira esa cara pequeña niña, si irradias felicidad!- enseguida la abrazó.

-¡Oh Phill, deja de decirme niña! soy una mujer casada, ¿lo recuerdas?

-Pues sigues pareciendo una niña- le respondió, luego se acercó a mí y también me abrazó

-Y tú muchachón, como te comportaste, ¿eh?- me preguntó con malicia.

-Confórmate con saber que aprobé la luna de miel...- le contesté.

Phill me agradaba en verdad, a pesar de comportarse como un chico de quince. Nos fuimos enseguida hasta la casa, en donde todos nos esperaban.

Nuestra llegada revolucionó a toda la familia. Todos estaban realmente felices por nuestra llegada, sobre todo las mujeres que se raptaron a mi esposa para interrogarla acerca de los detalles del viaje, además, les entregaría sus regalos. Mientras que los varones nos quedamos hablando de cosas más triviales. Luego, arreglaron los últimos detalles que faltaban para la fiesta de cumpleaños, y antes que llegaran el resto de los invitados, Renée quiso hacer un par de brindis, primero por nuestra llegada y luego para comunicarnos una noticia, que leí en su mente con anticipación, y que me dejó sorprendido:

-Mi Bella, Edward, estoy feliz de que hayan regresado tan irradiantes de felicidad. Los extrañábamos mucho. Y bueno, ese es uno de los motivos de la reunión, el segundo es para celebrar mi cumpleaños y les agradezco que hayan venido, pues me hace muy feliz tener a toda la familia reunida, y digo toda la familia porque con la unión de nuestros hijos somos una gran familia- dijo Renée dirigiéndose a mis padres, a lo que ellos asintieron, estando de acuerdo con lo que ella decía. Ahora se venía la noticia - Y bueno...vaya, esto me pone tan nerviosa que no sé cómo decírselos...- dijo, mientras se abrazaba a Phill.

-Mamá habla ya, que es lo que tienes que decirnos- dijo Bella, ya algo intrigada.

Yo sólo sonreía, al igual que Alice que ya sabía la noticia, igual que yo.

-Bien: celebraremos la llegada de un nuevo integrante a la familia. Tengo cuatro semanas de embarazo- anunció por fin.

Bella se soltó de mi brazo, y se arrojó a los brazos de su madre -¡Oh, mamá!¿Pero cómo no me habías dicho nada? ¡Es una noticia maravillosa!- y así como ella, todas las mujeres saltaron sobre Renée para felicitarla, chillando de alegría.

Yo me acerqué enseguida a Phill para felicitarlo. De alguna manera, esto lo ponía algo nervioso, pero lo tomaba como un desafío.

Estaban felices con esta noticia.

Y mientras los observaba brindar, sentía algo de envidia por ellos. Estaban tan enamorados que una manera de coronar ese gran amor era con un hijo. Yo en verdad daría lo que fuera por siquiera tener esa posibilidad con Bella. Cosa que era imposible. Odiaba tener que arrebatarle a mi mujer la posibilidad de vivir la maternidad, la que se espera durante nueve meses, pese a que ella estaba segura de que volcaría su amor de madre sobre el niño que en el futuro adoptaríamos.

Y yo también lo haría, pero sabía que no era lo mismo.

-¿Te encuentras bien, hijo?- dijo mi madre, acercándose hasta mí, cuando me vio algo retraído de la celebración

-Si Esme, estoy bien. Sólo pensaba en la noticia que Phill y Renée nos dieron...- le contesté.

-Sé a lo que te refieres cariño, y te aseguro que llegará tu momento.

-No como yo desearía que fuera.

-Cómo sea Edward, llegará el tiempo en que tú y Bella sean padres de alguien a quien ustedes eligieron, así como Carlisle y yo los elegimos a ustedes. Y te aseguro que serás un padre maravilloso... y yo una abuela mimadora- dijo, estirando su mano hasta mi rostro para acariciarlo. Yo cerré los ojos disfrutando, como pocas veces lo hacía, de su amor de madre hacia mí.

Luego de un rato, los demás invitados comenzaron a llegar, y todo fue entre presentaciones, felicitaciones, brindis y celebraciones.

Mi esposa no soportó mucho tiempo, pues con esto del viaje estaba realmente agotada, así que nos excusamos y nos retiramos hasta el apartamento que había comprado cuando Bella decidió pasar un tiempo aquí. La tuve que cargar, pues de la casa de su madre al apartamento se durmió profundamente.

A la mañana siguiente, se fue a desayunar con Renée. Yo le pedí que me excusara diciéndole que no había logrado despertarme poniendo como excusa el viaje, pero la verdad no tenía ganas de comer comida para humanos. Aproveché de ir a cazar con mis hermanos y con mi padre.

-Isla Esme es fabulosa- hice el comentario a mi padre, mientras mis hermanos competían entre ellos.

-Sí, ese lugar es mágico en verdad... ¿Y supongo que todo salió bien con el asunto de tu control, no?

-Fue todo muy natural, ya sabes... disfrutamos de la luna de miel en verdad- le comenté, a lo que luego rompió a reír.

-Creo que Esme y yo vamos necesitando ir de viaje a ese lugar...- y comenzó a trazar planes de viaje en su cabeza. Estuvimos todo el día y parte de la noche comentando mi viaje.

-Entonces, ¿irás hasta Forks con nosotros?- me preguntó Emmett cuando estuvimos de regreso por la madrugada en Florida.

-No lo creo, Bella quiere ir hasta Boston primero. Además, ahora con la noticia de Renée querrá estar el mayor tiempo posible con ella. Pero debemos ir a visitar a Charly, dentro de un par de semanas- ellos partían de viaje mañana hasta Forks por el trabajo de Carlisle.

Rose y Emmett irían de paseo a alguna parte del mundo, mientras que Alice y Jasper se quedarían por estos lados, pues Alice ya diseñaba en su cabeza la decoración del cuatro para el hijo que Renée estaba esperando... ella sabía que sería un varón.

Cuando entré al departamento, cerca de las cuatro de la mañana, mi mujer yacía despierta en la cama. En cuanto me vio, estiró los brazos hacia mí.

-¿Qué se supone que haces despierta a estas horas? Se supone que tendrías que estar durmiendo- le dije, mientras la acunaba como siempre en mi pecho.

-Pues en primer lugar tengo algo de insomnio, en segundo lugar mi esclavo salió sin mi autorización y tercero... estoy algo preocupada...- eso me hizo poner en guardia de inmediato.

-¿Qué te preocupa?- quise saber.

-La noticia del bebé que espera mamá. Me alegra, no sabes cuánto, a pesar de que ella y Phill son como dos niños. Pero mamá me contó que se ha estado sintiendo algo decaída, además eso de las náuseas...

-Pero eso es normal en el embarazo

-Lo sé, pero apenas lleva un mes, con esto de que todo le cae mal al estómago no está comiendo bien, se siente decaída, casi no duerme... ella está tan ilusionada con el bebé... ¿pero si no acaba bien?

-Creo que te estás preocupando antes de tiempo. Todos los embarazos son riesgosos y cada organismo femenino lo enfrenta de manera diferente, porque cada organismo es diferente. Hay mujeres que se sienten mal durante los nueve meses, y hay otras que no. Es relativo- le recordé para ver si así se tranquilizaba.

-De todos modos, quiero estar cerca de ella- comentó.

-Estaremos cerca, y le pediremos a Carlisle que nos dé el nombre de un buen doctor que vigile su embarazo, ¿sí?

-¿Mañana hablaras con Carlisle?

-Lo puedo llamar ahora mismo. Estaba pensando, ¿qué te parece si te quedas acá con Renée y yo voy a Boston y arreglo todo lo de mis clases en Berklee y Harvard? Podemos quedarnos aquí hasta que comiencen tus clases...- le propuse. Sabía que en ese momento, Bella quería estar junto a su madre.

-¿Y cuántos días estarás en Boston?

-Mmm, tres o cuatro semanas...- bromee

-¡¿Qué?! ¡¿Estás loco?!- claramente creyó que estaba hablando en serio.

-Cálmate- le pedí mientras yo me reía de su reacción -Serán tres o cuatros días.

-Tienes mi autorización para marcharte máximo tres días. Recuerda que aún eres mi esclavo.

-Lo sé- dije, mientras deslizaba mi nariz por su cuello.

-Quiero que hagas algo por mí en Boston...

-Tú dirás – susurré, sin dejar mi trabajo.

-Quiero que busques a Jake, y te cerciores de que está bien. Ah, y que le des las llaves del apartamento por cierto.

-Si eso te dejará tranquila... lo haré- asumí.

Ella se incorporó y quedó frente a mí, casi sin dejar espacio entre nuestros labios -Gracias esclavo- me dijo, luego se aferró a mí, besándome con pasión.

Claramente no tenía sueño, por lo que aprovechamos esa noche para amarnos hasta que el sol se asomó.

Al día siguiente, logré encontrar un vuelo hasta Boston a eso del mediodía. Sería perfecto, pues aprovecharía el tiempo al máximo para estar de regreso con mi mujer lo antes posible. Ella me llevó hasta el aeropuerto.

-Te voy a extrañar...- me dijo, abrazándose a mí.

-Son sólo cuatro semanas...- fue cosa de decir eso, para que me lanzara una mirada furibunda -cuatro días cariño, cuatro días...

-Tres- me rectificó. Luego la besé profundamente como despedida, prometiéndole que apenas pisara Boston la llamaría.

Al llegar, tomé un taxi hasta la casa, y mientras iba de camino, mi teléfono sonó. Pensé que sería mi mujer, pero erré en mi predicción. El número era desconocido:

-¿Bueno?

-Este... señor... Edward- la voz la reconocí de inmediato.

-¿Anna?

-Oh señor, perdone que lo llame. Me conseguí su número personal con uno de mis compañeros, y es que es algo urgente... ¿ya está de regreso?- su voz sonaba algo nerviosa y tensa.

-Acabo de llegar a Boston, ¿qué pasa Anna?- me preocupé un poco.

-Perfecto. Necesito hablar con usted, es urgente, ¿nos podemos ver hoy?

-No hay problema- me dio el nombre de una cafetería que quedaba a una cuadra de Berklee, y en donde nos reuniríamos en veinte minutos más. Llegué a casa, saqué el coche y me dirigí a ese lugar.

La llamada de Anna me inquietó un poco ¿Qué estará pasando? ¿Y por qué me llama precisamente a mí con tanto apremio?