Editado: 2010

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Entre la pared

Capítulo 2: El arte del masoquismo.

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—Bien… aquí vamos.

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Suspiró por tercera vez en toda la mañana después de verse en el espejo con rapidez. Sostuvo su trenza de cabello mientras la corría hasta su espalda y notaba que nada estuviera fuera de lo normal; mirando de vez en cuando por la ventana de su habitación como si de repente algo o alguien pudiera entrar por ahí.

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Y es que estaba paranoica.

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Incluso pensaba que si un ladrón entrara por su ventana sería lo mejor que estar en esos instantes a punto de a ir la Universidad… ¿desde cuándo no tenía ganas de ir? No recordaba la última, quizás, fue cuando hubo el último Festival Deportivo hace un par de meses. ¡Oh sí! Recordaba aquel trágico día en su vida adolescente… Donde más de toda la Universidad entera había asistido cierto sábado para recaudar fondos, o algo así, donde todos los estudiantes participaban en festivales deportivos haciendo competencias y esas cosas. Odió cuando, el haberse colocado en aquella manada de gente esperando el silbato del inicio de la carrera femenil, sabiendo que era mala en carreras y en deportes en general, que no se había dado cuenta cuando el silbato de partida había sido lanzado. En aquella ocasión, alguien le había empujado por la espalda con brusquedad obligándola casi al instante, caer al suelo al puro estilo doloroso, golpeándose la quijada y sintiendo unos cuantos pisotones en su espalda cuando el silbato había sonado. Desde ese día, cuando había sido arrollada por al menos siete chicas universitarias en el Festival Deportivo, detestaba ir a Educación Física o a lugares concurridos como ese.

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Y ahora más que nada, odiaba ir a la Universidad sólo por culpa de dos malditos chicos.

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Los hermanos LostWood.

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—¡Zelda, baja de una vez! ¡Ya es tarde!

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—¡Ya voy mamá, ya voy! —gritó la chica exaltada apretando los dientes. Claro, precisamente el día de hoy no estaba de buen humor, no se necesitaba ser un genio para saberlo. Nótese el ceño fruncido y la quijada levemente apretada en su rostro.

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La chica rubia entonces soltó un bufido de lo más hondo para salir de su habitación dando grandes zancadas y mascullando por lo bajo. Su madre volvió a gritarle para que se apurara mientras ella intentaba caminar lo más rápido posible, dándose unos cuantos tropezones por la escalera para su mal gusto. Saludó a su madre como de costumbre, comió el desayuno de lo más rápido y escuchó a su padre despedirse al fondo diciendo que iría al trabajo.

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Bien, todo iba perfectamente… al menos antes de cruzar el umbral de la puerta de su casa.

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Entonces la ojiazul enfrentó un miedo que hasta ahora era desconocido: salir de su casa en aquellas condiciones. Habían pasado menos de una semana de haberlos conocido, oh sí, magníficos y sensuales hermanos LostWood. "Perros, descarados… ¡Argh!". Y diciendo más derivados de insultos en su mente, soltó otro suspiro. Vaya... ahora tendría que empezar clases de yoga como Saria o ir al gym para calmar aquellos nervios anormales que amenazaban su salud mental.

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—¡Me voy! —gritó Zelda dando un ligero salto al salir de su casa.

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Entonces lo notó: vacía. Así lucía la calle de su vecindad. Esbozando una sonrisa de lo más triunfante y gloriosa de lo que había mostrado en los últimos días, caminó de lo más normal rumbo a la Uni. Notando en su celular la hora, confirmó que el autobús ya había salido y no tendría tiempo de alcanzarlo "Claro, no soy Flash". Pero ni la hermosa mañana, algo nublada y el fresco aire del ambiente era el motivo de su sonrisa matinal, no, no lo era… Simplemente era algo tan obvio: no había señales de los mellizos por ahí cerca, ni de ellos, ni de su maldito auto.

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Doblando una esquina sin preocupaciones, su sonrisa se borró al instante, como un globo que acaba de ser reventado por una aguja.

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—"No, por favor no…" —frunciendo ahora el ceño y pensando en dar media vuelta, ahí, en la esquina de la casa vecina estaba un automóvil rojo bien reconocido.

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Entonces, cuando pretendía pasar de largo sin importarle el conductor de dicho automóvil, cuando un claxon sonó con fuerza apenas cruzando mitad de calle causando que apurara el paso.

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—¡Hey, flacucha! ¡Muévete y súbete!

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¿Qué?

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Ella frunció aún más el ceño ante aquel insulto, vaya, no era la gran cosa pero proviniendo de cierto rubio provocaba que aquello fuera realmente irritable. Giró entonces su rostro para encontrar al piloto de aquel automóvil. Un chico de tez bronceada, cabello rubio y ojos azules como el cielo. Sexy, angelical, irresistible… "¡Fanfarrón idiota!" gritó en su mente la rubia. Entonces el sonido del claxon sonó de nuevo y la puerta trasera se abrió esta vez.

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—¿Vas a subir o quieres que personalmente te suba? —gritó Link desde su asiento, claramente molesto mientras se colocaba unas gafas de Sol haciéndolo lucir -para el desagrado de Zelda- quizás un poco más guapo.

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—¿Qué quieres LostWood? ¡No quiero ir contigo a la Uni! —se quejó entonces ella, cruzándose de brazos a mitad de la vacía calle.

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—Deja de hablar y sube de una maldita vez o te atropello.

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—Inténtalo imbécil. —le retó ella quedándose en medio de la calle— Anda. Dale, atropéllame. Créeme que sería un gran favor para los tres.

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—Y pensar que tú eras el emo con tendencias suicidas…—murmuró en burla Link a su hermano, quien se encontraba en el haciendo del copiloto. Por su parte, él nomás se limitó a gruñir un poco antes de echarle una mirada de odio— Vale, no te enojes. Era broma Darkinsito…

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—Si no te callas de una puta vez, estarás con un hocico reventado toda la semana. —gruñó éste, encogiéndose en su asiento y mirando de forma vaga por la ventanilla— Dile que se apure a la rata de biblioteca, no tenemos todo su tiempo.

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El claxon sonó por tercera vez.

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—¡Vamos, sube al auto! ¡Tenemos que irnos rata de biblioteca!

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—¡Pero qué afán con ustedes! ¡Déjenme sólo en paz! —y ella siguió su camino enojada. Rayos… ¿qué pretendían ahora? ¿Recogerla todos los días de ahora en adelante para ir a la Universidad? ¡Por las Diosas! Era horrible tan sólo pensar aquello.

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Así que siguiendo su camino en sus propios pensamientos, la chica seguía empeñaba en cruzar la calle y llegar al otro extremo. A esas horas de la mañana, generalmente su vecindario era algo solitario, la gente solía salir a la escuela o trabajo más temprano que ella. No había mucho tráfico y pocos autos –sobre todo lujosos- pasaban por los terrenos, por lo cual, ella quizás era el único ser humano que caminaba por la calle a tales horas. Pero justo estaba por llegar cuando –por cosa del destino o porque se le dio la gana- volteó hacia un lado notando un automóvil relativamente cerca dirigiéndose hasta ella. Zelda soltó un grito exagerado mientras retrocedía asustada y dicho auto, frenaba con brusquedad.

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—¡Puta madre, pendejo! ¡Como tú no pagaste el reparo del auto la última vez!

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—Cállate estúpido. —comentó Link rodando los ojos, notando a una chica pálida en medio de la calle.

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—¡Idiota! —gritó entonces Zelda recuperando la cordura y respirando con dificultad— ¡¿Acaso querías matarme o algo?

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—¿No fuiste tú quién sugirió que te atropellara? —preguntó Link sacando parte de su cabeza por la ventanilla— ¿Creíste que bromeaba? No dudo en terminar atropellándote si sigues ahí como tonta en mitad de la calle.

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—Pedazo de…

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—Ya, ya. Tienes toda una vida para insultarme todo lo que quieras preciosa. Sube.

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Quizás no estaba en sus cinco sentidos, o tal vez ya era muy tarde para ir caminado a la Universidad que a regañadientes, la rubia aceptó la oferta y subió al automóvil. Dio un sonoro portazo al situarse en la parte de atrás abrazando con dureza su mochila entre sus pechos. Sus mejillas, ahora sonrojadas por el coraje acumulado, daban a conocer un rostro de niña frustrada. Antes de que pudiera reaccionar, el acelerador fue pisado mientras su cuerpo se iba automáticamente hacia atrás con rudeza.

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Link no era tan mal conductor, en realidad no conducía tan rápido como su hermano, pero debía admitir que aquello la asustó… aún más cayendo en la cuenta de lo que sucedía. "Van dos días que te subes a su auto, la gente sospechará." Pero, ¿desde cuándo le importaba lo que la gente pensaba? Daba igual, era una chica más de la Universidad. "Debí ser albañil, así no iría a estudiar y encontrármelos en el día."

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Sus pensamientos divagaron un poco, el sonido de la música le hizo perderse, ni siquiera entró en cuenta que habían llegado de forma más segura pero rápida a la Uni. El primero en salir fue DarkLink, una discusión entre ambos le hizo reaccionar, cuando el pelinegro había comentado algo sobre la pendejez de su hermano al no llenar el tanque de gasolina del automóvil. Tratando de hacerse un cero a la izquierda en aquella discusión, Zelda salió disimuladamente del auto ya notando que el pelinegro echando humos esa mañana, se alejaba de ellos a una relativa distancia.

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Cerrando la puerta con cuidando acomodó su mochila de lado.

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—¿Qué le sucedió a tu horrible mochila de gato gay?

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—¿Qué? —preguntó ella mirándole desafiante. ¡Ah sí! Su mochila de Hello Kittie— No es de tu incumbencia.

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—Mmm, niña rebelde.

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—Piérdete idiota. —rodó sus ojos hastiada mientras trataba de seguir su camino, notó entonces que no había muchos estudiantes en el estacionamiento de la Universidad y que no tendría que caminar mucho para llegar a ésta, así podría pasar desaperciba entre los autos y nadie sospecharía que había bajado del auto de los LostWood.

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—¡Hey! ¡¿Y cómo sigue tu computadora? —gritó de forma burlesca Link, lo suficientemente alto para que ella escuchara y alzara su rostro visiblemente enojada.

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—"Sólo reza para que esta noche sea arrollado por un trailer…" —pensó la rubia apretando sus dientes con fuerza y apresurando el paso rápidamente para llegar a la Uni.

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Bien, tenía tiempo de sobra, quizás si conseguía suerte vería a sus amigos en la entrada de la escuela. ¡Pero qué va! hoy tocaba Educación Física. Odiaba esos días, todo mundo sabía -hasta el intendente y el jardinero de la abuela- que era pésima en los deportes. Tanto así, que algunas veces se veía tropezando ella misma o incluso podría estamparse de cara al suelo por perseguir un balón. Así que medio enfocada en su mala suerte, la rubia siguió caminando con pesar rumbo a la entrada.

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No era de sorprenderse que fuera mala en los deportes, al fin de cuentas, no estaba tan interesada en ellos. "Calma, solo tendrás que lidiar 2 años más con esta materia." A veces ella misma se preguntaba: ¿qué demonios tenía que estar en Educación Física cuando estudiaba para ser abogada? Ah, claro… reglas estúpidas de la Universidad esa. Ya saben, alimento de la mente, cuerpo sano, hacer ejercicio, vida saludable, cosas así. Pero Zelda prefería mil veces estar en una banca viendo el partido que estar corriendo tras un balón… ¿Hace cuánto que no tocaba una pelota de voleibol que no fuera con su rostro? ¿Cuándo fue la última vez que se mantuvo de pie en un partido de Basketball sin haberse caído al menos un par de veces? Ni lo recordaba y no quería tener la molestia de hacerlo.

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Qué va, pocos sabían que ella amaba leer al menos un buen libro que tener que jugar fútbol soccer, y es que sólo para la gente más cercana, la rubia solía leer libros al aire libre cuando estaba aburrida. Era algo que le relajaba de sobremanera, y qué decir, que le hacían perderse en un mundo distante. A todo esto, se preguntó: ¿qué demonios tenía que preocuparse por Educación Física si de todas formas sabía que era pésima? Oh sí, eran ellos: los tal LostWood que le hacían la vida de cuadritos en los últimos días. Empezando por ayer claro, quizás aún no había movimiento maligno en el día por parte de ellos pero estaba segura que quizás hoy podría ser un día peor que el anterior.

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—"Cuando sea abogada, los demandare por ser tan engreídos y estúpidos." —gruñó mientras daba unas cuantas zancadas para llegar a las bancas de la Uni, aquellas que estaban situadas afuera de ésta; donde eran ocupados por varios estudiantes.

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Y es que no era de sorprenderse, que la Universidad Autónoma de Hyrule fuera una de las más codiciadas. Era un edifico grande de unos cinco pisos por lo menos de altura, con edificios continuos muy cerca y por lo menos dos gimnasios de tamaño grande y campos para practicas deportivas. No sólo en ese edifico grande de color gris se estudiaba la carrera de Leyes, si no que se empleaban otras más. Las demás como Química, Medicina, Física estaban en los edificios que estaban a la vuelta, no muy lejos, pero principalmente ese era el edifico principal y punto de reunión de todos los estudiantes. Así que ver la manada de jóvenes revoltosos por ahí no era otra cosa que el pan de todos los días.

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Entonces apareció un ángel.

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—Hola Zelda.

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—¡Saria!

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Oh linda Saria, su mejor amiga… cuánto deseaba no ser hija única y tener a la pequeña peliverde de hermana. Al menos así las tardes en su casa serían más divertidas. Era de las pocas personas que podría estar a gusto y platicar horas sin parar.

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—Vaya, pero si que vienes distraída mujer. —comentó su amiga mientras le miraba de arriba abajo, extrañada, la rubia se miró ante sí notando su blusa mal colocada.

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—¡Argh! — exclamó hastiada notando que estaba al revés con la etiqueta hacia fuera y mostrada ante su cuello, eso explicaba la extraña comezón en esa parte— Creo que me levante muy deprisa, no me di cuenta.

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—Bueno, nos pasa a todos. —sonrió levantándose un poco su pantalón y mostrando el par de calcetines desiguales— Las prisas nos tienen así, ¿he?

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—Por su puesto. —ambas rieron tomando asiento en una de las bancas cercanas, colocando sus mochilas cerca de ahí. Pasaron varios minutos mientras hablaban animadamente— ¿Pudiste leer la novela que pidió la maestra de literatura?

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—¡Oh, claro! La había leído hace tiempo así que no tuve dificultades. Deberías empezar hacer el ensayo Zel, es para la otra semana.

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—Osh, ya lo sé, pero no la he conseguido. La bibliotecaria comentó que la traerían hoy, así que iré más tarde para empezar algo del ensayo.

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—Sí, deberías.

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—¡Niñas!

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Entonces al fondo se escucho una voz aguda y una peliazul hizo acto de presencia mientras se acercaba corriendo hacia ellas, agitando los brazos de forma energética y con esa sonrisa habitual. Era Ruto, que especialmente hoy se había dedicado a resaltar más su extravagancia con esa falda corta y escote pronunciado en su blusa. Así era ella, no era de sorprenderse quizás…

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—Qué bueno que las veo, ¿listas para un partido de muerte de fútbol soccer? —sonrió maliciosa la peliazul.

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—Yo diré que me dio la peste negra, así no iré a jugar.

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—Ay Zelda, deja de inventarte enfermedades. Un poco de ejercicio no le hace daño a nadie.

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—"Díselo a mis rodillas". —pensó ella. No era su culpa ser tan mala en deportes y no ser alguien resaltante como lo era Ruto— ¿Y Nabooru?

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—Ah, la negra no ha llegado. —bromeó Ruto— Debe estar en clases ya, hoy tenía láminas por entregar en Diseño.

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—Pobre chica, yo siempre creí que era mejor que fuera a la Universidad de Teatro y Danza que estudiar Arquitectura. —comentó Saria mientras se abrochaba con cuidado sus tenis.

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—Sí, pero ya sabes sus padres, ambos son arquitectos, no dejarían que su niña se fuera a una carrera así. Además a Naboor…

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—¡Hola pescadito!

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Le interrumpieron al momento de sentir un pellizco cerca de su espalda, dando un grito y golpeando al atrevido de hacer eso, encontraron a dos chicos que les miraban divertidos. Uno de ellos era Kafei, un chico medio alto de ojos carmesí y cabello violeta, el segundo, quien se reía como si tuviera una mazorca en la boca, era Mikaw, un chico de cabello azulado y piel pálida. Saria y quizás Nabooru eran las únicas que sabían que desde hace meses, el chico estaba detrás de Ruto, claro, molestándola de vez en cuando cada vez que la veía o aprovechando cada oportunidad para insultarla. "Una forma de que ella no se dé cuenta cuánto le gusta…" pensó Saria divertida, mirando cómo Ruto ponía sus ojos en blanco que apretaba sus puños medio enojada.

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—¡Piérdete Mikaw!

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—Podríamos hacerlo juntos, si deseas… Mira: podría faltar a mi siguiente clase y vernos en una parte, la mañana podría ser movidita…

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—¡Cállate! —gruñó ella echando humos causando la risa de los demás.

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Así transcurrieron los minutos siguientes hasta que Mikaw y Kafei, junto con Ruto tenían que despedirse para entrar a sus respectivas clases. Mikaw estudiaba en Negocios Internacionales, mientras que Kafei iba a la sección de Psicología junto con Ruto, algo irónico quizás, ya que a veces la misma chica parecía ser más loca de lo que uno debería estar. Fue entonces cuando Saria y Zelda decidieron en irse a su primera clase, Literatura, donde hoy les daría un profesor reemplazo, debido que la ultima estaba en vacaciones al dar a luz hace una semana. Pero ante de eso, el reporte de la novela debía estar terminado para la semana entrante, por lo cual, viendo que no había más maestros disponibles, quizás unirían dos clases esta vez con un solo profesor.

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Entonces ambas se dieron cita en el auditorio, el lugar donde era más grande que un salón de clases y había suficientes asientos como para tres grupos de adolescentes. Poco a poco el auditorio se fue llenando, donde las dos amigas decidieron tomar asiento casi en los lugares intermedios notando que entraban jóvenes de otros salones, por ejemplo, ahora el salón "C" tomaría clases de Literatura con ellos al igual que el "D". Así que, les esperaban dos horas de resúmenes y datos literarios a partir de ahora.

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—Darunia M. —pronunció Saria apenas alcanzando a leer el pizarrón que estaba arriba del escenario, colocándose sus gafas de leer al igual que Zelda, ambas comenzaron los apuntes esperando la llegada del profesor suplente, notando que el auditorio seguía llenándose— He odio hablar de él, da muy bien la clase y la hace más divertida.

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—Eso espero, me volvía en cierta parte loca la profesora Illian.

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—Sep, era algo aburrida…

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Guardaron silencio unos momentos haciendo más apuntes, como el nuevo horario de clases con Literatura, hasta que escucharon atrás como un grupo de chicas se sentaban con su escándalo en los asientos de la fila anterior. Tratando de ignorarlas un poco, Zelda pudo percibir que no dejaban de parlotear desde su llegada, arrepentida de haber escogido ese lugar tan ruidoso, la rubia rodó sus ojos con fastidio tratando de ignorar las risas y cotilleo que armaban.

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—¿Ya viste quién está arriba? —parloteó una del grupo haciendo que las demás, como buenas víboras, giraran sus cuellos para mirar en los asientos de más al fondo y situados arriba.

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—¡Sí! No sabía que ahora vendría a clases.

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—Ay Diosas… Tener clases con él, es maravilloso.

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Entonces el parloteo fue aumentando mientras en lapsos se reían y veían hacia arriba donde -debía suponer Zelda- había un chico. "Uno de los tantos populares, vaya…" Curiosa por dentro, la rubia decidió alzar lo más prudente su vista, notando entonces la dirección y el centro del por qué de esas chicas. Entonces ahí lo vio: piel pálida, ojos escarlatas y cabello negro como la noche. Se encontraba en las filas de más arriba y casi ocultas, sentado con brazos cruzados y los pies en otro asiento, haciendo gala de presencia y potencia ahí mismo. La gente a su alrededor hablaba cerca, tratando en vano no ser centro de atención o ser pillados al hablar sobre aquel chico. "Y pensar que era raro, veo que también tiene un club de fans." Embobada, Zelda notó al otro mellizo LostWood, DarkLink, quien miraba con vagancia al auditorio.

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—¿Qué pasa? —preguntó por lo bajo su amiga Saria alzando su vista— ¡Oh! Es el hermano de Link, si que es guapo, ¿no?

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Zelda hizo gesto de asco.

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—Qué va, es raro. Seguro es gay.

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Saria ahogó una risita traviesa.

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—¿Por qué lo dices? —y volvió a sonreír ante la expresión que hacía su amiga.

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—Los rumores dicen que a ninguna chica le ha dado el sí, además míralo, tiene pinta nada agradable. Digo, no es que porque tenga todos esos piercings y todo, pero, pienso que es uno de esos chicos Emo gays.

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—¿Qué tienen de malo los chicos Emo? Algunos son lindos.

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—No, no, no, no tengo nada en contra de ellos Saria. —agitó sus manos Zelda nerviosa— Es sólo que… bueno, olvídalo, es raro para mí.

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—Quizás un día puedas hablar con él, uno nunca sabe Zelda, puede ser buena persona. —la peliverde sonrió de lado.

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—No sabía que también estudiaba Leyes…—comentó la rubia tratando de hacer más platica.

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—Sí. —ambas desviaron rápidamente la vista cuando el pelinegro les había visto de mala forma— Eh… está en el grupo D, lo he visto un par de veces. Supongo que ahora tendremos que compartir clases con él, ya sabes.

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Las puertas del otro lado del auditorio se abrieron dando paso al profesor que anunciaba su presentación, así todos guardaron silencio mientras comenzaba anotar en la pizarra la dinámica y el horario de clases. Así mismo, recalcando que la profesora original les había encargado un trabajo anexo para entregar la próxima semana. Zelda giró sus ojos, no había leído ni la portada de la dichosa novela por lo cual necesitaba ir luego a la Biblioteca.

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Así mismo, la clase fue rápida, mientras que por primera vez, Zelda se adentró al libro que llevaban en la materia y logró disfrutar aquella forma amena de explicar del profesor. Aquellas dos horas, que antes eran eternas y tediosas, pasaron tan rápido como cuando un pájaro vuela. Poco a poco, el auditorio se fue despejando mientras era tiempo de ir a la siguiente clase, por fortuna hoy salían temprano. Su grupo solamente asistían los Martes a dos clases: Literatura y Educación Física. Por lo cual tendría que ir una y media a practicar deporte infernal y tratar de mantenerse viva.

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Excusándose que tenia que ir rápido al baño, Saria salió echa bala mientras le comentaba que la esperaría en los vestuarios para cambiarse. Con un leve , Zelda se dispuso a recoger sus útiles siendo casi de las últimas en salir del auditorio. Fue entonces cuando logró salir de ahí y notar cerca de la entrada, cruzado de brazos, a un chico de tez blanca con la mirada algo vacía dirigida al pasillo. Pensando que estaría meditando o algo así, Zelda pretendió pasar de largo a DarkLink, Diosas, imaginaba que seguía molesto por la discusión de esta mañana con su hermano Link… aunque se preguntó: ¿cuantas veces pelearían ambos al día?

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—Así que, estuviste chismeando de mí toda la clase. —la rubia dio un respingo al oír aquella voz tan profunda del chico a su espalda.

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—"¿Será que le hace apropósito, o su voz siempre ha sido así de profunda y tranquila?…" —pensó ella sosteniendo su mochila con firmeza, se aclaró la garganta y alzó su vista. Se contuvo cuando una escalofrío cruzó por su cuerpo— Créeme, no estaba hablando de ti chico.

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—Oh, entonces he de suponer que casualmente no apartabas los ojos de mí. —y medio torciendo el gesto en forma altanera, separó sus brazos de su cuerpo y dio un paso hacia adelante, acercándose hasta la rubia más de lo normal.

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Desesperada, ella miró hacia los alrededores, constató que los pasillos ahora lucían vacíos y no había nadie más que ellos.

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Cercanía.

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Aléjate.

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No.

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Muy cerca…

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¿Por qué siempre tenía que terminar acorralada por algún LostWood?

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—Vaya, te has puesto roja. —se mofó con sorna DarkLink, mientras ella daba un respingo y fruncía el ceño— Tranquila, no eres ni lo mínimo sexy para mí.

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—Vaya, cómo si me importara. Hazte a un lado LostWood no tengo tu tiempo, no te me acerques mucho, no se qué clase de pestilencias podrías infectarme. —atacó tajante la chica, DarkLink torció el gesto de forma extraña mientras la rubia pensaba si era alguna clase de sonrisa o algo parecido. Trató de moverse sintiendo la pared del pasillo pegada a su espalda.

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—Palabras de una virgen desesperada.

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—¡Hey! —enrojeció ella visiblemente molesta— Cállate y métete en sus asuntos, LostWood. —se hizo a un lado tratando de pasar, pero entonces él le tapó el camino en forma de joderia impidiendo que siguiera— ¡Quítate! ¡Llegaré tarde a la otra clase! —le miró fulminante.

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—Mañana procura no tardar en subirte al auto, yo conduciré. —susurró despacio, muy despacio… cerca de su oído causando un shock en su cuerpo. Rígida, falta de respiración y ojos abiertos presentó su cuerpo en tres segundos. Por un momento el tiempo se detuvo… ¿qué? ¿Acaso ellos eran demonios? ¿Qué tenían los hermanos LostWood que con tan sólo una palabra hacían que el mundo cayera a sus pies? Tratando de dar respuesta a aquellas palabras, regeneró su cabeza y meneó sus pensamientos con rapidez. Alzó su vista pretendiendo que su susurro no le había afectado en lo más mínimo.

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—¿Por qué debería? —contraatacó— A decir verdad, ¿qué tanta urgencia de ahora venir hasta mi propia casa y llevarme amablemente hasta la Universidad? Creí que les molestaba mi presencia.

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—Así es.

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Jódete maldito.

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—Oh, que lindo.

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—Pero hay otras razones por las cuales debemos pasar ahora en adelante hasta tu casa personalmente a recogerte. —frunció de forma extraña su ceño mientras sonreía de lado— Nos vemos, Zelda.— y así la dejó: perpleja y sin entender las palabras dichas hace segundos atrás. Extrañada, ella apretó su libreta entre su pecho mirando el camino por el cual DarkLink había tomado.

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Vale. Aquellos hermanos eran totalmente diferentes. Link al parecer tenía manía de creerse el ombligo del mundo y hacerle maldades a todos -especialmente a ella- sin embargo, DarkLink era otro caso: otro plato, otro hueso que roer. A decir verdad, no le gustaría encontrárselo en un callejón solitario y él estando de por medio, enojado y con ganas de golpear a alguien "Él perturba con su presencia." Era la misma galantería que un chico misterioso desprendía, o el vampiro de la realeza el cual trataba de mantener su estatus y apariencia oculta. Había algo en sus palabras, su forma de ver o la manera en que hablaba y arrastraba de forma lenta cada silaba, que hacía que ella se intimidara. No era tan fácil como decirle al rubio: "Maldito estúpido, quítate de mi lado." No, su otro hermano imponía presencia.

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"Zelda, debes escoger a uno de los dos."

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"¡Oh, gracias madre por recordarme dichosas palabras de alegría!" No, se iba a volver loca, Diosas, tenía que escoger ante un chico extraño y sombrío o entre un presumido casanovas que creía que cualquier chica estaba a sus pies. Era masoquista, ella misma se lo buscaba, pues si fuera inteligente no cruzaría palabras con ellos y seguiría de largo, así sus presencias no les perturbarían tanto. Pero no, tonta Zelda, gustaba de meterse en problemas sin querer.

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Bueno, quizás un balonazo en la cabeza reacomodaría sus pensamientos. Así que suspiró y siguió su camino por el pasillo directo a los vestidores de chicas.

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—¡Muy bien chicos! Ahora les tocará jugar contra los de Psicología. Recuerden que la semana que viene empiezan los torneos intra-universitarios así que deben de jugar como obligación porque toma parte de su calificación. No quiero que me vengan con excusas patéticas para no participar o los mandare a 2º de recuperación… ¿Entendieron? —el grupo de "A" de Leyes asistió ligeramente mientras la profesora hacía sonar el silbato.

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Torneo intra-universitarios, lo que le faltaba.

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—Ok, ustedes los chicos se me van al otro campo a jugar, éste será ocupado por las chicas. —así la mitad del grupo se fue esparciendo mientras las chicas se quedaban en aquel campo. El día estaba siendo cada vez nublado, bueno, al menos el Sol no podría estropear las cosas por decirlo así.

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Y ahí estaba, la tal rubia en medio del campo de fútbol soccer, con licras violetas, cortas y pegadas a sus muslos con aquella playera holgada y el símbolo de la Universidad. Otro grupo de chicas de su misma clase estaban en medio del campo, haciendo bolita y comentando entre ellas, sobre todo Marie, una chica de cabello café y ojos azulados que era la favorita de muchas en respecto a los deportes. Ella sincronizaba las jugadas para ganar más puntos en la materia para ella y el equipo femenil.

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—Muy bien, así que haremos esto: Saria será delantera, Ninian y Lauren serán parte de defensa. —explicó con señas, mientras las demás asistían despreocupadas, un poco lejos de la bolita se encontraba Zelda.

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No era de extrañarse, a veces era excluida en los torneos o prácticas como esas, era de más ayuda estar sentada que jugando.

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—¡Zelda ven, acércate! —gritó Saria, algunas de las chicas del equipo medio rodaron los ojos cuando ella se acercó torpemente— Marie, ¿qué posición jugará Zel?

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—Ah, bueno… eh, supongo que defensa. —y miró a las demás chicas que asistían no tan complacidas— Zelda si quieres puedes quedarte en la banca.

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—Marie, yo también quisiera hacerlo. Pero la maestra me descontará puntos y podría irme a 2ª de recuperación. —comentó la rubia algo molesta— Da igual, me quedare quieta y no interrumpiré mucho.

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—Perfecto. Bien, ya saben el plan.

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Así el grupo de chicas femenil estuvieron listas cuando al fondo un grupo de jovencitas con licras celestes y playeras con otro símbolo se acercaban al campo. Era el grupo de Psicología, en una de todas ellas, estaba Ruto, quien les saludó alegre deseándoles lo mejor. Saria devolvió el saludo mientras la rubia resignada y con pesar caminaba con pereza hasta su posición en el campo.

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—Que acabe pronto, por favor…

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Así el silbato se escucho una vez, anunciando el comienzo del partido.

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Como algunas sabían, Saria era una de las mejores delanteras en fútbol, junto con Marie lograron hacer un par de pases, pero Ruto en algunas ocasiones logró atravesárseles y quitarles el balón. La mayor parte del tiempo la rubia se quedó quieta, mirando vagamente a su alrededor, igual no había mucho por ahí, la otra mitad de la defensa podría fácil detener su balón, sin mencionar que estaba en un lugar más apartado. "Así no estorbare". Y miró al otro campo de fútbol soccer, donde la otra mitad de su salón jugaba con el equipo varonil, de forma más ruda y salvaje claro, pero estaban al menos más entusiasmados que ella.

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Hasta que cierta cabellera rubia llamó su atención, ahí, cerca de una chica pelirroja que sonreía gustosa, estaba Link LostWood. En una de las gradas con su equipo de fútbol, quizás viendo el partido varonil o esperando que la hora de clase terminara y pudieran practicar.

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Hastiada y con señal de asco, ella hizo un gesto curioso al ver lo tan arrimados de aquella pareja. Se preguntó cómo era posible que aquella chica Malon fuera capaz de soportar a alguien tan pedante como Link. "A lo mejor es igual que él, que sólo ellos se soportan." y divagando en sus pensamientos, disimuló su vista antes de ser atrapada por la mirada de Link. Sonrió con sorna el rubio, sin que su extravagante novia lo notara pues estaba quizás más ocupada acurrucada en su pecho que prestando atención a una larguirucha y flaca rubia en medio del campo.

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—¡Zelda, defiende! ¡Defiende!

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¿Qué?

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Se giró entonces antes de ver que un grupo en particular del equipo contrario se dirigía hasta ella, Saria en la cabeza corriendo a gran velocidad, entonces ahí mismo bajo sus pies: un balón de fútbol soccer se encontraba estático. Miró hacia abajo y luego a las chicas que se acercaban más rápido. Su mente se bloqueó y por un momento creyó que mejor era quedarse quieta, sin embargo, si no apartaba el balón de ella aquel grupo de chicas se le vendrían encima. Y creyó que podría alejar aquel balón de su territorio y alzó su pierna derecha agarrando algo de vuelo en correr.

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Así lo hizo: trató de concentrase en dar su mejor golpe.

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Aunque lamentablemente la pelota nunca llegó a ser tocada, no obstante, sus piernas hicieron mala jugada mientras caía con maniobras que una gimnasta estaría orgullosa, con todo el rostro al campo de soccer. Quiso agradecer que al menos no fuera de concreto y que el césped artificial amortiguara su caída, pero al sentir su cuerpo tan pesado y como el partido seguía, se dio cuenta de todo: había caído nuevamente.

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—¡Ay Zelda! —se rió un poco Saria ayudándole a levantarse, al fondo un silbido marco gol por parte del grupo de Psicología— Ven.

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—Bueno, aún falta el segundo tiempo. —se quejó la rubia quitando pedazos de césped de su cara y sacudiendo su ropa. Al fondo Marie peleaba con la profesora que era de arbitro, alegando que había tocado poste y no había sido gol.

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Pero cuando unas risas llegaron hasta sus oídos, con temor y fastidio, la rubia se giró para encontrarse en su mayoría, el equipo de fútbol riéndose a carcajada abierta y con ellos como su líder: Link.

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—¡Pero que buen chingazo!

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Alguno de los integrantes había gritado en su afán de reírse más, mientras las carcajadas no cesaban. Con mejillas sonrojadas y puños apretados, Zelda se hizo la indiferente al momento de darse media vuelta y darles la espalda. Si algo le molestaba era la presencia de aquel equipo de fútbol soccer y Link, más le fastidiaba el hecho de ser el centro de sus burlas. "¡Trágame Tierra!"

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—¡Zelda, ven acá!— gritó la profesora haciéndole señas con la mano, una vez llegando ahí ésta le dedicó un gesto amable— ¿Estás bien?

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—Sí maestra, es algo que pasa seguido.

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—Hay chica, eres pésima, ya te lo había dicho. Pero es necesario hacer estas prácticas. Mira, ven, siéntate en las bancas. Ya te puse participación así que no es necesario que sigas más en el campo de juego. —con algo de pesadez la rubia asintió mientras se dirigía a sentarse en las bancas cercanas, cerca de gran botellón de agua y balones de soccer.

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Intentó entonces concentrarse en el partido de soccer ya que el segundo tiempo había comenzado, pero sentía cierto ardor en las rodillas y brazos. Observándose notó que se había raspado un poco en esas partes del cuerpo. Tratando de excusarse que iría al baño a echarse un poco de agua y quitar la suciedad, Zelda se levantó de la banca y se digirió hasta los baños de mujeres. Los más cercanos estaban cruzando parte de los dos campos de fútbol soccer cerca de los vestidores. Y es que ver a una chica flaca, alta, medio encorvada y con señas de haberse dado una buena caída, no era algo de verse mucho. Así que intentó la rubia pasar lo más desapercibida posible en los alrededores.

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Al fin llegó a los tan añorados baños, miró a su alrededor constatando que a esas horas aquellos pasillos lucían complejamente vacíos. Entró enojada empujando la puerta un poco, dirigiéndose inmediatamente hasta el lavabo. Abrió el grifo para echarse un poco de agua en su cabello y rehacer su trenza una vez más, para luego echarse agua en la cara y refrescarse un poco. Suspiró algo hastiada mientras sostenía un poco de aquel líquido ente sus manos y se la echaba en las rodillas, limpiando algo la tierra y la poca sangre de su piel. Una vez terminando eso se secó las manos con un poco de papel higiénico para salir de los sanitarios.

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—"La puta madre…"

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Rodó ahora sus ojos sumamente hartada, ahí, enfrente estaba Link esperándola. ¿Acaso era que tenía que encontrase a solas en un pasillo con alguno de esos hermanos LostWood? ¿Por qué simplemente no pasaba de largo ante ellos sin que la intimidaran? Es que debía admitirlo, era masoquista en cierto punto, y aunque le costase creerlo, la simplemente presencia de ellos le provocaban algo. Ya fuera fastidio o incomodidad, pero vaya, no quería darle tantas vueltas al asunto.

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Intentó relajarse un poco y caminar hacia afuera de aquellos pasillos, pero una vez más, Link con todo su gran aporte y experiencia en intimidación se le acercó con lentitud. Sonrió con sorna, colocando sus manos dentro de los bolsillos de su short deportivo de soccer.

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—Zelda…

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—LostWood. —le respondió con ese tono socarrón Zelda, estaba lista, no dejaría que él la desarmará— ¿Qué quieres? —gruñó.

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—Huy, que directa. —se mofó un poco Link, es verdad, algo quería él como para seguirla hasta los sanitarios de mujeres desde el campo de soccer— ¿Piensas que quiero algo contigo larguirucha? —volvió a sonreír intentando meter presión en la rubia.

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—¡Hey! Tampoco me insultes estúpido.

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—Tú acabas de hacerlo.

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—Cómo sea. —rodó sus ojos intentando evadirlo— ¿Qué quieres? —repitió nuevamente la pregunta cruzándose de brazos— ¡Anda! Que no tengo tu tiempo, necesito regresar al campo de soccer y ayudar al equipo.

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Entonces Link soltó una carcajada.

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—¿Tú? ¡Por favor! Hasta las Diosas se rieron cuando trataste de patear el balón y se fuiste de hocico. —y volvió a sonreír causando que la rubia apretara su mandíbula, contiendo las enormes ganas de golpearlo en esa cara tan presumida.

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—Bueno, ¿sólo viniste a eso?... ¿a burlarte? —le miró fijamente, mientras Link no dejaba su expresión zorruna de lado.

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—Nada, solamente me dieron ganas de ir al baño y vine hasta acá.

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—¡Oh! Da la casualidad que caminaste hasta los de mujeres. Anda, ahora me dirás que eres travestí y te gusta el maquillaje.

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—Eso quisieras. —y echando una leve mirada hacia el fondo del pasillo dio un paso más hasta el frente, mientras la rubia inconscientemente se alejaba un poco, acercándose hasta la pared del pasillo siendo repudiada por su presencia— Tú, lo has notado… ¿verdad?

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—¿Qué eres un idiota?

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—No, pero no te hagas la ciega. Sabes de lo qué habló.

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Y fue ahí cuando Zelda alzó una ceja algo confundida, la extraña expresión seria que tomó Link le incomodó. Y es que ahora el chico rubio había dejado su expresión de burla a un lado mientras se dedicaba a mirarle seriamente, algo mosqueada, la rubia se dignó a dirigirle una mirada muy similar. No entendía a qué quería llegar el rubio con esa pregunta extraña. A decir verdad, no había notado mucho en los últimos días cómo las cosas cambiaban –sin dejar de lado que su vida se estaba volviendo extrañamente jodida-.

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—No sé de qué me hablas LostWood. —comentó al fin ella, mirándole fijamente.

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—Yo tengo novia.

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—¿Y…? —ella rodó sus ojos, como queriendo decir: "¿Y eso qué? No me importa qué tengas, ya todo mundo lo sabe…"

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—Mira, te pongo las cosas fáciles: no me elijas, es todo. Yo sé que no quieres problemas, porque si me eliges no sólo me jodes mi vida sino la tuya también. Tienes que verlo del lado amable, sácame un peso de encima al no comprometerte conmigo.

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—¿Qué?

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—¡Habló del compromiso! —gritó ahora Link, exaltado y causando que ella diera un respingo. Estaba enojado, ella lo notó. Cuando ambos pares de ojos azules se encontraron, la chica advirtió cuán intenso era el color del mar en sus ojos cuando estaba furioso— ¿¡Pretendes que me quede toda la vida contigo! —dio un sonoro golpe a su lado en la pared, bajando sus defensas, ella dio otro respingo al no esperarse tan arranque de furia.

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Estaba asustada, debía admitirlo. Nunca en su vida había visto a un hombre así de enojado –excepto a su padre cuando su equipo de fútbol soccer favorito perdía, pero era otra cosa-, y ver ahora, al chico popular rubio y coqueto, que todo mundo idolatraba y enlistaba como amable y sexy, ahora ahí furioso le causó un ligero shock. "¿Qué hago?", no lo sabía, como dije, nunca había estado enfrente de un chico tan enojado y más aún si la causa del enojo era provocado por ella.

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Se mordió con ligereza el labio inferior de su labio. "Resiste Zelda, no te veas débil ante él." Sintió aquel extraño exótico olor de su perfume varonil cerca suyo, como aquel día en que se conocieron… "Cuando ambos me rodearon para intimidarme." ¡Por favor! Que se alejara, estaba poniéndose nerviosa en mal plan. Entonces, casi rendida, entrecerró un poco sus ojos para cerrar con firmeza sus puños. "Vete…"

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Tan nerviosa se encontraba que no notó la sonrisa ligera del rubio, aquella risa desgraciada que hacia ver su gran seguridad que obtenía al verla así de vulnerable. En los últimos dos días, aquella rata de biblioteca –como ambos hermanos le había apodado- intentaba mantenerse manejable y fuerte, como si nada de lo que hicieran y dijeran le afectara. Era tiempo de bajarla de su nube, humillarla y hacerla a lado… ¿Por qué? nadie quería estar comprometido.

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Gruñó tan sólo recordar eso… Compromiso. Dio otro golpe a la pared causando que ella abriera sus ojos asustada. Debía hacerlo, intimidarla, hacerle pasar alguna que otra vergüenza y que ella no lo eligiera. No querría pasar el resto de su vida con una chica así. Además de eso, tenía novia… ¿no? Él amaba a Malon y ella a él, una rata de biblioteca no vendría arruinarle su vida y su reputación que tanto le costo construir. Su ego, ahora más grande que la mismísima Universidad, tomó control de sus sentidos mientras se alejaba poco a poco del cuerpo de ella, como signo de repugnancia y enfado.

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—Yo no quiero casarme contigo. —sus palabras hicieron eco en la mente de la rubia— Dudó mucho que algún chico quiera hacerlo, mírate, no eres ni siquiera hermosa y tu actitud es de lo más pedante. Ni siquiera arreglada te verías bonita. —ella desvió su vista aún mordiendo su labio inferior, estaba indefensa y no podía defenderse.

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Aprovechando aquella oportunidad, él miró por los pasillos para que nadie los viera.

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—Mira rata de biblioteca, no vuelvas a provocarnos o intentes hacerlo. Este no es un juego limpio: o no me escoges o escoges a mi hermano. No pretendo estar atado a ti, no me gustas y nunca lo harás. No eres nadie para mí, que te quede claro. —gruñó un poco— Sólo déjame en paz y todo saldrá bien, si tenemos suerte, quizás el compromiso se rompa un día.

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Dio vuelta sobre sus talones dejándola ahí sola. El sonido de sus pisadas haciendo eco en el pasillo le hizo medio reaccionar. Parpadeó un par de veces mientras se deslizaba por la pared hasta quedar sentada en el suelo. Su corazón latía rápidamente, llena de confusión y temor. Trató de tranquilizarse escuchando que ya él chico estaba realmente lejos y había dado vuelta en una esquina para desparecer de ahí. Volvió a parpadear un poco mientras sus ojos ahora lagrimosos le traicionaban, no lloró, se contuvo con todo ese poco orgullo que apenas podía recoger de su dignidad aplastada. Apretó sus puños y se limpió con brusquedad sus ojos con rabia. Malditos, estúpidos e idiotas. Pagarían haberla humillado estos dos días, lo haría, no importaba cómo pero no dejaría que nuevamente le tratasen así. Debía ser fuerte, tenía que serlo…

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Se repuso y se levantó del suelo mirando por donde Link se había ido. No se dejaría de nuevo, no, no lo haría. Ella también haría todo lo posible para deshacer ese compromiso como fuera, no importaba cómo, tenía que hacerlo. Gruñó molesta mientas suspiraba y se iba por otro camino, para llegar al campo de entrenamiento.

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Continuará…

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Tiempo.

Ya sé que me tarde pero es que no tenía ganas y mucho menos inspiración para seguirle. Creo que la frase "Es que la Uni me tiene ocupada" no les hará cambiar opinión del por qué soy tan floja. Intentaré seguirle a mis demás proyectos, por ahora, lo siento mucho. Intenté retomar esto de escribir Fanfics, llevó tiempo de no hacerlo y de verdad se me complico un poco.

Ok, aclaremos unas cosas: ya sé, no tengo ni puta idea de qué materias se llevan en Leyes, Psicología o chingaduras así, pero metí Educación Física y otras que quizás ni vengan al caso. ¿Por qué? Simplemente necesitaba hacerlo, es todo, así tenía la idea xD Además es Hyrule puede que acá las materias sean dientes –Dios, que mal chiste-. Bueno les diré que Link es un hijo de puta y DarkLink no se queda atrás. Intentaré hacer esto más rápido y conozcan más sus personalidades, estoy harta del chico bueno siempre sea Link xD Por favor, nadie es tan bueno menos en esta edad.

En fin, espero que sea de su agrado y sigo repitiendo: discúlpenme. Me pondré las pilas, ¡en serio! Pasando a otras cosas, al fin pude jugar The Legend of Zelda: Twilight Princess el mes pasado, creo decir que no era tanto lo que esperaba pero es pasable, si señor. Bueno, nos vemos en otra actua de este Fic o alguno de otros tantos y miles que tengo

Como dice la abuela: "Un Review, Un Fanfic Feliz."