Disclaimer: La Rowling se hizo millonaria con estos personajes, yo me divierto escribiendo sobre ellos...

No está demás... Advertencia: Hay exceso de puntos, comas y palabras rimbombantes… si Ud. es alérgico a ese tipo de errores… se le solicita que deje la lectura hasta este punto… no descuide su salud.

¡Hola!

He vuelto con la pequeña Lunita Vendedora, acompañándola en su viaje hacia la venta del tan preciado libro...

Este capítulo es especialmente dedicado para una pequeña Ferucha… alias Mad Aristocrat… porque en un día nublado siempre aparece un rayo de sol.

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Besos desde Viña del Mar

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Un Pequeño Milagro...

"Soy un desastre, soy un desastre" se repetía mentalmente Luna Lovegood, sentada en la acera de una calle que hace poco había recorrido. No sabía si reír o llorar a gritos por su estupidez. Se había prometido que vendería un libro y lo había hecho, pero de la manera más idiota del mundo. Se había concentrado en la meta, haciendo una nueva revisión del material y la forma en que iba a presentarlo, escogiendo cada una de las palabras que diría... tal como un pequeño discurso de presentación. Esta vez iba a ser distinto y para ello contaba con los intentos anteriores como ensayos para la graaan meta del día: Un Libro vendido antes de las seis de la tarde.

Se arregló la ropa y partió en dirección a una casa, cercana a la de su último fracaso. Le recibió un hombre muy amable quien la hizo pasar y que escuchó pacientemente a Luna y el catálogo mágico, invitándola a pasar a su casa. No sólo contó con la presencia del dueño de casa, sino también de toda su familia, entre las que se encontraban dos pequeñas muy parecidas a Luna, quienes la miraban atentamente en todo momento. Estaba muy divertida hablando del catálogo y la variedad, junto a algunas sorpresas que se esperaban para la siguiente temporada de venta. La casa parecía una biblioteca de pared a pared, incluso sospecha que hasta el baño cuenta con su propio sector para libros. "Es más divertido que mirar la puerta" piensa de pronto, mientras se sonreía por pensar aquella barbaridad.

La charla no acabó luego de venderle a la familia una colección de cuentos infantiles, empastada en tonos verdes. Se sentía muy cómoda con esa familia que después terminó por darle un tour por toda esa maravillosa casa, la fantasía de un ratón de biblioteca. Por fin había realizado una venta y eso la ponía muy contenta, pero no presupuestó que luego de ese viaje todo se iría a pique. Su amable anfitrión era también un vendedor, pero de literatura sobre... ¡CRIATURAS MÁGICAS!

La pobre Luna no podía dejar de sentirse en el paraíso, porque cada uno de los libros era sencillamente espectacular, ya sea en contenido como en apariencia. Su padre, si hubiese estado en ese momento con ella, habría hipotecado hasta "El Quisquilloso" para comprar todo lo que ahí se ofrecía. No sólo contaba con volúmenes exclusivos y carísimos, que alguna vez había visto en los catálogos que constantemente le llegaban a su casa, a su vez contaba con una red de pedidos hacia otras editoriales de todo el mundo. La emoción era demasiado fuerte y la arrastró hacia la compra compulsiva, dando cuenta de los ahorros que llevaba consigo. Agradeció infinitamente el ser menor de edad para usar la tarjeta Masterwizard, porque ahí habría terminado endeudada de por vida.

"¡Maldiiita sea mi manía por andar con todo mi dinero!" se repetía mentalmente, media hora después de su debacle económica. Estaba sentada en la acera unas calles más allá, rodeada de bolsas de libros y con el semblante parecido a un condenado a recibir el beso del dementor. Al parecer una nubecita negra la acompañaba y se empecinaba en lloverle encima, acompañando el diluvio con unos cuantos truenos y relámpagos.

Recordó uno de sus viajes a un cine muggle en compañía de sus padres, donde vio una película de extrañas y adorables criaturas que hacían un desastre en la ciudad. Una era distinta a las demás por ser buena, convirtiéndose en el objeto de las burlas. Cuando se propone vencerlas, lo hace como todo un héroe. Provisto de una cinta roja en la cabeza y un arco, parece tan adorable ese pequeño que dan ganas de besarlo, pero con una determinación que es imposible dejar pasar por alto. Era tan frágil, siendo pisoteado por las malvadas criaturas que lo veían como un debilucho, pero a la vez tan fuerte, lo que le hacía demasiado sentido para su pequeña lucha.

Tenía que hacer algo para mejorar y esta vez debería resultar, porque se lo había prometido… haría que su padre y el Señor Clayton reconocieran sus capacidades. Bueno, mejor no... ella tenía que responderse a sí misma y no demostrar a los demás de que es capaz. Pequeña podrá ser, un poco distraída… pero nunca débil, aunque en estos momentos necesitaba una mano… algo, un pequeño milagro...

- No me digas que Michael te envió a este vecindario, justamente en tu primer día de trabajo – una voz junto a ella la hizo reaccionar y mirar hacia donde provenía – soy Élida, la antigua vendedora de "Viajes Literarios", ¿y tu nombre es? – preguntó suavemente, mientras se acariciaba la prominente barriga de ocho meses que la hacía moverse a duras penas.

- Luna Lovegood, ¿cómo adivinó que era mi primer día de trabajo? – la pequeña rubia la observaba detenidamente, no podía creer que había pedido una mano y se le había aparecido una persona completa – hoy a las ocho de la mañana llegué y no vendía, pero luego me preparé mejor… y fui a esa casa de allá… y me compraron un libro y luego… yo… y se aparece Usted cuando yo pedía un milagro… yo…- dijo entre sollozos, mientras se levantaba y echaba en su bolso mágico las bolsas con libros – no le diga nada al Señor Clayton, por favor.

- Michael siempre te pone aretes de perlas, todo para que aparentes seriedad. Es un buen hombre, pero no enmienda su estilo de "seriedad". Las ventas se hacen con ingenio, no por la apariencia – le sonreía mientras le ayudaba a limpiar su túnica del polvo que había quedado adherido producto de su descanso en la acera - Por lo que veo pasaste por la casa de Cyrus, ese a mi me hizo comprar la enciclopedia británica, lloré de rabia cuando me di cuenta de lo que había hecho, pero no puedo negar que es un excelente vendedor. Y no te preocupes, que no le dirá Michael. Vayamos a mi casa y te enseñaré unos pequeños trucos que aprendí, hasta Cyrus terminará a tus pies, lo prometo ¿quieres un té y galletas? O quizás algo más cotundente, creo ni siquiera has comido mi pequeña.

Suavemente Élida le arregló el cabello y la abrazó, caminando así por varias cuadras hasta llevarla a su pequeña casa en aquel vecindario, el que hasta hace poco había sido un lugar horrible. Se sentía a gusto, abrazando a esa mujer por la panza, recordando los paseos que hacía con su madre años atrás, al atardecer.

"¡Por Merlín! algo dice que mi suerte va a cambiar, tengo fe" pensó mientras afianzaba el abrazo y se preparaba para una tarde de entrenamiento en ventas.

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¿Adivinaron que película vio Lunita? Es una de las favoritas de mi infancia...

Abrazos y espero sus visitas por el cyberespacio...