-Dame eso!
-Que no!- se defendía el menor de los ataques del rubio.-Lo he cogido yo pues me lo dejas.
-No toques mis cosas- Tom trataba de quitarle su preciado discman del que salían las notas en tono festivo de alguno de los estúpidos cantantes favoritos de su hermano.
Él también quería oír música. Y era suyo. Si Bill rompía todo lo que le regalaban era su problema. Dio un tirón seco y el aparatito se fue al piso comiéndose en tantos trozos que parecía imposible que todas aquellas tuerquitas y remaches fuesen de un solo reproductor.
-¿ves lo que has hecho? Lo has roto
-La culpa es tuya por tirar- contestó chillando el menor.
-No. Bill. No. La culpa es tuya!- y recalco ese último TUYA clavándole el dedo en el pecho con fuerza- siempre tienes que estropear mis cosas, siempre tienes que salirte con la tuya, siempre tienes que ser egoísta-a medida que hablaba le hundía una y otra vez el dedo dolorosamente- estoy harto, harto de ti. Harto de tener un estúpido gemelo inmaduro- y por la cara de Bill supo que con aquellas palabras había roto algo dentro de él. Y le miró. Pequeño, callado y cabizbajo. Ningún discman del mundo merecía dejar así a su hermano.
Sin una palabra más le pasó la mano por el pelo y lo acercó para abrazarle. Pero el cuerpecito del moreno se reveló contra él, apartándole a empujones.
-Venga Bill, no te enfades conmigo- y el aire estaba como helado entre los dos, porque había demasiado, porque Tom necesitaba el abrazo y Bill se fue sin abrir la boca, dejándole solo.
Se agachó a recoger los regalos. Su 14 cumpleaños estaba cerca y podría pedir otro sin duda. No era una tragedia tan grande. Solo un reproductor roto.
Y venga. Todo el mundo a aquellas alturas sabía como era Bill.
No hacia aquellas cosas con mala intención. Solo que…bueno. La paciencia no era su fuerte. La culpa de todo aquello era suya y solo suya. Por malcriarle.
Se sentó a tomar un zumo mientras esperaba a que el menor se calmara y bajase. Él y su actitud de reina del drama.
Esperó y esperó ojeando un cómic hasta que una vocecita sonó a su espalda haciéndole sonreír con tristeza.
- ¿De verdad estas harto de mí?- y le hizo un gesto para que se acercara con él al sillón y lo atrajo aún mas tirando de sus muñecas en cuanto entró en su alcance hasta tenerlo sentado con el, avergonzado y confuso. Dispuesto a pedirle perdón por haberle roto su reproductor pero sin saber por donde comenzar. Porque Bill no sabía pedir perdón, ni permiso ni piedad.
-No estoy harto de ti, claro que no.- El mayor le acomodó la camiseta descolocada con cariño antes de rodearle la cintura con los brazos.
-Antes, en ese momento…lo dijiste en serio de veras- meditó el moreno, y el de rastas lo abrazó, oliéndolo, sintiendo su cuerpo pequeño, frágil y encorvado.
-Estaba enfadado, lo siento Bill…lo siento lo siento- y apretó sus labios contra el cabello teñido y rígido por los potingues- no es verdad que esté harto de ti. Te quiero, te necesito conmigo.
-He roto tu Discman- y había un tono de tregua y disculpas en su voz que Tom aceptó sin ni pensar.
-Se puede comprar otro…pero no me puedo comprar otro hermano- y le besó en la mejilla haciéndole reír. Y bajó tímidamente hasta el cuello del cantante apoyando ahí la boca a ver que pasaba, sintiendo su yugular latir como un estremecimiento. Y el menor se quedó quieto, como sudando frío un momento al sentir un beso frágil como una caricia, y los labios de Tom se separaron unos horribles milímetros, para volver con la misma timidez, la misma lentitud, a caer sobre la piel que le respondía ardiendo para dejar un beso mas fuerte, mas largo y mas húmedo que les provocó un cosquilleo en el estomago a ambos como el vuelco antes de la caída en una montaña rusa.
Y el menor ladeo la cabeza dándole permiso y potestad sobre su piel, y el rubio lo acomodó entre sus brazos para llegar mejor a él, y besó una y otra vez aquella pequeña y maravillosa parte de piel ofrecida por su hermano, acoplando su pecho contra la espalda del menor, sintiendo como él le acariciaba las manos que tenía fuertemente apretadas en su estomago para que no se escapara.
Y se quedó así, besando y mordiendo sobre la sangre que bombeaba cada vez mas deprisa, cada vez mas caliente, hasta perderse tras su oreja y vuelta a empezar, sintiéndole estremecerse, suspirar y sollozar durante tanto tiempo que les pareció un segundo. Los labios del mayor dolían, pero no iba a parar. Se quedaría allí…dispuesto a malcriarle un poco mas.
