II

Trataba de sostener la correa mientras el lazarillo lo arrastraba por las calles a las afueras de Londres. En general, se ponía particularmente energético cuando Arthur decía la palabra "paseo". Había un parque al que le gustaba ir y aunque su dueño no veía el encanto del lugar (en el sentido más literal de la palabra), seguía el camino como lo había aprendido para que su fiel compañero también pudiera tener momentos de ocio.

Alfred lo llevó a la misma banca de siempre y tomó asiento, pasando primero la mano por los la madera para no encontrarse con alguna sorpresa al tomar asiento.

No podía ver, era verdad, pero le gustaba ese lugar tanto como a Alfred. Desde ese preciso punto el sol no caía de forma tan intensa. El viento era fresco y traía con él los sonidos de los niños que reían no muy lejos y la gente que paseaba por ahí.

En algunas ocasiones, la compañía de Alfred no podía sustituir a la de alguien humano y su pequeño departamento se sentía un poco solitario, pero ese era uno de los pocos lugares donde podía sentir esa compañía sin las usuales reacciones desagradables y compasivas de la gente al descubrir que no podía ver.

Cerró los ojos por un momento y dio un suspiro. Disfrutó de un momento de paz hasta que Alfred comenzó a ladrar en un tono agresivo.

―¡Arthur! –No podía ser. –Soy yo, Antonio.

―Sí, reconocí tu voz.

Alfred gruñó y Arthur tiró un poco de su correa como regaño.

―¿Qué haces por aquí? ¿Estás perdido?

Se preguntó si había alguna ley escrita en algún lugar que dijera que si un ciego se encuentra en un lugar abierto definitivamente tenía que estar perdido.

―En realidad salí a pasear con Alfred, pero ya estuvimos fuera por mucho tiempo. Creo que ya es hora de volver a casa.

―Yo también iba de vuelta ¿Qué te parece que te acompañe?

Podía escuchar la piedad en su voz y le estaba dando asco.

―Si, como quieras.

Se puso de pie y sin esperarlo, le dio la orden a Alfred: "vamos a casa". Jadeó de una forma divertida, con su lengua colgando del lado y se puso en camino con su dueño. Había llevado el bastón blanco, pero con la ayuda de Alfred, el bastón no servía para nada más que para que la gente se diera cuenta de su discapacidad.

―¿No te pierdes?

Dio un salto al escuchar la melodiosa voz de Antonio. Había olvidado que traía compañía.

―Me asustaste. –Explicó. –En realidad no, paseo tanto por aquí que ya se el camino, y de todas formas Alfred también lo conoce.

Una aguda y pequeña risa se hizo escuchar.

―Lo siento, me imagino que debe de dar algo de miedo andar por ahí sin ver a la gente que se te acerca. –Arthur iba a responder pero Antonio pareció no notarlo y siguió hablando. –Una vez vi una película que se llamaba "los ojos de Julia", muy buena en realidad, pero te ponía los pelos de punta. Realmente te ponía en los zapatos de una chica que había tenido una operación en los ojos y por eso se los vendaban así que ya no podía ver a las personas que tenía alrededor, y luego le parece que tenía un acosador y… bueno ¿la has visto? Que no quiero contarte el final.

Arthur solo siguió caminando en silencio.

―¡OH DIOS, LO SIENTO! ¡POR SUPUESTO QUE NO LA HAS VISTO! ¡PERDÓNAME, LO SIENTO TANTO! ¡SOY UN BRUTO! ¡¿PORQUÉ NO PENSÉ EN ESO?!―

No pudo contenerse y se le escapó una risa. Hasta Alfred detuvo el paso para saber qué era lo que le pasaba a su dueño.

―¡Oye, no te rías! ¡Estoy tratando de disculparme!

―Lo siento, es que… ―Rio un poco más y con un poco más de fuerza. –La verdad es que eres muy torpe para tratar a gente con discapacidades.

―"Discapacidades" es una palabra un poco grosera.

―¿No te parece que debería ser yo quien decida eso?

Alfred detuvo el paso ante la señal de alto de los peatones, empujando a Arthur con el hocico al notar que las demás personas se encontraban paradas antes de él. La señal cambió a la figura de una persona caminando y el perro siguió a las demás personas hasta el otro lado de la calle, cuidado caminar en el paso cebra.

―"Discapacidad" quiere decir que no eres capaz de hacer algo.

―No soy capaz de ver.

―P―pero eres una persona bastante autónoma con todo y eso.

―¿Entonces porque te preocupa tanto que salga a caminar solo con mi perro? Sé un poco más coherente con tus opiniones.

El más moreno se mordió los labios.

―Ya llegamos. –Anunció queriendo cambiar de tema.

―Ya sé.

Subieron al elevador juntos, y no fue hasta el momento en el que Arthur pasó los dedos por los botones y los presionó que Antonio se dio cuenta que tenían unos puntos en relieve.

―Por cierto, aún tengo el… lo-que-sea en lo que llevaste la comida la otra vez. Ya está limpio, si quieres, te lo daré tan pronto entre a mi apartamento.

―No hay prisa, es de mi hermano.

―No deberías tomar cosas de tu hermano.

―Estoy haciéndole la comida, creo que tengo derecho de agarrar algunas de sus cosas.

―A propósito ¿qué era lo que preparaste? Estaba muy bueno. Incluso Alfred quería probarlo.

El perro pareció entender y se escondió detrás de su dueño.

―Se llama "paella valenciana". Me alegra que te gustara, quizás un día podría llevarte algo más.

―No me enojaría en lo absoluto.

Con una campanilla, el elevador se abrió. Y cada uno se dirigió a una puerta diferente.

―Lo lamento si te hice sentir incómodo hoy, no fue mi intención. Creo que tienes razón, no se tratar a la gente con… discapacidades.

Era más que obvio que aún no se sentía cómodo usando esa palabra.

―Puedes llamarlo "ceguera" si te hace sentir más cómodo. No tienes que actuar como si no quisieras que me enterara que no puedo ver, sé muy bien lo que tengo y no voy a ofenderme si lo dices en voz alta.

―No estoy acostumbrado…

―Entonces tendrás que acostumbrarte. Puedes traerme comida otro día y quizás podemos platicar o ver la película de la que me hablaste.

Antonio lo miró sin mucha gracia justo antes de que Arthur estallara en risas de nuevo.

―No te burles de mí.

―Lo siento, es que fue muy gracioso.


N/A: Lamento la demora. Tuve una muy agradable sorpresa al ver la respuesta de la gente a este fic, de verdad, pero como para mi no es el proyecto mas serio, estoy tratando de llevármelo con calma y ponerle un poco del humor negro que tanto me gusta. Espero que lo sigan disfrutando.