El aire era fresco y las nubes se esparcían grácilmente en el cielo y los árboles que se alzaban ante ellos eran tan imponentes y reales como el miedo la bestia de cabeza de una gigante águila, alas doradas y un fuerte cuerpo de león (ocho veces más grande de lo normal) que estaba dispuesta a arrancarles la cabeza de un sólo tajo a la primera oportunidad. Obviamente tendrían que huir ahora mismo.

—Quiero que sepas –jadeó Dipper brincando por encima de la cabeza de un gnomo –que tú tienes toda la culpa por lo que nos está pasando ahora mismo.

— ¿Con qué derecho tú me dices eso a mí, inútil? –el grifo dio un rápido zarpazo rasgando la espalda del chaleco de Dipper. Bill soltó un chillido y corrió más rápido.

— ¡Con todo el derecho del mundo! ¡Tienes la culpa, Bill! ¡¿A quién rayos se le ocurre molestar a las crías de un grifo, eh?! –Oh, Mabel lo mataría por haber roto el chaleco que ella misma le había conseguido trabajando como empleada en una horrorosa tienda de regalos.

— ¡Tú y tu insaciable curiosidad!

El ser mítico voló sobre sus cabezas con dos fuerte aleteadas y comenzó a atacarlos por las alturas. Los árboles les impedían alzar la vista y la caída de varias ramas sobres sus coronillas les dificultaba la tarea de evitar el pico de aquel ser. Entre tanto correr se vieron sin salida cuando fueron acorralados en las orillas de un acantilado con varios metros de caída libre.

Qué bonita vista, pensó Dipper distraído.

La voz de Bill se escuchaba tan lejana en esos segundos que tuvo que intervenir un fuerte chillido del ave para poder traerlo a la realidad.

— ¡PINO, DESPIERTA!

¿Eh? – El grifo aterrizo frente a ellos y crispó sus alas, amenazante —. Muy bien: estamos aquí acorralados por esta cosa que prácticamente es un gigante; acabas de molestar a sus vástagos por alguna muy rara razón y esta bestia nos está guiando a la orilla. Si no caemos nos mata, pero si nos mata… –la voz se le fue –, espero que tengas un buen plan ¡quiero escucharlo ya!

Dipper vio a Bill siendo consumido por un escalofrío inusual para mirarlo con determinación. Oh, esa mirada no.

Dipper trago grueso. Esto no era nada bueno.

—Tengo un plan –sujeto la mano de Dipper con fuerza y él sólo quería huir –. ¡Y es este!

Bill se lanzó al vacío que les proporcionaba el acantilado. Sintió que su estómago daba un giro de 360⁰ grados sobre su eje y el aire helado calarle hasta el interior de las orejas. Lo único que lo mantenía con la cabeza en la realidad era la mano áspera de Bill sostenerle en el aire.

¿Cuánto más tendría que caer?

Un sonido aturdidor resonando en sus orejas, el corazón al mil por hora y una mano muy vacía. La boca le sabía a metal, se había mordido el interior de una mejilla por la caída.

Dipper despertó rápido. Algo lo estaba medio ahorcando. Uh, estaba colgando de una rama localizada en medio del acantilado por la orilla de su camisa color rojo. Bill estaba en la copa de un árbol varios metros por debajo de él. El pobre estaba inconsciente y tenía la ropa tan desecha que ya le había falta una manga a su camisa color mostaza. Soltó una muy leve risilla al ver las ramas en el cabello de su mejor amigo.

¿Pero qué había estado haciendo el ángel para terminar en este tipo de situaciones riesgosas?

Dipper no lo sabía.

Tal vez la mala influencia de su mejor amigo.

¿Pero eso qué importaba ahora? Era curioso, era fácil de asombrar, era ingenuo, era despistado, era distraído. Era un ángel joven en el cuerpo de un joven adolescente humano. ¿Qué más esperaban?

Cuando Bill despertó estaba aturdido. La ira se vio dibujada en su rostro sucio. Había ira, desesperación, decepción, preocupación y… vergüenza. Buscó al castaño con la mirada encontrándolo colgado de una débil rama a gran altura.

—Oh, por…

Dipper sonrió y lo saludo con la mano.

—No pienso bajarte de allí, Pino.

—Claro que lo harás, Bill –frunció el ceño –. Lo harás porque es tu culpa que yo esté aquí atorado.

Bill rodo los ojos y un leve rubor color rosa paso por sus mejillas.

—Ugh, ¡bien! Lo haré. Cierra la boca, maldito saco de carne con piernas quejumbroso. Pero primero déjame salir de aquí –movió su torso un poco, con cuidado de la rama que lo tenía aprisionado, pero el peso era demasiado y la rama reventó. Bill trató de agarrarse de algo, lo que fuera, para evitar la fea caída sobre su trasero que recibió.

La gravedad, analizó Dipper.

— ¡AGH! –gritó con furia al aire.

Bill comenzó a caminar entre varios "maldito niño", "lo haré", "ya verás", "dice que es mi culpa", "hijo de puta", "maldita bolsa de carne" y "esto es estúpido". Siempre repitiendo y pateando cualquier cosa a su paso.

Dipper se quedó colgado por más de dos horas en aquella rama.

¿Bill lo había abandonado?

No podía ser cierto. Su vida humana había terminado ahí, colgado de una rama en medio del más bonito anochecer que sus ojos habían tenido el honor de ver.

Si bien era cierto que él consideraba cada amanecer, atardecer y anochecer como algo único, este tal vez era especial porque probablemente sería el último que miraría antes de morir a manos de cuervo que devorarían sus globos oculares cual vil coctel en estado de pudrición. Eso habría dicho Bill.

Bill estaba convirtiéndose en su núcleo.

La mayoría de cosas giraban alrededor de él y su extraña fascinación por los fenómenos de Gravity Falls. Él no lo consideraba como algo malo, pero no dejaba de sentir que algo no estaba claro. Había algo con respecto a Bill que siempre lo dejaba insatisfecho al intentar saciar sus dudas.

Tres horas que estaba colgado en aquella rama. ¿Por qué dios no había mandado ya algo que lo rescatase? Inconscientemente le había rezado ya más de ocho veces. ¿El Todo Poderoso lo habría escuchado? ¿Por qué no acudía a su llamado?

Cuatro horas. Ya estaba resignado a quedarse allí para siempre cuando Bill apareció un una enorme escalera de varios metros de altura (se veía tan alta como inestable). Gracias a dios.

—Te puedo asegurar a que creías que te iba a abandonar allí mismo, ¿no?

Un par de hoyuelos aparecieron traviesos en las mejillas de Bill. Pudo sentir como su pecho punzó y su corazón latió con más fuerza.

—Para nada. Me estaba comenzando a acostumbrar a la vista.

—Mentiroso –acomodo la escalera cerca de Dipper y comenzó a escalar con cuidado.

—No lo soy. Ya hace frío, apresúrate. Necesito volver con mi hermana.

—Mm, ¿Estrella Fugaz? Hace un rato la vi, estaba de camino a la casa de las chicas raras del pueblo, no la vi muy preocupada por tu paradero, como siempre. Son bastante raras, Estrella Fugaz y las otras.

—Abandonado por mi propia sangre –se lamentó con dramatizó.

Bill se carcajeó.

No podía culpar a Mabel por intentar encajar en el actual medio en el que habitaban, pero se estaba volviendo una persona distraída y carismática, a Bill le faltaban sólo unos peldaños más para poder alcanzarlo.

—Claro, Bill. Tómate tu tiempo, no es como si estuviese colgado aquí hace más de cuatro horas –dijo, con su mal sarcasmo recién adquirido.

— ¿Estas teniendo en cuenta de que no estás en posición de reclamar nada, verdad? Digo, podría dejarte allí para siempre y no volver.

Era broma –le dio una sonrisa ladina y Bill rodó la mirada, alcanzándolo al fin.

—Bien, sujétate de mi hombro en lo que desatoro tu ropa, muy bien –Bill le rodeó el torso con un brazo y lo sujeto fuerte. Escucho los latidos de su propio corazón en los oídos.

—No me tires –rogo.

—Eres un bebé, no te voy a tirar. No estoy loco –sintió que caía y se agarró fuerte de las solapas de la sudadera de su mejor amigo –. ¡No hagas eso, nos vas a matar! Ya te solté, ahora pisa por cuidado de dónde vas.

Dipper le hubiese querido decir que no tenía miedo a las alturas, que estaba acostumbrado a ellas, pero el ensordecedor sonido de su corazón lo había dejado aturdido.

Terminaron en la base viendo una película de manera clandestina con la luz que le robaban a Toby Decidido, a él aun le pesaba el hecho de robar, pero se había auto-convencido que de que no le hacía daño a nadie ver un buen maratón de películas paranormales en compañía de Cipher.

—Esta es malísima. Obviamente van a hacer todo lo que no deberían, ¿me entiendes? Si uno piensa "no entres allí" ellos lo harán. Esto es tan cliché.

Todo lo que salía de la boca de su amigo era valiosa información de las culturas terrenales, entonces asintió con seguridad ante lo dicho de su compañero.

—Ya veo –fue lo que dijo sin despegar la vista del televisor. El padre, en la película, estaba a punto de entrar a la habitación de su difunta hija. Pobre, había encontrado dentro a una descuartizada chica con la piel al revés y la cabeza girada 360⁰ grados fuera de lo normal.

Analizando el día, todo había estado muy loco.

Para él, los grifos no eran más que una creencia mitológica que nada tenía que ver con la creación de Dios.

Para él, los grifos no podían dar algo tan hermoso como el milagro de la vida.

Para él, su hermana era la primera prioridad en su cabeza. Como ángel, pero sobre todo como hermano.

Para él, era malo que Bill se pasara la mayoría de tiempo en su pensamiento y alrededor.

Pero ahora los grifos existían. Ahora los grifos podían dar preciosas crías de alas doradas. Ahora su hermana se había desplazado al segundo lugar de prioridad…

Ahora Bill Cipher no dejaba de estar en su pensamiento y alrededor. Era su núcleo porque su corazón lo ordenaba de manera anhelante.

Muy bien. Seré bastante sincera: no me gustó casi nada el capítulo. Lo sentí muy forzado, no sé ustedes.

Creo que comenzaré a tomarme mi tiempo para escribirlos, no digo que jamás actualizaré, pero sí me tomaré el tiempo para volverlo algo con mucha más calidad.

Muchísimas gracias los mensajes que me dejaron, realmente me animaron a seguir. También si tienen dudas o quieren aclaraciones sobre algo, o sugerencias (lo digo muy en serio), pueden mandarme un mensaje y con gusto lo responderé.

No saben cuánto me alegro de que haya alguien leyendo esto, de verdad.

Gracias por leer.

Con cariño, Wizardbot.