Hola a todos! Qué tal os va tratando el verano (a los de mi lado del ecuador, claro)? Esto de vivir de vacaciones me deja sin saber qué día es y está el calor que me despista.
En fin, como ya no sé ni qué os quería contar porque los exámenes me dejaron el cerebro frito y ya se van las ideas, solo agreceros los comentarios, favs, follows y compañía y que espero que os siga gustando la historia :)
Y para mi pequeña bohemia, cuyas musas se han escapado a la piscina más cercana y están teniendo una auténtica fiesta griega, solo tengo una cosa que decirte: menos zalamería y más escribir. No quiero que tus fans me salten encima por bajar tu productividad. Así que tú escribe... pero a tu ritmo porque si no me mensajeas me aburro xD
Espero que os guste ;)
CAPÍTULO 3
Los días comenzaron a pasar sin que me diera apenas cuenta. Aprendí a conocer a mi misteriosa invitada y sus extrañas costumbres. Como la de no abandonar su cuarto hasta pasado mediodía y, cuando le preguntaba por su pesado sueño, lo achacaba a la debilidad tras el accidente en carruaje. Aunque, y esto era lo que más me intrigaba, en el tiempo que pasábamos juntas nunca la encontraba fatigada o lo más mínimamente cansada, de hecho, tenía una energía que lograba envidiar.
Solíamos pasar las tardes juntas y pasear por los alrededores del castillo una vez puesto el sol. A mí me preocupaba que cogiera frío dado las gélidas temperaturas nocturnas, pero ella negaba cualquier intento de retenerla en casa.
Era en aquellos paseos cuando más me deleitaba en la contemplación de su hermosura, que tan solo parecía crecer en los días que pasábamos juntas. Aunque, debo confesar, Regina, comenzaba a enloquecerme. De pronto se mostraba seria y taciturna como fogosa.
Una noche en concreto, ella caminaba tomando mi brazo como su más valiosa posesión, pues esta era la postura en la que nos habíamos acostumbrado a pasear, con ella resguardada por parte de mi cuerpo.
- Dime una cosa, Emma.
- Lo que desees. – Le contesté sin el menor asomo de dudas. Era ya consciente de que aquella mujer comenzaba a apoderarse de mi mente.
- ¿Alguna vez te han besado?
Detuve al instante mi marcha sin comprender la razón de tal pregunta.
- ¿Por qué lo quieres saber?
- Mera curiosidad. – Contestó, aunque la intensidad de su mirada decía otra cosa.
Sin saber cómo habíamos llegado hasta aquel punto, me encontré con el sensual cuerpo de Regina peligrosamente cerca del mío. Su pecho se alzaba al ritmo de una marcada respiración que lograba elevar el sugerente escote que el corsé creaba en su figura.
- Sí, me han besado. – Juraría que percibí un brillo de celos en su mirada, aunque no lograba explicarlo.
- ¿Quién?
- ¿Acaso importa?- Dije yo que apenas lograba pensar en algo que no fuera su cuerpo junto al mío, así que no digamos ya rememorar una imagen de la infancia.
- A mí me importa. – Su voz sonaba tensa, pero en seguida pareció darse cuenta de este hecho y siguió hablando con dulzura. – Por favor, Emma, cuéntamelo.
Suspiré sabiéndome derrotada. No había nada que pudiera negarle a aquella mujer. La guié tomándola de la mano a un banco de piedra de mi jardín y me dispuse a hablarle de mis tristes experiencias románticas.
- Has debido notar ya – comencé- que mi casa no es exactamente un lugar concurrido por la gente. Apenas tuve amigos y la lista de pretendientes es todavía más reducida. No obstante, cuando rondaba los quince años, conocí a un muchacho. Había entrado en mi casa por una de las ventanas con el propósito de robar algo de valor. Era un mero ratero. Pero yo lo descubrí en su misión y me dispuse a gritar. Él se acercó a mí y me silenció con un beso. No puedo decir que me gustara, realmente no sentí nada distinto a lo que hubiera experimentado con cualquier otro beso de algún conocido, pero fue emocionante saber que era un ladrón el que lo hacía. Me dijo que se llamaba Neal y que su familia pasaba mucha hambre, aprovechó mi silencio debido al desconcierto y se marcó sin lograr su propósito.
- Pues yo creo que sí lo logró. – Dijo de pronto Regina. – Quería robar algo de valor y se hizo con tu primer beso.
- Arduamente puedo creer que un ligero roce de mis labios sea algo valioso, Regina.
- No te imaginas cuanto estaría yo dispuesta a dar por ese roce, como tú lo llamas, querida. Pero sigue contando, ¿qué pasó con el muchacho?
Sus palabras me dejaron confundida por un momento, aunque no tanto como el fuego que creí advertir en su mirada mientras lo hacía. Sin embargo, su expresión cambió tan súbitamente a la cotidiana que creí haberme imaginado el deseo que había creído leer en sus ojos.
- No volví a verlo. Aunque llegaron noticias de un joven que cuadraba con su descripción y que había sufrido un terrible accidente.
- ¿Ah, sí? ¿Qué tipo de accidente? – Me preguntó abstraída.
- Encontraron su cuerpo desangrado. Todos pensaron que había sido atacado por una bestia nocturna.
- ¿Acaso tú no lo crees así?- Me preguntó con interés.
- Lo creo sí. Aunque… hubo ciertos rumores. Personas en el pueblo que dijeron haberlo visto en compañía de una hermosa mujer antes de morir. Algunos…No puedo decirlo, me tomarás por loca.
- No lo haré, Emma. Dime, ¿qué rumores contaron?
- Bueno, se dijo que no había sido un animal el que lo había atacado, sino un alma condenada… un vampiro.
- ¿Vampiros? – Regina sonrió ante la mención. - ¿Crees en vampiros Emma?
- Yo creo en lo que puedo ver, tocar, sentir… Pero es cierto que hay más misterios en este mundo de los que la mente humana puede comprender.
- Buena respuesta, aunque me temo querida, que te estás yendo por las ramas. ¿Vas a decirme que desde aquel ladronzuelo, nadie te ha tocado?
- No, en realidad… - No comprendí mi creciente sonrojo, pero así era. – Hubo otro chico. Se llamaba Killian, era un marinero de dudosa moral que solía traer mercancía para mi padre. Nos habíamos visto muchas veces antes, pero nunca había expresado ningún sentimiento hacia mí, ni yo lo tenía por él. Solía traerle a mi padre ron de exportación, se encerraban en su estudio a beber y yo me encerraba en mi cuarto sin querer pensar en los extraños y rudos sonidos que se escapaban de aquella habitación. Sin embargo, una noche, mi padre no debió de ser una compañía lo suficientemente satisfactoria para él, pues subió a mi alcoba. Yo me hallaba ya preparada para dormir cuando abrió la puerta y se lanzó sobre mí. No pude esquivar el primer beso, su cuerpo inmovilizaba el mío y temí que pudiera… Por suerte, el alcohol vuelve a los hombres más estúpidos si cabe y pude escapar de su agarre y correr hasta encerrarme en el cuarto de mi Granny. No le conté a nadie lo que pasó, pero Killian no volvió a esta casa. Mi padre me comentó brevemente que había muerte en el mar días después, pero nunca supe qué pasó con certeza.
- Mi pobre Emma, se lo tenía completamente merecido. Mancillar tu perfecta piel debería estar considerado como el mayor de los delitos y, por tanto, merece el peor de los castigos.
- Unas palabras muy vehementes, Regina. Mas, no creo que sea como dices. Tu piel es infinitamente más bonita que la mía, más suave y nívea…- Me perdí en la contemplación de su escote como ella parecía haberse perdido en la de mi cuello y no comprendía qué me estaba pasando.- Pero aún queda otro.
- ¿Cómo que otro?- Me sorprendió su reacción de sorpresa, como si ella hubiera sabido de antemano que solo dos hombres me habían besado y desvelar aquel tercer nombre hubiera sido un sacrilegio.
- Pues un tercer hombre que mostró interés por mí. – Respondí decidiendo ignorar su pequeña muestra de enfado. – Solo que este no me besó, ni lo intentó siquiera. – Me hizo gracia contemplar cómo se relajaba. – Vino, es cierto, para hablar conmigo sobre los accidentes de los dos muchachos de los que te he hablado. Su nombre era Graham von Humbert, pero todos lo conocían como el Cazador. Al parecer, este infausto personaje se dedicaba a recorrer los más siniestros parajes del mundo para dar caza a espectros que solo habitaban en la imaginación de muchos.
- ¿Hablas de…?
- Vampiros. – Confirmé. – Y, es cierto que, al poco de llegar, comenzó a mirarme de manera poco puritana, dejando traslucir ciertos deseos carnales. Sin embargo, la cosa no llegó a más. A mí jamás me interesó y mi mejor amiga, Ruby, la nieta de Granny que había crecido conmigo casi como una hermana, se quedó prendada, aunque nunca supe si fue de él o de sus truculentas aventuras. Al final, partieron juntos y, aunque este hombre en particular, no logró robarme un beso, sí se llevó a mi mayor tesoro, la que fuera mi única amiga. – Me gustó sentir el tacto de Regina aferrando mi mano.
- Pero ahora me tienes a mí, querida.
- Ciertamente. Mas, no me distraigas. Es tu turno Regina, ¿cuántas veces te han besado?
Ella rió y me pareció el sonido más hermoso que conocía.
- Tantas veces que he perdido la cuenta, querida. – Sentí una inexplicable punzada de rabia. – Pero ninguna que merezca la pena relatar.
- ¿Debo pensar, pues, que has… que ya has conocido a muchos hombres?
- ¿Hombres? Tan solo a uno. Pero su enfermizo amor fue suficiente para demostrarme que no me siento inclinada hacia las pasiones masculinas.
- No te entiendo. – Admití y era cierto.
- Digamos que, desde entonces, disfruto de la compañía de hermosas damas, mi pequeña Emma.
- ¿Mujeres?- Sentí que estaba a punto de ahogarme. - ¿Pero cómo es eso posible? El amor debe ser entre un hombre y una mujer. Padre dice…
- Tu padre amó a una mujer y la cosa no salió demasiado bien, ¿cierto?
- Lo sé, pero… ¿es acaso posible que dos mujeres yazcan juntas?- Regina volvió a reír y me sentí morir de vergüenza.
- Por supuesto, querida. Y el placer que se siente no es comparable con el que puede proporcionar un hombre.
De pronto, la imagen de Regina desnuda, su cuerpo mezclado con otras figuras femeninas sin rostro, cruzó por mi mente despertando un intenso ardor que no había conocido hasta el momento.
- Tú dices que crees en aquello que puedes ver, tocar, sentir…- Regina se levantó de su asiento a mi lado. Sus arrugaron la tela de su falda lo suficiente como para permitirle sentarse a horcajadas sobre mí. – Bien, pues a mí me puedes ver. – Colocó mi mano sobre su pecho. – Me puedes tocar. – Sus labios se acercaron a los míos. – Y me puedes sentir.
Tuve la certeza de que iba a besarme y deseaba que llegara el momento en el que nuestros labios se encontraron.
Sin embargo, en aquel instante, una voz resonó a mis espaldas, obligándome a separarme de ella y levantarme. Un criado traía un mensaje de mi padre. Lo leí a pesar de saber de antemano qué diría, pues todas sus cartas eran iguales, pero necesitaba aquel lapso de tiempo para recuperarme de la excitación que había dominado mis sentidos.
- Mi padre se marcha a un viaje de negocios. – Dije al fin produciendo una gran sonrisa en el rostro de Regina.
- Eso significa que tendremos todo el castillo para nosotras solas.
Sep, Regina es peligrosa *carita pervertida*
Gracias por leer:)
