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—No puedo creer que al final hayamos robado un chocobo….
Roxas apoyó su cabeza en el casillero. Lunes, nueve cuarenta y cinco; día normal de clases, pero para él no iban a ser tan normales. El fin de semana no lo había sido, ¿por qué hoy iba a ser diferente? Después de los hechos del sábado, ya creía todo posible. Encima seguro hoy tendría que lidiar con Axel. ¿No podía simplemente ignorarlo? Claro que no, más después de haber terminado la llamada de teléfono. El día de hoy sería un día largo, diablos, no estaba seguro de que iba a poder aguantar la presión del día.
De hecho, no estaba seguro de nada. Algún tipo de Dios lo odiaba; o el mundo estaba contra suya. Y, lo peor del asunto, era que en cierta forma le agradaba la atención. Claro que no estaba en sus planes robar un chocobo, ni mucho menos ser corrido por un granjero con un tenedor gigante, esas cosas ya escapaban de su imaginación. Es decir, la intención de alquilarlo era clara en cuanto se presentaron, pero el hombre había explicado que algunos eran reservados, y los otros ya tenían otros dueños, sólo usaban la granja para que estuvieran más cómodos. En resumen, a Sora no se le había ocurrido mejor idea que perseguir uno y lo peor del asunto era que terminó tomando a un chocobo salvaje. Amarillo como su cabello y feroz como Sora. El porrazo de ese día, al momento de montar al animal, había sido sublime. Tanto que merecía estar en un video de comedia barata donde dos adolescentes se estrellaban contra un árbol prepotente.
Con su suerte, seguro ese árbol había nacido al momento momentos antes que el animal frenara de golpe y los mandara de bruces contra él. Ahora tenía un bonito chichón en la frente, cubierto por un vendaje blanco. A Sora se le había dañado la nariz, la hemorragia no se había detenido sino hasta dos horas después. Menos mal que Cloud había ido por ellos, sino hubiesen quedado ahí, tirados a la buena de algún samaritano que quisieras ofrecerles un médico de turno. De cualquier forma, y a pesar del dolor, el castaño se había echado a reír sacando una risa sonora que lo había terminado contagiando. La conclusión de todo esto era que no iba a seguirle el tren, nunca más.
Sonó la campana y Roxas se alegró de que el primer período ya hubiera finalizado. Sólo tenían clases hasta la una y cuarto. El cuerpo se sentía como si le hubieran dado una paliza, Sora iba a terminar matándolo si le seguía el ritmo.
Además de haber tenido un sueño húmedo el domingo, eso ciertamente lo había mantenido despierto gran parte del tiempo. No sabía nada de sexo-gay, pero seguro que su subconsciente había chupado gran información en algún momento de su vida, o de alguien. Ah, mejor no acordarse eso. De hecho, Roxas no quería ni siquiera intentarlo, pero las imágenes que en ese momento creyó reales seguían apareciendo como un álbum de figuritas. Alguien debería matarlo y librarlo de su sufrimiento, ya que a pesar de la magnitud de consecuencias del fin de semana, Sora seguía gustándole. Y sí su barra de sentimientos había pasado de: atracción a gustar, que desgracia. Ya hasta se estaba pareciendo masoquista.
— ¡Yo, mi buen Roxas! No puedo creer que hayas robado un chocobo. Es decir, de algunos se espera, otros no. Tú entrabas en la segunda calificación—. Axel. Oh, mierda, los rumores se expandían como si fuera gripe. Roxas suspiró y empezó a caminar hasta el salón de clases.
—Ni me lo recuerdes—dijo en un murmullo, pasando una mano por sus cabellos. Se sentía el centro de atención al pasar por los pasillos, muchos estudiantes se giraban a mirarlo y clavaban sus ojos en él como si fuera una cosa extraña, o superestrella para el caso—. Soy yo, o la gente me mira.
—Ay, ¿cómo no iban a mirarte? Mierda, hasta yo me impresioné cuando escuché que tú y Sora habían robado un animal salvaje. Es un crimen—. Axel sonrió con infantilismo y siguió: —Tú eras un chico bueno, y eso es de chicos malos, ¿lo memorizas?—. Palideció y tuvo que recordarse el sistema de respirar, porque su cerebro no se estaba oxigenando, sino más bien ahogando.
— ¿Cómo se enteraron?—. Axel se tensó visiblemente y no había que ser un genio para notar que él había expandido el rumor, aunque como si fuera poco… Axel tenía que haberlo escuchado de alguien, pero ¿de quién? Los únicos ahí eran Sora, él y Cloud. Y el contacto con Sora era nulo, pero con Cloud también. Es decir, era difícil imaginarse a su hermano haciendo sociales con alguien. Cuatro años enamorado de la misma mujer y ningún avance—. Axel.
— Esta bien, sí fui yo, la tentación fue grande. Tu hermano me dijo: "Esta persiguiendo a un chocobo" cuando atendió tu celular, así que pedí detalles y llegó hasta la parte dónde prácticamente murieron contra el árbol—. A este punto, Axel estaba conteniendo la risa, Roxas podía ver las lágrimas en el contorno de sus ojos. Se estaba irritando ante la situación—. Hey, sin ánimos de ofender, pero ¿pensaste en lo que dije antes?
Depende a que hacía referencia: si a la parte si se había revolcado con Sora, si había obtenido información sobre el sexo entre dos hombres, y ahora que lo pensaba era todo a lo que hacía referencia sus conversaciones con Axel. Es decir, no es que no hubiera pensado, pero de ahí a informarse había un largo trecho. Suspiró y negó con la cabeza antes de sentir que Axel lo tironeaba de una manga para que le siguiera la corriente. Roxas sostuvo una exclamación ante la velocidad de los pasos. Ningún buen presentimiento tenía, tal vez porque nada bueno salía de él concretamente. Algún día se arrepentiría de haberlo adoptado como un amigo.
No entendía nada, además que tenían clases en los próximos minutos. Aunque, pensándolo mejor, con todos los ojos centrados en él quizá era mejor si se salteaba las clases que restaban. Ahora que sabía el significado de ser una superestrella, delincuente de chocobos y demás, Roxas quería volver a su antigua vida. Un nadie conviviendo con gente que tiene vida social. Que frustrante. Debería saber que eso sería imposible mientras sus ojos estuvieran puestos en Sora.
Axel lo obligó a seguirlos los próximos minutos, sus pasos aceleraron escaleras arribas, atravesaron pasillos y para cuando le pareció la puerta blanca de la azotea, Roxas ya estaba mareado. Técnicamente había atravesado todo el colegio en menos de diez minutos. Axel parecía inquieto, emocionado y tenía esa sonrisa que daba escalofríos. A este punto de la vida y con la experiencia que tenía, ese sujeto tenía pensado, seguramente, hacerle pasar uno de los momentos más difíciles de su vida. Existencia. Razón de ser. Lo que sea; pero las próximas horas serían un suplicio.
El muchacho más alto se acomodó en las baldosas y tiró en el suelo la mochila que tenía. Parecía pesada, puesto que hizo un estrepitoso sonido al caer súbitamente en el suelo. Roxas tomó aire, lo miró con desconfianza mientras decidía si acercarse o no.
Ya podía ver una barrera enorme entre ellos, los espíritus del más allá alentando a su alma a correr azotea afuera. Pero, ni modo, Axel tenía una insistencia a prueba de todo. Él y sus canciones para enfermos le habían dado esa pauta. Así que decidió terminar con eso rápido. Se sentó frente a él y lo miró entre confundido, frustrado de tener que sentarse en el mismo espacio y molesto. Porque algo le decía que algo que no le iba a gustar iba a suceder. Fue entonces, cuando se acomodó, que Axel abrió la mochila. Roxas alzó una ceja, había cientos de revistas, libros y… ¿cajas? Una cosa que no guardaba relación con la otra.
Con curiosidad tomó una, mirándola y su rostro fue un poema de vulgaridades contenidas. Todas… esas cosas (Roxas no encontró otra forma de llamarlas) incentivaban al sexo. O porno llamándolo vulgarmente. Su rostro fue un volcán a punto de salir de sus cávales y la primer revista que tomó, apenas con las puntas de sus dedos, fue a parar en el rostro de Axel.
Había de todo: desde mujeres manoseándose entre ellas, hasta hombres haciendo cosas que en su vida habría imaginado. Dedos en cada agujero disponible, juguetes. Mierda, hasta orgías. Retrocedió espantado y miró a Axel con furia. Era la primera vez en sus diecisiete años de vida que se sentía humillado. Es decir: Axel estaba ahí sonriéndole perezosamente mientras se metía el dedo en la nariz como si se tratara de tomar un café a la mañana. Esto era humillante en tantos niveles; hasta Axel debería tener vergüenza de sí mismo. Mierda, ni quería imaginarse lo que hacía cuando estaba solo… con toda esta pila de porquería. Oh, mejor ni intentar imaginarlo, la sola imagen podría provocar pesadillas las próximas semanas.
Axel, el muy idiota, le hacía gestos con la mano motivándolo a tomar una de esas revistas entre sus manos.
—No seas tímido; hay que compartir llegado el momento—. Antes que pudiera decir algo más, Roxas le estroló una revista en pleno rostro, su amigo emitió un gemido de dolor y lo miró con una ceja alzada—. ¿Eso significa que no te gustó?
— ¡Claro que no! Es decir… ¿Qué… haces con todo esto encima?—dijo, horrorizado. Su imagen de Axel había cambiado en el término de diez minutos. Antes era un descarado, degenerado… ahora una tienda XXX. Vaya el progreso. Nervioso, se pasó una mano por los cabellos y empezó a dar vueltas en círculos—. Agradezco que te preocupes por mi vida sexual, pero, Axel, no estoy tan desesperado.
—No es el caso. ¿Qué se supone que harás cuando hagan el nidito de amor en Ciudad del paso? Mirar el techo y mientras tratas de mantener a tu pajarito despierto, porque creo que el de Sora cantará por seguro y eso, mi buen amigo, te convertiría en el pasivo de la relación—. ¿Desde cuándo Axel pensaba todo eso? Ni él mismo sabía que quería de Sora y él ya estaba hablando de un plan de vida. Este era el momento de matarlo y hacerlo parecer un suicidio.
—Ya me ocuparé cuando llegue el momento, ahora sólo quiero ir a clases y olvidar que vi, y escuché, todo esto—. Se masajeó las sienes, aún rojo al ver su pudor siendo abarcado por alguien qué ignoraba que existiera el espacio personal. Axel lo llamó antes de atravesar la puerta—. ¿Qué ahora?
— ¿No quieres llevarte Durmiendo con el enemigo, no es gay pero—
—Mierda, no.
La respuesta de Roxas fue un portazo sonoro para nunca más volver.
Estaba escandalizado para cuando llegó a planta baja, a su próxima clase, la imagen de todas esas revistas pasaban como una cinta por su cabeza. Porque, aunque la intención de no ver detalles había sido fuerte, algunas cosas habían resultado inevitables. Axel tenía razón en una cosa, Sora probablemente no tendría problemas, ni pudor alguno, en terminar en la cama con él. Su historial hablaba bien de la experiencia que tenía en esos menesteres mientras el de él era nulo. Detuvo sus pasos atropellados al darse cuenta de ello… nunca lo había visto de esta forma pero, siendo realistas, no había manera alguna que Sora y él fueran compatibles. Venían de mundos tan distintos, costumbres distintas, personalidades distintas. Si por casualidad esos dos mundos se juntaran probablemente colisionarían sin reparo alguno. No obstante este fin de semana había sido divertido. Dinámico. Roxas sonrió un poco antes de entrar al aula. Ese fin de semana había sido inolvidable; no había necesidad de besarse o revolcarse para poder interactuar el uno con el otro, aunque el accidente del chocobo les hubiera causado magullones. Bueno, en esa parte, parecía masoquista ya que pese a las quejas, las risas de la tarde aún resonaban con fuerza en su mente. La pregunta estaba en qué pensaba Sora de todo. De ellos. Quizá sus intenciones se basaban en amistad y otras cosas y él ya estaba proyectando para otro lado.
Probablemente se estaba haciendo ilusiones de alguna forma. Ojalá Axel hubiese sido partícipe de eso, porque ya tendría a alguien a quien culpar. No era momento de pensar en estas cosas, es decir, debería conseguirse una vida y dejar de acechar al castaño como si fuese un ave de rapiña. Al menos las horas que tenía clases, claro está. Sería todo mucho más fácil si Axel no hubiese olfateado sus sentimientos de entrada, como un perro que va a buscar su presa.
Ahora… si él no se metía en su vida privada porque Axel era tan insistente en cuanto a la suya. El karma quizá. Estúpido karma, si pudiera lo patearía; Roxas pasó toda la mañana dándole vueltas al karma, su sistema de arruinarle la vida y su meta de joderlo. Cada momento que pasaba el reloj pasaba sus manillas a la velocidad de una tortuga parapléjica. Le urgía salir del edificio a la velocidad de un rayo y evitar encontrarse con el castaño. No era que quisiera evitarlo, sino más bien que no sabía qué hablar con él… probablemente Sora tuviera cara de póker y seguiría como si nada. Pero para Roxas habían pasado muchas cosas y necesitaba espacio para digerirlas todas. Se pasó una mano por los cabellos y suspiró; se sentía inquieto como una criatura esa cosa llamada corazón queriéndose salir del pecho… si Sora no cruzaba caminos con él iba a evitarle un pre-infarto y la necesidad que vinieran del loquero para ponerle chaleco de fuerza.
Él no era así. Bien, era un adolescente con las hormonas alborotadas y sí tenía la libido a flor de piel, no tan insanamente como Axel, pero estaba latente y no era normal que quisiera gritar y pegarse al ventilador de techo como un gato, si la situación lo ameritaba y si realmente fuera tan desvergonzado. Roxas suspiró antes de hundirse totalmente en la silla. No estaba seguro de qué lo tenía tan asustado del castaño. ¿Sus reacciones? ¿Sus ideas? ¿Lo que realmente pensaba de él? En esta última una campana de victoria (o la del colegio) sonó. Así que mientras sus compañeros trataban de salir de a cuatro por una misma puerta, él se había quedado con los ojos como platos en completo estado de shock; no podía ser tan cobarde… ¿o sí? Sí, realmente podía, era el cromosoma Strife que vagaba por su cuerpo y se reía con crueldad de él. Casi podía oír la risa maliciosa del demonio satisfecho. Pero no iba a darse por vencido, no iba a esperar nueve años para confesarse como le pasó a Cloud. Estaba seguro de poder ganar la carrera contratiempo.
Los métodos a utilizar eran completamente ignorados por él. Aún no sabía que quería de Sora para empezar, y su relación no era muy cercana que digamos. Claro que ya tenían recuerdos, cómo el chocobo que —pobre bicho— había conseguido la venganza perfecta en cuanto vio el árbol. O el beso. Un poco irreal, y probablemente una memoria sólo para él ya que Sora no recordaba lo sucedido, pero eso había sido suficiente como para dejarse arrastrar a esto que estaba logrando que perdiera su temperamento.
Ojala el tiempo pudiera ganar la carrera, tenía que recordarse que —si las cosas salían bien— iba a convivir en un mismo departamento con el castaño. Su tan mencionado cromosoma parecía asustado y retraído en la mitad de su estómago. Roxas cerró los ojos e hizo un movimiento de cabeza, no iba a ser cobarde; en cuanto tuviera todo resuelto y bien pensado en cuanto a sus sentimientos iba a confesarse sin alcohol de por medio, sin Axel de por medio, sin su padre que apuntó con la escopeta a su amor platónico. No. Serían él y Sora en alguna parte del mundo aislada de todas esas personas extrañas. Porque vaya que su círculo las tenían y tendrían algo de paz. El problema de las confesiones era que viniendo de un hombre podrían sonar empalagosas y ridículas. Él nunca se había confesado a alguien con anterioridad, es decir sería su primera vez. Minutos más tarde Roxas se dio cuenta que estaba solo en el aula de clases y se sobresaltó al ver a sus amigos en la puerta de entrada esperándolo con los rostros desencajados.
Hayner negó con la cabeza, fingiendo fastidio.
—A buena hora, hombre, ya estaba pensando en llamar al loquero.
—Haz estado hablando de cromosomas y algo más, Roxas—. Olette se acercó mirándolo preocupada y poniendo una mano en su frente—. ¿Seguro que está todo bien?—. Genial, ahora iban a pensar que estaba loco en serio. Roxas sonrió un poco, la situación era cómica en cierta medida. Con todos alrededor de él mirándolo con una mezcla de sensaciones.
—Seguro, ¿por qué iba a estar mal?—dijo, fingiendo sanidad mental, cosa que estaba lejos de sentir—. ¿Hoy íbamos a hacer algo?—. Tomó su mochila y la acomodó en el hombro.
—Pues íbamos a ir al cine, esa película de los ochenta se veía interesante—. Mencionó entusiasmado mientras le hacía señas a Hayner; quién bufó de manera inestable arrastrándolo de la muñeca fuera del salón.
—Cualquier cosa menos seguir chocobos salvajes—. Oh, hasta ellos estaban enterados. ¿Qué peor podría ponerse este día? Quizá se habría ahorrado la pregunta ya que, al salir, en la esquina estaban Sora y sus amigos.
Esta era la parte dónde realmente Roxas quería omitir su cromosoma Strife hablarle en voz suave, pero transmitiéndole que se alejara de él. La verdad era que Roxas apenas era un adolescente que no estaba acostumbrado a lidiar con estos temas; y por el momento era imposible. Cada vez que le vería la cara se acordaría de su cuerpo desnudo y su imaginación volaba lejos. Lo acababa de comprobar, ya que pese a la distancia, Roxas podía recordarlo todo. ¡Él no había querido ver nada! Pero en la carrera por auxiliarlo los ojos habían cobrado vida propia. Estaba seguro de que si no detenía su tren pervertido de pensamientos iba a tener una hemorragia nasal importante.
¡Ah! Las revistas de Axel tendrían que tomar la responsabilidad de estarlo influenciando para otro lado. Roxas negó con la cabeza, sonrojado como una cereza, y le dio la espalda a Sora antes de doblar por otro pasillo y desaparecer de su vista. De hecho, si fuera un personaje de caricatura su carrera hasta el final del día habría sido pan comido. Pero no, ciertamente no era Superman, y dudaba serlo en un futuro lejano.
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— ¿Estás diciéndome que eres homosexual y que te gusta alguien del colegio?—. Riku sonrió; dándole una mordida a su emparedado antes de sentir como Sora le escupía la gaseosa en pleno rostro—. Eso fue muy delicado de tu parte—dijo, con una mueca antes de tomar una servilleta y limpiarse.
— ¡No dije eso, Riku! Mencioné el tal vez… y no termine—. El castaño se quejó ya sintiéndose incapaz de probar bocado. Kairi sólo se limitó a mirarlos con una enorme sonrisa en el rostro—. ¿Qué es tan gracioso, Kairi?—dijo, inflando sus mejillas. Aún no encontraba el por qué de su situación cómica. Su mente parecía una enorme ensalada lista para comer y se sentía vulnerable a cualquier acusación. ¡No era su culpa!
—Nada, salvo que mientras ustedes discuten aquí Roxas sale corriendo por la otra esquina—. Sora parpadeó antes de mirar cómo el muchacho se escondía entre sus amigos y lo ignoraba olímpicamente. Su bebida ya descartada en el bote de basura—. Pasó algo entre ustedes, ¿no?—. Sora no contestó a ello.
—Luego les hablo; no es lo que ustedes piensan por cierto—. Aclaró. Realmente no había pasado nada del otro mundo, sin embargo tenía la extraña sensación que Roxas estaba evadiéndolo completamente. Primero en clases, ahora esto. Su paciencia estaba tocando fondo. No había nada de qué esconderse después de todo.
—Ve por él, tigre—dijo Riku en tono de burla, Sora ya estaba alejado para defenderse así que sonrió y le sacó la lengua. Quizá sus amigos eran engendros extraños, pero desde que tenía consciencia los tenía cerca de él. Tanto que prácticamente eran una fórmula. Ni A salía sin B ni C sin A y B. Por eso mismo cortar el cordón umbilical nunca estaba de más.
Sora corrió tanto como sus piernas le daban hasta llegar a verlo a distancia; para aquel entonces ya estaba fuera del edificio. Lo que estaba sintiendo por dicho muchacho era una cosa incomprensible; no encontraba ni motivo, ni razón alguna para sentirse tan atraído. Para ser honesto apenas lo conocía de vista y recientemente se había visto ya conversando con él, robando un chocobo y mostrándose desnudo sin saberlo, frente a sus ojos. Este fin de semana que había pasado estaba revolucionando su mundo y todo lo que conocía.
Lo único que Sora sabía era de querer acostarse con él. Un toco y me voy bien dicho vulgarmente porque no lo conocía lo suficiente como para tener sentimientos, pero la tensión sexual estaba presente. Ahora esta era la parte dónde admitía para sí mismo que era un pervertido y no tenía a nadie a quién culpar. Es decir Riku era bastante reservado con sus relaciones y Kairi aún estaba en busca de su príncipe azul desde que tenía memoria. Estupideces de chicas. Pero no tenía influencia en ningún allegado como para decir: "Por tu culpa ahora juego de volante derecho e izquierdo", hasta había llegado a sospechar que Leon fuera gay. Su hermano nunca había traído una mujer a casa desde que lo había golpeado la adolescencia—probablemente cuando se instalara en Ciudad del Paso estaría en pareja y ya inclusive habría adoptado un chico. En pocas palabras Sora solamente podría imaginarse a Squall con un hombre. Esa imagen no había cambiado en todo este tiempo.
Y ahora que se acordaba de su existencia, también recordó que el domingo pasado lo había llamado por algunos departamentos en alquiler que había encontrado en la revista de allá. El castaño había saltado de la cama y casi telefoneaba a Roxas, de no ser porque se había acobardado a último momento y no lo había hecho. Pero bien era la excusa perfecta para acercarse un poco más a él. Cierto que pensaba en ellos como futuros amantes, y eso podría hacer difícil la convivencia. Sora no se consideraba invencible, sino más bien un hámster que podría atacar a su pareja en cualquier momento. Aunque eso implicara formalizar de alguna forma. Estaba casi seguro que no resistiría la tentación, teniendo en cuenta lo que había ocasionado en él no podía imaginar lo que generaría verlo desnudo sudando y otras cosas censuras que su imaginación le ocasionaba.
El castaño se ruborizó al pensar en ello mientras seguía mirando la espalda de Roxas.
Era ahora o nunca; se acercó a paso decidido, con una expresión abundante de confianza y alzó su mano para tocarle el hombro. Como un tigre. Como había dicho Riku. Sin embargo de tigre pasó a cachorro a la hora de retroceder unos trescientos metros de Roxas y esconderse tras un árbol. El segundo contacto era tan difícil. Y, como se malhumoró, se sintió ignorado vino todo el drama: con toda la madurez del mundo Sora tomó una piedra en su mano y la revoleó a la espalda de Roxas, atinándole y haciendo que el muchacho gimiera de dolor. Sora ciertamente no era invencible, sino más bien vulnerable a estas cosas. Falta de costumbre quizá. No obstante cuando el muchacho giró a ver a su agresor, el castaño sudó frío y empezó a sonreír como idiota.
—Haha, lo siento, es que te estaba llamando y no me oías—dijo, mintiendo, y asegurándose el no pasar por un golpeador. Espero unos minutos antes que Roxas murmurara algo con sus amigos y se acercara a él.
—No pasa nada—. Roxas carraspeó la garganta y clavó sus ojos en él. Qué situación incómoda y se alegraba ver a su contraparte en iguales condiciones que él; sino sería muy humillante—. Entonces, ¿querías algo?—. "SEXOO" gritó su subconsciente antes que Sora pateara al muy delator; escuchó la risa de Roxas ante el golpe que se había dado a sí mismo—. ¿Y eso?
—Un poco de terapia; a veces funciona—dijo estúpidamente antes de sonreír ya de tener la cara de piedra—. Quería avisarte que mi hermano encontró departamentos para ver en Ciudad del Paso. Podríamos ir a verlos—. Notó que el muchacho se rascaba la nuca de manera inquieta.
— ¿Cuándo?
— ¡Hoy mismo si quieres!—. Sora estaba impaciente con ese tema desde el domingo y esperaba que Roxas le dijera que sí. Era un viaje largo y tendrían que faltar mañana; quizá se podrían quedar en lo de Leon a la noche. Ya tenía todo organizado—. Hay una feria que quiero conocer; ¿qué dices, Rox?
Todo lo que Sora quería era tener un poco de intimidad con él; y que fuera ahora antes de no ser tan invencible como se sentía y volver a ser un cachorro. Es decir ya sabía que estaba abusando, habían estado en Ciudad del Paso hace apenas unos días y ya estaba preguntando para ir de nuevo; sin embargo no iba a ser pesimista. Por algún extraño motivo sentía todo lo contrario, Roxas parecía de alguna forma reaccionar a su presencia, aunque eso podría deberse a recordar lo que había pasado entre ellos; el también claro está… pero ese ya era un secreto. No pensaba decirlo a no ser que la situación lo ameritara. Y ahora no lo veía como tal.
—No creo que…—. Era una negación, hasta que el muchacho suspiró resignado y tras hacer un gesto, voltear a ver a sus amigos, Roxas asintió con una pequeña sonrisa en sus labios—. Si llegamos temprano quizá podríamos aprovechar el fin de semana—. Paren las rotativas, eso significaba un fin de semana solo, con Roxas, lejos de todo conocido posible. ¿Verdad? Sora se sonrojó al caer en la cuenta, y palideció al mismo tiempo.
Bien, eso había bastado para que sus pajaritos salieran de su cabeza y volaran lejos de su alcance. No había pensado en ello. Estaba más preocupado en imaginarse al casi-seguro novio de su hermano que se olvidó de los detalles. ¡Oh cielo santo! Esperaba que sus hormonas se calmaran ese fin de semana sino, sin duda alguna, saltaría sobre él. Sora revoleó los ojos y se rascó la nuca de manera inquieta; era tan idiota. Aunque era una oportunidad única de tener intimidad. De la sorpresa pasó al alivio en el término de segundos y cuando la realización de ese hecho lo golpeó. Así que, sonriendo de oreja a oreja como un anuncio de un dentífrico, el castaño asintió con la cabeza sin dejar de imaginar cosas.
Esto era emocionante en cierta forma y escalofriante en otra. Por un lado iba a monopolizar al muchacho por dos días, por el otro esto lo hacía un cien por ciento gay a los ojos de los demás y suyos. Bueno, si ser homosexual conllevaba tener un "agitado" fin de semana no tenía quejas al respecto.
— ¡Claro! No creo que Leon oponga resistencia de tenerme dos días por su casa—dijo, sin mucha convicción, es decir si su hermano iba a estar en la casa todo el tiempo las cosas se iban a complicar. Roxas asintió mirando para los costados y mostrándose inquieto.
—Será hasta el viernes entonces—. Tras decir eso, se fue junto a sus amigos. Sora se quedó en el lugar con la cabeza trabajándole a mil por minuto. Esto es lo que muchos llaman un paso importante; el primer paso que daban, o al menos de su parte… para él era muy difícil saber qué pasaba por la cabeza de Roxas.
Sabía poco y nada de él. A excepción que le gustaba leer y era una rata de biblioteca nada más, detalles como la música que le gustaba, el budín que le gustaba, qué hacía con sus amigos eran desconocidos. Como un archivo en blanco y eso por algún extraño motivo lo desmotivó. Probablemente Roxas tampoco sabría algo de él; a pesar que su fama en el colegio era ya sabida por cada alumno regular y vecinos. A estas alturas que él supiera la cantidad de mujeres que habían pasado por su cama no debería asustarle. Cabía esa posibilidad y otras, pero aún así… no era algo que quería que se enterara. Normalmente él era reservado en ese aspecto, pero las mismas chicas se encargaban de esparcir el rumor con la velocidad del viento. Como si fuera un trofeo o algo así; Sora ni se preocupaba por conquistarlas, ellas se pegaban a él y las cosas se terminaban dando solas. Según Riku era debido a su carisma, y la forma de dirigirse a ellas lo que las atrapaba.
Y él nunca se había enamorado de ninguna, tal vez con Roxas sería todo distinto y podría cambiar esa fama de playboy que tenía. Ni siquiera él sabía con exactitud qué era lo que le atraía de él.
Roxas era atractivo, no todo el mundo llegaba con el cabello así de rubio a su edad. ¿Quizá usaba tintura? Pero más allá de tintura o no, ese rubio le quedaba bien. Era una persona tranquila, no gritaba y… hasta ahí llegaban sus conocimientos. Sora suspiró en el camino a casa al darse cuenta lo poco que sabía del muchacho. Bueno, esto en parte le ayudaría a tenerlo más cerca, conocerlo más a fondo. Ahora todo lo que necesitaba era encerrarse en su pieza con la música estéreo a todo volumen y pensar claramente sobre su situación. La música hacía tanto ruido que lo obligaba a no perderse en otras cosas. Entonces, una vez en su casa, Sora miró el calendario: quedaban cuatro días para tener definido lo que quería hacer. Hablar con alguien no ayudaría en nada, Riku probablemente se reiría tanto que se le caería el rostro de la vergüenza y Kairi… bueno, ella era mujer.
Necesitaba un amigo gay que lo guiara bien, pero no tenía ninguno, a excepción de su hermano—el castaño estaba convencido que Leon lo era, aunque no lo haya confirmado verbalmente. ¿Debería llamarlo? No, sólo le daría un sermón sobre hombres con otros hombres y sobre el sexo con preservativo era sexo a salvo. Y eso no era broma, cuando Sora entró en los dulces quince años Leon le había dado "la charla" y no era algo que quisiera repetir, o recordar.
Le recorrió un escalofrío por el cuerpo mientras encendía el equipo de música y se tiraba sobre el sillón de la sala. Sora empezó a amodorrarse y cerrar sus ojos. Tantas cosas en su cabeza que sentía que le iba a reventar en cualquier momento. Tenía el deseo de estar con Roxas, pero algo lo detenía. Se sentía como una mujer al pensar en la seguridad del otro y la suya, pero tampoco podía evitarlo. Estaba ansioso, tanto que ni el mismo se soportaba. Irritado, con el ceño fruncido, terminó levantándose del sillón para ir al patio. Mierda, dudaba poder dormir en toda la noche, lo único que lo relajaba en cierta medida era la música a todo volumen. Si Roxas supiera la cantidad de cosas que le estaba provocando… quizá estaría de acuerdo en intentar algo.
Para algunos los días de la semana pasaban tan lenta que era casi un suplicio; para personas como Sora que esperaban algo, como una criatura, los días se habían pasado volando. Había tenido tantos sueños esa semana que el hecho que no se le hubiera tirado encima al culpable de ellos había sido un milagro. Se sentía semi-desesperado y su pierna seguía logrando que tambaleara el escritorio donde estaban sus cosas, no realmente escuchando a la profesora que estaba frente suyo. Agradecía estar en uno de los últimos bancos, sino habría sido casi imposible lograr que no le llamaran la atención; y mientras maldecía el reloj por ir tan lento ya estaba terminando el día.
Por amor a los perros, ¿¡alguien podría hacer que la escuela terminara! La mochila para el fin de semana estaba colgada en la silla, no era muy grande, pero llevaba todo lo que Leon le había dicho: ropa limpia, cepillo de dientes—Leon realmente estaba en todo, y dinero. No sería una sorpresa después de todo que terminaran en un cuarto de hotel si su hermano jugaba a ser ama de casa y cuidar a su hermano menor de que no hiciera—tuviera relaciones. Y Sora iba a odiarlo por el resto de su vida.
Para cuando la campana sonó, salió como una saeta a buscar a Roxas. Tenía los tickets para el tren, realmente que Cloud los llevara sería perder la oportunidad mantener una conversación con el muchacho. Por lo que Sora podía recordar no habían tenido una en toda la semana. Él porque no estaba seguro de qué hablar y Roxas… bueno, eso no lo sabía, pero probablemente sería por el mismo problema que tenía él. En estos días Sora se dio cuenta de cuánto lo miraba Roxas cuando él supuestamente miraba para otro lado, en el almuerzo, o en las mismas clases y se dio cuenta de que no le era indiferente como había pensado en un principio. No. Para nada. Ahora tenía la duda de cuánto hacía que lo miraba de esa forma; pero bien no iba a hurgar tanto como para eso. Este fin de semana estaba seguro de que cambiaría la relación de ambos, aunque no estaba seguro de querer luego de él.
El castaño pegó el grito en el cielo, del susto, al notar a Roxas con la espalda recargada en la pared de la puerta de su salón de clases.
— ¡No sabía que terminaras las clases antes!—dijo, emocionado, a decir verdad pensaba que él era el primero en salir de la clases y tendría que esperarlo a Roxas—. ¿Ya tienes todo?—. Preguntó en un parpadeó, Roxas llevaba consigo una mochila mediana, él había tenido que buscar una gigante.
—Aa; no sabía exactamente que llevar—dijo Roxas, con algo de vergüenza—. ¿Tu hermano está de acuerdo en que vaya?—. Sora sonrió con ternura, eso le parecía increíblemente… inhibido para ser hombre.
—Yo que tú no le prestaría atención a lo que diga a mi hermano—. Y mientras caminaban, el castaño empezó a comentar algo muy por encima de Leon—. Es en serio, muy hermano es muy serio y aburrido para ciertas cosas. Así que pensemos sólo en que vamos a hacer los tres días—. Sora pasó un brazo por los hombros del muchacho y acercó su rostro sonriente, era un gesto amistoso, pero el menor contacto ambos saltaban como gatos—. Erh, por cierto, no te pregunté que ibas a hacer en Ciudad del Paso, Roxas.
—Pensaba estudiar en la misma Universidad, ahora no sé bien qué, así que me haré un psicotécnico—. Roxas comentó pensativo mientras cruzaban la calle, la estación no estaba lejos de la secundaria afortunadamente, así que dos cuadras más y estarían. El castaño cruzó sus brazos y lo miró de reojo.
—Qué pálida; si me preguntas te veo siendo escritor—. Sora lanzó una carcajada ante la expresión del otro—. ¿Por qué no? Es decir, con todos esos libros que llevas leídos no me extrañaría—. Roxas se ruborizó y él le siguió; sin darse cuenta admitía haberlo estado observando un tiempo; de otro modo no lo sabría—. De todas formas siempre está el psicotécnico, Rox.
—… Aa—. Esta fue la parte donde toda conversación ya se había tornado tímida y el silencio reinó entre los dos.
Un silencio cómodo por encima de todo, para cuando el tren estacionó frente a ellos, Sora pensaba en tantas cosas. Ya eran las seis de la tarde y el hombre rompía los tickets para que pudieran pasar. No había mucha gente, pero el castaño guió a Roxas a un lugar apartado y tomó asiento del lado de la ventana, el muchacho a su lado se acomodó con un suspiro.
Este iba a ser el viaje más largo de su vida, sin ruido, como si estuviera practicando yoga con música de fondo. Muy bien, quería hablar… saber más del otro, atosigarlo en preguntas, pero simplemente no podía. Sora se hundió en el asiento y lo miró de reojo, Roxas mantenía sus ojos fijos en un libro de bolsillo y él miraba sus carnosos labios, quietos y a veces se movían para respirar sonoramente. Estaba tan abstraído que no pensó en lo que dijo luego:
—Cielos, quiero besarte ahora mismo—dijo en un susurro, susurro que llegó a su compañero de banca. Sora parpadeó mientras su rostro se transformaba en un arcoíris—. Ahm… ¿dije eso en voz alta?—. Lo único que se escuchó fue el tren comenzar a andar en todas sus ruedas, haciendo que él ahogara una exclamación: — ¿Ah…?—. Para cuando ya se había estabilizado la boca de Roxas estaba sobre la suya en un brusco movimiento. El muchacho clavó sus ojos en los suyos, tan profundamente que no le dio tiempo a pensar.
—Yo también—. Dicho esto, Sora encontró su rostro siendo atrapado por las manos del muchacho y sus labios volvían a colisionar con los otros.
Gay o no gay; ese beso se estaba sintiendo a las mil maravillas. Y saber que no sólo él pensaba en estas cosas, aún mejor.
Disclaimer: Ningún personaje de KH me pertenece, son propiedad de Nomura sensei y Square Enix.
A/N: ¿Cómo están todos?
Espero que este capítulo les haya gustado, muchas gracias a quienes comentan y siguen la historia capítulo tras capítulo En serio, muchas gracias! Quedan dos y termino el fanfic, apróxidamente serían dos semanas, o menos para cada uno. La verdad es que ahora estoy muy enganchada con el KH Birth by Sleep y Dissidia xD Así que mi vida por la internet parece ser tan limitada en la semana xD
¿Review?
¡Besotes!
