Por fin Luna e Isabella se habían establecido en la nueva ciudad, aunque Luna seguía en busca de departamentos pequeños y baratos, sólo para ella a los alrededores de Ouran, lo cual le ocasionaba muchos conflictos; porque su prima Maya no quería dejarla ir a vivir sola, pero a Luna le chocaba hacer mal tercio… después de todo el ver a su prima y a su esposo, le hacían recordar cosas que no quería.

Las dos nuevas amigas iban caminando juntas en busca del primer salón de clases, iban muy emocionadas por el reencuentro que acababan de tener; al pasar por uno de los grandes y lujosos pasillos de aquel lugar en un jardín se encontraba un apuesto grupo, lleno de chicos muy guapos, era inevitable no voltearlos a ver, cada uno tenía su estilo; y dentro de ellos se encontraban los famosos gemelos que tanto revuelo habían hecho dentro de su curso de inducción; además de que todos ellos, se encontraban rodeados de un montón de chicas con quienes conversaban y tomaban el té de la mañana.

- Mira, también tomaremos literatura antigua juntas – dijo tranquilamente y con un dejo de emoción Isabella sin darse cuenta de que Luna se había quedado parada a observar aquel bello paisaje lleno de un montón de apuestos chicos.

- No te parecen un poco extravagantes..? – preguntó Luna a Isabella, mientras seguía absorta en aquella vista

- Oh, Luna… yo… - contestó Isabella al darse cuenta de lo que veía, sonrojándose levemente; a lo que Luna al darse cuenta le preguntó sin ocultar ni tantito la emoción y la intromisión - ¿apoco ya te gusta alguien? – le brillaban los ojos de emoción a Luna…

- No, bueno yo… esq… - volteando a ver a Luna y nerviosa Isabella le comentó – lo que pasa es que uno de los gemelos me ayudó hace rato y pues… sí son así de guapos tan de frente… - pero no pudo terminar la frase al ver que los gemelos se acercaban, iban caminando en dirección a ellas.

Ver aquel par de personas, eran igual, al menos en el exterior es lo que nos decía, a lo que Luna pensó *ahora entiendo a Isabella*, lo vio lentamente acercarse, ahora sí iban en dirección a ellas, las no pudieron evitar sentir ese ligero calambre en su estómago y que recorría todo su cuerpo, la fresca brisa de septiembre tocó el rostro de las chicas y agitó el castaño cabello de aquel par de hermanos, lo cual les dio un aire de grandeza y lindura, que los volvía irremediablemente sexys.

- Nee… Hikaru, parece que alguien impide nuestro paso – habló uno de los chicos…

- hee, tienen caras de asustadas – los dos sonrieron, y se miraron traviesamente mientras rodeaban a las chicas, hablándoles muy cerca al oído y a su cara…

- ¿están perdidas..? – hablaron por lo bajo y al unísono, las chicas temblaron y pegaron un brinco apartándose de ellos tratando de no parecer nerviosas y sonrojadas…

- no… bueno, yo… es que… las dos – Isabella inevitablemente se trabó de nerviosismo, y no pudo evitar que uno de los gemelos le quitara el horario que traía en la mano…

- Oye devuélvenos ese horario… - habló la chica de cabello ligeramente rizado, tratando de parecer firme en lo que decía.

- No te preocupes Luna, tengo una copia por aquí… - contestó amable y temerosamente Isabella mientras abría torpemente su bolsa.

Los gemelos, al ver la reacción de las bellas jóvenes, se miraron mutuamente, sacaron la lengua y se echaron a reír, lo cual dejó muy extrañadas a las chicas mientras tomaban de regreso el horario; los chicos finalmente se presentaron… tenían en ellos un ligero aroma a rosas, que tanto le encantaba a Luna, lo cual la hipnotizó y los siguió; pues al parecer se dirigían al mismo salón que Isabella y que ella, se dirigían exactamente a una de esas clases que todos los nuevos estudiantes de la universidad en Ouran deberían de tomar, no importaba su carrera. Mientras caminaba inmersa en sus pensamientos y en aquel aroma, escuchó que se llamaban Hikaru y Kaoru Hitachiin; que eran de una familia muy importante y que su madre era una diseñadora famosa o algo así, al fin de cuentas no se esforzó tanto por escuchar porque Luna iba inmersa dentro de aquel aroma a rosas que emanaba de ellos con cada rose del viento en sus cabellos.

- Fue un placer conocerlas señoritas, nos veremos después por ahí, Luna, Isabella… - se despidieron besando la mano de las jóvenes - …iremos a los asientos de por allá…

- Hasta luego – se despidió amablemente Isabella, ya mucho más tranquila, e intrigada por la cara de Luna – Luna… - le dio un codazo para que reaccionara.

- Bye… - dijo Luna al reaccionar al codazo de Isabella – pero un momento, Isa… ¿cómo es que?... ¿ellos?, ¿yo?... ¿en qué momento les dije mi nombre?...

Isabella sonrió y rió levemente pues el profesor acababa de empezar la clase… - de seguro ni te has dado cuenta de que ya está empezando la clase – y volvió a sonreír – has contado casi toda tu vida, o casi toda y ni te diste cuenta… estabas sumida en la mirada de Kaoru a decirte la verdad…

- …que pena… - terminó agachando la mirada y sonrojada – de seguro es que yo… perdón Isabella… fui débil – terminando la oración en un modo dramático exagerado y sobreactuado.

Isabella no pudo evitar no reírse, tanto que hasta el profesor las tuvo que callar, lo cual las hizo brincar y atender por fin a la clase que comenzaba. Así pasaron el primer día, perdiéndose entre pasillos y encontrándose en salón diferentes, en uno de sus recorridos buscando un salón y sin saber cómo llegaron a la primaria; dónde muertas de la vergüenza regresaron con muchas indicaciones y dieron con su siguiente salón; a decir verdad, se emocionaban cada que los gemelos aparecían en algunas de sus clases, aunque sea sólo para molestar.

Al finalizar el día, ahora sí las chicas se pasaron sus números telefónicos y dónde vivía, descubrieron que tomaban el mismo camión a las 5pm lo cual las hizo realmente feliz, aunque se bajaban es estaciones distintas. Y así se fueron cada quién para su casa, y esa noche Luna salió a cenar con Maya y Mamoru celebrando su primer día de clases e Isabella salió a comprar lo de la cena con su amigo Aaron.