Obscuro
Narcisa Black caminaba de un lado para el otro. Estaba en la entrada de San Mungo y todavía no entendía qué hacía allí. Maldecía una y mil veces el que su hijo hiciera con ella lo que le daba la real gana. Vamos, ¡ni siquiera su inmaculado vestido color botella con aquella túnica de terciopelo negro y su perfecto peinado eran dignos de pisar ese hospital de segunda! Respiró profundo y miró la carta que tenía en sus manos, admirándose, como siempre, de la fina caligrafía de su 'pequeño'.
"Madre, es de vida o muerte, necesito que lo hagas, por favor" le había pedido, antes de irse de la Mansión, y hasta ese día no sabía nada de él.
La curiosidad le picaba y se sentía realmente mal al respecto. Siempre le habían enseñado que jamás debe inmiscuirse uno en las cosas de los demás, pero es que Draco no era "los demás", era su retoño y el que quisiera mezclarse con gente de santa calaña le hacía perder el aire.
Suspiró de nuevo y, conteniendo las ganas de rasgar el sobre, entró en el lugar. Lo peor que podría pasarle era tener que atender ella misma a la sangre sucia… y para eso tendrían que matarla.
& o &
Espero que sea realmente urgente lo que me tienes que decir, Theodore – dijo Pansy Parkinson, con una taza de café en las manos y unos lentes que le cubrían la cara por completo – dentro de dos horas me voy a Italia, y lo que menos necesito es estar perdiendo el tiempo.
No necesitas ser tan directa, Pansy. Por lo menos finge que te interesa saber si estoy bien – reprochó él, tomando asiento – quiero saber si todavía me siguen buscando, y creo que eres la persona adecuada para darme esa información – le confesó, con algo de temblor en las palabras y el rostro ligeramente pálido.
No lo sé – le respondió sin estupor y mirándolo fijamente - desde que desapareciste del mapa te dieron por muerto, así que yo que tu no andaría con un cartel procurando que todo el mundo me viera. ¿Quieres comer? Yo invito – era un día particularmente soleado, y ese tipo de clima siempre lograba ponerla de buen humor de un buen tiempo para acá. La pequeña sonrisa que se esbozó en su rostro confundió al Slytherin, quien, a pesar de tener hambre, insistió.
Vamos Pansy, no cambies de tema. ¿Todavía tienes contacto con ellos? – quiso saber, mirando de vez en cuando alrededor. Maldita manía.
No me jodas, Theo. Hace años que me salí de ese jodido círculo vicioso, ¿de verdad crees que seguiría con ellos luego de haber despachado a mis padres como si se tratase de un par de tostadas? – quiso saber, furiosa – no me contestes – se adelantó, al ver que el hombre hacía ademán de responder – No, no estoy con ellos y, sinceramente, por mí se pueden ir a la mierda. Literalmente me convertí en una traidora, pues soy aurora y gozo mandándolos a todos a Azkaban, por malditos. Si dependiese de mí, todos pararían en el infierno, pero lo tengo prohibido. Así que si un día decides volver a los rieles, no quiero que te agarre por sorpresa el que yo misma te meta en ese hueco del infierno – aseguró, terminando la taza de café. Llamó al mesonero y le pidió desayuno, tanto para ella como para él – No quiero que sientas que no me interesas, Theo. Eres mi amigo, o lo fuiste en su momento, y, como comprenderás, si vuelvo de repente a la escena contigo, todos te relacionarán conmigo y lo menos que necesito es a Potter oliéndome el trasero, porque a decir verdad, sus ínfulas de jefe en el cuartel de aurores me tiene enferma, aunque no dependa personalmente de él – comentó, recibiendo las tostadas – espero que te guste, cada vez que vengo acá las pido con mermelada – le dijo un poco divertida.
Los cambios de ánimo de Pansy tenían a Theodore consternado, así que optó por aceptar el plato de comida.
No tengo planeado volver a asesinar muggles, sangre sucia o squibs, Pansy. Si tan buena eres en lo que haces, deberías saber que…
Sí, sé que estuviste con Granger un buen tiempo haciendo tonterías en otro continente. Te confieso que no sé donde estabas con exactitud, pero no es que me haya esmerado buscándote, ahorita mi fin es otro – aseguró, devorando el alimento.
Te refieres a Draco, ¿cierto? – quiso saber él, aprovechando el que el ambiente parecía menos caldeado y ella un poco menos reticente a hablar.
Sí. Aún no entiendo cómo se le ocurrió despachar a Lovegood. Vamos, siempre le dije que era muy poquita cosa para él, pero se empeñó, y hasta logró que Narcisa la aceptara, así que…
¿Cómo?! – inquirió él, atorándose - ¿Qué Narcisa Malfoy aceptó a Lunática Lovegood en su casa, como parte de su familia?
No, no te dije eso – rió ella, ante la sorpresa de él – te dije que la aceptó, y eso hizo, pero le prohibió terminantemente pisar el "sacrosanto aposento de los Malfoy". Creo que jamás había visto a Draco tan molesto con su madre – contaba, con verdadero placer – Al final, se mudaron a pocas hectáreas de mi casa, pero poco duraron allí. Un día Lovegood desapareció, ¡como si se la hubiese tragado la tierra! – finalizó, apareciendo un jugo de naranja. A lo lejos una pluma vuelapluma anotaba su cuenta.
Pero si es como me estás contando, entonces es cierto que Draco… ¿la quería? No sé si es posible que ese ser ame otra cosa que no sea a sí mismo – reflexionó por unos segundos, recordando lo ególatra que era Draco Malfoy - Bueno, si tenía lo que tenía con ella, ¿cómo es que dicen ahora que la mató?
Porque la casa se esfumó. Todo, como si un agujero negro hubiese pasado por allí nada más – su ceño estaba fruncido, mucho, y sus manos jugaban con el vaso – he estado averiguando qué tipo de magia es esa, pero no la he encontrado, ¡y mucho menos con esa maldita mole roja detrás de mí! – explotó de repente, sacando una verdadera carcajada de Theo – ¡No te rías! ¡Weasley es como una maldición, pero mucho peor! No sé en qué momento lo nombraron mi cuidador oficial, el punto es que no me deja hacer casi nada sola, y si me desaparezco…
Aparece para ver donde estás y con quién, Parkinson – terminó una voz grave detrás de la chica, quien brincó del susto.
¡Joder, Weasley! – explotó de nuevo, levantándose - ¿qué demonios ocurre contigo? ¡¿qué no puedes conseguirte una vida propia, comprarte un basilisco, un bicho del demonio y dejarme en paz?! – le espetó, hecha una quimera.
Supuse que vendrías a hablar con ella, Nott – interpeló a Theo, ignorando olímpicamente los reproches de Pansy – Si lo que quieres saber es si sabe algo de Malfoy, no encontrarás nada. Ahora sí que me gustaría saber porqué demonios Narcisa Black quiso ver a Hermione y si tu sabes algo al respecto – sentenció, dejando a los otros dos con la boca abierta.
& o &
La oficina estaba sola. Pasaban de las doce de la madrugada, pero un pelinegro aún revisaba unos documentos que quizá podrían traerle luz a sus investigaciones. Casos aislados de asesinatos, la magia negra propagándose como viento y extrañas desapariciones eran su eterno dolor de cabeza.
Voy a parar en loco de seguir así, pensó para sí. Tenía tres días sin dormir como Merlín ordenaba y comiendo muy poco. Rió al recordar los sermones de Ginny, una auténtica copia de la señora Weasley. ¡Estás hecho una piltrafa, Harry Potter!, era lo que más solía decirle, sin saber cuánto lo divertía.
No es que se le hubiese olvidado sonreír, es que quería aprender a no querer tanto a las personas más importantes en su vida, trataba de engañarse, una y otra vez, sabiendo que por más que detestase esa parte de sí, no desaparecería el sentimentalismo que a tantos seres queridos le había arrebatado Voldemort.
Siempre tuvo la absoluta certeza de que, gracias a él, correrían siempre peligro. Nada como la guerra contra Voldemort para demostrarlo. Aún así, siempre había alguien para contentarlo.
¿A qué hora nos vamos? – preguntó ese alguien en ese momento, mirándolo con aquellos ojos miel, desde allí abajo. No pudo evitar sonreír y alzarlo en brazos, mientras le daba una de las varitas falsas, cortesía perenne de Sortilegios Weasley.
Te prometo que en media hora nos vamos – le aseguró, mientras el niño batía una y otra vez la varita, sacando animales fantasmales - ¿porqué no vas por la tía Ginny y le dices que tu padrino va a tener una conversación hombre a hombre con su ahijado? – le propuso, mientras lo bajaba y el niño correteaba a su alrededor.
¿Luego de eso podemos ir a comer helado? – quiso saber, ignorando por completo que eran casi la una de la madrugada y que Harry estaba por completo extenuado.
Sí – prometió – pero primero ve por la tía, no vaya a ser que se moleste porque pasas demasiado tiempo con el...
"…Irresponsable de tu padre" - rezó él, riéndose infantilmente – la tía Ginny no comprende que mi papá y mi mamá ya están en otra etapa, pero yo la haré entender – dijo, saliendo de la oficina, imitando el planeo de un avión.
En lo que la puerta se cerró, Harry se quitó los lentes y se dio un masaje en la sien, acercándose a la pequeña ventana. Las calles estaban desoladas, pero dudaba mucho que esa soledad siquiera hiciera competencia con el hondo vacío que sentía desde hacía tanto. El pequeño Teddy era su simple razón de ser. Era una deuda que tenía con Sirius, con Remus, con Tonks pero, más que todo, con sus padres y la falta que éstos siempre le habían hecho.
Tanto que había imaginado formar una familia, verlo crecer junto a ella en esa mansión heredada, tanto que había luchado con ese maldito cuadro permanente de la madre de Sirius para poder quitarlo, tan "agradable" que se había vuelto Kreacher, cada vez más encorvado… ¿por qué había decidido desaparecer de su vida de un día a otro? La conversación que habían tenido lo había dejado todo claro o, al menos, eso creyó.
Se dio ligeros golpes en la frente, maldiciéndose. Tenía que dejar de vivir en el pasado, o si no, el que pagaría las consecuencias de su ineptitud sería Teddy, y no estaba dispuesto a correr ese riesgo.
La puerta chirrió suavemente y una mata de cabello rojo apareció, con el pequeño en brazos. Alzó los hombros en signo de resignación, mientras el niño dormitaba.
Tiene tu misma costumbre – le dijo por enésima vez – no le puedes acariciar porque cae como un bólido, sólo que este es uno muy tierno – aseguró, y le acarició el cabello azul, provocando que pasara a uno más largo, blanco.
Algún día tendré que enseñarlo a controlar la metamorfomagia – comentó Harry, cansado, dando un último vistazo a los papeles – Ron mandó a su patronus. Me dijo que vio a Parkinson hablando con Nott – le contó, al avanzar hacia la salida, luego de ordenar todo con una sacudida de varita. Ginny le cedió a Teddy, y Harry se lo echó a la espalda como a un costal de papas.
¡Harry, tiene tres años, vas a malograrlo! – chilló por lo bajo la mujer, poniéndose a su lado – Y deja la paranoia. Parkinson ha llenado muchas celdas de Azkaban y bastante que la has presionado para evitar que degolle a esos mortífagos que captura, chantajeándola con su pasado (de hecho me extraña que no te haya volado el trasero en una de sus batallas épicas) así que dudo que de buenas a primeras decida atacarnos de la mano de Nott. No quieres aceptarlo, pero él se encargó de Hermione durante estuvo lejos.
No lo digas como si hubiesen ido a vacacionar – exigió él, endureciendo la mirada – eso no era lo que quería decirte. Parece que Nott anda buscando a Malfoy también – tomaron el ascensor, hacia planta.
Pues pobre de ese ser – dijo Ginny, negando – toda la comunidad mágica lo anda buscando.
Pero la única persona que puede encontrarlo lo suficientemente rápido como para procesarlo es Granger, sólo que no se da cuenta – refutó él a su vez – y resulta que está muy ocupada dando conferencias en San Mungo.
No seas injusto. No has hablado con ella porque no se te pega la regalada gana. Bien que te dije que estaba dispuesta a hablar contigo, así como lo hizo con Ron – le reprochó ella, sintiendo escalofríos al salir del Ministerio. Alzó la varita y protegió a Teddy con una túnica que le quedaba muy grande. Hizo lo propio con Harry a una de su talla y, finalmente, se cubrió ella con una sencilla, negra como las otras dos.
No habló contigo de nada relevante, y se supone que eres su amiga, según lo que pregona. Tampoco quiso explicarte porqué sufre lo que sufre desde hace tres años, si es que realmente existe esa enfermedad, así que no veo qué tanto podía haberme dicho, menos si aceptó hablar con Narcisa Black – sus palabras estaban cargadas de rencor, y eso preocupaba a Ginny. Harry no era un hombre de rencores, de odios ni mucho menos. Mucho que le había costado asesinar a Voldemort… estaba segura que, de no haber sido estrictamente necesario, se habría saltado ese paso. Sinceramente, le preocupaba el comportamiento de él hacia ella, porque si había algo que conocía de Hermione Granger era que, el empezar a tratar a sus amigos por el apellido era técnicamente una sentencia de ruptura de cualquier vínculo sentimental, y era algo que los destruía a ambos… ella lo sabía.
No sabemos qué le dijo esa bruja, Harry. ¿Qué tal si dejamos las suposiciones y le preguntamos directamente? – propuso, tratando de conciliar – Hoy te puedes quedar en mi casa, Dean llegará tarde y podemos hacer algo con Teddy cuando repentinamente despierte a las tres de la mañana – comentó, sonriendo de nuevo. Al ver que el rostro del niño que vivió se suavizaba, supo que era correcto desviar el tema.
& o &
No sabía si sorprenderse realmente o hacerse la sorprendida por hacer algo. En verdad, le desconcertaba sobremanera la presencia de esa mujer en la habitación, más cuando estaba a punto de retirarse. Ella, Hermione, no destacaba por ser mal educada, pero bien que la habría devuelto por donde vino si no hubiese dicho las palabras mágicas.
Aún tenía la pequeña maleta de mano encima de la cama, con cierto pelirrojo esperándola.
"Draco le mandó esto", había anunciado al entrar, y le había tumbado la mandíbula del golpe.
Quizá porque sabía que el repele entre ambas era algo que no podía ocultarse de ninguna manera, y que entrase así, sin más, le parecía una actitud propia de un mundo paralelo.
Ron estaba allí todavía, con las orejas coloradas, pero mucho más claro del porqué de su sabia retirada. No le había dado explicaciones profundas o detalladas, por supuesto. Le había dejado bastante claro que era su vida personal y que, después de darle calabazas, lo menos que podía hacer era respetar sus decisiones.
En lo que Narcisa entró en la habitación, él se puso en pie, dispuesto a protegerla de aquél peligro inexistente.
No voy a morderla, Weasley – aseveró la Malfoy, en la forma más elegante que podría dejar salir.
No confío en esta mujer, Hermione – dijo él, ignorándola por completo – aún no sé cómo aceptaste verla.
La palabra "aceptar" era escandalosamente amplia. Simplemente se había quedado estupefacta al escuchar que Malfoy le había mandado algo y la Malfoy había entrado como si se tratase de una más de las habitaciones de su inmensa mansión.
No necesito su confianza, Weasley. Pero cabe advertirle que mi hijo es un mago mucho más ingenioso que usted, así que si intenta arrancarme la carta de las manos, como un animal que demuestra ser, ésta se volverá trizas y ni su querida protegida ni nadie en la comunidad mágica sabrá nada de él hasta que lo desee.
No me desafíe, "señora" – amenazó Ron, mucho más sobre protector, aumentando unos centímetros. Cuando sintió que Hermione presionaba uno de sus hombros, hizo ademán de relajarse y se paró a su lado, dejando a ambas mujeres frente a frente.
No creo que Ron tenga que dejar la habitación para que me entregue eso, señora Malfoy – puntualizó Hermione, tomándolo del brazo y perturbada por la gala de aquella mujer que tan contrastante era con las paredes blancas y las cortinas corredizas de San Mungo. Estiró la mano derecha para recibir el sobre, pero el recelo estaba tatuado en la expresión de Narcisa.
Si vino sólo a joder, se puede ir por donde vino, que más temprano que tarde encontraremos a su hurón para hacerlo pagar por la muerte de Luna – aseveró Ron, cada vez más desesperado. Aún tenía preguntas por hacerle a Hermione y, mientras esa mujer estuviese allí, no podría hacerlas.
Sálgase – le exigió Narcisa a Ron, mirándolo directamente a los ojos.
La petición le cayó como una patada al pelirrojo, cuyas orejas se pusieron de un color vino. Miró inquisitivamente a la castaña quien, luego de sostener unos segundos la mirada penetrante de la líder de los Malfoy, asintió levemente. Era preferible terminar con ese asunto de una vez, y luego aguantar la discusión con Ron.
Salgo en unos minutos – prometió entonces, y señaló la puerta cortésmente – discúlpame, pero no me pidas que sea la misma después de todo lo que pasó – agregó, y Ron salió como una ráfaga de la habitación, no sin antes mostrarle su indignación y tomar al golpe el bolso de mano de su amiga.
Un silencio incómodo se apoderó de la habitación, y Hermione sintió una punzada en el pecho que le arrebató al aire en el acto.
No de nuevo, suplicó. No ahora. Al sentir un escozor terrible en los antebrazos, lo supo.
Estaba de nuevo perdiendo el control sobre sí.
Cuando Narcisa fijó sus ojos en ella, quiso ocultar la irritación en el lugar donde se ubicaban las venas, que era donde más le dolía y le ardía. Era una especie de abraso que le asfixiaba. Al notar que la mujer negaba con el rostro, no supo que hacer, así que se puso a la defensiva.
Ya logró que Ron saliera, dígame lo que me tiene que decir y devuélvase por donde vino – le dijo, sintiendo cómo se mareaba de la nada y cómo de repente el cuarto se oscurecía.
No puedo creer que ese Don le haya sido dado, Granger. Ni en los magos más puros lo presencié más de dos veces, entre ellos la psicópata de Cassandra, que regaba a todos los vientos que podía ver el futuro. Auguró su propia muerte y, para demostrar que tenía razón, se dejó matar sin mover un ápice – contó la mujer, mientras caminaba lentamente alrededor del sitio. Su cabello ondeaba con vida propia y el rozar de la túnica contra el suelo le causaba escalofríos a Hermione.
No sé de qué demonios está hablando. ¿A qué juega? – quería que esa mujer se fuera de allí, en ese mismo instante. El escozor se había propagado y ahora lo sentía claramente en el cuello. Unas lenguas invisibles la abrasaban por completo y el aire se olvidaba de circular por su cuerpo. Temía perder el color de su piel, porque entonces ya no podría disimular más frente a Narcisa.
Siéntate, Granger. Mi hijo me dijo una vez que eras capaz de esto – puntualizó, aún sin dar crédito a sus ojos - pero jamás se lo creí hasta que tu misma lo ocultaste… es increíble – si no fuese por el malestar que sentía, podría jurar que Narcisa Malfoy estaba intentando entablar una conversación adulta con ella.
Señora Malfoy, por favor. No es necesario que finja que de la noche a la mañana le agrado, entrégueme lo que me trajo y márchese o simplemente váyase y déjeme en paz – una y otra vez imágenes de Draco se pasaban por su mente. El ambiente en el que estaba era borroso, pero su mirada decidida y la varita ensangrentada decía más que mil palabras. Tuvo que tomar asiento, aceptando la orden dada por la Malfoy, hacía poco.
¿Sabes lo que es Obscuro, cierto Granger? Y viste cómo mi primo se perdió en el Velo, si no me equivoco. Draco me pidió que te explicara el porqué de eso que te está pasando ahora mismo – Hermione se limitó a asentir. Era plenamente consciente que, aún deseándolo, no podía gastar energías en discusiones tontas con aquella mujer. Ella, por su parte, de la diminuta cartera negra que llevaba, sacó un cigarrillo y sacudió la varita. – Acepto que no domino mucho el tema, porque Draco jamás lo conversó a profundidad conmigo y me parece de cobardes el ocultarse, así que me limito a esto –Bajó el sobre para que quedara a la altura de la castaña. Temblaba descontroladamente. Acto seguido se sentó frente a ella en una silla que sacó de la varita, tan elegante y pomposa como ella, muy de corte imperial. Cuando Hermione cayó acostada, con los labios morados y sacudiéndose irrefrenablemente, la voz de la mujer se matizó y pasó a ser suave – no pretendo gastar mi saliva en ti, y eso fue lo que le dije. Así que aquí está tu carta.
El papel se sacudió en lo que Narcisa lo soltó, y explotó en el acto. La slytherin lanzó un hechizo silenciador y se recostó de la silla, dando caladas periódicas al cigarro. Estaba en pleno conocimiento de que no escucharía nada… su hijo actuaba a su manera, y no había manera de cambiarlo… ella lo había convertido en lo que era.
& o &
"Sé que nunca fui de tu agrado, Granger. Para serte sincero, fue un sentimiento completamente recíproco. Me odiabas por como trataba a tus amigos y por lo que era, y yo te odiaba porque tenías todo lo que deseaba: amigos, el aprecio de los profesores y unos padres que te amaban. No tengo tiempo para ponerme a darte un discurso de porqué era como era, y discúlpame si sueno brusco, pero sé que Weasley no tuvo la delicadeza de explicarte porqué, de vez en cuando, pierdes el conocimiento y ves cosas que quizá no desearías ver.
Tus veinte años son la prueba de ello. Lo sé porque en lo que empezabas a dar muestras del Don, yo me 'transformaba' en un hombre de bien. Tantos encuentros en lo que ustedes llamaban cuartel y yo denominaba casa de Potter me lo dejaron claramente perceptible. No te voy a negar que Luna tuviera mucho que ver en eso, pero no creo que sean detalles que te interesen en este momento.
Antes de seguir, quiero pedirte disculpas. Disculpas necesarias para continuar, sé que las necesito… aunque no sé si te importe. Disculpas por enterarme de una verdad que no pregunté. Llegó a mí y, te confieso, no supe qué hacer con ella. Al día de hoy me di cuenta de que fui un verdadero bastardo contigo en Hogwarts y, ahora que pienso con claridad, me arrepiento.
Quiero que sepas que lo que tienes es el poder de ocultar a la gente que quieres. Es muy difícil controlarlo cuando eres hijo de muggles, o squib (que a los efectos prácticos es lo mismo porque o pierdes magia o la tienes repentinamente… el descontrol es idéntico). Suena sencillo, pero tu caso es muy particular. Lo tenía un Black, Úrsula. Por eso se empotró en ese maldito cuadro, para seguir protegiendo a los Black que consideraba dignos de ello. Cuando falleció, perdió todo poder, por lo que pudieron arrestar a mi tía.
Tú eres la responsable, con mucho, de que ahora pueda encargarme de encontrar a los malnacidos que acabaron con Luna. Sé que suena irritante, porque lo haces sin querer. Discúlpame por lo que te voy a pedir, pero necesito que sigas ocultándome, Granger. No puedo decirte donde estoy, porque descubrirías cómo dejarme en bandeja de plata para que Potter y Weasley me encuentren, y eso no puedo permitirlo. Lovegood fue la única luz que brilló en mi cielo, y ahora tu eres la única esperanza que tengo de vengarla y dejar mi nombre limpio, más cuando me interesa que me conozcan por lo que soy, y no por lo que fui o por mi apellido, tan manchado de podredumbre.
No creas que digo todo esto porque de la noche a la mañana olvidé todo lo que me caracterizó en un momento dado. No pretendo explicarte el porqué de mi cambio, así como jamás me explicaste cómo es que después de que Weasley te abandonara, viniste a mí y no a Potter o a Longbottom, tus grandes amigos. Sí te voy a pedir que si ese rencor que sientes ahora hacia a mí se mantiene como está, luchando con eso que se supone no debería saber, no permitas que nuble tu sentido agudo de la oportunidad. Sólo yo puedo y encontraré a los asesinos de Luna, y lo sé bien porque querían asesinarme a mí, y no a ella.
La carga de ser mortífago pesa, y no sabes cuánto.
Te haré llegar cartas como esta cada cierto tiempo, más breves cada vez, con indicaciones claras de quiénes han estado dándole dolores de cabeza a Potter y a Pansy. Creo que no tengo más nada que decirte, salvo que siempre podrás acudir a la Mansión Malfoy si deseas más información de lo que acabo de revelarte, pues no es un conocimiento al que puedan accesar todos los magos y, para bien o para mal, en mi familia siempre se dio ese fenómeno, por lo que la literatura al respecto es escandalosamente amplia.
Nos vemos Granger. Te recomiendo que hables con Potter, quedó tremendamente dolido después de tu partida.
PS: En lo que logre mi cometido, desaparezco de tu vida. Sé que lo que te pido es bajo, y que me aprovecho de ti. No puedo recurrir a otra persona, porque sé que debajo de esa careta que te has encargado de fabricarte, está la Granger que siempre envidié por su objetividad.
& o &
Un chirrido llegó a sus oídos, como si una puerta se estuviese desprendiendo a la fuerza. Algo zumbaba a su alrededor; era un sonido agudo que reventaba sus sensibles tímpanos. Instintivamente cubrió sus orejas con las manos, con la vaga esperanza de que menguara el desagradable ruido, pero lo único que consiguió fue soltar un grito ahogado antes de que la puerta sonara de nuevo, llevándola a la locura.
Un par de lágrimas rodaron por sus mejillas. La debilidad se había hecho con su cuerpo y todavía temblaba.
Detestaba que ese temblor y esa debilidad no llegasen a su conciencia, porque entonces no tendría que pensar en lo que recién había escuchado. Era una idea loca, sin sentido. Obscuro era una historia para niños magos, una forma de hacerlos ver a la vida más linda y de asustarlos a la vez. El velo del ministerio no era más que una trampa para magos incautos en la que Sirius había caído por culpa de Bellatrix, y no había otra explicación, porque Obscuro no tenía una parte negativa… o eso decían los libros.
Intentó alzarse, pero un dolor descomunal provocó que el grito retenido en su garganta saliera, brioso, al momento que Ron entraba en la habitación, varita en ristre.
Te dije que no te quedaras sola con esa mujer, ¡te lo dije! – Gritó. Se volteó y empezó a llamar por un medimago - ¿qué te hizo? Hermione, ¡¿qué te hizo?! – preguntó, rayando en la desesperación. Su cuerpo parecía de piedra caliza y sus labios eran de un azul intenso. Marcas oscuras alrededor de sus brazos y sus piernas eran claramente visibles a través del vestido blanco con el que se supone saldría del hospital.
Ella no… - intentó ella, pero las cuerdas vocales reclamaron de tal manera que desistió de ello. Sólo recordó haber escuchado cómo alguien entraba intempestivamente en la habitación, antes de dejarse caer en la inconsciencia. El dolor físico era, sencillamente, insoportable.
& o &
¡Por fin! Pensé que jamás volvería a tener tiempo libre. Detesto que la universidad y demás cosas consuman mi tiempo (no, detesto contar con tan poco tiempo…) Espero que les agrade este tercer capítulo que, como verán, tiene título. Eso se debe a que es un capítulo especial, porque de aquí arranca toda la historia.
A los que me han dejado comentarios, ¡GRACIAS! En verdad pensé que nadie lo leía, pero me ha alagado sobremanera ver que agregan la historia a favoritos y así ;). Si me leen en silencio, gracias por hacerlo de igual manera, ¡lo aprecio! Ahora me pongo a contestar reviews
Escucho: Delicate – Damien Rice y I'd Come for you – Nickelback.
Cambio y Fuera.
Hatshe W.
