Las primeras noches fueron terribles, al menos desde el punto de vista de que tanto Kevin con Scotty necesitaban dormir y fue una tarea completamente imposible. Lucy lloraba porque necesitaba que le cambiaran el pañal; porque tenía hambre o porque no se podía dormir; pero en ocasiones también lloraba sin motivo, siempre pasada la medianoche.
"Tres días." Dijo Kevin, meciendo a la niña en sus brazos.
"Tres noches." Contestó Scotty. "¿Crees que le ocurre algo? No se tal vez podríamos preguntarle a tu madre, os tuvo a vosotros cinco, sin duda sabrá que hacer."
Sin duda alguna, Lucy había sido el mejor regalo que Kevin jamás hubiera deseado recibir pero tras tres noches seguidas sin haber conseguido apenas dormir, empezaba a preguntarse si estaba realmente preparado para ser padre.
"Tal vez sea lo mejor, igual estamos haciendo algo mal."
"Vamos, no digas eso, no estamos haciendo nada mal y menos después de solo tres días. Seguramente la niña no se ha acostumbrado todavía a nosotros, a esta casa, no son las mismas costumbres que ella conoce y eso lo nota."
Kevin se detuvo en seco y miró a su compañero. Sonrió con tristeza, intentando ocultar la angustia que sentía por dentro. Apretó a la niña contra su cuerpo y besó su cabecita.
"Kev, ¿va todo bien?"
"No lo se, tu pareces tan seguro, estás convencido que vamos a ser los mejores padres, que podemos hacer esto y yo estoy muerto de miedo. Tan sólo me veo con fuerzas para tenerla entre mis brazos, pero no deja de llorar, le ocurre algo, soy su padre y no se lo que es."
"Kevin, ¿Crees que tu madre tenía alguna idea de esto cuando tuvo a Sarah? Es nuestro primera hija, es un bebé y tenemos que aprender eso es todo. Ven, dámela que la voy a poner en su cuna."
Antes de coger a la niña, Scotty le dio un beso en los labios a su marido. Le adoraba, siempre preocupado por todo el mundo y más cuando se trataba de una criatura tan pequeña e inocente como Lucy.
"Todo va a salir bien."
"Lo se y estoy tremendamente emocionado porque tengamos a Lucy con nosotros, pero me da miedo hacerlo mal."
"A mi también; pero somos un equipo y hemos pasado por muchas cosas ¿recuerdas? Lucy es nuestro bebé, nuestra hija y se que vamos a luchar por ella contra viento y marea."
Kevin sonrió por fin con felicidad en sus ojos. Siempre se había preocupado como lo conseguía Scotty, como podía tener esa facilidad para hacerle sentir bien con un par de palabras llenas de amor y sabiduría. Su madre se lo había dicho unos pocos días antes de la boda.
"Scotty te complementa cariño. Tu siempre buscas la explicación más lógica a los problemas, pero él, Scotty busca la esperanza en esos mismos problemas."
Ahora era cuando Kevin se daba cuenta que su madre tenía toda la razón. Veía a su compañero con la niña en brazos, acunándola y canturreándole en voz baja y se sintió bien, relajado, incluso el sueño había desaparecido. Tan sólo quería estar ahí, mirando a su pequeña familia.
"¿Qué ocurre?"
"Nada, solo os miraba y me he dado cuenta que esto es perfecto." Kevin acompañó a Scotty al dormitorio y le observó colocar a la niña en la cuna. Sin saber como lo había hecho, se había quedado dormida en un minuto. "Tu eres perfecto, siempre lo has sido y ahora que ha llegado la niña…"
"Ni se te ocurra decirlo. Esta mañana Lucy me ha vomitado encima al tomarse el biberón y no he podido quitarme el olor hasta dos horas más tarde porque tenía un pedido que llegaba al restaurante. No estoy seguro que ese hombre vuelva por aquí después de percibir ese aroma tan… sutil. Así que creo que de perfecto eso tiene poco."
Kevin rodeó su cintura y le besó en el cuello.
"Para mi eso es simplemente perfecto." Le susurró al oído, al mismo tiempo que masajeaba sus riñones. "¿Qué tal si intentamos dormir unas horas hasta que la niña se vuelva a despertar?"
"Me parece un plan estupendo."
- o -
Al día siguiente, el restaurante estuvo lleno toda la jornada, estaban teniendo realmente mucho éxito, justo lo que habían deseado, pero Scotty hubiera preferido estar más despergado y descansado para trabajar. Saul le había insistido que se marchara a casa y se tomara el día libre, pero él se había negado.
"Soy el chef, no puedo marcharme, la gente que ha venido hoy a comer espera que yo les prepare los platos. El restaurante va demasiado bien ahora como para hacer las cosas mal."
Así paso todo el día entre plato y plato, hasta darse cuenta que era la hora de cerrar, estaba realmente agotado, con ganas de subir a casa y meterse en la cama para dormir toda la noche junto a Kevin o al menos todo el tiempo que les permitiera la niña.
Se sentía feliz. Todavía la vida había deseado ser padre, pero desde que se había dado cuenta que era gay, aquella posibilidad se había ido escapando poco a poco entre sus dedos, pensando que no sería posible. Veía a todas esas familias felices y se preguntaba porque él no tenía esa opción, porque no podía amar a una criatura, cuidarla, criarla y verla crecer, porque por el simple hecho de estar enamorado de un hombre no podía ser completamente feliz.
Pero ahora lo era, claro que lo era, tenía al hombre que quería esperándole en el apartamento y la hija más maravillosa del mundo. Pero todavía tenía trabajo que hacer, preparar el próximo pedido y dejarlo todo preparado para el día siguiente. Eso sin duda le llevaría un par de horas más.
Por eso, no lo pudo evitar, cogió el móvil y llamo a Kevin.
"¿Cómo va todo?"
"Lucy está dormida, yo estoy trabajando en mi próximo caso y la cena te espera en el microondas. Creo que todo es perfecto. ¿Te queda mucho?"
"Un rato, ha sido un día de locos y hemos gastado mucho, tengo que asegurarme de las reservas, ya sabes que el fin de semana tenemos un cumpleaños que preparar y no quiero quedarme sin existencias de algo."
"Trabajas demasiado."
"Lo se, pero precisamente por eso me quieres tanto, por ser muy trabajador y organizado."
Kevin se echó a reír, en voz baja para no despertar a la niña.
"Si, claro por eso. Te espero aquí, seguramente despierto, porque no creo que Lucy tarde mucho en despertarse pidiendo su próximo biberón."
La puerta de la calle del restaurante se abrió.
"Te dejo, creo que ha venido alguien." Dijo Scotty con resignación. No soportaba a la gente que no prestaba atención a los carteles, sobretodo al de su restaurante, cuando ponía que estaba cerrado. "Te quiero."
Al salir, había un hombre apoyado en la barra mirando a todos lados, como si estuviera investigando, guardando en su mente todos los detalles.
"Lo siento, pero estamos cerrados."
El hombre le miró un escalofrío recorrió su espalda. Aquellos ojos eran terribles, escondían algo, pero nada bueno sin duda alguna. Aquel tipo clavó su mirada en Scotty durante un momento, el tiempo suficiente para hacerle sentir incómodo.
"Lo se, pero no vengo a comer."
"Disculpe, pero es hora de cerrar."
"No, es hora de que me digas si tu eres el tipo que tiene a Lucy."
Scotty se estremeció pero consiguió tranquilizarse en pocos segundos. Mantuvo la mirada fija, no iba a dejarse amedrentar por el primer hombre que fuera preguntando por su hija. Ya sabía que le padre biológico de la niña no era alguien de fiar, había escuchado contar a Kevin, quien era y porque estaba desaparecido, así que ahora no le iba a impresionar.
"Perdón, pero creo que no le he comprendido."
"Te he preguntado si tienes tu a mi hija." Scotty no dijo nada, no era bueno mintiendo pero se preguntó si sería capaz de hacerlo proteger a su pequeña. "He oído cosas, tengo amigos en los juzgados y un pajarito me ha dicho que tu novio y tu tenéis a mi hija. ¿Es eso cierto?"
Debido a su gran tamaño, que lo asemejaba a un armario, cuando se acercó a Scotty, este se retiró, sin estar del todo seguro si le había a golpear o no. Tenía la típica apariencia de matón, del tipo que había visto en tantas películas y se preguntó si actuaría igual.
Pero su familia era lo primero, por lo que, respiró profundamente antes de contestar y consiguió calmarse.
"No se de lo que he estás hablando y le rogaría que se marchara de mi restaurante antes de que llame a la policía."
"Vamos, no hagas eso, tan sólo estamos teniendo una animada charla entre amigos, nada más. sólo quiero que me digas donde está mi hija, para que pueda estar con su padre y me marcharé."
"Lo digo en serio. Llamaré a la policía."
El hombre dudó un segundo, pero finalmente se retiró de la barra y sin dejar de mirar a Scotty llegó hasta la puerta. Le señaló, como le estuviera apuntando con un arma, sonrió con un gesto realmente desagradable y se marchó sin más.
Scotty sintió que le temblaban las piernas por lo que tuvo que sujetarse a la encimera, cogió el teléfono y volvió a llamar a Kevin.
"Kev, creo que tenemos un problema."
